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Vol. 19, núm. 1, enero-febrero.

Innovar o no innovar,
¿he ahí el dilema?

Melchor Sánchez Mendiola Cita
Creatividad es pensar cosas nuevas.
Innovación es hacer cosas nuevas.
Theodore Levitt

La única forma de tener buenas ideas es tener muchas ideas.
Linus Pauling

¿Qué nos depara el 2018?

Escribo estas líneas al final del primer mes del año, momento en que hemos abandonado muchos de nuestros propósitos de año nuevo. Como cada ciclo anual, hacemos un colosal esfuerzo por aprovechar las lecciones aprendidas y usarlas para planear las actividades y logros del presente año. Aunque la sabiduría popular recomiende ser más optimista que pesimista, es inevitable ante la coyuntura actual local, nacional y mundial, adoptar una actitud de cierta resignación ante el torbellino de situaciones desagradables y complicadas que nos abruman, a veces hasta el punto de la toxicidad. Sin entrar en detalle sobre los retos existentes, que pueden empeorar si no se toman decisiones difíciles y complejas con el concierto de autoridades, ciudadanía, academia e industria; baste decir que es nuestra obligación como ciudadanos y seres humanos conscientes, participar activamente en todos los niveles de influencia individual y grupal para que nuestro contexto mejore.

Es ahí donde las publicaciones de divulgación científica tenemos una gran responsabilidad: exhibir de manera clara y sensata conocimientos, argumentos, narrativas y diversos tipos de información de diversas disciplinas, para el consumo y reflexión de la comunidad universitaria y la sociedad en general. Hay una amplia oferta de publicaciones impresas y digitales sobre todo tipo de temas, por lo que deseamos aportar nuestro grano de arena universitario sobre la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico, ampliar nuestros horizontes a veces tan estrechamente disciplinarios y actuar en la medida de lo posible para contribuir a la mejoría de nuestras condiciones de vida. Para ello se requiere creatividad e innovación, entre otras cosas, conceptos que necesitan diseminación para tener un impacto en nuestra conducta y actividades.

¿Es la palabra ‘innovación’ un lugar común?, ¿necesitamos revivirla?

Uno de los términos más comúnmente utilizados para describir la necesidad de cambio, es ‘innovación’. Desafortunadamente por repetición y exceso de uso, el concepto ha sido tomado como bandera por personas, grupos e instituciones, y se ha convertido en un ‘lugar común’, es decir “Expresión trivial, o ya muy empleada en caso análogo” (RAE, 2018). ¿Cuántas veces hemos visto u oído en la red, televisión, radio y propaganda escrita las siguientes frases: “somos una empresa innovadora”, “nuestro equipo se dedica a la innovación”, “usamos métodos innovadores”, “nuestro lema es la innovación”? Para colmo, en el curriculum vitae de cualquier persona que busca trabajo suele decir: “soy una persona innovadora, reflexiva, resiliente, asertiva, líder, colaboradora… etcétera, etcétera”.

El resultado es que, de la misma manera que términos como paradigma, liderazgo, rendición de cuentas y empoderamiento, entre otros, la palabra se usa excesiva e inapropiadamente en situaciones que no corresponden al intento original. Como consecuencia, tendemos a no hacerle mucho caso ni a reflexionar sobre su potencial utilidad en nuestro trabajo diario. Deberíamos hacer un alto en el camino y apropiarnos del concepto y estrategias de la innovación en nuestras actividades.

Estamos tan frecuentemente agobiados por el exceso de datos e información que recibimos a través de nuestros dispositivos electrónicos y los medios de comunicación, que nos cuesta trabajo hacer pausas para reflexionar sobre si hacemos las cosas de la mejor forma posible. Se dice que la única constante de la vida moderna es el cambio, sin embargo, nos comportamos de manera bastante rutinaria. Pensar sobre la innovación puede ayudarnos a salir de la inercia de la vida diaria, e identificar mejores y diferentes maneras de interactuar con nuestro entorno.

Las definiciones de innovación son múltiples, desde descripciones tan sencillas como “algo nuevo”, “cambiar algo”, “introducir novedades”, hasta aproximaciones más sofisticadas con teorías que la abordan como un concepto complejo y multidimensional. Una de las definiciones que más me atraen, sobre todo porque va ligada al desarrollo de habilidades de liderazgo transformacional, es la propuesta por Banny Banerjee de Stanford: “Innovación es la habilidad de superar enfoques normativos con un margen significativo, producir nuevos valores, resultados, paradigmas y transformaciones” (Banerjee, 2017).Las conductas innovadoras requieren creatividad y receptividad al cambio, aunque la creatividad por sí sola no garantiza la innovación (por ejemplo, un criminal puede ser muy ‘creativo’ al realizar sus crímenes, pero en el concepto que deseamos promover de innovación, no lo llamaríamos ‘criminal innovador’). Con frecuencia se confunde la innovación con el ‘emprendimiento’ (entrepreneurship en inglés), concepto que ha adquirido gran visibilidad debido a la intensa competencia entre empresas y organizaciones comerciales para lograr más ventas entre sus clientes. Si bien el emprendimiento puede requerir acciones innovadoras, creemos que el concepto de innovación es más amplio y no se constriñe a las actividades comerciales o de negocios, en las que el principal objetivo es la ganancia de mercado.

Por otra parte, en países como el nuestro, en los que el número de patentes aceptado como indicador de innovación es relativamente bajo, vale la pena también conceptualizar a la innovación desde el punto de vista sociológico. De acuerdo a Rogers, innovación es “una idea, práctica u objeto que es percibido como nuevo por un individuo u otra unidad de adopción” (Rogers, 2003). En esta perspectiva, una innovación no es algo que no existía previamente, sino que es percibida como novedosa por la persona o grupo a la que es expuesta (por ejemplo, para un individuo que nunca ha usado Twitter, esta red social es una innovación, aunque hayan pasado varios años desde su creación original). Un aspecto relevante de la visión sociológica de las innovaciones es que amplía la visión a elementos más allá de los dispositivos tecnológicos o informáticos tangibles, ya que una innovación puede ser una idea o una manera diferente de hacer las cosas. ¡Cada vez hay más maneras innovadoras de conceptualizar a la innovación!

¿Podemos (debemos) innovar en educación?

Por diversas razones, el foco de la innovación en las últimas décadas se ha dirigido principalmente a las áreas de la tecnología, la informática, el comercio, entre otras, con un énfasis en la inmediatez, gratificación inmediata y ganancia financiera. A la par, una de las actividades humanas más importantes (algunos diríamos que ¡la más importante!), la educación, ha sido extraordinariamente resistente a incorporar el concepto de innovación en su cotidianeidad. Los seres humanos tendemos a ser muy conservadores en varias de nuestras actividades, y la manera en que enseñamos y aprendemos suele ser una de ellas. Aunque incorporemos instrumentos y metodologías novedosas en nuestro quehacer disciplinario (seamos médicos, ingenieros, arquitectos, escritores, abogados…), con frecuencia enseñamos, evaluamos y aprendemos de formas similares a las que fuimos educados y evaluados (perpetuando esas conductas cuando adoptamos los roles de docente y evaluador del aprendizaje de estudiantes). En las últimas décadas ha surgido un movimiento creciente a nivel internacional, que busca alinear nuestros métodos de enseñanza y aprendizaje con los avances del conocimiento. Ello implica actualizarse, desarrollar e incorporar innovaciones en el ámbito educativo de los diferentes niveles, básico, medio superior, superior y educación continua a lo largo de la vida. A la innovación educativa, como al concepto moderno de innovación en general, es menester pensarla no solo como un cambio o algo novedoso, además debe ser un medio para mejorar el aprendizaje y producir cambios positivos. En este sentido, la innovación se define como: “la selección, organización y utilización creativas de recursos humanos y materiales, de maneras nuevas y propias que den como resultado un nivel más alto con respecto a metas y objetivos previamente marcados” (en Moreno,1995 ). El potencial de la innovación educativa, disruptiva o no, en el contexto universitario moderno, es gigantesco. Los esquemas que hemos utilizado en el último siglo han generado muchos resultados positivos, pero existen todavía muchos retos que no se han resuelto con los métodos tradicionales, y que requieren obligadamente esfuerzos colaborativos transdisciplinarios, intra e interinstitucionales.

En el presente número de la revista, se reporta la experiencia de una iniciativa de Rectores de universidades públicas y privadas (véase artículo “Presentan la red 360 de innovación educativa”), que pretende explorar nuevos esquemas de trabajo colaborativo y generación de ideas. Estamos firmemente convencidos que la innovación educativa debe crecer, diseminarse y ayudar a transformar el conflictivo mundo moderno que habitamos. Si la única constante en la vida moderna es el cambio, debemos propiciar que la educación de los habitantes de nuestro país y del mundo sea de la mejor calidad posible, con los mejores maestros y en las mejores instituciones.

Editor en Jefe
Melchor Sánchez Mendiola
Facultad de Medicina, UNAM

Referencias

Vol. 19, núm. 1, enero-febrero.

¿Cómo hacer mensajes multimedia
que faciliten el aprendizaje?

Patricia González-Flores (texto) , María León González (ilustración) Cita
DOI: http://doi.org/10.22201/codeic.16076079e.2018.v19n1.a7 Recepción: 31/01/18. Aprobación: 05/02/18.

Presentaciones, tweets, infografías, comics, videos, son sólo ejemplos de los mensajes multimedia que todos, incluidos los profesores, elaboramos con la finalidad de apoyar el aprendizaje de algún tema. La mayorìa de nosotros utilizamos el sentido común al crearlos, porque desconocemos los principios de diseño de mensajes multimedia que se sustentan en la investigación científica sobre cómo aprendemos los seres humanos.

Esta infografía resume los nueve principios del aprendizaje multimedia probados por un grupo de científicos cognitivos encabezado por Richard Mayer. Para facilitar la lectura, primero cerciórate de que comprendes los términos del glosario.



Glosario

  • Aprendizaje multimedia: es un cambio en el conocimiento de las personas que es ocasionado por una experiencia en la cual intervienen palabras e imágenes.
  • Conocimiento: comprende los hechos, conceptos, procedimientos o estrategias que domina una persona.
  • Memoria sensorial: retiene una copia exacta de los contenidos presentados en un momento dado, pero sólo por unos instantes (>.25 segundo).
  • Memoria de trabajo: retiene una versión procesada de los contenidos presentados, pero sólo puede conservarla durante un periodo limitado (> 30 segundos).
  • Memoria de largo plazo: almacena todo el conocimiento de una persona por un periodos de tiempo muy extensos.
  • Procesamiento esencial de información: alude al esfuerzo mental requerido para representar los contenidos relevantes en la memoria de trabajo.
  • Procesamiento productivo de información: comprende el esfuerzo mental necesario para comprender el material.
  • Procesamiento superficial de información: hace referencia a cualquier esfuerzo mental que no es necesario para aprender los contenidos.

Fuente:

  • Mayer, R. E. (2010). Applying the science of learning to medical education. Medical Education. 44: 543-549. DOI: https://doi.org/10.1111/j.1365-2923.2010.03624.x
  • Para saber más…

    Si quieres estudiar el aprendizaje multimedia y sus principios con más detalle, consulta:

    Artículos sobre

    Tesis sobre

    • Arellano, J. (2013). Desarrollo de estrategias en la asignatura de Narración y Exposición en el Bachillerato a Distancia de la UNAM: propuesta a partir de un modelo constructivista. (Tesis de Maestría). Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F.
    • Caballero, R. (2012). Alcances y limitaciones de la tutoría en la educación a distancia: una mirada retrospectiva y reflexiva del bachillerato a distancia en el Distrito Federal. (Tesis de Maestría). Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F.
    • Guzmán, A. (2011). Modelo de intervención en apoyo a la formación docente dentro del bachillerato a distancia: B@UNAM y ciberprofilaxis. (Tesis de Maestría). Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F.
    • Rodríguez, S. (2012). Educación transfronteras: el bachillerato a distancia para el migrante connacional en Estados Unidos. (Tesis de Maestría). Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F.
    • Sánchez, M. (2009). La inserción de temas geográficos en asignaturas del área de ciencias naturales del bachillerato a distancia de la UNAM (B@UNAM). (Tesis de Maestría). Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F.
    • Solache, G. (2015). Las prácticas pedagógicas de los asesores que imparten los cursos propedéuticos en el bachillerato a distancia. (Tesis de Maestría). Universidad Autónoma de México. México D.F.
    • Trejo, S. (2012). Una propuesta para el desarrollo de habilidades en la enseñanza de la materia de estado, ciudadanía y democracia del bachillerato a distancia. (Tesis de Maestría). Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F.

    Vol. 18, Núm.8 noviembre-diciembre 2017.

    Entrevista a Rafael Sánchez Guevara

    Rafael Sánchez Guevara Cita

    Cuéntanos quién eres.

    Mi nombre es Rafael Sánchez Guevara, soy músico. Me dedico a tocar, investigar y enseñar dos instrumentos musicales que me fascinan: el violonchelo y la viola da gamba. Este año cumplo 16 años en ello.

    ¿A qué edad y qué te hizo enamorarte de la música?

    Cuando tenía 13 años vi por primera vez un violonchelo, lo escuché, lo toqué y me sentí seducido e hipnotizado por su sonido y su forma. Cuando empecé a estudiarlo entré en un universo fascinante, lo encontré dificilísimo, y eso me atrajo aún más.

    ¿Qué estudios tienes y qué preparación se necesita para hacer lo que haces?

    Estudié la licenciatura en violonchelo en la entonces Escuela Nacional de Música de la UNAM (hoy Facultad de Música), ahí pasé 7 años aprendiendo no solamente la técnica y la teoría, sino la profundidad y devoción que la música demanda. Tuve la fortuna de tener maestros generosos, de quienes aprendí sobre todo con el ejemplo de su dedicación y entrega a la música. Estudié el violonchelo con Ignacio Mariscal, la viola da gamba con Gabriela Villa Walls, con quien me inicié en el estudio de la música antigua, y aprendí mucho de las clases de música de cámara de Eunice Padilla y María Díez-Canedo; además, tuve la oportunidad de tomar clases con grandes figuras de la música en México como Julio Estrada, Mario Stern y Luisa Durón. Era un momento de avidez por aprender, iba con mis compañeros a muchos conciertos, cursos y clases magistrales de invitados de otros países. Después, ya totalmente concentrado en la interpretación histórica y la música antigua, estudié la maestría en viola da gamba en la Universidad de Montreal, Canadá. Fueron dos años de sumergirme completamente en este instrumento, bajo una gran exigencia y muy motivado por el entorno; ahí estudié con Margaret Little, quien ha sido una gran inspiración por su inmensa creatividad y sensibilidad artística. Actualmente realizo estudios de doctorado en la UNAM, está siendo un gran reto porque en este proyecto de investigación trato de juntar lo que he aprendido en ambos instrumentos, que son como dos mundos; me estoy cuestionando mucho de mi propia práctica. Es un camino en el que nunca dejas de aprender y siempre descubres cosas nuevas.

    ¿Por qué elegiste instrumentos de cuerdas y en específico instrumentos barrocos?

    Algo que me encanta de los instrumentos de cuerda es la sensación física al tocarlos, el instrumento vibra y resuena según tus propios movimientos, y con el tiempo llegas a desarrollar una comunión muy particular con el instrumento; siempre estás en contacto con el sonido de una manera muy primaria y material, y al mismo tiempo muy refinada e incluso espiritual. Los instrumentos barrocos son muy sensibles a cada pequeño movimiento, además de tener un sonido muy cálido y vocal. En la viola da gamba, además, por la técnica de arco tan particular, tienes contacto directo de los dedos con las crines que frotan las cuerdas, es como estar sintiendo y amasando el sonido con los dedos todo el tiempo.

    También está la parte histórica, me fascina imaginar cómo se tocarían estos instrumentos hace tres o cuatro siglos, cómo se construían, quiénes eran esas personas que crearon mundos así. Hay mucho de investigación y método, pero también de fantasía.

    ¿Cuál es la pieza que más disfrutas ejecutar y cuál la que más disfrutas escuchar?

    Disfruto escuchar muchísimos tipos de música, creo que la música nos enseña mucho de la sociedad y los individuos que la hacen; me cuesta mucho trabajo escoger una sola pieza favorita, pero en este momento me viene a la mente el motete Nuper rosarum flores de Guillaume Dufay; es la obra que compuso para la consagración del domo de la catedral de Florencia construido por Filippo Brunelleschi, es una obra alucinante y enigmática, que no deja de sorprenderme y me hace admirar los alcances de la mente y el alma humana.

    La pieza que más disfruto tocar es la que esté tocando en ese momento… En el violonchelo, desde luego las Suites de J.S. Bach (¡qué original!), y también tengo recuerdos entrañables de conciertos donde toqué la Sonata Op. 69 de Beethoven o la Op. 38 de J. Brahms. En la viola también aparece Bach en esa predilección, y también las piezas de Demachy y J. Schenck.

    ¿Cuáles son las diferencias entre un instrumento antiguo y uno moderno, y para ti, en qué radica el encanto de uno y de otro?

    Tienen varias diferencias en la construcción: los instrumentos modernos tienden a tener mucha más tensión, las cuerdas modernas son de metal, a diferencia de las antiguas que están hechas de tripa de res o de cordero (¡no de gato!), la forma del arco que se utiliza para cada uno es muy distinta, y por supuesto la técnica. En realidad, la principal diferencia no es ninguna de las anteriores, sino la aproximación a la música y toda la estética alrededor de cada una de esas perspectivas de interpretación.

    Viola da gamba:



    Violonchelo moderno:


    ¿Qué podrías decir a los lectores que aman la música, pero que de alguna manera no saben si irse por ese camino o por otro distinto?

    Es muy difícil dar un consejo de ese tipo. Creo que la música es un camino en el que no hay recetas y cada quien debe seguirlo según sus propias convicciones. Algunas personas dirán que, si no estudias en tal o cual sistema o en tal o cual escuela, o no sigues una ruta trazada estratégicamente, no tienes lugar en esto. También hay mucha neurosis en el medio y creo que esa obsesión por la perfección nos distrae de muchas cosas que hay en la música. Creo que lo único que podría decir es que la música tiene muchas formas de hacernos felices y ojalá la cultivemos más como algo que se comparte que como una competencia. Quisiera cerrar con una cita del tratado “El arte de tocar el violín” (1751) de Francesco Geminiani: “La intención de la música no sólo es agradar el oído, sino golpear la imaginación, afectar la mente y gobernar las pasiones.” Creo que la música tiene mucho todavía qué decirnos, y estar en contacto con ella en toda su diversidad es una experiencia que puede acercarnos al otro y enseñarnos mucho.


    Vol. 18, Núm.8 noviembre-diciembre 2017.

    Laudería. Arte y pasión
    Entrevista a Gabriela Guadalajara

    Gabriela Guadalajara Cita



    Mi nombre es Gabriela Guadalajara y me dedico a la laudería. Un laudero es un constructor de instrumentos musicales, aunque el término se aplica básicamente a constructores de instrumentos de cuerda frotada (familia del violín) y cuerda pulsada (familia de la guitarra).
    Hay muchas formas de aprender, la preparación académica es una de ellas, pero aun habiendo estudiado la carrera, es necesario trabajar en un taller en donde haya mucho movimiento, es decir, muchos instrumentos para ser reparados o construidos y en donde haya constantemente problemas para resolver. También es muy importante trabajar directamente con los músicos.

    Cello barroco antes de cerrarlo.
    Foto: Gabriela Guadalajara.


    Cello barroco.
    Foto: Gabriela Guadalajara.


    El trabajo de los lauderos (aunque es algo muy creativo), igual que la arquitectura, tiene que cumplir con una función práctica, los instrumentos no sólo tienen que sonar bien, sino que deben que ser fáciles de tocar y ser herramientas para que alguien cree música. También se puede aprender sólo trabajando en un taller (o varios) como se hacía anteriormente, los aprendices empezaban desde muy jóvenes adquiriendo experiencia a lo largo de los años hasta convertirse en maestros.

    Durante el siglo XIX la familia del violín experimentó cambios significativos, con ello la música comenzó a requerir más volumen y un estilo muy diferente y las orquestas empezaron a ser más grandes. Así es como surgió el violín al que hoy en día llamamos moderno, con el que trabajan la mayoría de lauderos. La gran mayoría de los instrumentos famosos (italianos y de otros países) no eran exactamente como los conocemos hoy; a lo largo de la historia sufrieron transformaciones fundamentales; por ejemplo, les cambiaron los mangos que eran más gruesos y con una forma un poco diferente, los diapasones eran más cortos y no eran casi nunca de ébano sólido, eran de otras maderas y tenían solo una chapa de ébano u otra madera dura; el diseño del puente era diferente, no se usaba barbada ni en el violín ni en la viola y los chelos no tenían espiga para apoyan en el suelo, sólo un botón para sostener el cordal. Las cuerdas también eran diferentes, estaban fabricadas con tripas (de borrego o vaca) y algunas incluso estaban cubiertas de metal. Cabe mencionar que éstas cuerdas se siguieron usando hasta mediados del siglo XX. Es muy importante mencionar también que los arcos y la técnica para tocar eran diferentes.

    Antes de barnizar.
    Foto: Gabriela Guadalajara.


    Desde las décadas de 1970 y 1980 existe un gran interés (que crece continuamente), por hacer música respetando y siguiendo el estilo barroco lo mejor posible. Lo que yo hago es construir instrumentos en estilo barroco, es decir, los hago como los hacían (o lo más parecido posible) en el siglo XVII y XVIII. No podemos saber exactamente como sonaban, pero tenemos muchas referencias para imaginarlo y existen muchos ejemplos de instrumentos en su estado original. Otra cosa que hago es “reconvertir” al estilo barroco instrumentos originales de la época que fueron “modernizados” en algún momento en el siglo XIX.

    Taller. Foto: Gabriela Guadalajara.


    También fabrico y trabajo con violas da gamba, instrumentos de la familia de la cuerda frotada pero un poco diferentes. Hay muchos tamaños y se tocan todas apoyadas en las piernas (como el chelo), tienen 6 o 7 cuerdas, no tienen espiga y la mayoría tienen fondos planos y no con bóveda como en la familia del violín. Estos instrumentos fueron muy populares durante el renacimiento y barroco y hay muchísima música escrita para estos instrumentos que en los últimos años se ha rescatado y reinterpretado.

    Crecí en un hogar en donde siempre hubo música y en donde también dibujábamos, pintábamos y hacíamos cosas con las manos. Mi mamá y mi hermano son artistas (de diferente forma), mi otro hermano era músico y mi papá es un amante de la música y músico aficionado. Desde niña fui a todo tipo de conciertos y supe de la existencia de los lauderos por mi papá.

    Violín barroco. Foto: Gabriela Guadalajara.


    En la adolescencia empecé a tocar chelo y lo hice intermitentemente durante mucho tiempo hasta que entendí que el hecho de que me guste la música no necesariamente me obliga a tocarla; hay otras formas de trabajar para que siga viva, soy muy buen público y tengo pasión por lo que hago, pero no tenía pasión por tocar. Después de muchas vueltas descubrí que existía una carrera de laudería y ahí me quedé. Estudié en la Escuela de Laudería del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en Querétaro, México. Siempre me interesó la música del periodo barroco y empecé a aprender más sobre los instrumentos de esa época. Por fortuna el fundador y director de la escuela en ese entonces, el maestro Luthfi Becker, había dedicado gran parte de su vida profesional en Francia a las violas da gamba y al barroco, lo cual me abrió una puerta más para aprender. En mi último año de la carrera, gracias al maestro Becker, tuve la oportunidad de venir como aprendiz a Nueva York, después de un tiempo en un taller en donde sólo se trabajaba en estilo “moderno”, llegué al taller de Bill y Phil Monical, especializado en barroco; estuve ahí como aprendiz hasta que me ofrecieron trabajo, y me quedé ahí casi una década; para mí fue el mejor lugar para desarrollar todo lo que me interesaba.

    Puente de viola da gamba.
    Foto: Gabriela Guadalajara.


    A finales del 2007 abrí mi taller en donde, además del trabajo que ya mencioné, doy mantenimiento a los instrumentos de la Sociedad de Violas da Gamba de Nueva York y a los instrumentos barrocos de algunas escuelas y universidades como la New York University, Juilliard y Princeton. Ocasionalmente también me llaman del museo Metropolitan para dar mantenimiento o revisar instrumentos antes de algunos conciertos. Ésta es una profesión apasionante, pero yo le diría a quien esté interesado en ser laudero, que tiene que considerar que éste trabajo no sólo requiere de una paciencia enorme para la actividad diaria sino también mucha paciencia para ver resultados. En lo profesional es un trabajo que da muchas satisfacciones, pero van a pasar muchos años para empezar a verlas.

    Voluta abierta.
    Foto: Gabriela Guadalajara.
    Violas da gamba soprano.
    Foto: Gabriela Guadalajara.


    También les diría que el campo de trabajo incluye muchas otras actividades interesantes además de la construcción de instrumentos nuevos, como por ejemplo la restauración, investigación histórica, identificación de instrumentos y avalúos, docencia, reparación, conservación en museos, estudio de acústica y biología de la madera, etcétera y que se pueden combinar.

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    Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079