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Manuel Lino Resumen Introducción De importancia social, personal y hasta… Amateur, pero también barata y de… Promover a las instituciones, el mandato ¿A quién le importa la ciencia hecha en… A manera de conclusión Bibliografía Resumen El 30.2% de los mexicanos asegura tener información “nula” con respecto a los avances de la ciencia… Desde hace mucho tiempo, en México y en el mundo en general, se ha asumido que la difusión del conocimiento científico es responsabilidad de aquellos que lo generan y que estar al tanto de los avances que se producen en este campo a nivel nacional es prácticamente una obligación del público. El resultado de esta visión ha sido que existan grandes sectores de la población mundial que, en términos generales, carecen por completo de cultura científica. Sin embargo, esta ineficaz forma de difundir el conocimiento está empezando a cambiar… Palabras clave: comunicación de la ciencia, conocimiento científico, público, lectores, México. Communication of science in Mexico, the contempt of public and private 30.2% of Mexicans claim to have “zero” information regarding the progress of science… For a long time, in Mexico and in the world in general, it has been assumed that the dissemination of scientific knowledge is the responsibility of those who generate it, and being aware of the advances that occur in this field is practically an obligation of the public. The result of this vision has been that there are large sectors of the world’s population that, in general terms, are completely lacking in scientific culture. However, this ineffective way of spreading knowledge is starting to change… Keywords: communication science, scientific knowledge, public, readers, Mexico. Introducción La comunicación de la ciencia en México es y ha sido escasa y poco exitosa porque no considera y en ocasiones hasta menosprecia a sus públicos. Manuel Lino Contaba el teórico Richard Feynman, considerado uno de los diez físicos más importantes de la historia, que su padre lo sentaba en su regazo y le leía artículos de la Enciclopedia Británica… Estábamos leyendo –recuerda Feynman– sobre, digamos, dinosaurios. Acerca del Tyrannosaurus rex y (la enciclopedia) decía algo como ‘Este dinosaurio medía 7 metros y medio de altura, y su cabeza, dos metros de un extremo a otro’. Mi papá dejaba de leer y decía, ‘Ahora, veamos qué significa esto. Esto significa que si (el tiranosaurio) se parara en nuestro jardín, sería lo suficientemente alto como para asomarse por esta ventana de aquí’. Estábamos en el segundo piso. Y lo estaríamos viendo directamente a los ojos… Foto: heimseiten_WebdesignKoeln. Esta última frase no la dijeron ni Feynman ni su papá, sino Brian Malow, un stand up comedian estadounidense, conocido como Science Comedian, cuando me contaba sobre los cursos que imparte a científicos para que aprendan a dar charlas sobre divulgación. En el final que cuenta Feynman (en What Do You Care what other People Think?, o Qué te importa lo que piensen los demás en español) su papá explicaba que, dado el tamaño de la cabeza del tiranosaurio, éste no podría meterla por la ventana, con lo cual el pequeño podría irse a dormir tranquilo. Pero prefiero el final de Malow porque le da un toque artístico y dramático a esta historia sencilla que, en unos cuantos párrafos, condensa los principales elementos que debiera tener la comunicación de la ciencia para ser exitosa. El padre, Arthur Melville, explica el caso en términos que su público, el pequeño Richard, no sólo entienda, sino que pueda dimensionar y relacionar con su propio ambiente y experiencia. En su remate, Malow realza la parte narrativa, tanto en su aspecto formal –al hacernos notar que entre estos personajes hay un conflicto pues el tiranosaurio está mirando, quizá con hambre, a la familia Feynman–, como artístico al añadirle emoción e involucrarnos con la narración. Pero el elemento que más quiero destacar de esta historia y sus dos finales es que la buena comunicación del conocimiento se hace en función del público; no de quien lo creó ni de quien lo comunica. Así, con este sencillo ejemplo –que además sirve como introducción para este artículo– pretendo mostrar que la comunicación de la ciencia (considerada de manera amplia, desde la divulgación al periodismo) en México es todavía amateur y, por tanto, pobre en producción, calidad y recursos; y que esto se debe a que se ha ignorado y, en ocasiones, hasta menospreciado al público; además que nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación tiene fallas estructurales y conceptuales que han impedido, y quizá seguirán impidiendo, el adecuado desarrollo de esta actividad de enorme importancia para la que hay, aunque no lo crean, un público expectante. De importancia social, personal y hasta íntima Conocí a Malow en el “67 Lindau Nobel Laureate Meeting”, que este año 2017 reunió durante la última semana de junio, a 28 premios Nobel con alrededor de 400 jóvenes investigadores provenientes de más de 70 países que fueron seleccionados para asistir mediante concursos hechos por sus respectivas academias de ciencias. Estábamos además cerca de 90 reporteros y comunicadores de ciencia de 20 países. […] gracias a un diálogo entre científicos, políticos y sociedad exista una ciudadanía informada que contribuya a la generación de políticas públicas y a decidir el rumbo por el que habrá de transitar en temas relevantes. Esta edición del encuentro fue dedicada a la Química, disciplina en la que la mayoría de los laureados asistentes ganaron sus respectivos Nobeles y en la que se especializaban los jóvenes investigadores. Sin embargo, el énfasis de la reunión se desplazó notablemente al revuelo que ha causado Donald Trump al negar, desde la oficina más poderosa del mundo, no sólo a la ciencia sino a la racionalidad misma. La Casa Blanca se ha convertido en el principal baluarte de la “post-verdad” –término que ha sustituido a los clásicos “mentira”, “manipulación” y “demagogia”– y de las “dudas” respecto la evidencia científica del cambio climático, incluso la Presidencia de Estados Unidos de América (EUA) propuso cancelar el presupuesto federal destinado al combate de este problema; lo cual resulta alarmante si tomamos en cuenta que es el segundo país que más emite gases de efecto invernadero. El tema se hizo presente desde la conferencia inaugural que estuvo a cargo de Steven Chu, Premio Nobel de Física de 1997 y Secretario de Energía de EUA de 2009 a principios de 2013 (Chu no pudo asistir a Lindau, su discurso fue leído por William Moerner, Nobel de Química de 2014). Al principio advirtió acerca de las amenazas que nos acechan: “Hay un peligro real de que la elevación del nivel del mar o el colapso de la agricultura debido al calor y las sequías ocasionen migraciones masivas debidas al clima”; y, en ese sentido, calificó a los 4.5 millones de refugiados sirios, además de los millones de africanos que han salido de sus países natales, como apenas una “advertencia de lo que podría ocurrir en las próximas décadas”. Imagen: yatheesh_. Luego se refirió a la multitud de avances científicos y tecnológicos que es necesario hacer para contribuir a que las energías limpias sean accesibles para cualquier uso a costos bajos, e invitó a los jóvenes químicos a desarrollar dichos avances. “Pero –dijo– también necesitamos políticas públicas estables a largo plazo que permitan financiar proyectos visionarios de investigación y desarrollo” y, agregaría, guiar las inversiones del sector privado hacia innovaciones a gran escala. Al día siguiente, en un desayuno auspiciado por la representación de México, nuestro Nobel, Mario Molina, en referencia al tema comentó que: “es muy desafortunado, pero como científicos necesitamos unirnos y asegurarnos de que podemos comunicarle al público la enorme importancia que tiene la ciencia”. Y se preguntó: “¿Cómo nosotros, como comunidad científica, comunicamos este muy importante aspecto de la ciencia? Lo hacemos a la sociedad en general con la esperanza de que tengamos algún impacto en los tomadores de decisiones de ciertos gobiernos…”. En otras palabras, tanto Chu como Molina, están aspirando al que se considera el resultado ideal de la comunicación de la ciencia, en especial del periodismo: que gracias a un diálogo entre científicos, políticos y sociedad exista una ciudadanía informada que contribuya a la generación de políticas públicas y a decidir el rumbo por el que habrá de transitar en temas relevantes. El discurso de Chu además contenía el deseo de despertar vocaciones científicas (en este caso ya muy especializadas), otro de los beneficios que se espera de una comunicación de la ciencia eficaz. Sin embargo, las respectivas audiencias de Chu y Molina eran reducidas (de alrededor de 500 personas en el primer caso y de unas 100 en el segundo). Resulta evidente que se requiere de alguna forma de comunicación para amplificar su mensaje y para comunicarse con la sociedad. Pero, la comunicación de la ciencia… o mejor deberíamos decir la comunicación del conocimiento (para incluir a disciplinas como la Historia o la Economía) es importante también a nivel individual y hasta íntimo. Como ejemplo quiero mencionar a Elizabeth Merab, reportera del Nation Media Group de Kenia, quien me explicó su razón personal para dedicarse al periodismo de ciencia. Merab padece anemia falciforme, un mal hereditario que no sería tan grave de no ser porque vive en uno de los países donde la malaria es endémica. Aquellos que son sólo portadores del gen de la anemia, pero no la padecen, tienen resistencia a la malaria; pero quienes sí la desarrollan corren grave riesgo de ser infectados por el Plasmodium falsiparum, lo cual es casi una sentencia de muerte. He pasado alrededor de 75% de mi vida entrando y saliendo de hospitales y medicada […] Esto me hizo darme cuenta de que hay mucha gente que no sabe mucho sobre lo que consume en términos de medicamentos, ni de lo que consume de servicios y cuidados médicos. [Además en Kenia] tenemos un cambio en la demografía […] pasamos de enfermedades infecciosas a no infecciosas, como el cáncer, la diabetes y la propia anemia […]. Estos males están al alza, y la población no tiene la información necesaria […] Información simple, como qué comer y qué no, dónde obtener tratamiento, el mal que tienes ¿lo cubre tu seguro? Así que sentí la necesidad de ser parte de esta conversación (Merab, 2017). Se pueden mencionar muchas otras razones por las que comunicar ciencia es importante, pero quiero compartirles ésta que me dio Malow: “Si entiendes que toda la vida está relacionada, que nosotros estamos relacionados con esta planta y que toda la vida está hecha de las mismas cosas que el resto del universo, si entiendes ese tipo de unidad, las estúpidas cosas por las que nos peleamos, los prejuicios, que si eres gay y yo no, que si eres negro y yo blanco, yo soy judío y tú eres musulmán, entiendes que esas divisiones son tan ficticias […]. Quiero pensar que, si a más gente le importara la ciencia y sólo entender mejor el mundo, entonces esas diferencias se derrumbarían” (Malow, 2017). Amateur, pero también barata y de baja calidad A pesar de su enorme importancia (potencial), la comunicación de la ciencia en México y en América Latina es amateur y pobre. Hace pocas semanas, se presentó el Diagnóstico de la divulgación de la ciencia en América Latina (Patiño et al., 2017), hecho por la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología en América Latina y el Caribe (RedPOP), un análisis que, entre otras cosas, confirma de manera científica lo que ya sabíamos: la poca profesionalización que existe en el medio. En América Latina, apenas 10.1% de quienes hacen divulgación en las instituciones son profesionales (figura 1). Lo peor es que, cuando encomiendan (la palabra ‘contratan’ no parece aplicarse en estos casos) actividades a personas externas, menos de 1% son profesionales en la materia con un despacho u oficina (figura 2). Elaboración propia con datos del Diagnóstico de la divulgación de la ciencia en América Latina. Elaboración propia con datos del Diagnóstico de la divulgación de la ciencia en América Latina. El Diagnóstico revela que: “es notable que 60.2% de las instituciones de la muestra del presente estudio cuente sólo con personal que realiza sus actividades de divulgación de la ciencia de manera gratuita, y que 91.9% lo haga con al menos una parte de personal voluntario” (Patiño et al., 2017, p. 97). Además, encuentra que de quienes se dedican a estas actividades, “sólo 35.6% lo hace de tiempo completo”. Esas y otras cifras pueden “ser indicativas de un bajo nivel de profesionalización en el recurso humano para la divulgación en la región” (Patiño et al., 2017, p. 123). Lo que a los autores del Diagnóstico (Ma. de Lourdes Patiño Barba, Jorge Padilla González y Luisa Massarani) les parece simplemente “notable” a mí me parece francamente alarmante y hasta escandaloso. La misión de las universidades (es lo que son la mayoría de las instituciones a las que se refieren el estudio) se ha separado tradicionalmente en tres grandes ramas: investigación, docencia y extensión; y que las universidades dejen una parte medular de sus labores a los amateurs es una omisión gravísima. La palabra “profesional” se refiere sobre todo a que un trabajo se haga a cambio de una remuneración, en contraste con el “amateur” que lo hace de forma gratuita; sin embargo, no es en balde que el término profesional también haga referencia a lo bien hecho y a quien “ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes”, según la Real Academia Española. En ese sentido, una baja profesionalización implica también una baja (o simplemente menor) calidad en el trabajo. Para colmo, como aseguran los investigadores Tomás Ejea y Bianca Garduño sobre la extensión cultural, “una exploración bibliográfica sistemática sobre el tema pone en evidencia la falta de consenso en la formulación de la conceptualización de sus tareas y sus objetivos”, por lo que las acciones en la materia no se desarrollan de acuerdo a programas estructurados ni se tienen objetivos definidos y “carecen de presencia específica en la normativa universitaria, por lo que se subordinan a las autoridades. Por esta razón, el énfasis varía dependiendo de la importancia que le dé el funcionario en turno” (Ejea y Garduño, 2014, p. 14). Promover a las instituciones, el mandato Entre las conclusiones del Diagnóstico también podemos leer que “los tópicos sólo mínimamente se definen a partir de la detección de las necesidades e intereses de los públicos a los cuales se dirigen las acciones” (Patiño et al., 2017, p. 125). En el caso de México, no atender con la comunicación de la ciencia los intereses del público sino los de las instituciones es, en cierto sentido, un mandato de ley. Como señala el investigador y periodista Carlos Enrique Orozco, desde la fundación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), a finales de 1970, se mencionó entre sus funciones la de “fomentar la difusión sistemática de los trabajos realizados tanto por los investigadores nacionales como por los extranjeros que residen en el país, mediante la utilización de los medios más adecuados a ello” (Diario Oficial de la Federación, 1970, 29 de diciembre). En esa redacción no quedaba claro si la difusión debía orientarse a la sociedad o a la comunidad científica. Pero diez años después, aunque no se le dio lugar en el Programa Nacional de Ciencia y Tecnología (1978-1982) quedó claro que el énfasis estaba en la sociedad. Como muestra, Orozco cita el aumento de tiraje de la revista Ciencia y desarrollo de 6 000 ejemplares bimestrales en 1978 a 65 000 en 1980, además de la gran cantidad de libros de divulgación y ciencia ficción que el CONACYT publicó. Ciencias Naturales IV. Imagen: Lewis Minor. Ya para el Programa Nacional de Desarrollo Tecnológico y Científico (1984-1988) se empezó a usar el término comunicación social. Aun así, hasta el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación, publicado en 2008, la postura de CONACYT, aunque con un lenguaje distinto, siguió siendo la misma: se trataba de “promover la cultura científica, tecnológica y de innovación a través de los medios de comunicación electrónicos e impresos, difundiendo los resultados de las investigaciones exitosas y el impacto social en la solución de problemas nacionales”. Lo anterior significa, como diría Arthur Feynman, que la finalidad de las publicaciones no era la de satisfacer los intereses del público ni contribuir a la generación de una cultura científica, sino dar a conocer las acciones que llevaban a cabo las instituciones. Sin embargo, en el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014-2018 (PECITI) la postura cambia. En primer lugar, se delinea la utilidad que, como nación, se puede encontrar en la comunicación de la ciencia. “Aquellos países que han logrado robustecer la apropiación social del conocimiento se caracterizan por ser más innovadores y en consecuencia aceleran su crecimiento económico” (PECITI, 2014, p. 16). En segundo lugar, puntualiza que “para este fin es necesario fortalecer dos mecanismos que incrementen la cultura científica de los mexicanos y conduzcan a una mayor apropiación social de la ciencia y del conocimiento: la divulgación y comunicación, y el acceso al conocimiento” (PECITI, 2014, p. 16). Es decir, el foco se desplaza de “dar a conocer los resultados de los investigadores” hacia el público. Éste es un cambio saludable. Pero en el mismo documento aparece otra vez lo que considero el otro gran error que se ha cometido desde el principio: “Dentro del SNCTI (Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación), el CONACYT es el principal encargado de las estrategias de divulgación. En ese sentido, ha realizado una amplia y continua labor para fortalecer la comunicación y divulgación de ciencia, tecnología e innovación (CTI), tales como: la creación de revistas (Ciencia y Desarrollo, Información Científica y Técnica ICyT, Comunidad CONACYT o TecnoIndustria), y la creación de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología”. También se creó la Agencia Informativa CONACYT para dar a conocer el trabajo de “individuos o empresas que estén creando ciencia, tecnología o innovación en México”. […] si queremos que haya una cultura científica, la comunicación de la ciencia no se debería distinguir del cine o la literatura, debe ser atractiva por sí misma porque no existe, ni podría aceptarse, la obligación de acercarse a ella. Esto sólo se hará por gusto, si el conocimiento científico se nos presenta de manera interesante, sorprendente, entretenida, conmovedora o hasta trascendente. Es decir, el CONACYT, como “el principal encargado de las estrategias de divulgación”, asume que la mejor estrategia es ser también el principal productor de divulgación, ser el protagonista de la historia en lugar de apoyar a quienes quieran invertir, producir y generar contenidos de comunicación de la ciencia. Es cierto que, desde hace unos años, se publica la “Convocatoria de Apoyo a Proyectos de Comunicación Pública de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación”, que apoya una multitud de iniciativas. Pero, una vez más, hay un pero: el financiamiento de estas iniciativas se hace a fondo perdido y dentro de las consideraciones de asignación de estos apoyos no se considera que los proyectos tengan (o vayan a tener en algún momento) un modelo de negocios que les permita subsistir y continuar con su labor una vez que termine el año durante el cual los apoya CONACYT. Quiero aclarar que no comulgo con el “capitalismo salvaje” ni creo que deba desaparecer todo aquello que no produce dinero. Estoy de acuerdo en que el estado debe financiar actividades importantes y valiosas que no tengan perspectivas claras de generar capital (como la ciencia básica). Pero en este país hay que admitir que llega un momento en que la aceptación del público de un determinado producto (sí, también de un producto cultural) se mide por si gasta su dinero en él o no. Resulta curioso que una convocatoria que lleva en el nombre la palabra “innovación”, que implica llevar un producto o mejora al mercado, no considere a los mercados. Y, con perdón de los encargados del programa de apoyos, resulta hasta ridículo que en el primer párrafo de la convocatoria se asegure que “la nación en su conjunto, debe invertir en actividades y servicios que generen valor agregado de una forma sostenible” (sic por la coma que malamente separa el sujeto del predicado), y acto seguido ofrezca apoyo a proyectos que, en principio, no son ni tienen forma de volverse sostenibles. Como remate, unas páginas más adelante encontramos el siguiente párrafo: “Las propuestas deberán estar estructuradas para comunicar a públicos segmentados o sectoriales los hallazgos o innovaciones más impactantes de las investigaciones científicas o los desarrollos tecnológicos, respectivamente, realizados por investigadores o empresas en instituciones establecidas en México”. Ahí está, otra vez, el afán de autopromoción y el menosprecio al público. Ante ello, cabe señalar que muchos de los científicos más reconocidos de México han hecho sus descubrimientos más importantes en el extranjero. Aquí pongo algunos ejemplos notables: Mario Molina, en la Universidad de California en Irvine, junto con el Profesor F. Sherwood Rowland; Francisco Bolívar Zapata (Premio Príncipe de Asturias 1991) estaba en San Francisco, California, cuando formó parte del equipo pionero que creó el primer organismo con ingeniería genética; Luis Herrera-Estrella participó en la elaboración de la primera planta genéticamente modificada mientras estaba en la Universidad Ghent, Bélgica, en el laboratorio de Marc Van Montagu; y Ricardo Miledi (ganador también del Asturias) descifró, con Bernard Katz en el University College London, los secretos de la transmisión sináptica que le dieron una tercera parte del Nobel a Katz. ¿A quién le importa la ciencia hecha en México? Como periodista de ciencia y cultura he escuchado con (demasiada) frecuencia que los mexicanos “debemos conocer la ciencia que se hace en México”. Encuentro esta proposición tan ridícula como cuando hace unos años escuchaba que apoyáramos al cine mexicano y lo fuéramos a ver. Si las películas mexicanas no nos resultaban entretenidas, interesantes, conmovedoras ni sublimes, como público no teníamos razón alguna para verlas. En ese sentido, si queremos que haya una cultura científica, la comunicación de la ciencia no se debería distinguir del cine o la literatura, debe ser atractiva por sí misma porque no existe, ni podría aceptarse, la obligación de acercarse a ella. Esto sólo se hará por gusto, si el conocimiento científico se nos presenta de manera interesante, sorprendente, entretenida, conmovedora o hasta trascendente. Y esto no va a suceder mientras no se haga de manera profesional, es decir, mientras quienes lo hagan no piensen en crear productos tan buenos que la gente esté dispuesta a pagar por ellos. Porque el público sí está interesado en la ciencia. La Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología (ENPECYT) que hace el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), por encargo de CONACYT, revela que es uno de los temas que aparecen en medios de comunicación que más le importa a la gente. El rubro ‘Nuevos inventos, descubrimientos científicos y desarrollo tecnológico’ aparece en segundo lugar de interés. Además, algunos otros temas que importan a la gente también están relacionados con la ciencia, como el medio ambiente y, aunque la ENPECYT no pregunta al respecto, la salud, el comportamiento humano, etcétera. Temas que interesan al público Dos temas relacionados con la ciencia, la contaminación ambiental y las novedades en ciencia y tecnología, figuran en los tres primeros lugares del interés del público. Aquí se muestran los datos graficados en orden descendente de lo que les parece más interesante. Fuente: realización propia con datos de la ENPECYT (2015). Estadísticas aparte, quienes nos dedicamos a actividades “elevadas” relacionadas de alguna manera con las ciencias, la cultura o el arte, a veces se nos olvida que al público general también le interesan –y mucho– estos temas. Se nos olvida que todos somos público general (salvo en el área de nuestra especialidad) y que, en el fondo, todo ser humano, por el simple hecho de serlo, se interesa por los grandes temas a los que la ciencia está dando respuesta: “qué es la vida”, “qué es la conciencia”, “de dónde venimos”, “por qué nos comportamos de la forma en que lo hacemos”, etcétera. Los temas que menos interesan Si graficamos los mismos datos pero en orden descendente por quienes manifestaron tener un interés nulo por los temas, vemos que la contaminación ambiental se mantiene en la preferencia del público seguido por Ciencias sociales e Historia. Curiosamente, la Política y las Ciencias exactas son en ambas gráficas las menos favorecidas por el público. Fuente: realización propia con datos de la ENPECYT (2015). A manera de conclusión Volvamos con la familia Feynman, a quienes dejamos en una situación comprometida… No, no me refiero al tiranosaurio en la ventana, sino a Arthur tratando de suavizar la imagen para que el pequeño Richard pueda dormir. Era muy emocionante y muy, muy interesante pensar que hubo animales de tal magnitud –y que todos murieron y que nadie sabía por qué (ahora ya sabemos)–. Por eso no estaba asustado de que alguno de ellos fuera a llegar hasta mi ventana… Así, Richard pudo dormir, creció y, en parte gracias a las enseñanzas de su padre, no sólo se convirtió en un gran físico sino en un excelente divulgador. Su libro Surely you’re joking Mr. Feynman (¿Está usted de broma, Sr. Feynman?) está calificado en Amazon como un best seller que tiene 4.5 estrellitas, de 5 posibles; igual que el más serio QED. The Strange Theory of Life and Matter, y el video en el que Richard habla de su padre, entre otros temas, tiene casi 916 000 visualizaciones en YouTube. Teniendo en cuenta que murió en 1988, que el pico de su fama estuvo en los años 60 y que en The Big Bang Theory sólo se le ha mencionado una media docena de veces, no está nada mal como para dar ejemplo de que hay público para la comunicación de la ciencia. Y ya que nos preguntamos si Feynman estaba bromeando y que menciono a The Big Bang Theory, un último consejo de Malow: “Pero claro que ayuda sentir que lo que haces es importante. Quizá, si tan sólo cuento algunos chistes científicos y te hago reír, ya hice algo con un poco de sentido porque tal vez pensabas que la ciencia era aburrida y te hice reír con un humor muy geek. Aunque no te haya enseñado nada, tal vez sólo te enseñé una cosa, que la ciencia puede ser divertida”. Bibliografía La mayor parte de las ideas que vierto aquí no son mías sino de diversos investigadores (aunque quizá las he tergiversado un poco). Anoto aquí los cuatro textos que más consulté en la elaboración de este artículo: Sobre la historia de la comunicación de la ciencia en México y sus obstáculos: Orozco Martínez, Carlos Enrique (2014). “Sin embargo, se mueve. La divulgación de la ciencia en México”, en Hugo Edgardo Méndez Fierros y Felipe Cuamea Velázquez, coordinadores, Universidad, ciencia y Cultura: evaluaciones para un saber colectivo. Universidad Autónoma de Baja California, México. Pp. 77-110. Sobre los problemas de las universidades para comunicar: Tomás Ejea Mendoza y Bianca Garduño Bello (2014). “La extensión de la cultura universitaria en México: un ensayo sobre su historia conceptualización y relevancia”, en Hugo Méndez y Felipe Cuamea (eds.), Universidad, ciencia y cultura: evocaciones para un saber colectivo. Universidad Autónoma de Baja California. Mexicali, pp. 52-78. Sobre la lamentablemente escasa pero muy deseable influencia que tiene el periodismo científico en las políticas públicas: Rosen, Cecilia y Javier Crúz-Mena (2015). “El periodismo de ciencia en América Latina”, en Luisa Massarani (org.), RedPOP: 25 años de popularización de la ciencia en América Latina. RedPOP, Unesco, Primera edición Río de Janeiro, pp. 61-71. Sobre la importancia de la narrativa en la comunicación y de la comunicación misma: Aquiles Negrete Yankelevich (2012), La divulgación de la ciencia a través de formas narrativas. Colección Divulgación para divulgadores de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM. Primera Reimpresión.
Melchor Sánchez Mendiola Cada acto de percepción, es hasta cierto grado un acto de creación, y cada acto de memoria es hasta cierto grado un acto de imaginación. Oliver Sacks, Musicofilia. Pase de estafeta Estimados lectores, permítanme presentarme, soy Melchor Sánchez Mendiola, médico pediatra, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fanático y profesional de la educación y de la evaluación educativa. Actualmente soy Coordinador de una dependencia universitaria de reciente creación, y a partir del mes de mayo del presente año, Editor en jefe de la Revista Digital Universitaria. Se preguntarán: ¿por qué el cambio y por qué usted es el editor en jefe?, ¿cómo se capacitó para editar una revista de divulgación científica? Como todo en la vida, no hay una respuesta sencilla: he tenido una rica y vasta experiencia clínica atendiendo pacientes pediátricos gravemente enfermos en varios contextos de salud públicos y privados, nacionales y del extranjero; he acumulado una gran cantidad de información y conocimiento sobre investigación “básica”, clínica y educativa, el uso de la evidencia científica publicada para la toma de decisiones, y me he enfrentado al enorme reto de tomar decisiones compartidas con pacientes, familiares, estudiantes y docentes. En las últimas dos décadas he “migrado” de la medicina clínica de tiempo completo a la educación superior de tiempo completo, con el sinfín de satisfacciones, sensaciones de nostalgia y de “caminos no andados” que ello implicó. La vida nos llena de sorpresas, va dando giros y dobles curvas, y en las diferentes fases de nuestra existencia nos enfrenta con retos, problemas y circunstancias que nos hacen exhibir diferentes aptitudes y facetas. Uno de los hilos comunes a las vivencias arriba mencionadas, ha sido la ingente necesidad de comunicar ideas y conceptos técnicos complejos a personas con una formación diferente o, como desafortunadamente ocurre con frecuencia, a personas que no han tenido la oportunidad de vivir la educación superior y sus efectos. Imagine el lector estos escenarios: una médica trata de explicar a un paciente la eficacia de la quimioterapia para un cáncer avanzado; un físico desea que un estudiante entienda la teoría de la relatividad; un poeta pretende enseñar a un político la belleza de la palabra hablada; una filósofa quiere convencer a un adolescente de la vigencia de Sócrates en la era de Trump. En estas situaciones la necesidad de expresar las ideas en un lenguaje lo menos técnico posible, con preocupación sincera porque el receptor de la información la aprehenda de manera adecuada, se constituye en uno de los retos comunicacionales más fascinantes de la interacción humana. Tengo muchas memorias de la niñez, adolescencia y adultez, pero una de las más satisfactorias fue la lectura de todos los escritos de Isaac Asimov que pude conseguir. Sus historias de ciencia ficción como la saga Fundación, los documentos de divulgación de la ciencia como la Nueva Guía de la Ciencia, el Tesoro del Humor y sus múltiples obras autobiográficas, su pasión por la ciencia y los argumentos racionales, así como su particular sentido del humor, fueron una fuente de inspiración personal con efectos duraderos. La actitud afable pero rigurosa de Asimov, así como su profunda preocupación porque la sociedad tuviera elementos de información para establecer juicios de valor y entender lo que ocurre a su alrededor, son extrañadas en la era moderna de noticias falsas y estridencias sin sustento. Es en este contexto cuando el Dr. Felipe Bracho Carpizo, Director General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC) de la UNAM, en uno de esos ejercicios de reflexión realistas y auténticos que tanto lo caracteriza, me propuso que la Revista Digital Universitaria (RDU) pasara a ser responsabilidad de la Coordinación de Desarrollo Educativo e Innovación Curricular (CODEIC) de nuestra casa de estudios. La revista nació, creció y llegó a su actual etapa de desarrollo en la DGTIC, en un ambiente predominantemente informático, con las ventajas, desventajas, factores explícitos y tácitos que ello implica. Actualmente, la mayoría de las revistas impresas tiene versiones digitales, y ese atributo (ser revista digital) que era su principal característica, dejó de ser privativo de expertos en tecnología y programación computacional para convertirse una modalidad esperada de las publicaciones en la era moderna. ¿Por qué la CODEIC y no otra dependencia de la UNAM? Más allá de la amistad que nos une, el Dr. Bracho externó sus argumentos y me hizo “una oferta que no podía rechazar”: la posibilidad de trabajar con un vehículo de difusión consolidado, con prestigio nacional e internacional, para continuar lo realizado hasta ahora. Esto con una orientación más amplia, que incorpore elementos educativos y de innovación para mejorar la efectividad de la comunicación pública de la ciencia (entendiendo ciencia en su concepto más abierto). Lo anterior nos permitirá diseminar el quehacer de la UNAM y de otras instituciones nacionales y extranjeras para informar y, ¡ojalá!, transformar positivamente a la sociedad mexicana y latinoamericana. Épocas de la RDU Como todas las iniciativas humanas –y esta revista no es la excepción–, la creación y desarrollo de la RDU en el seno de la DGTIC fue producto de la conjunción de una serie de eventos, circunstancias y personas que en su momento fueron la incubadora de esta innovadora publicación. Refiero al lector al detallado relato “Revista Digital Universitaria: 15 años del quehacer universitario en línea”, de Adrián Estrada Corona, para una narración pormenorizada del fascinante continuo de ‘épocas’ de la revista, con la descripción de lo que ocurrió en los primeros tres lustros de la misma y sus actores (Estrada, 2015). Al revisar el índice del número 0 y de los ejemplares de aniversario de las diversas épocas de la revista, es interesante contrastar el tipo de manuscritos, los temas y el énfasis colocado en los diversos aspectos del conocimiento humano. Para muestra un botón, el índice del número del 15 aniversario tiene los siguientes artículos: “Revista Digital Universitaria: origen y evolución de un experimento digital”. “Acceso Abierto, información científica disponible en línea sin barreras”. “Aspectos técnicos relevantes en la transición de las revistas al entorno electrónico”. “Reconstruir la historia en medios digitales. El caso del portal Poblar el Septentrión. Construyendo la historia del norte de México”. “Aplicación del modelo de satisfacción del usuario final de cómputo (EUCS) y su medición en kioscos digitales: caso Aguascalientes”. “Publicación digital: valiosa herramienta para la divulgación de la ciencia”. “Reseña: Bibliotecas y publicaciones digitales de Juan Voutssás Márquez”. Es comprensible el sesgo implícito hacia la materia tecnológica y su impacto en la publicación científica y de divulgación, pero creemos que el énfasis en un medio puede hacer que éste se convierta en el mensaje. La aparición de Internet en el escenario social de las últimas décadas ha sido el evento transformador más importante de nuestra especie en el último siglo, y la explosión del uso de dispositivos digitales portátiles como medio primario de comunicación y obtención de información ha provocado un escenario extremadamente complejo, en el que actualmente existen más teléfonos celulares en el mundo que seres humanos (Davies, 2014). Cuando la RDU apareció, las personas la leían en una computadora personal de escritorio, conectada a Internet en la casa, universidad u oficina, con todo lo que ello implica (estar sentado en un lugar fijo, el cuerpo en una posición que permitiera ver la pantalla –con poco margen de movimiento–, las características de los monitores de esa época eran diferentes de los actuales, etcétera). Claro que no me consta, pero imagino que algunos de sus lectores imprimían el artículo en papel para leerlo después. Actualmente, muchos de nosotros todavía tenemos una computadora fija de escritorio (que generalmente no compartimos, enfatizando lo personal en ‘computadora personal’), pero el escenario ha cambiado en el sentido que la mayoría de las personas, sobre todo las más jóvenes, utilizan sus dispositivos portátiles (celulares ‘inteligentes’, tabletas y netbooks) para leer información, en una dinámica personal y social completamente diferente. El paradigma en el que las computadoras eran solo herramientas tecnológicas separadas de nosotros, se está desmoronando al convertirse nuestros dispositivos personales en una continuidad del ser y parte de nuestra identidad (Clayton et al., 2015). La manera de comunicarnos con el mundo también se ha transformado radicalmente, ahora vivimos en un flujo constante y multidireccional de datos e información, que en ocasiones nos abruma. Michael Harris, en su libro El Final de la Ausencia, comenta: “Pronto, nadie recordará la vida antes de Internet. ¿Qué significa este inevitable hecho? Para las futuras generaciones, nada muy obvio. Estarán tan inmersos en la vida en línea que las preguntas sobre el propósito básico de Internet o su significado desaparecerán” (Harris, 2014). Estos hechos nos deben motivar a reflexionar intensamente sobre el futuro de todo tipo de publicaciones, tanto impresas como digitales, y su rol en nuestra cotidianeidad. La RDU gradualmente debe incorporarse en este “valiente nuevo mundo”, para continuar proporcionando material provocador, vigente y transformador a la audiencia de estudiantes, académicos y comunidad universitaria, así como al público interesado, en un formato congruente con la modernidad, sin sacrificar la calidad de los manuscritos y la profundidad de los conceptos explorados. En suma, no quisiera hablar en esta ocasión de ‘la quinta época’ de la RDU (aunque podríamos argumentar que ¡no hay quinto malo!), sino de la continuidad de la misma, en el contexto dinámico y de enormes retos organizacionales, políticos, sociales y económicos que tenemos en la actualidad. Pretendemos que este continuo esté sustentado en el trabajo en equipo, proceso editorial de calidad, orgullo institucional y nacional, y que genere un producto excelente que se nutra del proceso y de las personas que en él participan. “Lo único constante es el cambio”, Heráclito Cada cambio es una ventana de oportunidad, un espacio potencial de generación de ideas para mejorar y continuar creciendo (aunque también abre la posibilidad de echar todo a perder, por lo que hay que ser prudentes en la cantidad y progresión de los cambios), y este relevo de estafeta no es la excepción. El equipo editorial de la DGTIC que estuvo a cargo de la RDU en los últimos años, nos entregó una gran cantidad de material y productos del trabajo realizado que son testimonio de su profesionalismo y entrega institucional. Nuestro profundo respeto y agradecimiento a Lizbeth Luna González, Miguel Ángel Mejía y Fabián Romo Zamudio, así como al personal de la DGTIC que ha tenido algo que ver con la producción de la RDU. Estamos ciertos de que no es sencillo desprenderse de una obra de amor, les aseguramos que pondremos nuestro mejor esfuerzo para continuar con su excelente trabajo. Si las cosas no se hacen con cariño y pasión, generalmente no se hacen bien y no valen la pena. Hemos decidido realizar algunos cambios, que ocurrirán de manera gradual y premeditada: Renovación del Comité editorial. Se realizaron nuevos nombramientos dentro del Comité editorial (se ratificaron algunos integrantes para promover la continuidad), este es un trabajo en proceso que incluirá a corto plazo más personas de otras instituciones y países. En mayo de 2017 el Comité editorial está integrado por: Dr. Guillermo Aguilar Sahagún Consultor Independiente Dra. Ana María Cetto Kramis Instituto de Física, UNAM Dra. Frida Díaz Barriga Arceo Facultad de Psicología, UNAM Dra. Teresa I. Fortoul van der Goes Facultad de Medicina, UNAM Dr. Alberto Lifshitz Guinzberg Facultad de Medicina, UNAM Dr. Agustín López-Munguía Canales Instituto de Biotecnología, UNAM Dr. Juan José Sánchez Sosa Facultad de Psicología, UNAM Dr. Antonio Sánchez Pereyra Dirección General de Bibliotecas, UNAM Dra. Annette Santos del Real Centro de Estudios Educativos, A.C. Mtra. Margarita Varela Ruiz Consultora independiente Dra. Luz del Carmen Vilchis Esquivel Facultad de Artes y Diseño, UNAM Dr. Leonardo Viniegra Velázquez Hospital Infantil de México “Federico Gómez” Equipo editorial. Al estar ‘alojada’ la RDU en la CODEIC, integramos un nuevo equipo editorial. Mi sincero agradecimiento al equipo que se ha encargado del nada sencillo proceso de recepción, organización e inicio de la transformación de la RDU en esta nueva etapa, no tengo palabras para expresarles mi reconocimiento por una excelente labor. Además de las personas listadas abajo, agradezco al maestro Daniel Morales Castillo su participación en el proceso: Editor en jefe: Dr. Melchor Sánchez-Mendiola, Facultad de Medicina, UNAM Editoras académicas: ▪ Mtra. Ana María del Pilar Martínez Hernández Facultad de Filosofía y Letras, UNAM ▪ Dra. Magda Campillo Labrandero Facultad de Psicología, UNAM Editora asociada: Lic. Carina Itzel Gálvez, CODEIC, UNAM Periodicidad. Después de discutirlo ampliamente, decidimos que la periodicidad de la publicación sea bimestral, para asegurar la calidad de los manuscritos y profesionalizar aún más el proceso editorial y de arbitraje. Secciones de la RDU. Los números dejarán de ser temáticos –aunque se programarán de manera ocasional para temas específicos que así lo requieran–, ya que consideramos que una revista digital de esta naturaleza debe proveer un abanico de ideas, narrativas y perspectivas que explore diversos tópicos. Actualmente el acceso a las publicaciones digitales a través de la red es una mezcla de planeación, espontaneidad y “serendipia”, por lo que creemos que una mayor variedad de artículos será de más utilidad para nuestros lectores. Por otra parte, siendo una de las principales misiones de la UNAM la educación, incluiremos temas relacionados con este campo de estudio, que tiene relevancia para todos los tipos del quehacer humano. La estructura de cada número de la revista será como sigue: Editorial Varietas Continuum educativo La voz de los docentes La voz de los estudiantes Universidades Caleidoscopio Otros cambios. Estamos trabajando en un nuevo logo e imagen de la revista, así como nuevas instrucciones para los autores, entre otras cosas, que irán ocurriendo paulatinamente en los siguientes meses. Lo que no cambia. La revista continuará siendo una publicación de divulgación de la UNAM, con altos estándares de calidad, indizada por CONACYT, con manuscritos sobre todas las áreas del conocimiento. Con gran satisfacción comunicamos a nuestros autores y lectores que este año se logró la renovación en el Índice de Revistas Mexicanas de Divulgación Científica y Tecnológica (IRMDCYT) del CONACYT, lo que da un estatus muy relevante a la RDU en la comunidad académica. Por otra parte, en la primera reunión del renovado Comité editorial, discutimos largamente sobre las diferencias semánticas y conceptuales de los términos “divulgación”, “difusión”, “diseminación”, que serán motivo de otra Editorial. Concluimos que se mantendrá el espíritu de comunicación social y pública del conocimiento y actividades humanas, dirigido al público latinoamericano de estudiantes, profesores, y sociedad en general interesada en estos temas. Panorama de este número El número de mayo-junio es el primer número de la RDU totalmente a cargo del nuevo equipo editorial. Estamos seguros que será el primero de una larga serie de ejemplares que continuarán la línea de contribuir a la divulgación del conocimiento humano, con un énfasis reflexivo y transformador. Los temas abordados son los siguientes: Varietas “La comunicación de la ciencia y la literatura: breve recorrido histórico”, María Emilia Beyer y Gabriela Frías Villegas “La memoria sonora de Radio UNAM: un referente de investigación y educación”, Santiago Ibarra y Margarita Varela “La fotografía científica. Historia y vínculo con la divulgación”, Víctor Gálvez “Museos de la UNAM. Sitios de aprendizaje y entretenimiento”, Adriana Bravo Williams Continuum educativo La voz de los profesores “Memorizar, pensar o activar la inteligencia. Desafíos de los maestros y de la educación en México”, Luis Equihua Zamora “El viaje de Emilio a Alemania. Implicaciones en mi práctica docente”, Yasser Gandhi Hernández Esquivel La voz de los estudiantes “Relato de un viajero primerizo”, Marco Sánchez Hernández Universidades “Las diversidades culturales de los becarios indígenas y afrodescendientes de la UNAM”, Evangelina Mendizábal Caleidoscopio “Mitos, memoria colectiva y narración ilustrada”, Juan Palomino y Ana Paula Ojeda “Conversando sobre ciencia y divulgación”, entrevista al Dr. Guillermo Aguilar Sahagún “Recordando a José Vasconcelos a 58 años de su muerte”, infografía de Pilar Martínez y Gabriela Guzmán. Como dice el refrán: “el que mucho se despide pocas ganas tiene de irse”. Esta Editorial es más extensa de lo habitual por la necesidad de explicar los cambios en la RDU, de ninguna manera pretende ocupar el lugar preponderante que tienen los artículos mencionados arriba, que son el corazón y alma de la revista. Pido a nuestros lectores disfruten los manuscritos que integran este número de la RDU, y que nos hagan saber sus inquietudes y sugerencias. fin Melchor Sánchez Mendiola Editor en jefe Referencias Clayton, R. B., Leshner, G. y Almond, A. (2015), The Extended iSelf: The Impact of iPhone Separation on Cognition, Emotion, and Physiology. En Wiley Online Library, 2015(20), 119–135. doi: 10.1111/jcc4.12109 . Recuperado de http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/jcc4.12109/full. Davies Z. (2014), Active Mobile Phones Outnumber Humans for the First Time. En International Business Times, october 8, 2014. Recuperado de http://www.ibtimes.co.uk/there-are-more-gadgets-there-are-people-world-1468947. Estrada A. (2015), Revista Digital Universitaria: 15 años del quehacer universitario en línea. En Revista Digital Universitaria, 16(3). Recuperado de http://www.revista.unam.mx/vol.16/num3/art17/art17.pdf. Harris M. (2014), The End of Absence: Reclaiming What We’ve Lost in a World of Constant Connection. Nueva York: Current. Recuperado de http://www.endofabsence.com.
Ana María del Pilar Martínez Hernández y Magda Campillo Labrandero Muchas de las características que hemos dado por sentadas en el pensamiento y la expresión dentro de la literatura, la filosofía y la ciencia, y aun en el discurso oral entre personas que saben leer, no son estrictamente inherentes a la existencia humana como tal, sino que se originaron debido a los recursos que la tecnología de la escritura pone a disposición de la conciencia humana. Walter J. Ong, Oralidad y escritura. Para Walter J. Ong, la oralidad fue resultado de la evolución humana que permitió la comunicación entre las sociedades primitivas. El humano “aprendió a leer en una etapa muy posterior de su historia y al principio sólo ciertos grupos podían hacerlo. El Homo sapiens existe desde hace 30 mil a 50 mil años. El escrito más antiguo data de apenas hace 6 mil años” (Ong, 2016: 36). La oralidad, según nuestro autor, puede ser vista como un evento “natural” en tanto está integrada al cuerpo –la voz–, mientras que la escritura es un invento del ser humano, por ello la define como tecnología. Sin embargo, una y otra –oralidad y escritura– constituyen procesos cognitivos asociados y el surgimiento de la escritura fue fundamental para la evolución y complejización del pensamiento y la conciencia. Gracias a la escritura se pudo hacer un registro de los hechos, los haberes y, sobre todo, acoplar las experiencias, los datos y los conocimientos; avanzar colectivamente, desde un punto fijo sin partir de cero. El crecimiento de este saber ha variado a lo largo de la historia y de la cultura que lo propicia, de la idiosincrasia de un colectivo, de nuevas tecnologías como la imprenta o internet, de las necesidades ingentes de resolver problemas vitales o de defensa, de genios innovadores y de grupos de científicos que se han enfrentado a los poderes fácticos aun a costa de sus vidas; en fin, ha estado determinado por múltiples factores. La relación entre saber y poder, así como el acceso restringido al primero, es una historia aparte. El día de hoy en la mayoría de las sociedades el conocimiento se ha democratizado. Cuando esto no ocurre puede deberse a diversos factores; uno de ellos, aunque parezca increíble, es la existencia de millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta que son analfabetas, aún en sociedades “desarrolladas”; otro, el analfabetismo digital, determinado por la falta de poder económico para la adquisición de tecnologías y conectividad, normalmente vinculadas con países en pobreza extrema; uno más, asociado a naciones gobernadas por regímenes totalitarios que no permiten por razones ideológicas el libre acceso de sus ciudadanos a la información. Un problema de otro carácter se refiere a la alta especialización con la cual se produce el conocimiento científico, filosófico, literario, etcétera; es en este sentido donde se refrenda la importancia de la difusión y la divulgación de la ciencia para acercarla al público, para promoverla, para generar vocaciones, para convertir al ser humano “común” –si puede usarse este término– en ciudadano bien informado, que participa y transforma a su comunidad a través del conocimiento apropiado, lejano a prejuicios, estereotipos e “ismos” de toda índole; que lleva la cultura –en su acepción más amplia– a todos los espacios de participación social. Sin lugar a dudas, estas posibilidades son parte inherente de los principios y valores de la UNAM y de la Revista Digital Universitaria. Con el afán de incluir de manera sistemática manuscritos sobre todas las áreas del conocimiento y dar cabida a grupos de universitarios de todo el país, en este segundo número de la nueva época de esta revista, se presenta una selección de siete textos que abarcan diversos temas de autores, tanto de la UNAM con externos a ella. A continuación, se da un breve panorama del contenido de los artículos y, dado que nuestros lectores se están familiarizando con la nueva estructura de la RDU, nos tomamos la libertad de contextualizar de nueva cuenta el propósito de las cuatro secciones que la conforman. Varietas El objetivo de esta sección es difundir de manera atractiva, y clara, descubrimientos, teorías, fenómenos, sucesos y resultados de investigación en todas las áreas del conocimiento. Manuel Lino, actual presidente de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, en su artículo titulado: “Comunicación de la ciencia en México, el menosprecio de públicos y privados”, nos habla de los retos que enfrenta nuestro país para transmitir y difundir el conocimiento científico a público no especializado. A partir de la narración de una interesante experiencia autobiográfica del famoso físico estadunidense Richard Feynman, Lino introduce la importancia de considerar al público objetivo en la buena comunicación de la ciencia y muestra a través de diversos datos la situación de la divulgación de la ciencia en México. Ricardo Victoria, Alejandra Uría y Juan José López, investigadores y maestros de la Universidad Autónoma del Estado de México, hablan en el artículo denominado: “¿Los juguetes representan la diversidad de los usuarios?”, de la importancia de la variedad en el diseño de juguetes infantiles y presentan tres interesantes casos de estudio. Desde su perspectiva, las empresas dedicadas a fabricar juguetes deberían tomar en consideración, además de las demandas del mercado, el papel del juego y del juguete para los usuarios al diseñar productos que reflejen, de manera responsable, la diversidad social de la población actual. En el artículo “Micotoxinas: ¿Qué son y cómo afectan a la salud pública?”, un grupo de seis investigadores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo –Ricardo Santillán, Gerardo Rodríguez, Sylvia Fernández, Gerardo Vázquez, Juan C. Montero y Julieta Benítez–, nos explican la contaminación de alimentos causada por cuatro variedades de micotoxinas, fenómeno que se ha convertido en un problema importante de salud pública en el mundo, con un costo millonario para la prevención y tratamiento de graves enfermedades. Continuum educativo En esta sección se busca dar voz a proyectos educativos exitosos, tanto desde la perspectiva de los docentes como de los alumnos. Para este número de la RDU se presentan tres experiencias; dos narradas por maestros de bachillerato y licenciatura, y una desde de un grupo de estudiantes de licenciatura. En el artículo: “Las lenguas extranjeras en la difusión de las ciencias biológicas y de la salud”, dos comprometidas maestras de la Escuela Nacional Preparatoria –Paola Garcés y Yadira Alma Hadassa Hernández–, nos narran su experiencia en el desarrollo de un programa que busca integrar el aprendizaje y la práctica de las lenguas extranjeras que se ofertan en la preparatoria (inglés, francés, alemán e italiano). Como parte del proyecto, los estudiantes de bachillerato realizan en las cuatro lenguas diversas actividades, entre las que se incluyen conferencias y talleres, la creación de sitios web y la edición de una revista de difusión científica, todas ellas con temas vinculados a las ciencias biológicas y de la salud. En la segunda experiencia incluida, la Dra. Nelly Rigaud, maestra de la Facultad de Estudios Superiores campus Aragón, comparte una extensa y detallada reflexión acerca de su práctica docente en la enseñanza de las matemáticas, la cual reconoce se ha transformado y mejorado a partir de su participación en el Seminario Universitario para la Mejora de la Educación Matemática (SUMEM) de la UNAM. Esta experiencia se complementa con el artículo de Diana Martínez, Guillermo Alvarado, Kristel Boyzo y Fernando Casales, cuatro estudiantes de ingeniería, quienes, desde su perspectiva, narran la riqueza y utilidad que tienen las matemáticas y plantean la forma en que les gustaría que se enseñara esta disciplina. Universidades En esta sección, cuyo propósito es mostrar actividades relevantes de y para la vida universitaria, la Dra. Eugenia Marmolejo, cuenta el origen del SUMEM en el año 2013, cuyo propósito es mejorar el nivel de los conocimientos matemáticos de alumnos y maestros de la UNAM. En el texto se describen algunos eventos recientes de este seminario que ilustran las conexiones entre conceptos matemáticos y otras áreas del conocimiento. Caleidoscopio Esta sección, pensada como un espacio para incluir materiales diversos, preferentemente de forma audiovisual, presenta en este número una infografía dinámica titulada: “Recordando a José Vasconcelos a 58 años de su muerte”, pensada para conmemorar este acontecimiento a través de la descripción de los eventos y acciones más importantes de la vida de este polémico personaje, quien fuera rector de la UNAM y secretario de educación pública. Esperamos, a través de este abanico de escritos, cumplir con la finalidad de la RDU en esta nueva época, al presentar narrativas y perspectivas de diversos campos de conocimiento, que difunden resultados de investigación y experiencias vitales de primera mano, con la intención de comunicar la ciencia para el uso y disfrute de los diversos lectores de la comunidad universitaria y del público en general, a quienes invitamos a que interactúen con el equipo editorial de la RDU compartiendo sus opiniones sobre los artículos incluidos en este número y sugiriéndonos temas de su interés para publicaciones posteriores.

Resumen

Vivimos tiempos complicados donde distintas formas de expresión se manifiestan en las redes sociales, propiciados por el uso del internet. Uno de estos sitios es YouTube, plataforma en la que los usuarios se convierten en generadores de contenido. De igual forma, este espacio ha significado, para algunos, una fuente de importantes ingresos económicos, lo cual ha resultado en la creación del concepto de youtuber; y para otros, una oportunidad para continuar sus estudios.

Este texto relata los motivos por los que yo, Alain Massieu Paulin, médico general y actual profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), decidí ingresar a la Maestría en Educación en Ciencias de la Salud. Igualmente describe mi experiencia profesional como docente y menciona lo que he aprendido durante el trayecto, como las características de la generación millennial, el uso de YouTube en educación en ciencias de la salud y las distintas teorías educativas.

Palabras clave: medicina, maestría, YouTube, youtuber, millennial, educación.


From the digital experience to the need of academic training

Currently, these are complicated times where different forms of expression manifested in social networks, propitiated using the internet. One of these sites is YouTube, a platform in which users become content generators. Similarly, this space has meant for some, a major income source, which has resulted in the creation of the concept of youtuber, and for others, an opportunity to continue his studies.

The following text is intended to tell the reasons why Alain Massieu Paulin, general practitioner and current professor in the Faculty of Medicine of the UNAM, decided to enter the master’s in education in health sciences. Also describe his professional experience as a teacher and mention what he has learned along the way, as the characteristics of the millennial generation, the use of YouTube in education and the different theories of educational sciences.

Keywords: medicine, master, YouTube, youtuber, millennial, education.

Introducción

En la actualidad se viven tiempos complejos: por un lado, cada vez hay más personas que abogan por la diversidad, los derechos universales o la libertad; por el otro, viejos horrores vuelven a salir de las sombras proyectadas por ideologías de extrema derecha, por medio de aparentes alternativas como la alt-right (derecha alternativa) asociada a un presidente que justifica la discriminación. Muchas de las expresiones de tolerancia o de odio han encontrado en internet la tecnología idónea para manifestarse, reproducirse y amplificarse. Y es justamente esta tecnología, junto con las distintas redes sociales que en ella habitan, la que ha permitido a algunos construir empresas multimillonarias; y a otros, como mi caso, continuar con los estudios de posgrado.

Soy Alain Massieu Paulin, médico general, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actual estudiante de la Maestría en Educación en Ciencias de la Salud. En este texto pretendo narrar lo que me llevó a continuar mis estudios, lo que he aprendido en el camino y, tal vez con ello podré responder si soy un youtuber.

Acercamiento a la docencia

Durante mi internado médico (ese quinto año de la carrera de medicina que todo estudiante debe enfrentar) el interés por la parte clínica de la profesión fue disminuyendo, pero nuevas ideas y preguntas surgieron. Me interesaba mucho comprender la forma en que, como estudiantes, aprendíamos en ambientes tan caóticos como los hospitales o cuánto de lo que veíamos en los ciclos básicos (los dos primeros años de la carrera) se quedaba en nuestras mentes. Estas inquietudes, y el deseo de intervenir en la formación de los estudiantes, así como las ventajas de permanecer en la ciudad de México (CDMX), me llevaron a elegir como plaza para realizar el servicio social el Centro de Enseñanza y Certificación de Aptitudes Médicas (CECAM) de la UNAM. En este espacio, dedicado a la formación de futuros médicos por medio de la simulación, tuve un gran acercamiento a los estudiantes y sentí orgullo de poder ser parte de su crecimiento. También fue en ese momento que tomé la difícil decisión de no hacer una especialidad médica, de no seguir el camino que muchos médicos escogen.



Por fortuna, justo cuando terminé la carrera me ofrecieron trabajo como profesor de las asignaturas de Integración Básico Clínica I y II (IBC I y II) en la Facultad de Medicina (UNAM). En estas asignaturas se utiliza el modelo de Aprendizaje basado en problemas, el cual busca ser una alternativa frente a la manera magistral de dar clases que todos conocemos. Mas, laborando como profesor de estos programas, me di cuenta que nunca nos habían preparado como futuros educadores.

El vídeo que lo comenzó todo

Durante una de las prácticas en el CECAM noté que los estudiantes salían con dudas o con ganas de repetirla, pero por cuestiones de logística esto era imposible. La solución inmediata a ello: hacer un vídeo. Así que en una sesión dirigida por el Dr. Emilio Montes saqué mi iPhone 5c y presioné el botón de grabar. Acto seguido: lo subí a mi canal de YouTube – ¿acaso no es lo que se hace hoy en día después de grabar un video?



Empecé a compartir ese video con mis estudiantes como un material adicional a la clase y la respuesta que obtuve fue sorprendente: las reproducciones del video subían, la página se llenaba de comentarios positivos e incluso en la Facultad se acercaron estudiantes para comentarme que les había servido el video. Eventualmente, la Dra. Sara Morales López se enteró de lo que había hecho y me sugirió que hiciera algunos videos adicionales para la asignatura. La respuesta que obtuve de los estudiantes fue semejante a la inicialmente descrita.



Todo esto de los videos llevó a hacerme algunas preguntas: ¿de qué forma afectaban en el aprendizaje?, ¿por qué les gustaban tanto a los estudiantes?, ¿cómo se hace realmente un video educativo? y, más importante, ¿realmente estaban funcionando?

En ese momento pensé que se estaba gestando un proyecto de investigación y decidí que intentaría ingresar a la Maestría en Educación en Ciencias de la Salud.

Qué “dice” la evidencia

Después de hacer todos los trámites, realizar entrevistas, contestar exámenes y presentar mi propuesta de proyecto… fui aceptado en el posgrado. También tuve el privilegio de que la Dra. Frida Díaz Barriga Arceo aceptará ser mi tutora y la fortuna de contar con compañeros con los cuales conversar, reír y salir después de clases.

Sin embargo, cuando uno se encuentra ya en la maestría, afirmaciones como “todo el mundo ve vídeos”, “los jóvenes se la pasan en internet”, etcétera, no son suficientes para contestar preguntas de investigación o pretender medir el efecto producido por un video educativo como herramienta didáctica para el desarrollo de una habilidad clínica en los estudiantes de IBC II. En estos niveles, nos vemos obligados a investigar, conocer e indagar qué “dice” la evidencia científica al respecto, como siempre nos recuerda nuestro profesor el Dr. Melchor Sánchez Mendiola.

Millennials, posmodernismo e internet

Lo primero que me interesó investigar, versó sobre la actual generación de estudiantes que estamos formando los profesores (y a la que por definición pertenezco) y cómo consumen información o producen conocimiento.

Los millennials, término acuñado por los sociólogos Neil Howe y William Strauss, somos los individuos nacidos entre los años 1982 y 2000. Algunos de nuestros principales valores son la autenticidad, el estatus social (que pueda reflejarse en las redes sociales) y mantener cierto estilo de vida que constantemente se ve amenazado por las crisis financieras. También solemos ser estereotipados, por las generaciones pasadas, de flojos; pero la realidad es que tememos por nuestro futuro, en el que se vislumbra no tener casa propia ni pensión alguna.

Como estudiantes estamos motivados y somos respetuosos, seguimos las reglas establecidas, hemos sido criados en ambientes sobreprotectores, buscamos adquirir nuevos talentos y alcanzar metas. Trabajamos en equipo y gustamos utilizar casos y mapas mentales, preferimos obtener información por medios tecnológicos y saber para qué sirven los conocimientos adquiridos; deseamos realimentación inmediata por parte del cuerpo docente. (Elam, Stratton y Gibson, 2007; Roberts, Newman y Schwartzstein, 2012; Turner, Prihoda, English, Chismark y Jacks, 2016; Wilson y Gerber, 2008). Sin embargo, para intentar entender a mi generación, debemos primero conocer el contexto postmoderno en el que nacimos.


Los millennials, término acuñado por los sociólogos Neil Howe y William Strauss, somos los individuos nacidos entre los años 1982 y 2000 […] solemos ser estereotipados, por las generaciones pasadas, de flojos; pero la realidad es que tememos por nuestro futuro, en el que se vislumbra no tener casa propia ni pensión alguna.
En las últimas dos décadas del siglo XX hubo un cambio radical en el régimen social, económico y cultural conocido en sociología como la postmodernidad. En ésta se rompen las ideas de utopías, del progreso, se cuestionan a los grandes líderes o héroes (surgiendo infinidad de pequeños e efímeros ídolos) y a las religiones; se reconocen las individualidades y se valora la idea de pluralidad o de igualdad. Por otro lado, como lo diría el filósofo Gianni Vattimo, los medios de comunicación masiva, así como las tecnologías digitales, son un factor decisivo para conformar y entender a la sociedad postmoderna (Donovan, 2011).

Actualmente, entre las tecnologías informativas más usadas, se encuentran las distintas redes sociales como: Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram, Tumblr y YouTube. En el caso de nuestro país, de acuerdo a la Encuesta Nacional 2015 sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares Mexicanos (ENDUTIH) elaborada por el INEGI, existen 62.4 millones de personas (57.4% de la población nacional) que cuentan con conexión a internet, de los que 70.7% se conectan a través de telefonía móvil; 98.2% utilizan al menos una red social; 76.6% consumen contenidos audiovisuales y únicamente 42.9% consume contenido textual. El uso de la internet es más frecuente en la población de 18 a 34 años (76.5%), intervalo de edad de quienes son llamados generación millenial; esto contrasta con el 46.7% de usuarios entre 35 a 59 y de 14% de cibernautas mayores a 60 años (Villamil, 2016). Estos datos concuerdan con la encuesta de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI, 2015) que además aporta el promedio de conexión a Internet por día en México: 6 horas 11 minutos (y cada año se incrementa).


Exponiendo en el Coloquio de Investigación. Foto: Carolina García Rivera.

YouTube y medicina

YouTube es una red social en la que las personas pueden almacenar y compartir videos. Tiene más de mil millones de usuarios y cada día, a nivel mundial, sus contenidos en vídeo se ven cientos de millones de horas y se generan miles de millones de reproducciones. En ese mismo sentido, al día se ven cuatro mil millones de videos (100 millones desde celulares), cada minuto se suben más de 48 horas de video en 38 idiomas y en 25 países distintos (La redacción Proceso, 2012). Dicho espacio es ya una opción frente a los medios audiovisuales tradicionales como, por ejemplo, la televisora mexicana Televisa (que ha visto disminución significativa en sus ratings gracias a las tendencias de consumo millennial) y también es un espacio de reivindicación creativa, en la que el usuario se percibe como youtuber; es decir, como persona activa que busca, crea, adapta y difunde contenidos. La plataforma ha permitido hacer más eficientes sus generadores de contenido, al punto de que hoy podemos hablar de ejemplos de éxito como el de la joven mexicana Yuya, cuyo canal de belleza en marzo del 2015 produjo $41,475 USD por las visitas alcanzadas (Ybarra, 2015).

La plataforma no sólo sirve para ver videos de gatitos o denunciar a #ladies y #gentlemens. Entre las diversas propuestas creativas, y distintos tipos de contenido que se alojados en YouTube, se encuentran videos didácticos que pueden interesar al estudioso de las Ciencias de la Salud. Estas expresiones intelectuales suelen ser atractivas para el estudiante ya que son medios versátiles de presentación, que permiten combinar diversos elementos como: imágenes, textos, sonidos; además resulta ser un medio más cómodo para ilustrar ejemplos y capturar eventos reales a los que un estudiante no podría acceder fácilmente. Actualmente podemos encontrar literatura (Barry et al., 2016; Jaffar, 2013; Jaffar, 2012; Rapp et al., 2016) que menciona las ventajas de usar dicha plataforma específicamente para educación médica: es la fuente más usada por cirujanos para ver ejemplos de procedimientos, es comúnmente usada por los estudiantes para aprender anatomía, favorece el aprendizaje independiente, cuenta con una gran aprobación por parte de los estudiantes, puede ayudar a reducir la carga laboral docente y propiciar líneas de investigación.

Lo aprendido y lo que falta por hacer

Todo lo estudiado sobre el uso de videos y YouTube en la educación médica parecía prometedor, pero no era suficiente. Requerí investigar sobre la Teoría cognoscitiva del aprendizaje multimedia de Richard Mayer (ver figura 1), que explica la forma en que procesamos la información que proviene de un medio multimedia (como puede ser un video) y sobre la Teoría de la carga cognitiva de Sweller, que menciona lo fácil que es “sobresaturar” partes de la memoria humana si se usan recursos didácticos mal diseñados (Young, Van Merrienboer, Durning & Ten, 2014).


Figura 1. Teoría cognoscitiva del aprendizaje multimedia de Richard Mayer (Latapie, 2007).

En el momento de redactar este texto llevo la mitad de la maestría cursada; en la cual, he leído mucho para sustentar mi trabajo, además produje un video educativo sobre exploración neurológica básica como parte fundamental de mi proyecto. Han pasado muchas horas de clase, pero sé que todavía falta lo más difícil: aplicar el instrumento, recolectar y analizar datos, obtener y discutir resultados, llegar a conclusiones y, claro, escribir una tesis.


Edición del video educativo sobre exploración neurológica básica.

He encontrado obstáculos en el camino, pero la idea de titularme, poder publicar un artículo y desarrollar algo, que genuinamente busque ayudar a los estudiantes, es justo la motivación necesaria para seguir adelante.

Ser un experto en educación

Después de ser estudiante de pregrado y de posgrado, laborar como docente, haber cursado asignaturas como Docencia en Ciencias de la Salud, Evaluación, Enseñanza de la Clínica o Psicología de la Educación, he comprendido que la Educación (sí, con mayúscula) es mucho más que dar clases o tomar clases. La Educación es un universo de posibilidades que hay que explorar. También he reafirmado mis ideas de que ser experto en algo no te vuelve automáticamente un profesor y que en nuestro país hace mucha falta la profesionalización en las áreas educativas.

En un futuro espero poder seguir haciendo videos educativos que ayuden a los estudiantes de medicina y puede que mi canal nunca maneje los números de Yuya, pero la verdad, la etiqueta de youtuber no me llama la atención. Ahora bien, el título de experto en educación, ese sí me parece interesante.

Bibliografía

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Introducción

Las tecnologías digitales permiten integrar texto, imágenes, audio y video en los mensajes que utilizamos para informarnos, comunicarnos y aprender. ¿Cómo incide esta combinación de medios en la forma en que percibimos la información y generamos un significado a partir de ella? ¿Facilita la comprensión del mensaje? ¿Y el aprendizaje?

A partir de la investigación de diversos psicólogos cognitivos sobre la percepción y la memoria, Richard Mayer propuso una teoría para explicar cómo nuestro cerebro procesa contenidos multimedia y aprende de ellos. Fue concebida con la intención expresa de ayudar a profesores y diseñadores instruccionales a crear materiales educativos que favorezcan el aprendizaje.

En la actualidad, conocer la Teoría del Aprendizaje Multimedia de Mayer no sólo resulta útil para quienes trabajamos en el sector educativo. Todos nosotros consultamos y elaboramos recursos multimedia —como presentaciones digitales, infografías, gifs, videos y memes— para nuestras comunicaciones cotidianas en el ámbito escolar, profesional y personal. Conocer cómo funciona nuestro cerebro nos ayudará a diseñar mejor nuestros materiales multimedia.

Uno de los retos principales en el diseño de mensajes es la capacidad limitada de la memoria de trabajo. Si incluimos demasiada información en un momento dado, corremos el riesgo de saturar las capacidades del receptor. Richard Mayer y sus colegas han propuesto una serie de principios que nos ayudan a elaborar mensajes efectivos y han realizado investigaciones durante las dos últimas décadas para comprobar el efecto que tiene cada principio en el aprendizaje.

Principio

¿Qué propone?

¿Por qué facilita el aprendizaje?

Coherencia

Eliminar cualquier información superflua del mensaje (incluidos elementos de formato como dibujos, marcos, viñetas)

Para evitar el uso innecesario de los recursos de la memoria de trabajo

Señalamiento

Señalar los elementos importantes del mensaje

Para facilitar que sean identificados y transferidos a la memoria de trabajo

Contigüidad

Colocar elementos relacionados cerca unos de otro

Para evitar que la memoria de trabajo tenga que invertir recursos en identificar esas relaciones

Segmentación

Dividir la información en bloques

Para que los contenidos puedan ser procesados en la memoria de trabajo

Pre-entrenamiento

Introducir los términos nuevos así como cualquier información necesaria

Para que esta información pueda ser aprendida y no tenga que ser procesada también en la memoria de trabajo

Modalidad

Presentar las palabras de manera hablada

Para aprovechar los dos canales de la memoria sensorial y de trabajo

Multimedia

Presentar palabras e imágenes, y no sólo palabras

Personalización

Utilizar un lenguaje conversacional

Para evitar el uso innecesario de recursos de la memoria de trabajo que implica comprender términos complejos


Fuente: adaptación de Mayer, R. (2010).

En estas investigaciones, Mayer y sus colegas compararon en qué medida la aplicación de un principio incidió en la capacidad de las personas de aprender un procedimiento y aplicarlo en la solución de problemas. El efecto atribuido a cada principio es reportado como un número: entre mayor sea el número, mayor el efecto.

Para crear material multimedia efectivo, revisa el cuadro anterior e identifica los principios que han demostrado mayor efecto y la próxima vez que tengas que preparar una presentación o una infografía, aprovecha el conocimiento científico que ha generado esta teoría.

Si quieres saber más:

Lee un artículo que explica con mayor detalle la Teoría de Aprendizaje Multimedia y los principios que se desprenden de ésta, te recomendamos:

Latapie Venegas, I. (2007). Acercamiento al aprendizaje multimedia. Investigación Universitaria Multidisciplinaria, 6(6) p. 7-14. Recuperado de: <http://mc142.uib.es:8080/rid=1LSRTKTS2-Z35XP7-1Y5/aprendizaje%20multimedia(mayers).pdf>.

Observa alguno de los videos en que Richard Mayer explica su teoría (sólo disponibles en inglés).

Green, T. (2014). Talking multimedia learning with Richard Mayer. Video disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=Q5eY9k3v4mE&t=14s>.

Harvard University (2014). Research based principles for multimedia learning. Video disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=AJ3wSf-ccXo&t=48s>.

Bibliografía

Orwell, George. 2017. The Collected Essays, Journalism, And Letters Of George Orwell, Vol. 4. Nueva York: Harcourt, Brace, Javanovich. p. 128.

Plath, Sylvia (2005). The Bell Jar. Nueva York: Harper Perennial Modern.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079