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Vol. 19, núm. 2 marzo-abril.

¿Cómo se diseñó tu plan de estudios?

Cecilia Montiel Ayometzi, Josefina Rubí Piña Cita

El plan de estudios es un documento en el que tu escuela o facultad señala lo que conocerás y podrás hacer al término de la carrera que elegiste; en él también se definen:

  • las características que poseerás cuando termines la carrera
  • los contenidos y experiencias educativas que requieres para formarte en tu profesión
  • el orden en que debes cursar las asignaturas y los créditos que obtendrás
  • los requisitos que debes cubrir para que egreses
  • las distintas opciones que tienes para titularte
  • las propuestas de movilidad estudiantil, y muchas cosas más…

¿Te interesaría conocer cómo se elaboró? A continuación, te presentamos diez pasos básicos para diseñar un plan de estudios.

Una vez que está listo, inicia un proceso de revisión y aprobación por otras dependencias que se dedican a valorar su viabilidad académica y administrativa. Tú puedes participar en el diseño o modificación de un plan de estudios, debido a que en esta tarea se involucran directivos, docentes y alumnos.

¡Cuando tu escuela o facultad te invite, participa!

Vol. 19, núm. 2 marzo-abril 2018

Un taller literario y un portal para divulgar
la ciencia: Cienciorama

Luci Cruz Wilson,
Alicia García Bergua y
Guadalupe Zamarrón Garza
Cita

Resumen

El Taller/Portal Cienciorama es un espacio para escribir de manera creativa sobre ciencia. En él participan estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado en ciencias naturales, exactas, sociales y humanidades de todo el país, pero principalmente de la UNAM. En el taller se crean artículos y noticias que se publican en el portal Cienciorama. Los materiales tratan investigaciones recientes o temas vistos desde una perspectiva actual que refleja la continua búsqueda y perpetua construcción del conocimiento científico. El Taller se lleva a cabo en línea y de manera presencial; esto último lo convierte también en un espacio de diálogo muy importante para propiciar una cultura científica en español. Con el taller se busca que los participantes desarrollen herramientas literarias para trasladar el conocimiento científico al público general con énfasis en el universitario, interesados en conocer el estado actual de la ciencia; esto con el fin de promover el diálogo y el intercambio de ideas entre ellos que fortalezcan su nivel educativo en ciencia.
Palabras clave: taller, portal, internet, divulgación, conocimiento, ciencia, lenguaje, creatividad, cultura, libertad, democracia.

A literary workshop and a website to popularize science: Cienciorama

Abstract

The Workshop/Portal Cienciorama is a space for writing about science creatively; the participants in this workshop are graduate and undergraduate students from all the country but mainly from UNAM working on exact, natural, and social sciences, and humanities. The articles and news produced in the workshop are published on Cienciorama’s website. The materials address recent studies or issues viewed from a contemporary perspective that reflects the continuous search and perpetual construction of scientific knowledge. The workshop takes place online and in face-to-face meetings; because of this, the workshop is an important space of dialogue as well, generating a culture of science in Spanish. The workshop aims to help the participants develop the literary tools required to translate scientific knowledge to a general public with emphasis in university audience that is not specialized in science in order to support the dialogue and exchange of ideas among them and strengthen theirs educational science level.
Keywords: workshop, portal, internet, science popularization, knowledge, science, language, creativity, culture, freedom, democracy.

Los cimientos

Como antecedente de Cienciorama está el trabajo que se llevaba a cabo en el Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia (CUCC) de la UNAM, creado en 1980 por Luis Estrada Martínez, fundador de la divulgación científica en México e institucionalizado por el rector Pablo González Casanova. Ahí se realizaban dos importantes publicaciones para la divulgación científica en México, la revista Naturaleza y el boletín Prenci, además de otras actividades a través de distintos medios y dirigidas a diferentes públicos. En todas ellas se consideraba fundamental que se hablara y pensara sobre ciencia en español, ya que ésta no era –ni lo es actualmente– la lengua básica en el estudio de las carreras, ni en gran parte de la investigación científicas; por lo tanto, reflexionar sobre el uso adecuado del español se volvió un tema de la divulgación. Luis Estrada pensaba que entre las cualidades indispensables de una buena divulgación está la claridad del mensaje y la fidelidad al conocimiento que se transmite con él. Como el lenguaje científico es muy especializado y el contexto en el que se genera es poco conocido, quienes hacen divulgación tienen que recurrir a herramientas literarias como metáforas y analogías para acercar al público a la ciencia, pero para mantenerse fieles a lo que comunican es muy importante el uso de un lenguaje preciso y ajustado a lo que se quiere transmitir y para ello se debe tener domino del lenguaje común. Además, el hecho de hablar y reflexionar sobre ciencia en ámbitos no académicos, en los que participan personas de distintas disciplinas, contribuye a que la ciencia, que en sí misma es cultura, esté presente en espacios más amplios y así propiciar diálogos que enriquezcan tanto el quehacer de los científicos como el de otras personas no directamente involucradas con la ciencia.

El desarrollo tecnológico y científico del siglo XX, que implicó una considerable matematización del conocimiento, impidió que los científicos describieran su trabajo de una manera literaria, tal como Maxwell y Darwin lo hicieron en el siglo XIX. En sus escritos, como bien lo señala Carlos López Beltrán –quien trabajó en el CUCC y formó parte del gran esfuerzo de la divulgación científica en México– había una gran voluntad de comunicación y un gran esfuerzo por expresarse. Muchos científicos del siglo XX abandonaron las tareas literarias y quienes las continuaron, por ejemplo Jared Diamond y Stephen J. Gould, se consideran excepcionales. No obstante, cada vez hay más científicos empeñados en escribir sobre sus conocimientos para un público general, pues ellos mismos reconocen también la utilidad de ponerlo en ese horizonte más amplio del lenguaje que todos compartimos.

En 2002 Luis Estrada concibió el proyecto Temas de Ciencia Contemporánea, y como parte de éste, el portal Cienciorama que se mantuvo como taller digital por cerca de diez años. En ambos espacios se reanudaron parte de las actividades de divulgación de la ciencia emprendidas en el CUCC. A Cienciorama se subieron textos trabajados sobre los avances en las distintas ramas de la ciencia, y se dio cuenta de la interdisciplinariedad de la investigación científica y de los difusos límites entre cada una de sus ramas. Se trataba de dar un panorama viviente y dinámico del conocimiento científico en perpetua construcción. Estrada propuso agrupar los textos por la parte del universo con la que trataban y no por disciplinas académicas. Todo esto dirigido al público universitario y más allá, como parte del proyecto Temas de Ciencia Contemporánea se invitó a distintos investigadores de diversas instituciones a hablar de sus investigaciones, de lo más reciente en su campo y de su proyección hacia el futuro.

De una cafetería a la Teleaula Luis Estrada de Universum

A finales del 2012 Cienciorama convocó a un taller presencial al que respondieron estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado de distintas especialidades científicas que tenían en mente la idea de aprender a expresar sus ideas y compartir sus conocimientos. Más tarde se unieron estudiantes de economía, sicología, historia, filosofía y más científicos. De hecho, el afluente de nuevos colaboradores ha sido variable pero continuo. El formato del portal también cambió como respuesta a las actividades del taller pues la estructura, la fluidez y el diseño debían corresponder con su dinámica. Se cambiaron la imagen y la estructura del portal para que fueran amigables y sencillas; se agregó un nuevo buscador, se permitió la lectura directa de los textos y la posibilidad de bajarlos en formato PDF; se facilitó la descarga y visualización desde cualquier dispositivo y especialmente su difusión en redes sociales. Se buscó una programación computacional con lenguajes y códigos actuales y adaptables para asegurar que el sitio tuviera una vida óptima cercana a los ocho años.

Para 2013 y con el apoyo de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICyT), el equipo del nuevo Taller-Portal Cienciorama se consolidó y cambió la sede de la plataforma a la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC). Por su parte, los talleres presenciales pasaron de tener lugar en diversas cafeterías del entorno de la Ciudad Universitaria a las instalaciones de la Teleaula Luis Estrada de Universum. El Portal cambió de imagen, sin embargo, el espíritu siguió siendo el mismo: el trabajo interdisciplinario y la discusión en libertad.

Un taller-un medio

Cienciorama consiste en un taller presencial y en línea donde se elaboran artículos y noticias, asi como un portal que lleva el mismo nombre donde se publican los materiales producidos en el taller. Lo conducimos las autoras de este texto, un administrador del portal y redes sociales, una ilustradora eventual –ambos surgidos de entre los participantes del taller– y un número variable de estudiantes colaboradores. Ha funcionado ininterrumpidamente por más de cinco años y no existe un currículum que los participantes deban cubrir.

El taller se realiza de manera presencial cada dos semanas; ahí los colaboradores presentan los temas que quieren tratar según sus intereses y desempeño en distintas áreas científicas. Una vez planteado el tema que cada participante eligió, surgen preguntas, dudas y comentarios. Esto da pie a discusiones e intercambios de información. Una vez definido el tema y sus alcances puntuales, los colaboradores toman lo que les sirve para armar su texto. Posteriormente realizan un esquema en el que definen lo que quieren comunicar y desglosan los subtemas necesarios para lograrlo considerando ciertos lineamientos editoriales.

En el formato en línea del taller, cada artículo va y viene entre las tres editoras y el autor hasta lograr una versión final. El proceso tiene una duración variable dependiendo de la disposición de tiempo de quien escribe, del manejo del lenguaje, del contenido y de la selección y adaptación de imágenes o la confección ex profeso de éstas. Una vez concluido el artículo queda en espera para su publicación en la sección más adecuada del portal que tiene una clasificación no académica del conocimiento científico: de sociedad y tecnología, la vida, la tierra, ciencia en el espejo, el organismo humano, micro y macrocosmos.


Ampliar horizontes

En algunos talleres presenciales también participan científicos y otros profesionales de la divulgación científica a quienes se les invita a platicar sobre sus trabajos. Por ejemplo: Carlos López Beltrán (investigador y divulgador del Instituto de Filosofía/UNAM) habló del uso de metáforas para divulgar la ciencia; Miguel Ángel Cevallos (investigador y divulgador del Centro de Ciencias Genómicas/UNAM) habló de su trabajo como divulgador y científico y señaló la importancia de dar a conocer aquello que a uno le apasiona, así como no dudar de la inteligencia de los lectores; Sergio de Régules (divulgador de la DGDC/UNAM) puntualizó que el público no está cautivo, que hay que seducirlo y una de las herramientas es el humor; Estrella Burgos (editora de la revista ¿Cómo ves? DGDC/UNAM) en su charla sobre periodismo científico, insistió en que éste debe ser neutral, objetivo y que sirva y haga valer su importancia en la libertad de los ciudadanos; Agustín López Munguía (investigador y divulgador del Instituto de Biotecnología/UNAM) abordó el tema de los Organismos Genéticamente Modificados y lo que la prensa publica sobre éstos; Alicia Castillo (investigadora y divulgadora del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad/UNAM) nos compartió su experiencia en el quehacer de la divulgación en medios rurales; Luis Felipe Rodríguez (investigador y divulgador del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica/UNAM Morelia) abundó sobre la observación de planetas en otras estrellas*; Antonio Lazcano*(profesor y divulgador de la Facultad de Ciencias/UNAM) dialogó con el taller sobre el material hereditario, la historia de un debate entre la física y la biología; Rubén Barrera*(investigador y divulgador del Instituto de Física/UNAM) dio una cátedra sobre cómo presentar una plática de divulgación utilizando el tema de la posible invisibilidad de algunos materiales. Por otro lado, la ilustradora Eva Lobatón*(ilustradora) asistió al taller para compartir su experiencia acerca de cómo interpretar una idea científica a través de una ilustración; Armando Arellano Ferro (investigador del Instituto de Astonomía/UNAM) conversó sobre los cúmulos globulares que consisten en cientos de miles de estrellas unidas gravitacionalmente. Éstos y otros especialistas nos han compartido saberes y han sido de gran valor para el equipo de colaboradores de Cienciorama.

Cienciorama desde otras ventanas

Otros esfuerzos por comunicar y hacer llegar la información científica a un público más amplio aprovechan el acervo del Taller/Portal Cienciorama. El Portal forma parte de la página de Ciencia UNAM. La Academia de Ciencias de Morelos ha reproducido y publicado en su página y en la columna de La Unión de Morelos muchos textos creados en el taller. Por su parte, la agencia Investigación y Desarrollo publica y difunde nuestros textos en su página. La revista ¿Cómo ves? También ha retomado algunos trabajos originales de Cienciorama y los ha adaptado a sus líneas editoriales. Asimismo SOMEDICyT presenta el portal Cienciorama entre sus proyectos.

Peras y manzanas

Los frutos del Taller/Portal Cienciorama son artículos y noticias. Los primeros tienen una estructura sencilla: un resumen seguido de varios apartados para hacer la lectura pausada y amable, y en ellos se busca dar luz sobre temas muy diversos, por ejemplo El Misterio del polvo, o la Guía teórica para un nocaut infalible, o la interrogante de si somos los únicos seres vivos en el universo; también es posible encontrar historias de amor y traición o los avances sobre la interfaz cerebro-máquina, entre muchas narraciones más. Cienciorama incluye todos los género en sus textos; artículos descriptivos, ensayos, recuentos históricos, reportajes, narraciones con ficción o sin ella, entrevistas, crónicas y reseñas de libros. El Portal tiene ya un acervo de más de 500 artículos, y alrededor de 280 se han escrito desde 2013 como resultado del taller presencial. La sección de noticias se inició en enero de 2014 y dada la premura con la que tienen que subirse al sitio, sólo se trabajan en línea. A la fecha hay en el portal más de 600 noticias hechas bajo las premisas de responder el ¿qué?, ¿quién?, ¿dónde?, ¿cómo? y ¿cuándo? se dan. Muchas de ellas están aderezadas con entrevistas a los investigadores que produjeron la información y siempre están basadas en las fuentes primarias. Procuramos que los integrantes del equipo de noticias se especialicen en detectar información relevante de áreas de su interés como estudiantes de ciencias o disciplinas afines.

Para qué un taller de escritura creativa en ciencia

Muchas universidades del mundo tienen talleres de escritura (ver referencias) para estudiantes graduados en ciencias pues esto no sólo redunda en que se haga divulgación de la científica, sino que implica también que los investigadores mejoren el planteamiento de proyectos, su presentación en diversos contextos y la exposición de contenidos, ideas y reflexiones en publicaciones científicas especializadas en cualquier foro que implique la palabra escrita.

En el Taller/Portal Cienciorama se reflexiona en grupo sobre conceptos, métodos, modelos y entornos del quehacer científico. En éste han participado alrededor de 130 estudiantes, aunque no todos han logrado publicar textos. Del 2012 a la fecha se han publicado escritos de alrededor de 60 autores, entre artículos y noticias.

Como la ciencia, Cienciorama está en constante construcción

Por la característica dual de Cienciorama, nuestro proyecto debe ser evaluado desde la perspectiva de la formación de estudiantes en escritura creativa en ciencia y desde la del uso de un medio de comunicación; en este caso en concreto hablamos del internet que ha tenido en México un crecimiento exponencial y que en 2017 sobrepasó los 70 millones de usuarios, de acuerdo al INEGI. En cuanto a la parte de la evaluación, en este mismo número de la RDU hay un artículo que plantea los puntos de vista de algunos colaboradores. Por otro lado, hay en la red varias maneras de evaluar y analizar nuestro trabajo, desde Google Analytics, hasta los promedios de alcance diario en Facebook, sin embargo muchos de los índices expresados en las redes sociales están dirigidos al mundo de las ventas de productos (lo cual no implica que no nos funcionen ya que lo que hacemos, de alguna manera son productos culturales); para complementar quisimos interactuar más directamente con nuestros lectores a través de la aplicación de dos cuestionarios que pusimos en el portal durante dos periodos (diciembre 2014-marzo 2015 y los mismos meses en 2015-2016). En dichos cuestionarios solicitamos a los usuarios su opinión sobre la calidad de la información, el nivel de aceptación y la percepción de los objetivos, así como las características generales del portal: diseño, navegación, amigabilidad, etcétera.

Con base en los resultados de las encuestas –que debemos reconocer no son concluyentes– y recurriendo al sentido común y a la autocrítica, trabajamos en una reestructuración y diseño para simplificar la navegación, dar un localizador (URL) a la sección de noticias, modificar la sección de comentarios para que lleguen directamente a los autores e implementar alertas para alcanzar directamente a los usuarios que lo deseen, entre otras cosas.

Más allá de la redacción

El Taller/Portal Cienciorama posibilita el trabajo personalizado y va mucho más allá de la redacción de textos, pues implica estimular la capacidad creativa, lograr una estructura narrativa y desarrollo argumental; hacer un uso adecuado y fundamentado de la información; alcanzar un lenguaje claro apoyado en material gráfico accesible y que en muchos casos es confeccionado ad hoc.

En el Taller/Portal Cienciorama pensamos que es muy importante democratizar el conocimiento y hacerlo accesible a quienes se pueden beneficiar de él, porque vivimos en sociedades en las que es una herramienta indispensable para vivir. El lenguaje es el gran patrimonio de la humanidad, enriquecerlo es enriquecernos. Aunque la literatura en un sentido tradicional contribuye a ello, es necesario que en otros terrenos haya empeños literarios porque éstos implican siempre una mayor comunicación. La literatura es comunicación, es una lucha por ampliar el lenguaje para que exprese incluso lo más difícil de revelar.

En países como el nuestro, en los que el analfabetismo ha beneficiado tanto a una minoría con poder, es preciso combatirlo en todos los terrenos. En Cienciorama tratamos de promover la libertad y creatividad en el ámbito de una divulgación científica crítica. El taller presencial es un espacio de retroalimentación y discusión indispensable para los participantes que sería imposible en otras condiciones y fuera del ámbito universitario.

El Taller/Portal Cienciorama se encuentra en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM y se puede acceder al sitio a través de las páginas de la UNAM y de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica, misma que lo ha apoyado a lo largo de su historia.

Agradecemos a Mariana Esther Martínez su apoyo en la confección de las figuras.

Referencias

  • Cruz, Javier, et al. (2015). Una aproximación semi-empírica, la calidad en el periodismo de ciencia, en Elaine Reynoso Haynes (coord.), Hacia dónde va la Ciencia en México. Comunicación Pública de la Ciencia. México: El Oficio II.
  • Estrada, Luis. De cienciómanos e informantes, en Juan Tonda Coord. (2017). 30 años de divulgar la ciencia y la técnica. México: SOMEDICyT.
  • Estrada, Luis. (2002). La divulgación de la ciencia, en Juan Tonda, Ana María Sánchez y Nemesio Chávez (coords.) Antología de la Divulgación de la ciencia en México. México: DGDC/UNAM.
  • López Beltrán, Carlos. (2002). Fronteras: sobre el lenguaje común y el lenguaje científico”, en Juan Tonda, Ana María Sánchez y Nemesio Chávez (coords.) Antología de la Divulgación de la ciencia en México México: DGDC/UNAM
  • Sánchez, Ana María. (2000). La Divulgación de la ciencia como literatura, en Divulgación para divulgadores. México: DGDC/UNAM.
  • Reynoso Haynes, Elaine. (2008). La comunicación de la ciencia y la evaluación de programas para formar comunicadores, en Lozano, M. y C. Sánchez-Mora (coords.), Evaluando la comunicación de la ciencia: Una perspectiva latinoamericana. México: CYTED, AECI, DGDC-UNAM.

Cursos sobre escritura en ciencia en algunas universidades:

Vol. 19, núm. 2 marzo-abril 2018

Hacer de la ciencia una experiencia en nuestro idioma

Luci Cruz Wilson, Alicia García Bergua y Guadalupe Zamarrón Garza Cita

Resumen

Luis Estrada, pionero de la divulgación de la ciencia en México pensaba, en 2002, que el internet era un lugar idóneo para las labores de la divulgación de la ciencia en el futuro, bajo la premisa de lograrlo de manera libre, creativa, seria y profunda. Como parte de su equipo y tras un largo periodo de trabajo como divulgadoras de la ciencia nos dimos cuenta de que quienes se educaran en esta actividad no sólo requerirían de una formación científica y conocimiento de los lenguajes de los medios de comunicación, sino del entrenamiento en el uso de herramientas literarias para permitir a nuestro idioma abarcar los difíciles y variados contenidos de la ciencia. Ésta es la razón por la que constituimos el Taller/Portal Cienciorama en 2012, un espacio principalmente universitario para escribir creativamente sobre ciencia, así como para dialogar y publicar artículos y noticias científicas accesibles. Pensamos que estas labores hacen posible crear y extender la cultura científica, que a su vez contribuye a la toma de decisiones relevantes para el futuro de la sociedad.
Palabras clave:divulgación, lenguaje ordinario, creatividad, ingenio, oficio literario, escritor, diálogo, discusión, reflexión, espíritu crítico, subversión.

Make science an experience in our language

Abstract

In 2002, Luis Estrada, science communication pioneer in Mexico, thought that the internet was the ideal place for future work towards the popularization of science, premised on the possibility of achieving this in a free, creative, serious and profound way. As part of his team and after a long period working as science communicators we realized that this activity required not only a scientific training and knowledge of media languages, but also the training in literary tools that allowed our language to cover the difficult and varied contents of science. This is the reason why we set up the Cienciorama Workshop / Portal in 2012, a primordially academic space open for participants to write creatively about science, to dialogue and publish articles and accessible scientific news. We think these tasks make possible the creation and extension of scientific culture, which contributes to making relevant decisions for the future of society.
Keywords: popularization, language, creativity, wit, literary skills, writer, dialog, argument, thoughtfulness, critical mind, subversion.

DATOS DE AUTOR

Luci Cruz Wilson

Estudió biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM. En 1982 se integró al Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia de la UNAM dirigido por Luis Estrada. Como divulgadora de la ciencia ha trabajado en proyectos editoriales como autora o coautora de 28 libros de texto, de divulgación científica y diseño de juegos para niños (CONAFE, CONACULTA/ADN Editores, Santillana, Nuevo México, DGDC, ACMor, SEP). Ha ideado y realizado la coordinación editorial de las colecciones de libros para niños Salud para todos (ADN Editores/Instituto de Ciencia y Tecnología del DF) y ¿Qué te comes? (Academia de Ciencias de Morelos). Fue editora del boletín Salvia (INSP) y de la revista Pronatura. Ha participado en 23 proyectos museográficos, en las áreas de planeación, investigación documental e iconográfica (Margen Rojo, A.C.; Concepto M; Somedicyt), algunos de ellos son: Expo Lisboa -Exposición temporal- Entre Mares (1998); Museo de Historia Natural TAMUX, Cd. Victoria, Tamaulipas (2004); Exposición temporal Hábitat del Riesgo a la Sustentabilidad, Forum Monterrey (2007); Museo Centro de Interpretación Ecológica, Reserva de la Biósfera El Cielo, Tamaulipas (2010); Exposición temporal UNAM, Premio Príncipe de Asturias, Toledo, España (2010); Exposición temporal Paseo en Mapa, D.F. Antiguo Colegio de San Ildefonso (2010). Proyecto de remodelación, museografía y actualización de contenidos del Museo de Historia Natural de la Ciudad de México (2013). Ha participado en proyectos de televisión y video como guionista en series sobre ciencia y medio ambiente (TVUNAM, Filmoteca de la UNAM, Canal 11 y Canal 22). Fue Coordinadora general del programa de televisión Ciencia Hoy (TVUNAM/Canal 11). Desde 2012 participa como Coordinadora del Taller/Portal Cienciorama de la DGDC-UNAM.

Alicia García Bergua

Es escritora. Nació en la Ciudad de México el 9 de septiembre de 1954. Estudió la licenciatura de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1975 a 1988 trabajó en la revista Naturaleza, de la que llegó a ser jefa de redacción, y en el Centro de Comunicación de la Ciencia de la UNAM, donde se formó para hacer divulgación científica con el grupo fundador de la divulgación científica en México dirigido por Luis Estrada. Fue editora en la primera etapa como revista del suplemento La Jornada Semanal, 1988-1991. Coordinadora de publicaciones del Instituto Nacional Indigenista, 1991-1993. Guionista y asistente de la Coordinación de Información del Noticiero Cultural 9:30 de Canal 22 desde su comienzo en 1993 hasta 1996. Editora de la revista Este País de 1996 a 2001 y asistente editorial de Scientific American– México de 2004 a 2006. Ha realizado gran cantidad de trabajo editorial y de traducción de textos especializados y de divulgación de la ciencia, además de algunos libros. Ha impartido cursos y talleres sobre poesía en la Universidad del Claustro de Sor Juana (2009 y 2010) y en la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) (2008 y 2017). Trabaja actualmente en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM como editora e instructora del taller-portal de escritura creativa en divulgación científica Cienciorama, y como editora y escritora de textos de divulgación de la ciencia en la revista de ciencia para jóvenes ¿Cómo ves? Es autora de los libros de poesía Fatigarse entre fantasmas (Ediciones Toledo, 1991), La anchura de la calle (Conaculta, col. Práctica Mortal, 1996), Una naranja en medio de la tarde (Libros del Umbral/ Pablo Boullosa, 2005); Tramas (Cálamos-INBA-Conaculta, 2007), El libro de Carlos (Ed. Juan Malasuerte, 2007) y Ser y seguir siendo (editorial Textofilia 2013), del libro de ensayos Inmersiones (Dirección General de Publicaciones, UNAM, 2009) y de un libro de ensayos aún inédito La lucha con la zozobra. La libertad bajo palabra en México de cuatro poetas modernos: Villaurrutia, Owen, Cuesta y Paz y un libro de poemas inédito aún también, Salto y sueño. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de México en los periodos 2001-2007, 2011-2013 y lo es actualmente.

Guadalupe Zamarrón Garza

Tiene estudios de física, pintura, música y realización cinematográfica en el Centro de Capacitación Cinematográfica en la UNAM. Desde el 2001 colabora en el Proyecto Cienciorama. Ha desarrollado principalmente en dos vertientes: editorial y audiovisual. Editorial: en las revistas Naturaleza y Chispa, principalmente. Coedición de libros sobre comunicación pública de la ciencia con universidades del país, cubanas, brasileñas y españolas. Experiencia audiovisual: conducción y realización de la serie La Ciencia y Usted transmitida por canal 11, y programas documentales por Canal 4, ambos productos del Conacyt. Realización de películas en 16 mm de la AIC (HOY AMC) y audiovisuales sobre educación en la SEP. Estudio sobre el sistema mexicano de educación superior para la ANUIES. Miembro fundador de la Somedicyt y presidenta entre 1991-2. Gestora de los congresos nacionales de divulgación de la ciencia, organizadora del congreso I y II y del Premio Alejandra Jaidar organizados por la Somedicyt. Organizadora del Evento-Curso de Ciencias Planetarias con el Museo de la CFE y Somedicyt: pláticas de divulgación impartidas por el Físico Luis Álvarez, presentación y diálogo en los Institutos de Astronomía y Geofísica de la UNAM y el curso y las pláticas en el Museo de la CFE. Iniciadora del área de televisión del Conacyt. 1973. Labores técnico-académicas en CUPRA, CUCC, TV y la DGIA, de la UNAM. Actualmente (2017-I8) es coordinadora del Proyecto Cienciorama que alberga la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM y auspicia la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia, SOMEDICYT.

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Cruz Wilson, Luci, García Bergua, Alicia y Zamarrón Garza, Guadalupe (2018). Hacer de la ciencia una experiencia en nuestro idioma. Revista Digital Universitaria (RDU). Vol. 19, núm. 2 marzo-abril. DOI: http://doi.org/10.22201/codeic.16076079e.2018.v19n1.a8.

Una idea en marcha

Desde que se inició el proyecto Cienciorama, a finales de 2002, y hasta el final de su primera etapa en 2012, la idea de Luis Estrada y su equipo fue, sobre todo instaurar una manera de hacer divulgación que consistía en dar a conocer los avances científicos más recientes de una manera confiable: proporcionando antecedentes, reflejando el gran dinamismo de la investigación científica, su espíritu y su proyección futura; además de crear un espacio de discusión y diálogo entre científicos, divulgadores, estudiantes y el público interesado en los avances de la ciencia. Para esto, Luis pensó que debían colaborar en el sitio los jóvenes estudiantes de ciencia e investigadores con ayuda de quienes editábamos los textos.

En 2003, para confeccionar la primera serie de materiales de Cienciorama se hicieron dos talleres con estudiantes universitarios de ciencia bajo la coordinación de Martín Bonfil y Susana Biro, divulgadores con formación científica.

En la segunda etapa de Cienciorama, que dio inicio a finales de 2012, existieron varias cuestiones que contribuyeron a intensificar algunos aspectos del trabajo, por mencionar algunas: el hecho de que internet se constituyó como un espacio para el diálogo a través de las redes sociales, y la necesidad de los colaboradores de expresarse literariamente; es decir, de usar con libertad y creatividad su propio lenguaje al escribir. Lo que descubrimos quienes reestructuramos Cienciorama como taller presencial en la segunda etapa, fue el deseo de los participantes que convocamos al taller, no sólo de escribir para compartir sus conocimientos, sino de aprender a hacerlo de una manera seria, profunda y profesional. Además, las reuniones dieron lugar a lo que se pueden considerar como tertulias literarias, en las que se habla de los temas y de los textos.

Diversidad de profesiones confluyen en Cienciorama. En la fotografía, Edgar Vargas (químico y actual administrador del portal y manejo de redes sociales), Fernando Vázquez (economista) y Laura Esquivel (bióloga).

Así, Cienciorama se constituyó sobre todo como un taller de divulgación crítica y de escritura creativa en un espacio de diálogo, pues las coordinadoras/editoras del proyecto partimos de la idea de que escribir no es redactar, escribir es pensar de manera ordenada y con el lenguaje preciso. Por eso les pedimos a los integrantes del taller un trabajo consciente de escritura en el que se atiendan todos los aspectos: la estructura con la cual se desarrollan las ideas, el modo en que éstas se narran y argumentan, y el lenguaje natural que se utiliza; así como el uso de metáforas y analogías, definiciones, explicaciones y comparaciones. Se vigila además que el contenido esté basado en trabajos de investigación –muchas veces se trata de investigaciones en las que ellos mismos participan–, que las conclusiones e ideas se desprendan del texto y que éste, al igual que los textos literarios, sea autocontenido y suficiente para entender algo a grandes rasgos. A la vez tenemos interés en que los participantes utilicen su lengua con ingenio y creatividad y que cultiven los géneros literarios que deseen y que más se ajusten a lo que quieren expresar.

La creatividad al escribir sobre ciencia

Dentro del ámbito de la divulgación de la ciencia no deja de ser un tema polémico el de quiénes están en la mejor posición para trasladar los contenidos del lenguaje que utilizan los científicos en sus prácticas, a un lenguaje ordinario o natural accesible a públicos más amplios. Para muchos, la respuesta es que son aquellos que tienen una formación científica; para otros, resulta dudoso pues muchas veces los científicos carecen de habilidades literarias o simplemente no las cultivan y tampoco manejan los métodos y técnicas de las ciencias de la comunicación. Aunque cada vez es más claro para los científicos que comunicar de manera más abierta los resultados de sus investigaciones los beneficia en el interior del mundo académico y da oportunidad, además, de acercar su conocimiento a un público más abierto e interesado en la ciencia. Sin embargo, en lo que todos coinciden es en que se requiere imaginación, ingenio y creatividad para trasladar con herramientas literarias los saberes de la ciencia a otros espacios donde se utiliza el lenguaje natural u ordinario. La divulgadora de la ciencia y escritora Ana María Sánchez dice que “tanto el quehacer científico como el literario son actividades intelectuales de creación”, que bien pueden combinarse en el arte de difundir la ciencia. Bajo esta premisa en el Taller/Portal Cienciorama se estimula a los estudiantes-colaboradores a que lean textos clásicos de divulgación y a que desarrollen el oficio de escritores al explorar distintas formas de descripción y narración. Estas exploraciones han dado lugar a que muchos de los participantes desarrollen su modo de escribir y adquieran cada vez mayores capacidades de expresar por escrito los temas que les interesan. Ver, por ejemplo, el primer texto de Edgar Rosas Reyna “Rotavirus: pequeños individuos con grandes repercusiones” y su última colaboración “El Bueno, el malo y el mobiloma”. O también el primero y el último de Natalia Martínez Ainsworth: “Rastreo de genes, del presente al pasado”, y “Cuando las lagartijas ligan”. Otro ejemplo significativo es el de Queletzu Paulina Aspra Polo, “Epigenética: el laberinto de los genes”, el primero, y “Los hijos del lechero”, el último. Otro ejemplo es el de Gerardo Martínez Avilés con su primer texto, “Estrellas binarias” y el último, “El principio antrópico”.

Mariana Esther Martínez (biomédica) escribe artículos y noticias para Cienciorama.

Formación en divulgación

El Taller Cienciorama va más allá de producir textos y de ser un ámbito de encuentro para dialogar, discutir y hablar de ciencia, es también un portal donde además se forma a los estudiantes-colaboradores y se publican sus tareas de divulgación por escrito. Pero ¿de qué tipo de divulgación hablamos? Esta actividad puede tener muchas características y facetas según su objetivo y el medio de comunicación o el público al que se dirige. En el taller hemos retomado parte de los principios que se desarrollaron en el Centro Universitario de Comunicación de la Ciencia (CUCC, UNAM): una libertad amplia, creativa y crítica que se ejerce para cuestionar la manera en que se obtiene el conocimiento, su enseñanza e incluso el sistema académico y la ciencia misma. También nos proponemos que los contenidos sean lo más fieles posibles a la investigación original de la que proceden y desde luego nos importa ampliar nuestros saberes y conocimientos de manera permanente. Además, tratamos de que los participantes sitúen el conocimiento en contextos más generales para posibilitar la visualización de su importancia no sólo técnica sino como parte de avances más amplios y que sólo son posibles de entender a través de la interdisciplinaridad con la que se construye el conocimiento científico. Y si es pertinente, se les alienta también a que describan en sus textos los contextos y las repercusiones humanas y sociales de ese conocimiento en espacios concretos. Además, si bien los datos son importantes, tratamos de que transmitan el espíritu de dedicación, trabajo y pasión por el descubrimiento y el gozo del hallazgo con el que se construye la ciencia. Lo lúdico o divertido es un “plus” en cualquier comunicación, pero es más importante transmitir la esencia del contenido y despertar el interés en el lector. Por lo cual no tratamos de que envuelvan de retórica los contenidos sino de que encuentren en cada tema que elijan su lado más interesante y cercano al público en la medida de lo posible.

En un taller de Cienciorama: Agustín Ávila Casanueva (genómico y primer administrador del portal), Adriana Pliego (ingeniera biomédica y fisióloga), Patricia Hernández (física), Gerardo Martínez (astrónomo) y Gilberto Basilio (ingeniero).

La mejor cara de la subversión

Uno de los objetivos del Taller/Portal Cienciorama es que sea una plaza pública donde se debata y reflexione libremente sobre temas científicos y tecnológicos, y además se hable de las implicaciones sociales, económicas y políticas de muchos temas. Hace algunos años –anteriores al invento del control remoto de la televisión– la gente veía canales. Después de la aparición del control remoto la gente empezó a ver programas. Antes del gran auge de las redes sociales, la gente visitaba sitios o portales, y ahora se entera de sus contenidos a través de las visitas a las redes sociales o de alertas informativas enviadas desde muy diversos orígenes. Por esta razón la discusión externa sobre los materiales surge en las redes, principalmente Facebook, a donde se “mudó” la plaza pública. Aunque, por un lado y afortunadamente, la oferta informativa de divulgación científica es muy amplia, por otro, y desafortunadamente, resulta fácil extraviarse en el infinito universo de información que ofrece internet. Pero estamos convencidas de que un público lector con cultura científica sabrá la influencia que tienen la ciencia y la tecnología en su cotidianidad y en el desarrollo de una nación. Se requiere cada vez más de un público informado y participativo en temas cruciales como el cambio climático, la factibilidad del uso de organismos genéticamente modificados, el desarrollo de la inteligencia artificial o el delgado filo por el que se mueve la bioética, entre muchos otros. El conocimiento científico posibilita la capacidad de generar alternativas en diversos órdenes de la vida social. La confiabilidad y el espíritu crítico de los materiales del portal Cienciorama pueden facilitarle a la audiencia una mayor participación en la toma de decisiones y en la construcción de la vida democrática de México, esto es, la mejor cara de la subversión.

Un proyecto colectivo

Cienciorama es un proyecto colectivo, aunque las coordinadoras/editoras son las responsables directas, el proyecto no funciona verticalmente; todos en Cienciorama trabajamos desde 2013 y anteriormente desde 2002, con el objetivo común de que se escriban buenos textos de divulgación científica. Además, sabemos que un buen escrito es también un buen inicio para seguir formas y rutas muy distintas, desde constituir libros y revistas a ser la base de guiones videográficos, radiofónicos, museográficos o de entrevistas.

Al desarrollar los textos para el Taller/Portal Cienciorama, los estudiantes/colaboradores hacen mucha investigación documental que queda registrada en las bibliografías de cada artículo y esto convierte a Cienciorama también en un medio idóneo para buscar libros y artículos sobre distintos temas. Aunque la mayoría de los colaboradores de Cienciorama no se harán escritores científicos profesionales, hay quienes han hallado en la escritura una segunda vocación. El taller es también una forma de que futuros investigadores aprendan a comunicar ideas en sus proyectos, tesis y presentaciones de trabajos. Por ejemplo, el Dr. Miguel Ángel Martínez C., del Taller de Física de Radiaciones 2 de la Facultad de Ciencias de la UNAM envió un mensaje a Cienciorama que dice: “La participación de mi estudiante en el Taller/Portal Cienciorama le permitió mejorar notablemente sus habilidades de escritura. Y además de preparar su tesis de licenciatura colaboró en la escritura de un manual que será editado por la Facultad de Ciencias”.

Futuro para Cienciorama

Lo que esperamos en Cienciorama es formar personas que serán parte de la sociedadl y del ámbito de la investigación científica, de la educación o de la comunicación, para que divulguen la ciencia de manera seria, responsable, amable, y que su mensaje llegue a la mayor cantidad de gente posible. Esperamos que realicen un ejercicio permanente del conocimiento racional fundado en la crítica, puesto que el saber, como bien público, no puede usarse como mercancía. Esto es fundamental en un mundo donde el conocimiento científico es una herramienta de sobrevivencia, incluso para aquellos que no se dedican a él. Es claro que la ciencia es cultura y ésta es muy difícil de adquirir. Se requieren muchos años de estudio y trabajo para hacer investigación científica y divulgación de la ciencia, por ello es importante que sus resultados y grandes beneficios se compartan y valoren. En Cienciorama estamos creando el espacio idóneo para ello y dependerá de sus participantes que se continúe divulgando la ciencia de una manera libre, profunda y crítica, pues ello redunda en la propia investigación que se alimenta también de las buenas ideas de la gente.

Estamos apenas sentado las bases de ese espacio de comunicación de la ciencia para el mundo hispanohablante que crecerá y se transformará en manos de las siguientes generaciones.

Agradecemos a Arturo Orta la obtención de las fotografías del Taller.

Referencias

  • Gil Antón, Manuel (5 de octubre de 2001). La ciencia como elemento incómodo de la cultura”, Mesa redonda, Seminario de Cultura Mexicana.
  • Sara E. Brownell,1 Jordan V. Price,2 and Lawrence Steinman3. (2013). Science Communication to the General Public: Why We Need to Teach Undergraduate and Graduate Students this Skill as Part of Their Formal Scientific Training. octubre 2016, de J Undergrad Neurosci Educ Sitio web: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3852879/
  • KImberly Collins, David Shiffman y Jenny Rock (15 de octubre de 2013). “How Are Scientists Using Social Media in the Workplace?”Journal of Undergraduate Neuroscience Education, publicado en línea .
  • Sánchez, Ana María (2000). La Divulgación de la ciencia como literatura, Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM, col. Divulgación para divulgadores, México.

Conferencias

  • – Luis Estrada (2007), “LA UNAM y yo” .
  • – Luis Estrada (2009), “La comunicación de la ciencia”.
  • – A. Mondragón (2007), “Luis Estrada”.

Vol. 19, núm. 2 marzo-abril 2018

(Proto)escritores de ciencia en Cienciorama

Mariana Esther Martínez-Sánchez, Edgar Vargas Frías,
Adriana Cristina Pliego Carrillo, Silvia Zenteno Ponce de León
Y Carlos Velázquez Olvera
Cita

Resumen

Vivimos rodeados por la ciencia, desde el humilde asfalto que pisamos hasta la supercomputadora en nuestros bolsillos; el mundo a nuestro alrededor es el resultado de los avances en la ciencia y la tecnología; por ello es fundamental que las personas puedan acceder al conocimiento científico y tecnológico. De esta necesidad surge la importancia de la divulgación científica, ya que les da a las personas las herramientas para entender y cuestionar el mundo que los rodea. En ese entendimiento, los científicos tenemos un papel crucial porque muchos de nosotros hemos dedicado años de estudio –con recursos públicos en la mayoría de los casos– a la ciencia y la tecnología que soporta nuestra civilización. Sin embargo, traducir esos años de estudio en conceptos asequibles para otras personas no es trivial. Afortunadamente, la comunicación es una habilidad que puede ser aprendida y de ahí nace la importancia de talleres y portales de divulgación de la ciencia como Cienciorama. A continuación, presentamos los testimonios y experiencias de cinco de los estudiantes que colaboran en el taller y cómo ha impactado, no sólo su visión de la ciencia, sino de la política, el arte y la vida.
Palabras clave: taller, portal, internet, divulgación, conocimiento, ciencia, lenguaje, creatividad, cultura, libertad, democracia.

(Proto)science writers in Cienciorama

Abstract

We live surrounded by science, from the humble asphalt where we walk to the supercomputer in our pockets, the world that surrounds us is the result of advances in science and technology. This is why access to scientific knowledge is fundamental for people. From this necessity arises the importance of science outreach, as it gives people the tools to understand and question the world around them. In this process, we scientists have a crucial role, since many of us have devoted years of study –with public resources in most cases– to the science and technology that our civilization supports. However, translating those years of study into concepts that are accessible to other people is not trivial. Fortunately, communication is a skill that can be learned, from which the importance of workshops and portals for science outreach as Cienciorama is born. Below we present the testimonies of five of the students who collaborate in the workshop, who explain their experience in the workshop and how it has impacted not only their vision of science but also of politics, art, and life.
Key words: workshop, portal, internet, popularization, knowledge, science, language, creativity, culture, freedom, democracy.

Cienciorama y la transmisión del conocimiento

Adriana Pliego

Aunque no podemos verlo ni tocarlo, el conocimiento es algo que puede pasar de una persona a otra como si fuera un objeto. Por ejemplo, cuando se propaga una noticia, quien participa o es testigo de un acontecimiento será el portador de un conocimiento en ese momento. Cuando cuenta a sus conocidos sobre lo sucedido, les entrega ese conocimiento, mismo que puede darse a otras personas de la misma manera que llegó a ellos. Las habilidades también se transmiten de persona a persona; por ejemplo, la de aprender a leer. Una vez que leemos y adquirimos cierta experiencia en ello, también podemos transmitir esa habilidad a otros. No es tangible, pero estamos seguros de que hubo un momento en que no conocíamos algo, y que una vez que se nos dio, es nuestro.


“Implantes de memoria”, ilustración realizada por Silvia Zenteno para el artículo
Prótesis de la memoria escrito por Adriana Pliego

El conocimiento científico es como un regalo que se me ha otorgado desde muy joven a través de mis maestros, compañeros y otra variedad de personalidades en diferentes episodios de mi vida. Lo considero un conocimiento especial, no cualquiera. En un inicio se me dio sin que yo lo pidiera y, cuando lo tuve, me causó tal admiración y entusiasmo que me ha llevado a tomar decisiones personales importantes y actualmente está presente en gran parte de las actividades que realizo. Sin embargo, citando al personaje de televisión Sheldon Cooper durante las fiestas de Saturnalia, “el fundamento de dar regalos es la reciprocidad. No me has dado un regalo, Penny, sino una obligación”.

En lo personal, la idea de la reciprocidad, además del gusto por la ciencia, es uno de los principales motivos por los que, desde que era estudiante de licenciatura, me he involucrado en actividades de divulgación científica. Pienso que una manera de retribuir el conocimiento científico recibido a lo largo de mi educación –en su mayoría en instituciones públicas– es compartiéndolo con la sociedad. Un medio para lograr este objetivo ha sido el taller de escritura creativa Cienciorama, el cual, además de permitirme escribir sobre cualquier tema de ciencia de mi interés, con un enfoque no formal, ameno, y mediante el uso de recursos literarios, me ha ayudado a definir un estilo aún en formación. Cienciorama es un espacio en donde los integrantes recibimos retroalimentación continua sobre nuestros trabajos, tanto de las editoras, como del resto de los talleristas que provienen de diferentes áreas como biología, matemáticas, química, física y filosofía. La diversidad de perspectivas no sólo enriquecen el contenido de los textos, sino también contribuyen a construirnos una postura frente a temas nuevos.

Como maestra de licenciatura he utilizado en clase textos de Cienciorama como apoyo para explicar, por ejemplo, temas como la radiación, el método científico o los biosensores, entre muchos más. En general, a los estudiantes les agradan los textos y gracias a ellos pueden explicar bien los conceptos de interés para la clase. Esto último es importante resaltarlo, pues en una sociedad con tanta información falsa disponible, en Cienciorama se tiene especial cuidado en la forma en que comunicamos los conceptos científicos, casi con el rigor de las revistas indizadas. Es mi deseo secreto que cuando mis estudiantes exploren el sitio web Cienciorama, en un click se enamoren de la ciencia y reciban el regalo que yo recibí y también contribuyan a repartirlo en nuestra sociedad, que tanto lo necesita.

Ciencia y divulgación, un dúo inseparable

Carlos Alberto Velázquez Olivera

Hasta antes de mi participación en Cienciorama había considerado a la divulgación de la ciencia como una actividad secundaria y que cualquier persona podía hacer. Pensaba que bastaba con entrevistar a alguien que supiera sobre ciencia para escribir un texto aceptable. Sin embargo, la experiencia resultó completamente inesperada. La primera vez que me platicaron sobre Cienciorama yo traía en la cabeza una idea sencilla que me parecía muy divertida, quizás para compartirla en una clase de física: explicar la segunda ley de la termodinámica a través de lo que le pasa a los bolillos. Puede parecer extraño, pero no se me ocurría una manera más directa de explicar a los demás que la segunda ley de la termodinámica es tan fundamental que todo el tiempo estamos lidiando con ella aunque no nos demos cuenta.

La experiencia resultó muy gratificante y estimulante, ya que bastó con escribir un borrador, darle forma y mandarlo al proceso de revisión interactiva de Cienciorama para que poco después saliera publicado en el portal. Esto me animó a escribir otras ideas que había tenido para comunicar algunas cosas que aprendí durante mis estudios de licenciatura, maestría y doctorado en física, o que resultaban de conversaciones o de las clases que he dado, pero que no tenía manera de canalizarlas y expresarlas siendo estudiante. La escritura se convirtió en un vehículo excelente para expresar todas esas ideas que yo quería transmitir pero que no encontraba un lugar donde plasmarlas.


“Resistencia bacteriana”, ilustración realizada por Silvia Zenteno para el artículo
Resistencia bacteriana: ¿el fin de los antibióticos? escrito por Iván de Jesús Arellano Palma

Hoy en día, viendo un poco hacia atrás, puedo decir que Cienciorama me ha enseñado que la expresión escrita de nuestras ideas es un complemento necesario para todos los que estamos aprendiendo algo, pues nos da una manera muy personal de interactuar con el conocimiento que adquirimos, además de que me ha hecho comprender que la divulgación es una actividad necesaria de la ciencia. Dentro del ambiente de la divulgación se produce gran cantidad de ideas, analogías y metáforas, además de una cultura que gira alrededor de la ciencia, que aunque no incida de manera directa en la investigación, sí le da un sustrato enriquecido al animar a muchas personas a acercarse al conocimiento científico. Es como un abono que se le pone al árbol de la ciencia, que con el paso del tiempo nos dará sus frutos de nuevos descubrimientos.


Cienciorama y el ensayo de la libertad de expresión

Edgar Vargas Frías

“La lectura y el pensamiento crítico son peligrosos, ciertamente subversivos, en una sociedad injusta”, dice Carl Sagan en su libro, El mundo y sus demonios. Este autor, uno de los divulgares más reconocidos que ha dado el mundo, es quizás una de mis más grandes influencias personales.

Por otro lado, me considero parte de la generación que en el año 2012 intentó impedir, por medio de las manifestaciones públicas callejeras, el retorno al poder de un partido político corrupto. Fue a mediados de mis veintes cuando empecé a entender y ejercer poco a poco mis derechos como ciudadano, así como a participar activamente en la política, tanto estudiantil, como nacional. Algo que en un país democrático sería trivial, pero que en el nuestro es algo que se ha vuelto muy peligroso. Basta conocer la cifras de activistas, periodistas y defensores de derechos humanos agredidos en los últimos años para darse una idea de lo peligroso que es criticar a los gobernantes.

El espacio que me dan en Cienciorama para escribir tiene toda la influencia de lo antes expuesto, por lo que trato de aprovecharlo para ayudar a difundir conocimiento científico y a la vez de exponer algunos problemas o acciones relacionadas con el quehacer científico. Nuestras editoras, al mismo tiempo que me han ayudado a mejorar los textos que presento, me han dado libertad de tocar esos temas de manera crítica, e incluso experimentar con formas narrativas para contar los hallazgos científicos que abordo.


“Cromatina”, ilustración hecha por Silvia Zenteno para el artículo
Reparar errores: cuestión de vida o muerte escrito por Iván de Jesús Arellano.

De esa forma he podido contar mi experiencia en movimientos sociales junto con los conocimientos adquiridos en mi posgrado en ciencias químicas. He sido capaz de escribir sobre química en general, estudios sobre del origen de la vida en la Tierra, la búsqueda de este fenómeno más allá de nuestro planeta; el hallazgo y estudio de exoplanetas; además de presentar textos críticos sobre la política científica, nacional e internacional y reportar actos como el encuentro que tuvieron científicos con pueblos indígenas de Chiapas o las protestas que estudiantes de posgrado –e investigadores– hemos realizado por los recortes económicos que ha sufrido el país en materia educativa y científica.

El proyecto Cienciorama se preocupa por publicar con rigor científico y literario, con libertad y con espíritu crítico, por lo que es un excelente espacio para colaborar. Contribuir a la ampliación de la cultura científica de todos es una gran responsabilidad, más, si uno se considera un estudiante comprometido con la sociedad, y es un auténtico placer hacerlo con toda la libertad creativa posible.


Cienciorama y la interdisciplina

Mariana Esther Martínez-Sánchez

La ciencia es un árbol que crece de una pequeña semilla para extender sus ramas al cielo y sus raíces a lo más profundo de la ciencia. Pero nuestro árbol no está solo. Conforme crece, sus ramas se entrecruzan con las ramas de otros árboles formando un bosque de conocimiento. Es en este enramado donde existen muchos de los complejos problemas que asolan a nuestra sociedad: la obesidad, la violencia, el cambio climático… y que no son el resultado de una sola causa, sino de la interacción de múltiples actores. Esto hace que para resolverlos se requiera también de la colaboración de múltiples expertos, desde el científico en su laboratorio hasta el campesino que conoce el problema de muy cerca. En estos problemas complejos, la experiencia de cada persona es valiosa para entender facetas diferentes del problema. A cada persona le ha tomado años de observación adquirir un conocimiento concreto y adquirir experiencia a través de la práctica. Sin embargo, esta misma diversidad de experiencias puede dificultar la comunicación. Si le preguntas a un físico, a un biólogo y a un sociólogo qué es el desarrollo de un sistema, los tres darán respuestas diferentes, determinadas por su área de estudio. He ahí una de las grandes dificultades de la interdisciplina: ¿cómo comunicarse con una persona que tiene una experiencia tan diferente?


“Huellas de dinosaurio”, ilustración hecha por Silvia Zenteno para el artículo
El desierto que fue mar escrito por Efraín S. Galicia.

Se trata de una pregunta absolutamente personal. Durante mi doctorado trabajé en el desarrollo de modelos matemáticos para entender el sistema inmunológico, que es el encargado de defendernos de los patógenos que nos rodean. Como hay una gran diversidad de ellos –desde minúsculos virus hasta largos gusanos– el sistema inmunológico tiene gran cantidad de mecanismos para defendernos, dependiendo de aquello que nos amenaza. Conforme aprendemos más y más sobre este sistema de defensa, es más difícil de manejar debido a la gran cantidad de datos disponible. Por ello, muchos científicos nos dedicamos a desarrollar modelos computacionales que nos ayuden a entender mejor cómo funciona nuestro cuerpo. Para lograrlo es necesaria la colaboración tanto de biólogos como de especialistas en computación, por lo que una parte fundamental de mi doctorado fue aprender a comunicarme con gente de áreas muy distintas.

Esto no fue una empresa fácil, pero la comunicación es una habilidad que puede ser aprendida a través de la práctica. Cienciorama fue una ayuda invaluable para mí, ya que me dio múltiples herramientas para comunicarme con un público más amplio y las editoras y compañeros colaboradores me han ofrecido una gran retroalimentación para continuar mejorando. Gracias al taller aprendí que no todos los términos técnicos, que para mí son cotidianos, lo son para el resto de las personas; pero que una pequeña definición puede sortear esta brecha. Aprendí también a determinar qué detalles es necesario incluir y cuáles no, para explicar un concepto. Aprendí la utilidad de una buena metáfora y de un poco de humor. Pero, sobre todo, la divulgación de la ciencia me ha inculcado un profundo respeto por aquellos con los que me comunico. El conocimiento que yo he adquirido a lo largo de los años de estudio es un árbol que crece cada día gracias no sólo al sol y la tierra, sino a los árboles que me rodean. Después de todo, el bosque siempre es mucho más que un árbol.


Cienciorama y el encuentro con el arte

Silvia Zenteno

Todo comenzó en la primaria. La tarea, hacer el dibujo de un rinoceronte. Pero por más que lo borraba y lo volvía a trazar, no me gustaba. Quería que se viera igualito al de la foto, lo quería perfecto. Pero nada que quedaba. Mi mamá ofreció ayudarme a arreglarlo, pero yo quería que me saliera a mí. No recuerdo qué tan satisfecha quedé con el resultado en aquel momento, pero fue el inicio de mi gusto por la ilustración.

Desde entonces, pasé por varios cursos de dibujo, y el lápiz y la acuarela se convirtieron en mis técnicas favoritas. Sin embargo, a la hora de elegir carrera, mi lado racional matemático-biológico se impuso sobre mi lado artístico al que también le gustaba escribir historias. Grave error. O alguna vez lo llamé así. Porque sin importar cuánto me guste la ciencia y que me emocione cada que leo un artículo científico o de divulgación, no es suficiente para mí, necesitaba expresar mi lado artístico, y, seamos francos, la ciencia es una profesión celosa que exige toda tu atención y tiempo. Pero si sólo me dedicaba a dibujar y a escribir, ¿sería suficiente para mí? No, la ciencia también forma parte de mí. Ha forjado la manera en la que veo el mundo y cómo me enfrento a los problemas. No podía simplemente ignorar mi fascinación por todo lo relacionado con el cerebro. Entonces, ¿cómo combinar ambas partes esenciales para mí? La respuesta fue la divulgación de la ciencia. Pero ¿por dónde empezar?


“Cerebro y fuego”, ilustración realizada por Silvia Zenteno para el artículo
Dime con quién andas y te diré quién eres escrito por Silvia Zenteno De León.

Cienciorama es un proyecto que permite que estudiantes sin experiencia se acerquen a la divulgación de la ciencia a través de un taller formativo y un portal electrónico que nos da un espacio para compartir nuestros escritos, ayudándonos a mejorar nuestras habilidades de comunicación con el público en general por medio de críticas constructivas y la práctica. Originalmente me uní con la idea de poder aplicar en mis artículos las herramientas literarias que adquirí en el Diplomado en Creación que cursé, pero en la primera reunión a la que asistí me enteré que buscaban entre los colaboradores un ilustrador para las figuras de los artículos. No muy segura de que lo que hasta entonces hacía por mera diversión fuera suficiente, levanté la mano. El inicio fue arduo. En aquel entonces tenía poca experiencia con ilustración digital y las coordinadoras querían un estilo que distinguiera a Cienciorama. Pero poco a poco logramos acoplarnos; yo aprendí la forma en la que ellas querían que se expresaran las imágenes y ellas me fueron dando cada vez más “libertad artística”.

Cienciorama me ha dado la oportunidad de desarrollarme como divulgadora, fusionando mi entusiasmo por la ciencia y mi pasión por escribir e ilustrar. Ha sido la incubadora que me ha permitido incursionar en el complejo mundo de la divulgación de forma amigable, otorgándome los instrumentos necesarios para compartir mi entusiasmo con el público, así como oportunidades que en ningún otro lugar podría haber encontrado.


“El paseo de las constelaciones”, ilustración realizada por Silvia Zenteno para el artículo

A la luz de las estrellas, manual para astrónomos y enamorados
” escrito por Carlos Alberto Velázquez Olivera.

Cada que me siento a escribir un artículo nuevo, recuerdo mucho la vez que reprobé, junto con el resto de mis compañeros, un examen durante el primer semestre de la licenciatura. Nuestro profesor, un renombrado investigador al que por lo demás le tengo alta estima, nos dijo enfurecido que así nunca seríamos verdaderos científicos, sólo unos simples reporteros de la ciencia. Es el concepto en el que muchos investigadores tienen a la divulgación, cuando, en vez de usarla como insulto, debieran ser los primeros interesados en dar a conocer sus avances, y es un estigma que tenemos que romper, porque, parafraseando al Dr. Félix Recillas, otro de mis profesores de la licenciatura y la maestría: “Uno no puede llamarse científico si no es capaz de hacer que hasta su abuelita entienda la relevancia de la ciencia con la que trabaja”. A mi parecer, Cienciorama cumple una función transcendental en la formación de divulgadores, enseñándonos a transmitir y compartir tanto el conocimiento como el fervor que sentimos por la ciencia. Pero no sólo tiene las puertas abiertas para todos aquellos a los que les interesa la divulgación, además, resulta una plataforma única en la labor de atraer hacia la divulgación a científicos en formación, que quizá sólo desconocían su encanto por falta de oportunidades, motivaciones o apoyo para realizarla.

Vol. 19, núm. 2 marzo-abril 2018

La memoria en tiempos de la complejidad

Oscar Ochoa Flores Cita

Resumen

Ésta es una breve reflexión sobre la memoria colectiva a partir de algunos principios básicos de la complejidad y la transdisciplina, por ejemplo, la recursividad, la dialogicidad y los niveles de realidad, expuestos en términos tan sencillos como el tema lo permite. El primer apartado desarrolla los principios en términos de un pensamiento abierto a otras formas de conocer y se centra en varios niveles de la realidad, frente a un pensamiento lineal y mecanicista como el heredado del siglo XIX con respecto al tema de la memoria.
El segundo apartado se enfoca en describir la memoria como resultado de proceso evolutivo a partir de una estrategia de cooperación que facilitó a los seres vivos sobrevivir, lo que se expresa de tal forma en el trabajo grupal de neuronas, personas y especies.
En el tercer y último apartado se observa la parte emocional de la memoria, necesaria para fijar un recuerdo en el contexto social y cómo puede movilizar palabras o acciones para darle sentido a las sociedades cuando éstas se hallan en situaciones de extremas en las cuales es necesario recurrir a la memoria para reafirmar el origen y defender su presente.
Palabras clave: memoria, complejidad, transdisciplina, vida, sociedad..

Memory in times of complexity

Abstract

This is a brief reflection on the collective memory based on some basic principles of complexity and transdisciplinarity, for example recursion, dialogicity and levels of reality, exposed in terms as simple as the subject allows. The first section develops the principles in terms of a thought open to other ways of knowing and focuses on several levels of reality, as opposed to a linear and mechanistic thought as inherited from the nineteenth century with respect to the subject of memory.
The second section focuses on describing memory as the result of an evolutionary process based on a cooperation strategy that facilitated living beings to survive, which is expressed in such a way in the group work of neurons, people and species.
In the third and last section we observe the emotional part of the memory, necessary to fix a memory in the social context and how it can mobilize words or actions to give meaning to societies when they are in extreme situations in which it is necessary recourse to memory to reaffirm the origin and defend its present.
Keywords: memory, complexity, transdiscipline, life, society.

Ideas complejas para la actualidad

Todavía son escasos los esfuerzos por generar conocimiento más allá de la ciencia desarrollada en occidente, mediante la búsqueda del diálogo con otras formas de sabiduría como la que nos han legado los pueblos ancestrales; y todavía son más raros aquellos que lo hacen desde la complejidad, que en palabras de su principal exponente la define como “la incertidumbre en el seno de los sistemas ricamente organizados. Tiene que ver con los sistemas semi-aleatorios cuyo orden es inseparable de los azares que incluyen. La complejidad está así ligada a una cierta mezcla de orden y desorden…” (Morin, 2001: 35) cuyos principios rebasan el pensamiento lineal con el cual hemos sido educados toda la vida. La complejidad nos llevaría a pensar en la comunicación permanente entre los distintos niveles de la realidad, a considerar la relación recíproca entre causas y efectos, opuestos y complementarios, etcétera; pero debemos aceptar también que esto resulta muy difícil para muchos e incluso imposible para otros.

Hablar desde la complejidad y la transdisciplina significa, en sí, un riesgo que no muchos deciden correr, pues de un proyecto que involucre estas características se pueden obtener cuatro o cinco proyectos más. Debemos reconocer que, si ya es complicado lidiar con proyectos que dependen de una sola disciplina o de varias disciplinas o de la convergencia entre éstas, un proyecto transdisciplinario nos obliga a salir de los límites del conocimiento propio y pensar de forma distinta para buscar aquellas ideas que nos permitan elaborar conceptos o formas de investigar adecuadas, tal es el caso de un tema tan complejo como el que nos ocupa: la memoria colectiva.

En términos generales, la memoria se define como “la capacidad que tienen los organismos de mantener una respuesta a un estímulo sensorial después de que éste ha cesado […] opera a través de tres pasos básicos: codificación, almacenamiento y recuperación” (Consuegra, 2011: 181); y cualquier falla en alguno de estos pasos es donde se produce el olvido, como contraparte necesaria de la memoria.

Pero esta definición, que surge desde la psicología, deja fuera otros tipos de memoria, como la genética, la biocultural o la ecológica, por lo que una definición de más alcance nos ayudaría a comprender este fenómeno como un proceso que se recrea a sí mismo y tiene una función organizadora para cada organismo; una definición que abarque todo tipo de información, donde “las nociones de memoria, saber, información, programa sólo adquieren sentido en el seno de un aparato que resucite la memoria, que organice el saber, que transforme la información en programa, que decida la acción” (Morin, 2002: 151). Esto significa que la memoria se realiza en plenitud cuando se ejecuta en aquellos sistemas biológicos, psicológicos, sociales, culturales o ecológicos y forma parte de un sistema mayor; lo que puede observarse a nivel celular, psicológico, del lenguaje humano, en la vida social, en los símbolos compartidos por una cultura particular, y también en las relaciones que se dan entre distintas especies que forman un ecosistema.

En todos estos “instrumentos” la memoria se compone de: a) una clasificación de la información en distintos códigos; b) un almacenaje de la misma en “bancos de datos” como el ADN, los recuerdos, la palabra escrita, las instituciones, los signos y la riqueza biológica del suelo de un territorio, y c) la regeneración de la información que se manifiesta en la herencia genética de los seres vivos, en la organización de los saberes de cada sociedad y de las relaciones entre los organismos que participan de un ecosistema.

Cuando hablamos de las influencias recíprocas que hay entre los distintos niveles de realidad nos referimos a la comunicación permanente que atraviesa a éstos, generando la llamada dialógica, y entendiendo por niveles de realidad al conjunto de sistemas invariantes a la acción de ciertas leyes generales, donde esta comunicación permanente ligada a cada nivel, debido a la repercusión que hay en los tres niveles generales propuestos por Nicolescu: a) el nivel de la microfísica, b) el de la biología y los fenómenos psíquicos y c) el de lo social, las experiencias filosóficas y religiosas (1996).

De acuerdo con algunos estudiosos, el ser humano, que es parte del universo, nace de la unión de por lo menos tres tipos de memoria: genética, lingüística y cognitiva, como lo propone el mismo Víctor Manuel Toledo (2008), donde la memoria se presenta como una constante de la vida. Lo anterior significa que la memoria genética influye en la forma en que podemos hablar y conocer; así como la memoria lingüística afecta en la genética y el conocimiento a partir de la evolución que las lenguas han tenido a lo largo de la humanidad, modificando las zonas especializadas para el habla en el cerebro y la laringe. La memoria cognitiva ha influido en la memoria genética y la memoria lingüística a partir del conocimiento que la humanidad ha desarrollado sobre la genética y el lenguaje, lo que ha hecho posible revertir ciertas enfermedades desde el nacimiento, o crear terapias para resolver problemas del lenguaje y aprender más de éste como un sistema de comunicación innato de nuestra especie.

Aun cuando la distancia que hay entre cada nivel de la memoria humana es abismal (genética, lingüística y cognitiva), la influencia recíproca entre estos es evidente, pues mientras lo genético trabaja a nivel molecular y se expresa en los rasgos biológicos de nuestra especie, equipada con un cerebro de aproximadamente 100 mil millones de neuronas; lo lingüístico trabaja a nivel mental, materializándose en las distintas lenguas de la humanidad que recrean el mundo en cada palabra; y en el plano de los conocimientos se expresa en palabras y actividades grupales que atesoran el conocimiento de pueblos que por siglos han sabido mantener el entorno en el que viven y lo preservan para sus descendientes y para el resto del mundo.



La memoria, expresión de la vida

El cuerpo humano es consecuencia de la diversidad que ha evolucionado por millones de años para alcanzar un orden tan complejo que apenas comenzamos a entender en algunos de sus procesos, donde orden y diversidad han crecido uno a la par del otro; Víctor Toledo afirma que “desde una perspectiva termodinámica, el orden, que es la complejidad que existe en el universo, aumenta proporcionalmente con la diversidad […] Por esta razón, la evolución cósmica postula que la variedad aumenta a medida que aumenta el orden” (2008: 16). De esta forma el trabajo colectivo que ejercen las células que forman los tejidos de cada órgano en todo ser vivo se remonta a las primeras épocas de la vida, cuando los organismos unicelulares aprendieron que la supervivencia dependía de su capacidad para colaborar en tareas específicas para perpetuarse, dicha estrategia se propagó a los siguientes niveles de la vida.

Desde los trabajos iniciales de Charles Darwin, Alfred Russel Wallace y otros, el concepto de cooperación ha sido de gran importancia, pues “el paso de la evolución biológica a la evolución cultural, que comenzó con el homo sapiens, también fue posible gracias a la incorporación de modelos de cooperación en el cerebro humano, lo que permitió a los humanos evolucionar como especie” (Hoebeke, 2014), y que se contrapone a la idea general que la competencia entre los individuos de una especie, y de las especies entre sí, son la base de la evolución; esto posee una carga ideológica más que científica debido a la perspectiva que algunos pensadores hicieron sobre las poblaciones, como el economista Thomas Robert Malthus y su postura competitiva de la vida.

Así, desde los primeros organismos simples, que existieron desde que nació la vida, hasta los órganos más sofisticados como el cerebro humano, la cooperación ha sido la base de la supervivencia y la evolución de los seres vivos, perpetuando estos modelos cooperativos a nivel de las células de los individuos, de las especies y de los sistemas ecológicos, donde la comunicación tiene una función de vital importancia, pues la vida necesita transmitir energía, materia e información en estos niveles para continuar como proyecto de diversidad y orden.

La cooperación entre las células cerebrales para evocar recuerdos requiere de conexiones al azar, en lo que se conoce como plasticidad cerebral; ésta es la respuesta al refuerzo de una actividad o experiencia que se ha tenido. La memoria y el aprendizaje se generan a partir de las conexiones que se producen en las terminaciones neuronales llamadas dendritas, así como de la creación de éstas, las cuales activan grupos numerosos de neuronas para esta actividad, lo que representa un cambio estructural en el cerebro durante la formación de la memoria (Balderas y Bermúdez, 2007), por lo que la actividad de las neuronas no sólo representa un flujo continuo de energía eléctrica, sino la transformación constante del tejido cerebral a partir de la formación de la memoria.




Pero la incorporación de los procesos cooperativos del entorno en el cerebro representa algo más que adaptarse a los cambios del exterior; también adopta las formas de organización autónoma del entorno que permiten su recuperación a partir de sucesos perturbadores o destructores del mismo. Se ha demostrado que los ecosistemas poseen la capacidad de regenerarse y cicatrizar su espacio a partir de microorganismos y especies propias del suelo y, por lo mismo, la salud del suelo en un ecosistema opera como la base de su memoria ecológica (Montenegro, 2004). Lo anterior permite recuperar las especies nativas, así como las relaciones vitales entre éstas, además de reconstruir la dinámica de un ecosistema.

Esto nos permitiría hablar de una semejanza entre la organización del entorno natural con la organización del cerebro a nivel neuronal y equilibrar las relaciones entre sus componentes. Los flujos de materia y energía que los mantienen, posibilitan la recuperación de las perturbaciones que los propios sistemas propician, o de algunas externas que no atenten contra la base de su vida.



Sólo el recuerdo queda

A pesar de su alto grado de organización y diversidad, la vida tiende al agotamiento y a la desaparición, todo ser vivo muere; los cuerpos interactúan en el espacio y crean la dimensión temporal, además del desgaste y la transformación continua que los hará esfumarse. La frase que Marx escribiera en su Manifiesto Comunista encierra un grado de nostalgia y orfandad cuando expresa que “todo lo sólido se desvanece en el aire” para referirse a la pérdida de valor que tiene la vida cuando nos quedamos solos frente a nuestras condiciones reales de existencia en términos sociales; en este nivel también trabaja la cooperación entre los sujetos, para reconstruir algo tan escurridizo y necesario como la memoria.

Como ya se dijo, echar a andar la memoria significa poner a trabajar grandes grupos de seres vivos que, sin importar la escala (células, individuos, especies o ecosistemas), se relacionan entre sí para reconstruir la información ante una necesidad o ambiente que requiere de tal ejercicio. La recuperación del pasado es una forma de afirmar el presente y proyectarse en el futuro; por lo tanto, recordar en colectivo es una actividad social y política de los sujetos para ejercitar de manera abierta su palabra y acciones.

Los sujetos, como productos y productores de la sociedad, crean rasgos colectivos que les permiten diferenciarse de otros al tiempo que crean recuerdos en común y los atesoran en la tradición oral o en registros de todo tipo, pues la memoria de un colectivo tiende a corromperse y los recuerdos se modifican o se pierden, ya que “en el primer plano de la memoria de un grupo se descomponen los recuerdos de los acontecimientos y experiencias que se refieren a la mayoría de sus miembros, y que resultan de la propia vida…” (Hallbwachs, 2004: 45). Aun cuando estos recuerdos no garantizan la veracidad de lo ocurrido, son clave en la construcción de la identidad para estos grupos porque les permite negociar con la realidad, resaltando, modificando o eliminando hechos del pasado.

Además de su faceta relacionada con el conocimiento, la memoria tiene otra parte que es emotiva, pues no hay evocación que no se vea impregnada de emoción, ya que la palabra recuerdo, en su raíz latina significa re (volver hacia atrás) cordis (corazón), volver a algo mediante el corazón; y esto nos hace ver que la emoción es parte fundamental de la memoria, pues ahora sabemos que la capacidad de retener sucesos, lugares o personas en la mente implican la emoción. No importa la naturaleza de las emociones, la mente las utiliza como ancla de la memoria. De tal forma que hay recuerdos placenteros que se evocan una y otra vez, y otros que por su violencia podrán ser eliminados de la memoria de un grupo de manera inconsciente o selectiva, pero siempre con la finalidad de conservar la identidad y estabilidad del grupo social.

Existe otra forma de olvido social que ocurre cuando se manipulan o destruyen las bases materiales en las cuales se deposita la memoria de un grupo, “olvido que puede encumbrarse omitiendo, relegando o destruyendo memorias. Memorias que pueden desdibujarse demoliendo los materiales con que se crean.” (Mendoza, 20015: 130), lo que de inmediato nos lleva a pensar en la destrucción de templos y códices por parte de los españoles al momento de su llegada, por lo que recordar para muchos grupos es una forma de resistencia frente al invasor y al poderoso que busca borrar la memoria de los oprimidos.



A partir del amarre emocional y de la dimensión política entendemos que la memoria no sólo se encuentra funcionando en lo microscópico y de manera silenciosa, ejecutando en cada célula de nuestro cuerpo el programa genético que heredó de nuestros antepasados; también nace de lo individual como una muestra de la memoria colectiva que se forma con la participación de todos los que vivieron en el pasado y que viven en el presente de una comunidad, utilizando el lenguaje como un marco general para transmitirla y reconstruirla; y se manifiesta más allá de los grupos humanos, en las relaciones que establecen comunidades de especies nativas de un ecosistema para reconstruir el entorno en el que viven cuando su hábitat ha sido perturbado.

Conclusiones

La complejidad y la transdisciplina todavía tienen mucho que aportar al mundo contemporáneo, sobre todo ante la necesidad de enfrentar problemas que nacen de las condiciones sociales, económicas, políticas, culturales y ecológicas actuales, que exigen formas novedosas e incluyentes para abordar los problemas. El tema de la memoria es un ejemplo de cómo se pueden tender puentes hacia terrenos poco visibles desde un pensamiento lineal y mecánico. Vemos cómo un nivel puede influir en otro, desde la genética hasta el conocimiento, la memoria aparece como hilo conductor de la especie humana.

También se ha observado cómo la memoria es resultado de una estrategia más amplia que han desarrollado los seres vivos en su evolución para sobrevivir exitosamente. La memoria no sólo es un mecanismo de conocimiento que trabaja en lo individual, sino un patrimonio colectivo que alcanza su mayor punto cuando los sujetos comparten esos conocimientos y refuerzan el saber grupal, fortaleciendo a la sociedad a la que pertenecen. La colaboración permite que sobreviva el más apto debido a que coopera con su comunidad y aporta trabajo, saberes, recuerdos, imágenes y formas de convivencia entre sus semejantes.

La fortaleza del grupo se expresa muchas veces en situaciones de riesgo, cuando se enfrenta condiciones o grupos adversos que atentan contra su integridad, y la memoria colectiva recupera sucesos, lugares, personajes que activan el sentido de origen, los cuales se cubren de símbolos para mover a la emoción e impulsan otros tipos de memoria, siendo la emoción un componente básico de la memoria que involucra lo genético, al liberar hormonas que preparan al cuerpo para situaciones críticas o favorables; lo lingüístico, en las lenguas que atesoran una forma de recrear el mundo; y lo cognitivo al representar conocimientos que han sido transmitidos por generaciones en un entorno cada vez más hostil para las culturas ancestrales frente a los riesgos que representa el mudo actual para muchas sociedades que resisten una globalización que violenta su forma de ser, pues en última instancia la memoria es una forma de conservar la identidad y la vida en sociedad.

Referencias

  • Balderas, M. I. y Bermúdez, F. (2007). Modificaciones estructurales del cerebro durante la formación de la memoria, en Ojeda Martínez, Rosa y Mercadillo Caballero, Roberto, De las neuronas a la cultura. Ensayos multidisciplinarios sobre cognición, (pp. 103-114). México, INAH-ENAH.
  • Consuegra, N. (2010). Diccionario de psicología, Bogotá, Ecoe Ediciones.
  • Halbwachs, M. (2004). La memoria colectiva. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza.
  • Hoebeke, J. (2014). Breve historia del concepto de la cooperación en la evolución. Recuperado de http://www.jaimelago.org.
  • Mendoza García, J. (2015). Sobre memoria colectiva. Marcos sociales, artefactos e historia, México, UPN.
  • Montenegro, R., et. al. (2004). Biología evolutiva humana, Córdoba, Editorial Brujas.
  • Morin, E. (1986). El Método. El conocimiento del conocimiento, Madrid, Cátedra.
  • Morin, E. (2001). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa, Barcelona.
  • Morin, E. (2002). El método. La vida de la vida. Madrid, Cátedra.
  • Nicolescu, B. (1996). La Transdisciplinariedad. Manifiesto. Mónaco: Ediciones Du Rocher.
  • Toledo, V. y Bassols, N. (2008). Memoria biocultural. La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Barcelona, Icaria Editorial.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079