Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de abril de 2010 Vol.11, No.4
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La influenza A/H1N1 2009. Una crónica de la primera pandemia del siglo XXI
Malaquías López-Cervantes, Juan García Moreno, Reyna Lizette Pacheco Domínguez, Ricardo Antonio Escamilla Santiago y Marcia Villanueva Lozano
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Imagen tomada de:
http:// www. wikipedia.com
   
El cuadro clínico de la enfermedad
El apoyo de laboratorio para el diagnóstico
La diseminación de la epidemia en México...
Recapitulación y situación actual
Reflexiones finales
Bibliografía

Introducción


Aunque existen referencias históricas mucho más remotas, no fue sino hasta principios del siglo XV, durante el inicio del Renacimiento, que comenzó a utilizarse en Italia el nombre de influenza para caracterizar esta enfermedad respiratoria, por atribuirla a la influencia de los astros y del frío. Después, junto con el descubrimiento de América, la enfermedad llegó a nuestro continente. La primera descripción clara de la influenza se atribuye a Robert Johnson, un médico de la ciudad de Filadelfia, quien describió una epidemia en 1793. Según Ghendon, durante el siglo XVIII se registraron 13 grandes epidemias a nivel mundial y 12 durante el siglo XIX; posiblemente 8 ó 9 de ellas fueron debidas a la influenza. Sin embargo, el episodio más importante de la historia con respecto a este virus fue la pandemia de gripe española de 1918, que causó de 20 a 40 millones de muertes en todo el mundo (Ghendon, 1994). La etiología viral de la enfermedad se estableció hasta 1933 cuando Smith, siguiendo los trabajos que realizó Shope en 1931 con el virus porcino, pudo lograr la identificación del virus humano. Posteriormente en 1946, 1957, 1968 y 1977 se registraron otras epidemias de influenza, que causaron varios millones adicionales de muertes. Actualmente cada año, durante la temporada de clima más frío, se registran incrementos de la frecuencia de esta enfermedad en todo el mundo.

La historia acerca de la primera pandemia del siglo XXI inició el 21 de abril de 2009, cuando se publicó un comunicado especial en la revista Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad (MMWR, por sus siglas en inglés), a través del cual se dio a conocer la aparición de dos casos de enfermedad respiratoria febril. Éstos correspondieron a un niño de 10 años y una niña de 9 años, residentes de los condados de San Diego e Imperial, respectivamente, en el estado de California (MMWR, 2009b). El niño acudió a consulta el 13 de abril por presentar fiebre, tos y vómito, se tomó una muestra para análisis de laboratorio, se le indicó tratamiento sintomático y se recuperó por completo en una semana; la niña fue vista cuatro días después por presentar tos y catarro, se le tomó muestra para laboratorio, se le prescribió tratamiento sintomático más antibióticos y también se curó en el plazo de una semana. Ninguno de los dos pacientes había sido vacunado contra la influenza en fechas recientes. Las muestras tomadas en los pacientes de California evidenciaron que se trataba de un virus de Influenza A negativo a los subtipos conocidos —H1N1 (estacional), H3N2 y H5N1—, por lo que se enviaron a los Centros para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) en Atlanta. El 17 de abril se determinó que se trataba de un virus de Influenza A de origen porcino con dos genes de linaje eurasiático. Las pruebas de sensibilidad mostraron que el nuevo virus era resistente a los antivirales amantadina y rimantadina, pero sensible al oseltamivir y al zanamivir.

Dos días después de la publicación del MMWR, el 23 de abril, en México se dio a conocer la noticia de que el mismo virus, descrito en California, había sido encontrado en muestras provenientes de pacientes mexicanos, procesadas en los laboratorios de Winnipeg en Canadá y de los CDC en Atlanta, EUA. Además, se habían registrado al menos 20 muertes en pacientes atendidos en hospitales mexicanos con cuadros clínicos de neumonía viral. Con base en esta información, se decidió el cierre inmediato de escuelas públicas y privadas en todos los niveles educativos, desde preescolar hasta las universidades, y se implementaron diversas medidas para propiciar el aislamiento social.

Durante los días siguientes, se informó acerca de la presencia de casos en otras entidades del país, como Oaxaca, San Luis Potosí y el Estado de México. Entonces se creyó que el primer caso de la nueva enfermedad había sido el de una mujer que se internó y murió en un hospital de la ciudad de Oaxaca el 13 de abril. Sin embargo, dos días después, se publicó la noticia de que un niño residente de la comunidad La Gloria, en el municipio de Perote, Veracruz, era el primer caso de la nueva influenza, pues había enfermado durante la primera semana de abril y su prueba de laboratorio había resultado positiva. Mientras tanto, la enfermedad se diseminó en Estados Unidos y Canadá, y cruzó los océanos Atlántico y Pacífico para llegar a España, Inglaterra y Nueva Zelanda. Como nunca en la historia de la humanidad, el fenómeno fue magnificado por los medios de comunicación masiva, provocando reacciones de temor y desconcierto entre la población general, el sector académico y las autoridades de salud nacionales e internacionales, quienes, en medio del caos mediático, trataban de ponerse de acuerdo acerca de las medidas correctas para el control de la enfermedad y sus posibles implicaciones en la sociedad con base en la historia de las pandemias del siglo pasado.

 
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