Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2010 Vol.11, No.11
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De Magia
Giordano Bruno

[fragmento]
Giordano Bruno. "De magia", en: Jordani Bruni Nolani Opera Latine Conscripta, ed. F. Tocco et H. Vitelli. p. 404-406. Trad. Alejandro Flores.

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En cuanto al género, el eficiente es doble: la naturaleza y la voluntad. La voluntad, además, es triple: hombre o humana, de demonio y divina. La naturaleza, en cuanto al objeto, es doble: intrínseca y extrínseca. La intrínseca, aún, es doble: materia o sujeto y la forma con virtud natural. La extrínseca, que es llamada más bien efigie de la naturaleza, vestigio y sombra o luz, también es doble: tanto aquella que permanece en la cosa y la superficie del sujeto, así la luz y el calor en el sol y los demás cálidos; como aquella que emana y fluye desde el sujeto, así la luz que se difunde desde el sol y se encuentra en las cosas iluminadas, y el calor que, estando junto con la luz en el sol, también se encuentra en las cosas calentadas. […] De las virtudes, de las formas o de los accidentes que son llevadas de sujeto en sujeto, algunas son manifiestas, como las que se encuentran en el género de las cualidades activas y pasivas, y de éstas las que inmediatamente las siguen, como son calentar-enfriar, humedecer-secar, suavizar-endurecer, congregar-disgregar; otras son más ocultas según que ocultos son también sus efectos, como alegrar-contristar, introducir apetito o tedio, temor y audacia, que son las cosas con capacidad de mover que se llegan, a partir de especies extrínsecas, al hombre por obra de la facultad cogitativa, al bruto, de la estimativa; por estas cosas, un niño o un infante, vista una serpiente, y una oveja, visto un lobo, sin experiencia alguna conciben la imagen de la enemistad, o el temor a la muerte o su destrucción, la razón de las cuales es referida al sentido interno que, aunque de modo mediato, es conmovido naturalmente por las especies externas.

En efecto, la naturaleza, así como dio el ser a las especies e, igualmente, el apetito de conservarse a cada cosa en el estado presente, así también imprimió en todas las cosas cierto espíritu interno, o si prefieres llamarlo sentido, por el que conocen y rehúyen las cosas especialmente enemigas a partir de cierta inscripción, lo cual no sólo vemos que se halla en las especies ejemplificadas, sino también en todas las que parecen estar muertas e incompletas, en las cuales no menos se halla un espíritu que desea ardientemente, en la medida de todas sus fuerzas, conservar su especie presente; esto mismo vemos en las gotas que caen, las cuales, para no caer, se congloban y en aquellas que cayeron, las cuales para no derramarse y dispersarse procuran el centro y se esfuerzan por sostenerse en globo en sus partes; igualmente, [sucede] en los cascabillos y en las pajas y con las membranas o pequeñas pieles puestas sobre el fuego, que dan saltos y, en cierto modo, rehúyen su corrupción. Entonces, un tal sentido está ciertamente ínsito en todas las cosas y en la vida, al cual no designamos, según la costumbre del vulgo, animal (el cual ha de referirse a un alma particular), pues ni siquiera pueden [las almas], en tanto partes, ser llamadas animales; no obstante, tratándose del orden del universo, que es posible contemplar en todas las cosas, un espíritu único está difundido por doquier y un sentido percibe en todas partes y por doquier determinados efectos y pasiones de acuerdo a la capacidad de cada cosa.


 

 
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