Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2010 Vol.11, No.11
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Antes de comenzar a leer...

Explicar qué cosas han encontrado los filósofos o qué cosas podemos encontrar nosotros en ellos —no importa si son contemporáneos o antiguos— se enfrenta siempre con un mismo y terrible obstáculo: son cosas que sólo han tenido o tienen lugar en el pensamiento.

Para entender mejor lo que esto significa hagamos una pequeña comparación. Cuando los científicos o los creadores de tecnología describen sus hallazgos, se refieren a algo que de una u otra forma pasa en el mundo y por lo tanto fuera de nosotros. Se refieren, pues a eventos y a fenómenos que ocurren en el espacio y en el tiempo, y que son una cosa completamente distinta a la explicación que se da de ellos. Es decir, explicar cómo está conformada la materia, no compromete nunca lo que la materia es, sólo quizás, el modo en que nosotros describimos cómo está conformada y la efectividad de esa descripción para permitirnos utilizarla.

Con la filosofía (y en general, con las humanidades) ocurre algo completamente distinto. Sin importar qué es lo que quisiéramos describir, una reflexión de Platón o una hipótesis formulada por algún pensador moderno, no estamos hablando de algo que ocurra fuera de nosotros, sino de algo que está ocurriendo en nosotros, precisamente en el momento en que lo estamos leyendo, porque en el momento mismo en que entiendo algo de, por ejemplo, la idea de dignidad del hombre en renacimiento, yo mismo estoy pensando en ella. De modo que la explicación compromete todo el tiempo lo que es explicado, porque lo va construyendo simultáneamente en nosotros. En otras palabras, es muy complicado hacer del pensamiento un objeto, y explicarlo, porque continuamente se rebela a esa pretensión de objetividad.

Cuando pensamos en hacer este número de la Revista Digital Universitaria sobre la filosofía del Renacimiento quisimos enfrentar de alguna forma este problema de la comunicación de la filosofía. Lo que se nos ocurrió fue formular la cuestión de una manera más bien simple: ¿cómo podemos mostrar a los demás lo que hacemos, quienes hacemos historia de la filosofía?

Este número de la Revista Digital Universitaria es de algún modo una respuesta a esa pregunta, pues lo que pensamos fue invitar al lector (que también será aquí un escucha) a confrontar lo explicado, con la explicación. Es decir, a leer cuatro fragmentos de textos renacentistas en traducciones modernas, y confrontar su lectura con dos tipos distintos de explicación: una explicación textual (metida dentro del texto mismo, gracias al hipertexto) y una exposición oral de su significado, a través de pequeñas grabaciones que preceden o siguen a los textos.

Lo que proponemos es mostrar lo que hacemos: comprender lo que dicen los textos, que son los “objetos” de nuestro quehacer como historiadores de la filosofía, explicado por qué se usan ciertas palabras o se expresan ciertas cosas, o se traducen de cierta forma. Y, por otro lado, explicar lo que esos textos dicen o pensamos que significan, y que pensamos es relevante saber para cualquier que los lea.

La selección de los textos que trabajamos, también tiene una razón de ser, porque lo que hicimos fue diseñar una ruta a través de un puñado de ideas renacentistas que consideramos fundamentales para comprender el Renacimiento. Esa ruta es como sigue:

Los textos, por supuesto, se pueden leer en cualquier orden. Pero establecer una ruta puede ayudar a navegarlos con un cierto sentido y una cierta intención. La de seguir los vínculos que unen los temas de un texto con otro.


Atentamente

Teresa Rodríguez, Ivette Sarmiento, Itzel López, Alejandro Flores, José Manuel Redondo, Rafael Gómez, Oscar Santana, Edwing Roldán y Ernesto Priani.



 
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