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Ana María del Pilar Martínez Hernández y Magda Campillo Labrandero Muchas de las características que hemos dado por sentadas en el pensamiento y la expresión dentro de la literatura, la filosofía y la ciencia, y aun en el discurso oral entre personas que saben leer, no son estrictamente inherentes a la existencia humana como tal, sino que se originaron debido a los recursos que la tecnología de la escritura pone a disposición de la conciencia humana. Walter J. Ong, Oralidad y escritura. Para Walter J. Ong, la oralidad fue resultado de la evolución humana que permitió la comunicación entre las sociedades primitivas. El humano “aprendió a leer en una etapa muy posterior de su historia y al principio sólo ciertos grupos podían hacerlo. El Homo sapiens existe desde hace 30 mil a 50 mil años. El escrito más antiguo data de apenas hace 6 mil años” (Ong, 2016: 36). La oralidad, según nuestro autor, puede ser vista como un evento “natural” en tanto está integrada al cuerpo –la voz–, mientras que la escritura es un invento del ser humano, por ello la define como tecnología. Sin embargo, una y otra –oralidad y escritura– constituyen procesos cognitivos asociados y el surgimiento de la escritura fue fundamental para la evolución y complejización del pensamiento y la conciencia. Gracias a la escritura se pudo hacer un registro de los hechos, los haberes y, sobre todo, acoplar las experiencias, los datos y los conocimientos; avanzar colectivamente, desde un punto fijo sin partir de cero. El crecimiento de este saber ha variado a lo largo de la historia y de la cultura que lo propicia, de la idiosincrasia de un colectivo, de nuevas tecnologías como la imprenta o internet, de las necesidades ingentes de resolver problemas vitales o de defensa, de genios innovadores y de grupos de científicos que se han enfrentado a los poderes fácticos aun a costa de sus vidas; en fin, ha estado determinado por múltiples factores. La relación entre saber y poder, así como el acceso restringido al primero, es una historia aparte. El día de hoy en la mayoría de las sociedades el conocimiento se ha democratizado. Cuando esto no ocurre puede deberse a diversos factores; uno de ellos, aunque parezca increíble, es la existencia de millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta que son analfabetas, aún en sociedades “desarrolladas”; otro, el analfabetismo digital, determinado por la falta de poder económico para la adquisición de tecnologías y conectividad, normalmente vinculadas con países en pobreza extrema; uno más, asociado a naciones gobernadas por regímenes totalitarios que no permiten por razones ideológicas el libre acceso de sus ciudadanos a la información. Un problema de otro carácter se refiere a la alta especialización con la cual se produce el conocimiento científico, filosófico, literario, etcétera; es en este sentido donde se refrenda la importancia de la difusión y la divulgación de la ciencia para acercarla al público, para promoverla, para generar vocaciones, para convertir al ser humano “común” –si puede usarse este término– en ciudadano bien informado, que participa y transforma a su comunidad a través del conocimiento apropiado, lejano a prejuicios, estereotipos e “ismos” de toda índole; que lleva la cultura –en su acepción más amplia– a todos los espacios de participación social. Sin lugar a dudas, estas posibilidades son parte inherente de los principios y valores de la UNAM y de la Revista Digital Universitaria. Con el afán de incluir de manera sistemática manuscritos sobre todas las áreas del conocimiento y dar cabida a grupos de universitarios de todo el país, en este segundo número de la nueva época de esta revista, se presenta una selección de siete textos que abarcan diversos temas de autores, tanto de la UNAM con externos a ella. A continuación, se da un breve panorama del contenido de los artículos y, dado que nuestros lectores se están familiarizando con la nueva estructura de la RDU, nos tomamos la libertad de contextualizar de nueva cuenta el propósito de las cuatro secciones que la conforman. Varietas El objetivo de esta sección es difundir de manera atractiva, y clara, descubrimientos, teorías, fenómenos, sucesos y resultados de investigación en todas las áreas del conocimiento. Manuel Lino, actual presidente de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, en su artículo titulado: “Comunicación de la ciencia en México, el menosprecio de públicos y privados”, nos habla de los retos que enfrenta nuestro país para transmitir y difundir el conocimiento científico a público no especializado. A partir de la narración de una interesante experiencia autobiográfica del famoso físico estadunidense Richard Feynman, Lino introduce la importancia de considerar al público objetivo en la buena comunicación de la ciencia y muestra a través de diversos datos la situación de la divulgación de la ciencia en México. Ricardo Victoria, Alejandra Uría y Juan José López, investigadores y maestros de la Universidad Autónoma del Estado de México, hablan en el artículo denominado: “¿Los juguetes representan la diversidad de los usuarios?”, de la importancia de la variedad en el diseño de juguetes infantiles y presentan tres interesantes casos de estudio. Desde su perspectiva, las empresas dedicadas a fabricar juguetes deberían tomar en consideración, además de las demandas del mercado, el papel del juego y del juguete para los usuarios al diseñar productos que reflejen, de manera responsable, la diversidad social de la población actual. En el artículo “Micotoxinas: ¿Qué son y cómo afectan a la salud pública?”, un grupo de seis investigadores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo –Ricardo Santillán, Gerardo Rodríguez, Sylvia Fernández, Gerardo Vázquez, Juan C. Montero y Julieta Benítez–, nos explican la contaminación de alimentos causada por cuatro variedades de micotoxinas, fenómeno que se ha convertido en un problema importante de salud pública en el mundo, con un costo millonario para la prevención y tratamiento de graves enfermedades. Continuum educativo En esta sección se busca dar voz a proyectos educativos exitosos, tanto desde la perspectiva de los docentes como de los alumnos. Para este número de la RDU se presentan tres experiencias; dos narradas por maestros de bachillerato y licenciatura, y una desde de un grupo de estudiantes de licenciatura. En el artículo: “Las lenguas extranjeras en la difusión de las ciencias biológicas y de la salud”, dos comprometidas maestras de la Escuela Nacional Preparatoria –Paola Garcés y Yadira Alma Hadassa Hernández–, nos narran su experiencia en el desarrollo de un programa que busca integrar el aprendizaje y la práctica de las lenguas extranjeras que se ofertan en la preparatoria (inglés, francés, alemán e italiano). Como parte del proyecto, los estudiantes de bachillerato realizan en las cuatro lenguas diversas actividades, entre las que se incluyen conferencias y talleres, la creación de sitios web y la edición de una revista de difusión científica, todas ellas con temas vinculados a las ciencias biológicas y de la salud. En la segunda experiencia incluida, la Dra. Nelly Rigaud, maestra de la Facultad de Estudios Superiores campus Aragón, comparte una extensa y detallada reflexión acerca de su práctica docente en la enseñanza de las matemáticas, la cual reconoce se ha transformado y mejorado a partir de su participación en el Seminario Universitario para la Mejora de la Educación Matemática (SUMEM) de la UNAM. Esta experiencia se complementa con el artículo de Diana Martínez, Guillermo Alvarado, Kristel Boyzo y Fernando Casales, cuatro estudiantes de ingeniería, quienes, desde su perspectiva, narran la riqueza y utilidad que tienen las matemáticas y plantean la forma en que les gustaría que se enseñara esta disciplina. Universidades En esta sección, cuyo propósito es mostrar actividades relevantes de y para la vida universitaria, la Dra. Eugenia Marmolejo, cuenta el origen del SUMEM en el año 2013, cuyo propósito es mejorar el nivel de los conocimientos matemáticos de alumnos y maestros de la UNAM. En el texto se describen algunos eventos recientes de este seminario que ilustran las conexiones entre conceptos matemáticos y otras áreas del conocimiento. Caleidoscopio Esta sección, pensada como un espacio para incluir materiales diversos, preferentemente de forma audiovisual, presenta en este número una infografía dinámica titulada: “Recordando a José Vasconcelos a 58 años de su muerte”, pensada para conmemorar este acontecimiento a través de la descripción de los eventos y acciones más importantes de la vida de este polémico personaje, quien fuera rector de la UNAM y secretario de educación pública. Esperamos, a través de este abanico de escritos, cumplir con la finalidad de la RDU en esta nueva época, al presentar narrativas y perspectivas de diversos campos de conocimiento, que difunden resultados de investigación y experiencias vitales de primera mano, con la intención de comunicar la ciencia para el uso y disfrute de los diversos lectores de la comunidad universitaria y del público en general, a quienes invitamos a que interactúen con el equipo editorial de la RDU compartiendo sus opiniones sobre los artículos incluidos en este número y sugiriéndonos temas de su interés para publicaciones posteriores.

Resumen

Vivimos tiempos complicados donde distintas formas de expresión se manifiestan en las redes sociales, propiciados por el uso del internet. Uno de estos sitios es YouTube, plataforma en la que los usuarios se convierten en generadores de contenido. De igual forma, este espacio ha significado, para algunos, una fuente de importantes ingresos económicos, lo cual ha resultado en la creación del concepto de youtuber; y para otros, una oportunidad para continuar sus estudios.

Este texto relata los motivos por los que yo, Alain Massieu Paulin, médico general y actual profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), decidí ingresar a la Maestría en Educación en Ciencias de la Salud. Igualmente describe mi experiencia profesional como docente y menciona lo que he aprendido durante el trayecto, como las características de la generación millennial, el uso de YouTube en educación en ciencias de la salud y las distintas teorías educativas.

Palabras clave: medicina, maestría, YouTube, youtuber, millennial, educación.


From the digital experience to the need of academic training

Currently, these are complicated times where different forms of expression manifested in social networks, propitiated using the internet. One of these sites is YouTube, a platform in which users become content generators. Similarly, this space has meant for some, a major income source, which has resulted in the creation of the concept of youtuber, and for others, an opportunity to continue his studies.

The following text is intended to tell the reasons why Alain Massieu Paulin, general practitioner and current professor in the Faculty of Medicine of the UNAM, decided to enter the master’s in education in health sciences. Also describe his professional experience as a teacher and mention what he has learned along the way, as the characteristics of the millennial generation, the use of YouTube in education and the different theories of educational sciences.

Keywords: medicine, master, YouTube, youtuber, millennial, education.

Introducción

En la actualidad se viven tiempos complejos: por un lado, cada vez hay más personas que abogan por la diversidad, los derechos universales o la libertad; por el otro, viejos horrores vuelven a salir de las sombras proyectadas por ideologías de extrema derecha, por medio de aparentes alternativas como la alt-right (derecha alternativa) asociada a un presidente que justifica la discriminación. Muchas de las expresiones de tolerancia o de odio han encontrado en internet la tecnología idónea para manifestarse, reproducirse y amplificarse. Y es justamente esta tecnología, junto con las distintas redes sociales que en ella habitan, la que ha permitido a algunos construir empresas multimillonarias; y a otros, como mi caso, continuar con los estudios de posgrado.

Soy Alain Massieu Paulin, médico general, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actual estudiante de la Maestría en Educación en Ciencias de la Salud. En este texto pretendo narrar lo que me llevó a continuar mis estudios, lo que he aprendido en el camino y, tal vez con ello podré responder si soy un youtuber.

Acercamiento a la docencia

Durante mi internado médico (ese quinto año de la carrera de medicina que todo estudiante debe enfrentar) el interés por la parte clínica de la profesión fue disminuyendo, pero nuevas ideas y preguntas surgieron. Me interesaba mucho comprender la forma en que, como estudiantes, aprendíamos en ambientes tan caóticos como los hospitales o cuánto de lo que veíamos en los ciclos básicos (los dos primeros años de la carrera) se quedaba en nuestras mentes. Estas inquietudes, y el deseo de intervenir en la formación de los estudiantes, así como las ventajas de permanecer en la ciudad de México (CDMX), me llevaron a elegir como plaza para realizar el servicio social el Centro de Enseñanza y Certificación de Aptitudes Médicas (CECAM) de la UNAM. En este espacio, dedicado a la formación de futuros médicos por medio de la simulación, tuve un gran acercamiento a los estudiantes y sentí orgullo de poder ser parte de su crecimiento. También fue en ese momento que tomé la difícil decisión de no hacer una especialidad médica, de no seguir el camino que muchos médicos escogen.



Por fortuna, justo cuando terminé la carrera me ofrecieron trabajo como profesor de las asignaturas de Integración Básico Clínica I y II (IBC I y II) en la Facultad de Medicina (UNAM). En estas asignaturas se utiliza el modelo de Aprendizaje basado en problemas, el cual busca ser una alternativa frente a la manera magistral de dar clases que todos conocemos. Mas, laborando como profesor de estos programas, me di cuenta que nunca nos habían preparado como futuros educadores.

El vídeo que lo comenzó todo

Durante una de las prácticas en el CECAM noté que los estudiantes salían con dudas o con ganas de repetirla, pero por cuestiones de logística esto era imposible. La solución inmediata a ello: hacer un vídeo. Así que en una sesión dirigida por el Dr. Emilio Montes saqué mi iPhone 5c y presioné el botón de grabar. Acto seguido: lo subí a mi canal de YouTube – ¿acaso no es lo que se hace hoy en día después de grabar un video?



Empecé a compartir ese video con mis estudiantes como un material adicional a la clase y la respuesta que obtuve fue sorprendente: las reproducciones del video subían, la página se llenaba de comentarios positivos e incluso en la Facultad se acercaron estudiantes para comentarme que les había servido el video. Eventualmente, la Dra. Sara Morales López se enteró de lo que había hecho y me sugirió que hiciera algunos videos adicionales para la asignatura. La respuesta que obtuve de los estudiantes fue semejante a la inicialmente descrita.



Todo esto de los videos llevó a hacerme algunas preguntas: ¿de qué forma afectaban en el aprendizaje?, ¿por qué les gustaban tanto a los estudiantes?, ¿cómo se hace realmente un video educativo? y, más importante, ¿realmente estaban funcionando?

En ese momento pensé que se estaba gestando un proyecto de investigación y decidí que intentaría ingresar a la Maestría en Educación en Ciencias de la Salud.

Qué “dice” la evidencia

Después de hacer todos los trámites, realizar entrevistas, contestar exámenes y presentar mi propuesta de proyecto… fui aceptado en el posgrado. También tuve el privilegio de que la Dra. Frida Díaz Barriga Arceo aceptará ser mi tutora y la fortuna de contar con compañeros con los cuales conversar, reír y salir después de clases.

Sin embargo, cuando uno se encuentra ya en la maestría, afirmaciones como “todo el mundo ve vídeos”, “los jóvenes se la pasan en internet”, etcétera, no son suficientes para contestar preguntas de investigación o pretender medir el efecto producido por un video educativo como herramienta didáctica para el desarrollo de una habilidad clínica en los estudiantes de IBC II. En estos niveles, nos vemos obligados a investigar, conocer e indagar qué “dice” la evidencia científica al respecto, como siempre nos recuerda nuestro profesor el Dr. Melchor Sánchez Mendiola.

Millennials, posmodernismo e internet

Lo primero que me interesó investigar, versó sobre la actual generación de estudiantes que estamos formando los profesores (y a la que por definición pertenezco) y cómo consumen información o producen conocimiento.

Los millennials, término acuñado por los sociólogos Neil Howe y William Strauss, somos los individuos nacidos entre los años 1982 y 2000. Algunos de nuestros principales valores son la autenticidad, el estatus social (que pueda reflejarse en las redes sociales) y mantener cierto estilo de vida que constantemente se ve amenazado por las crisis financieras. También solemos ser estereotipados, por las generaciones pasadas, de flojos; pero la realidad es que tememos por nuestro futuro, en el que se vislumbra no tener casa propia ni pensión alguna.

Como estudiantes estamos motivados y somos respetuosos, seguimos las reglas establecidas, hemos sido criados en ambientes sobreprotectores, buscamos adquirir nuevos talentos y alcanzar metas. Trabajamos en equipo y gustamos utilizar casos y mapas mentales, preferimos obtener información por medios tecnológicos y saber para qué sirven los conocimientos adquiridos; deseamos realimentación inmediata por parte del cuerpo docente. (Elam, Stratton y Gibson, 2007; Roberts, Newman y Schwartzstein, 2012; Turner, Prihoda, English, Chismark y Jacks, 2016; Wilson y Gerber, 2008). Sin embargo, para intentar entender a mi generación, debemos primero conocer el contexto postmoderno en el que nacimos.


Los millennials, término acuñado por los sociólogos Neil Howe y William Strauss, somos los individuos nacidos entre los años 1982 y 2000 […] solemos ser estereotipados, por las generaciones pasadas, de flojos; pero la realidad es que tememos por nuestro futuro, en el que se vislumbra no tener casa propia ni pensión alguna.
En las últimas dos décadas del siglo XX hubo un cambio radical en el régimen social, económico y cultural conocido en sociología como la postmodernidad. En ésta se rompen las ideas de utopías, del progreso, se cuestionan a los grandes líderes o héroes (surgiendo infinidad de pequeños e efímeros ídolos) y a las religiones; se reconocen las individualidades y se valora la idea de pluralidad o de igualdad. Por otro lado, como lo diría el filósofo Gianni Vattimo, los medios de comunicación masiva, así como las tecnologías digitales, son un factor decisivo para conformar y entender a la sociedad postmoderna (Donovan, 2011).

Actualmente, entre las tecnologías informativas más usadas, se encuentran las distintas redes sociales como: Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram, Tumblr y YouTube. En el caso de nuestro país, de acuerdo a la Encuesta Nacional 2015 sobre Disponibilidad y Uso de las Tecnologías de la Información en los Hogares Mexicanos (ENDUTIH) elaborada por el INEGI, existen 62.4 millones de personas (57.4% de la población nacional) que cuentan con conexión a internet, de los que 70.7% se conectan a través de telefonía móvil; 98.2% utilizan al menos una red social; 76.6% consumen contenidos audiovisuales y únicamente 42.9% consume contenido textual. El uso de la internet es más frecuente en la población de 18 a 34 años (76.5%), intervalo de edad de quienes son llamados generación millenial; esto contrasta con el 46.7% de usuarios entre 35 a 59 y de 14% de cibernautas mayores a 60 años (Villamil, 2016). Estos datos concuerdan con la encuesta de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI, 2015) que además aporta el promedio de conexión a Internet por día en México: 6 horas 11 minutos (y cada año se incrementa).


Exponiendo en el Coloquio de Investigación. Foto: Carolina García Rivera.

YouTube y medicina

YouTube es una red social en la que las personas pueden almacenar y compartir videos. Tiene más de mil millones de usuarios y cada día, a nivel mundial, sus contenidos en vídeo se ven cientos de millones de horas y se generan miles de millones de reproducciones. En ese mismo sentido, al día se ven cuatro mil millones de videos (100 millones desde celulares), cada minuto se suben más de 48 horas de video en 38 idiomas y en 25 países distintos (La redacción Proceso, 2012). Dicho espacio es ya una opción frente a los medios audiovisuales tradicionales como, por ejemplo, la televisora mexicana Televisa (que ha visto disminución significativa en sus ratings gracias a las tendencias de consumo millennial) y también es un espacio de reivindicación creativa, en la que el usuario se percibe como youtuber; es decir, como persona activa que busca, crea, adapta y difunde contenidos. La plataforma ha permitido hacer más eficientes sus generadores de contenido, al punto de que hoy podemos hablar de ejemplos de éxito como el de la joven mexicana Yuya, cuyo canal de belleza en marzo del 2015 produjo $41,475 USD por las visitas alcanzadas (Ybarra, 2015).

La plataforma no sólo sirve para ver videos de gatitos o denunciar a #ladies y #gentlemens. Entre las diversas propuestas creativas, y distintos tipos de contenido que se alojados en YouTube, se encuentran videos didácticos que pueden interesar al estudioso de las Ciencias de la Salud. Estas expresiones intelectuales suelen ser atractivas para el estudiante ya que son medios versátiles de presentación, que permiten combinar diversos elementos como: imágenes, textos, sonidos; además resulta ser un medio más cómodo para ilustrar ejemplos y capturar eventos reales a los que un estudiante no podría acceder fácilmente. Actualmente podemos encontrar literatura (Barry et al., 2016; Jaffar, 2013; Jaffar, 2012; Rapp et al., 2016) que menciona las ventajas de usar dicha plataforma específicamente para educación médica: es la fuente más usada por cirujanos para ver ejemplos de procedimientos, es comúnmente usada por los estudiantes para aprender anatomía, favorece el aprendizaje independiente, cuenta con una gran aprobación por parte de los estudiantes, puede ayudar a reducir la carga laboral docente y propiciar líneas de investigación.

Lo aprendido y lo que falta por hacer

Todo lo estudiado sobre el uso de videos y YouTube en la educación médica parecía prometedor, pero no era suficiente. Requerí investigar sobre la Teoría cognoscitiva del aprendizaje multimedia de Richard Mayer (ver figura 1), que explica la forma en que procesamos la información que proviene de un medio multimedia (como puede ser un video) y sobre la Teoría de la carga cognitiva de Sweller, que menciona lo fácil que es “sobresaturar” partes de la memoria humana si se usan recursos didácticos mal diseñados (Young, Van Merrienboer, Durning & Ten, 2014).


Figura 1. Teoría cognoscitiva del aprendizaje multimedia de Richard Mayer (Latapie, 2007).

En el momento de redactar este texto llevo la mitad de la maestría cursada; en la cual, he leído mucho para sustentar mi trabajo, además produje un video educativo sobre exploración neurológica básica como parte fundamental de mi proyecto. Han pasado muchas horas de clase, pero sé que todavía falta lo más difícil: aplicar el instrumento, recolectar y analizar datos, obtener y discutir resultados, llegar a conclusiones y, claro, escribir una tesis.


Edición del video educativo sobre exploración neurológica básica.

He encontrado obstáculos en el camino, pero la idea de titularme, poder publicar un artículo y desarrollar algo, que genuinamente busque ayudar a los estudiantes, es justo la motivación necesaria para seguir adelante.

Ser un experto en educación

Después de ser estudiante de pregrado y de posgrado, laborar como docente, haber cursado asignaturas como Docencia en Ciencias de la Salud, Evaluación, Enseñanza de la Clínica o Psicología de la Educación, he comprendido que la Educación (sí, con mayúscula) es mucho más que dar clases o tomar clases. La Educación es un universo de posibilidades que hay que explorar. También he reafirmado mis ideas de que ser experto en algo no te vuelve automáticamente un profesor y que en nuestro país hace mucha falta la profesionalización en las áreas educativas.

En un futuro espero poder seguir haciendo videos educativos que ayuden a los estudiantes de medicina y puede que mi canal nunca maneje los números de Yuya, pero la verdad, la etiqueta de youtuber no me llama la atención. Ahora bien, el título de experto en educación, ese sí me parece interesante.

Bibliografía

AMIPCI (2015). Estudio de Hábitos de los Usuarios de Internet en México, 11ª Edición. Recuperado de <https://www.amipci.org.mx/es/noticiasx/2241-alcanza-internet-el-51-de-penetracion-entre-los-usuarios-potenciales-de-mexico-amipci>.

Barry, D., Marzuk, F., Chulak-Oglu, K., Bennett, D., Tierney, P. y OKeffe, G. (2016). Anatomy Education for the YouTube Generation. Anat Sci Educ, 9, pp 90-96.

Donovan, L. (2011). Los millennial en México. Algarabía Pocket, 1, pp 82-96.

Elam, C., Stratton, T. y Gibson, D. (2007). Welcoming a New Generation to College: The Millennial Students. Journal of College Admission, 1, p 23.

Jaffar, A. (2012). YouTube: An Emerging Tool in Anatomy Education. Anat Sci Educ, 5, pp 158-164.

Jaffar, A. (2013). Tips for Using YouTube in Medical Education. Iraqui J Med Sci, 11, pp 102-108.

Turner, A., Prihoda, T., English, D., Chismark, A. y Jacks, M. (2016). Millennial Dental Hygiene Students’ Learning Preferences Compared to Non-Millennial Faculty Members’ Teaching Methods: A National Study. Journal of Dental Education, 80 (9), pp 1082-1090.

La Redacción Proceso. (2012). YouTube en números. Proceso. Recuperado de: <http://www.proceso.com.mx/298154/YouTube-en-numeros>.

Latapie, I. (2007). Acercamiento al aprendizaje multimedia. Investigación universitaria multidisciplinaria, 6, pp 7-14.

Rapp, A., Healy, M., Charlton, M., Keith, J., Rosebaum, M. y Kapadia, M. (2016). YouTube is the Most Frequently Used Educational Video Source for Surgical Preparation. Journal of Surgical Education, 1, 1-5.

Roberts, D., Newman, L. y Schwartzstein, R. (2012). Twelve Tips for Facilitating Millennials´ learning. Medical Teacher, 34, pp 274-278.

Ybarra, R. (2015). Cómo ganan dinero los youtubers y cuáles son los más exitosos. Qore. Recuperado de: <http://www.qore.com/articulos/36813/Como-ganan-dinero-los-youtubers-y-cuales-son-los-mas-exitosos>.

Villamil J. (2016). El nuevo mundo. Proceso, Edición especial, 53, pp 9-10.

Young, J., Van Merrienboer, J., Durning, S. y Ten, O. (2014). Cognitive Load Theory: Implication for medical education: AMEE Guide No. 86. Medical Teacher, 36, pp 371-384.

Wilson, M. y Gerber, L. E. (2008). How generational theory can improve teaching: strategies for working with the “millennials”. Currents Teach Learn, 1, pp 29-44.

Introducción

Las tecnologías digitales permiten integrar texto, imágenes, audio y video en los mensajes que utilizamos para informarnos, comunicarnos y aprender. ¿Cómo incide esta combinación de medios en la forma en que percibimos la información y generamos un significado a partir de ella? ¿Facilita la comprensión del mensaje? ¿Y el aprendizaje?

A partir de la investigación de diversos psicólogos cognitivos sobre la percepción y la memoria, Richard Mayer propuso una teoría para explicar cómo nuestro cerebro procesa contenidos multimedia y aprende de ellos. Fue concebida con la intención expresa de ayudar a profesores y diseñadores instruccionales a crear materiales educativos que favorezcan el aprendizaje.

En la actualidad, conocer la Teoría del Aprendizaje Multimedia de Mayer no sólo resulta útil para quienes trabajamos en el sector educativo. Todos nosotros consultamos y elaboramos recursos multimedia —como presentaciones digitales, infografías, gifs, videos y memes— para nuestras comunicaciones cotidianas en el ámbito escolar, profesional y personal. Conocer cómo funciona nuestro cerebro nos ayudará a diseñar mejor nuestros materiales multimedia.

Uno de los retos principales en el diseño de mensajes es la capacidad limitada de la memoria de trabajo. Si incluimos demasiada información en un momento dado, corremos el riesgo de saturar las capacidades del receptor. Richard Mayer y sus colegas han propuesto una serie de principios que nos ayudan a elaborar mensajes efectivos y han realizado investigaciones durante las dos últimas décadas para comprobar el efecto que tiene cada principio en el aprendizaje.

Principio

¿Qué propone?

¿Por qué facilita el aprendizaje?

Coherencia

Eliminar cualquier información superflua del mensaje (incluidos elementos de formato como dibujos, marcos, viñetas)

Para evitar el uso innecesario de los recursos de la memoria de trabajo

Señalamiento

Señalar los elementos importantes del mensaje

Para facilitar que sean identificados y transferidos a la memoria de trabajo

Contigüidad

Colocar elementos relacionados cerca unos de otro

Para evitar que la memoria de trabajo tenga que invertir recursos en identificar esas relaciones

Segmentación

Dividir la información en bloques

Para que los contenidos puedan ser procesados en la memoria de trabajo

Pre-entrenamiento

Introducir los términos nuevos así como cualquier información necesaria

Para que esta información pueda ser aprendida y no tenga que ser procesada también en la memoria de trabajo

Modalidad

Presentar las palabras de manera hablada

Para aprovechar los dos canales de la memoria sensorial y de trabajo

Multimedia

Presentar palabras e imágenes, y no sólo palabras

Personalización

Utilizar un lenguaje conversacional

Para evitar el uso innecesario de recursos de la memoria de trabajo que implica comprender términos complejos


Fuente: adaptación de Mayer, R. (2010).

En estas investigaciones, Mayer y sus colegas compararon en qué medida la aplicación de un principio incidió en la capacidad de las personas de aprender un procedimiento y aplicarlo en la solución de problemas. El efecto atribuido a cada principio es reportado como un número: entre mayor sea el número, mayor el efecto.

Para crear material multimedia efectivo, revisa el cuadro anterior e identifica los principios que han demostrado mayor efecto y la próxima vez que tengas que preparar una presentación o una infografía, aprovecha el conocimiento científico que ha generado esta teoría.

Si quieres saber más:

Lee un artículo que explica con mayor detalle la Teoría de Aprendizaje Multimedia y los principios que se desprenden de ésta, te recomendamos:

Latapie Venegas, I. (2007). Acercamiento al aprendizaje multimedia. Investigación Universitaria Multidisciplinaria, 6(6) p. 7-14. Recuperado de: <http://mc142.uib.es:8080/rid=1LSRTKTS2-Z35XP7-1Y5/aprendizaje%20multimedia(mayers).pdf>.

Observa alguno de los videos en que Richard Mayer explica su teoría (sólo disponibles en inglés).

Green, T. (2014). Talking multimedia learning with Richard Mayer. Video disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=Q5eY9k3v4mE&t=14s>.

Harvard University (2014). Research based principles for multimedia learning. Video disponible en: <https://www.youtube.com/watch?v=AJ3wSf-ccXo&t=48s>.

Bibliografía

Orwell, George. 2017. The Collected Essays, Journalism, And Letters Of George Orwell, Vol. 4. Nueva York: Harcourt, Brace, Javanovich. p. 128.

Plath, Sylvia (2005). The Bell Jar. Nueva York: Harper Perennial Modern.

Resumen

Presentamos los resultados de un cuestionario sobre conocimientos de ciencia y tecnología, aplicado a estudiantes del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Zamora, México (ITESZ). El objetivo del estudio fue comparar los resultados de los estudiantes de distintas carreras, de diferentes niveles de cada carrera, y contrastarlos con los de una población estadounidense que respondió las mismas preguntas. Encontramos que hay diferencia de aciertos entre quienes ingresan a las distintas carreras, que los estudiantes de Ingeniería tienen mayor puntaje al final que al inicio de su carrera, lo cual no ocurre con los estudiantes de Contaduría, y que el promedio de aciertos de los estudiantes zamoranos es similar al de la población estadounidense. Los resultados obtenidos pueden servir como punto de partida para diseñar un programa de divulgación dirigido a la comunidad del ITESZ y otras instituciones de educación superior.

Palabras clave: conocimientos de ciencia, cuestionario, estudiantes de tecnológico, divulgación.


Technological knowledge and scientific culture

We present the results of a test evaluating science and technology knowledge, applied to undergraduated students at the Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Zamora, Michoacán, México (ITESZ). The goal was to compare the results among students of different majors and levels, and between the ITESZ students and previously surveyed US adults. We found no difference in the test scores between incoming first-year students in the two majors; engineering students increased their scores by the end of their studies, while the score did not improve for final year accounting students; the average score of the students tested at ITESZ was similar to the one for the previously tested US population. The results of this work can serve as a starting point to design a program of scientific outreach and curricular activities focused on the ITESZ and other high-level institutions.

Keywords: scientific knowledge, questionnaire, technology students, outreach.

Introducción

La ciencia y la tecnología están cada vez más presentes en la vida cotidiana
y los debates públicos. La difusión de una auténtica cultura científica es
indispensable para el ejercicio de una gobernanza democrática. Sin la
generalización de esa cultura, las desigualdades entre individuos, sexos,
generaciones, grupos sociales o países se agravarán, en función de que
dispongan o no de los conocimientos científicos adaptados a los contextos
dinámicos que caracterizan a las sociedades del conocimiento.


Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2005.


Los materiales disponibles para aprender ciencia cubren contenidos variados, se presentan a través de diversos canales de comunicación, tienen distintos formatos, diseños vistosos y muchos de ellos son de libre acceso. Sin embargo, su existencia no es suficiente para que el público en general se apropie de los conocimientos científicos y tecnólogos, y pueda utilizarlos para mejorar su calidad de vida.

El desarrollo de los individuos y de las comunidades tiene relación estrecha con su cultura científica. Las personas con más conocimientos de ciencia y tecnología, pueden tomar mejores decisiones en su vida diaria y tener un propio criterio frente a la información que reciben. Quienes, además, comprenden cómo se construye el conocimiento científico, están en mejores condiciones de opinar sobre la necesidad de destinar recursos para lograrlo y de entender en qué se gastan esos recursos.


Imagen: Prawny.

En México se reconoce cada vez más la necesidad de popularizar la ciencia y se asigna mayor relevancia a las actividades de divulgación que realizan los científicos, académicos y estudiantes de las escuelas de educación superior y de los centros de investigación. Por ejemplo, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Zamora (ITESZ) en Michoacán, México –institución donde se realizó este proyecto–, tiene como funciones (además de la docencia y la investigación) la extensión y difusión de la cultura, para “contribuir al desarrollo de las regiones y comunidades” (ITESZ , s.f.). Con tal motivo ha formado parte de redes de divulgación de la ciencia y algunos docentes hemos participado en seminarios y cursos de formación, así como en foros de discusión e intercambio de experiencias entre divulgadores del Occidente de México. Además, se han realizado actividades dirigidas a la comunidad de la región, tales como los talleres de ciencias en escuelas de distintos niveles educativos y eventos masivos como la semana nacional de ciencia y tecnología y ferias de ciencias.


El desarrollo de los individuos y de las comunidades tiene relación estrecha con su cultura científica.
A finales de 2015 surgió la idea de diseñar un plan de divulgación dirigido al interior de la institución. Si bien la mayor parte de los estudiantes del Tecnológico cursan materias de ciencia y tecnología, consideramos que el desarrollo de actividades no formales podría favorecer la apropiación del conocimiento por parte de estos jóvenes; esta consideración se basa en algunos estudios que afirman que para la mayor parte de la gente es más significativo el conocimiento científico que se adquiere de manera informal a lo largo de la vida, por interacción con la familia, con el entorno social y con los medios de comunicación, que el adquirido de manera formal en la escuela (Mulford y Robinson, 2002; Semir, 2016).

Diagnóstico de conocimientos de ciencia y tecnología

Evaluar el conocimiento científico en una población se considera indispensable para diseñar políticas y programas de apropiación de la ciencia y la tecnología. Por eso decidimos empezar por hacer un diagnóstico del nivel de conocimientos de nuestra comunidad de estudiantes. Seleccionamos como instrumento de evaluación un cuestionario de 13 preguntas de opción múltiple sobre conocimientos de ciencia y tecnología, tomado de una encuesta aplicada a estadounidenses adultos (Pew Research Center, 2013). Elegimos esa prueba porque incluye preguntas sobre conceptos, fenómenos y procedimientos científico-tecnológicos; varias de las preguntas coinciden con las de cuestionarios aplicados con fines diagnósticos aplicados en encuestas de consejos de ciencia y tecnología de México y de otros países (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2011; Polino, 2015; Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, 2015). Además, los resultados de la población estadounidense están disponibles para el público y nos sirven para comparar con los obtenidos en el ITESZ.

Método


Figura 1. Cuestionario de conocimientos de ciencia y tecnología.
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La prueba de cultura científica (véase figura 1) se aplicó en el ciclo escolar 2015-2016, en los horarios de clase, a los grupos del primero y cuarto año de las carreras de Contador Público y de Ingeniería en Industrias Alimentarias del ITESZ. La muestra constaba de 111 estudiantes de la carrera de Contador Público, de los cuales 78 cursaban el primer año (51 mujeres y 27 hombres) y 33 el cuarto año (19 mujeres y 14 hombres), y 170 estudiantes de Ingeniería en Industrias Alimentarias, de los cuales 111 eran de primer año (66 mujeres y 45 hombres) y 59 de cuarto año (34 mujeres y 25 hombres); la muestra se seleccionó de esa manera para comparar los resultados de los estudiantes de las distintas carreras, así como los de diferentes niveles de cada carrera.

Para comparar el porcentaje de aciertos entre estudiantes hombres y mujeres, de primero y séptimo semestre de las carreras de Contador Público e Ingeniería en Industrias Alimentarias, utilizamos un análisis estadístico1 en el cual la variable analizada fue la proporción de aciertos y las variables explicativas por carrera, semestre y sexo, además de todas las interacciones entre dichas variables. Por ejemplo, una interacción significativa entre carrera y semestre indicaría que los estudiantes de una carrera tienden a incrementar su puntaje al avanzar en sus estudios mientras que los de otra carrera no lo incrementan. Las variables que mejor explican la proporción de aciertos fueron seleccionadas de acuerdo al criterio de información de Akaike (Crawley, 2007). Los análisis se realizaron en el programa R versión 3.2.3 (R Development Core Team, 2015).

Resultados y conclusiones

En la figura 2 se observa el porcentaje de aciertos de los estudiantes de ingeniería y contaduría de semestres iniciales y avanzados, separados por género. Cuando dos barras de la gráfica se sobreponen (por ejemplo, en las correspondientes a hombres y mujeres del semestre inicial de ingeniería), esto indica que la diferencia entre esos dos grupos no es estadísticamente significativa. De lo contrario (por ejemplo, en las barras de mujeres de semestre inicial de ingeniería con mujeres de semestre avanzado de la misma carrera) decimos que la diferencia es significativa.

El porcentaje de aciertos de los estudiantes avanzados del ITESZ fue significativamente mayor que el de los principiantes (P<0.001). Si consideramos juntos todos los estudiantes hombres y mujeres de ambas carreras, encontramos que el promedio de aciertos aumentó de 61% en semestres iniciales a 68% en semestres finales. Sin embargo, al analizar la interacción entre la carrera y el nivel de estudios, se observa una tendencia no significativa (P=0.070) a que los estudiantes de ingeniería mejoren sus puntajes en semestres avanzados (considerando hombres y mujeres juntos aumentan en promedio de 59% de aciertos en semestres iniciales a 71% en semestres avanzados) y los de contaduría prácticamente mantienen puntajes similares al avanzar en sus estudios (únicamente aumentan sus aciertos de 59% a 63%) (véase figura 2).


Figura 2. Resultados generales de la prueba sobre conocimiento científico realizada a estudiantes de dos niveles de dos carreras del ITESZ.
Nota: las barras representan los promedios ± errores estándar.

Los resultados indican que, en esta muestra, el porcentaje de aciertos fue mayor en hombres (65%) que en mujeres (62%) (P=0.032), y fue mayor en los estudiantes de Ingeniería (65%) que en los de Contaduría (60%) (P=0.016).

En la figura 3 se muestran los resultados, por pregunta, por nivel y por carrera, del conjunto de estudiantes del ITESZ que contestaron la prueba.


Figura 3. Resultados de estudiantes del ITESZ.

El porcentaje de aciertos promedio de los 281 estudiantes del ITESZ fue de 63.1%, resultado ligeramente más alto que 62.4% reportado para la muestra de 1006 adultos de Estados Unidos de diferentes niveles educativos que respondieron la prueba (Pew Research Center, 2013). En la figura 4 se muestran los resultados, por pregunta, de los estudiantes del ITESZ y de los estadounidenses.


Figura 4. Resultados de estudiantes del ITESZ y de EUA.

La pregunta con mayor porcentaje de aciertos entre hombres y mujeres del ITESZ , en ambas carreras, principiantes y avanzados, así como entre los adultos de Estados Unidos fue “Los protectores de sol protegen la piel ¿de qué tipo de radiaciones solares?”. La pregunta con menor porcentaje de aciertos, también en todos los grupos considerados fue “¿Qué gas es el que aparece en mayor porcentaje en la atmósfera terrestre?”.

Temas como reacción química, electrones, radiactividad, nanotecnología, antibióticos y función de los glóbulos rojos, involucrados en varias de las preguntas del cuestionario, forman parte de los programas de estudios de la carrera de Ingeniería en Industrias Alimentarias. Sin embargo el paso por la carrera en algunos casos no es suficiente para aprenderlos.

El cuestionario incluía una pregunta sobre metodología de la investigación; ofrecía respuestas alternativas a la pregunta sobre la mejor manera de probar la efectividad de una nueva droga. Al analizar los resultados obtenidos en Estados Unidos, se observa la tendencia al aumento en el porcentaje de aciertos al ir avanzando el nivel educativo (67% los que cursaron bachillerato o menos, 76% quienes cursaron parte de alguna licenciatura y 86% quienes por lo menos terminaron una licenciatura). En cambio, entre los estudiantes de Ingeniería del ITESZ el porcentaje de aciertos bajó de 82, entre los principiantes, a 80 entre los avanzados; y entre los de la carrera de Contaduría ese porcentaje bajó de 82 a 67. Parece necesario reforzar la formación de los jóvenes en aspectos referidos a la manera en la que proceden los científicos para contestar preguntas o probar sus hipótesis.

El aumento que observamos en el ITESZ, de 61% a 68% de aciertos para la prueba aplicada es significativo, pero podría mejorarse. Una alternativa posible para lograrlo es diseñar un programa de divulgación que incluya, tanto actividades diseñadas para aprender temas básicos de ciencias, como para conocer los avances en ciencia y tecnología y para entender la manera en que esos avances se han producido.

1 Los datos fueron analizados con un modelo lineal generalizado con distribución binomial y función de enlace logit. Este tipo de análisis se utiliza cuando la variable que se desea analizar (en este caso el porcentaje de aciertos) únicamente puede tomar dos valores (en este caso si la respuesta fue correcta o incorrecta).


Bibliografía

Crawley, M. J. (2007). The R Book. Londres, Reino Unido: Wiley.

Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (2015). VII Encuesta de Percepción Social de la Ciencia. Dossier informativo. Madrid: Gobierno de España. Ministerio de Economía y Competitividad.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2011). Cuestionario. Encuesta sobre la percepción pública de la ciencia y la tecnología en México 2011. INEGI. Recuperado de: <http://www.beta.inegi.org.mx/contenidos/proyectos/enchogares/especiales/enpecyt/2011/doc/enpecyt2011_ cuestionario.pdf>.

Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Zamora (ITESZ) (s.f.). Antecedentes. ITESZ. Recuperado de: <http://www.teczamora.mx/antecedentes/>.

Mulford, D. R. y Robinson, W. R. (2002). An Inventory for Alternate Conceptions among First-Semester General Chemistry Students. Journal of Chemical Education, pp. 739-744.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2005). Hacia las sociedades del conocimiento. Mayenne: Ediciones UNESCO, pp. 142.

Pew Research Center (2013). Public’s Knowledge of Science and Technology. Pew Research Center. Recuperado de: <http://www.people-press.org/files/legacy-pdf/04-22-13%20Science%20knowledge%20Release.pdf>.

Polino, C. (2015). Manual de Antigua: indicadores de percepción pública de la ciencia y la tecnología. Buenos Aires: Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología.

R Development Core Team (2015). R: A Language and Environment for Statistical Computing. Austria: R. F. Computing, Ed.

Semir, V. D. (2016). Periodismo, divulgación y educación. Investigación y Ciencia. 40, núm. espacial Comunicar la ciencia en el siglo XXI. Recuperado de: <http://www.investigacionyciencia.es/files/26108.pdf>.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079