Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de mayo de 2010 Vol.11, No.5
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La formación doctoral en México, historia y situación actual
Laura Hernández-Guzmán y Javier Nieto Gutiérrez

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Imagen tomada de: commons.wikimedia.org
Autor:Maximiliano Monterrubio
   
Proceso de evaluación de programas
Clasificación
Conclusión
Bibliografía

Introducción


El doctorado en México surge en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por lo que para describir la historia del doctorado en México (Bello Domínguez, Muñoz García y Reyes Téllez, s.f.), es preciso documentar el origen y evolución de los estudios de posgrado en la UNAM. Fundada el 21 de septiembre de 1551 por real provisión, desde tiempos coloniales, en la Universidad de México se investía como doctores a aquellos catedráticos que habían cumplido un periodo de 5 años impartiendo docencia y que, además, poseían los recursos suficientes para pagar una costosa ceremonia. Fue hasta 1929 que se sentaron las bases legales para la creación formal de los estudios de posgrado. No obstante, el grado de doctor, supeditado a la obtención previa de la licenciatura y la maestría, se otorgó a partir de 1945 en la Facultad de Ciencias para las disciplinas de Biología, Física y Matemáticas. La siguieron otras facultades, como la de Filosofía y Letras, aunque se trataba de esfuerzos inconexos y los requisitos variaban de una facultad a otra. En un intento poco exitoso por uniformar los criterios para otorgar el grado de doctor, así como el de maestría, se creó la Escuela de Graduados en 1946. A ésta pertenecían 7 institutos de la UNAM y otras instituciones con carácter de afiliadas. La Facultad de Filosofía y Letras y la Escuela de Jurisprudencia nunca participaron en este empeño. La Escuela de Graduados desapareció en 1956, a partir de la reforma al Estatuto General de la UNAM. Esta reforma planteaba la creación de programas de doctorado en las facultades. De hecho, a partir de entonces, una escuela se transforma en facultad en el momento en el que ofrece un programa de doctorado. Aún así, el primer Reglamento de Estudios Superiores se publicó hasta 1967. La meta de contar con criterios para regular la creación de programas de estudio a nivel de doctorado se logró hasta 1996, cuando se dotó al posgrado de autonomía administrativa (UNAM, Coordinación de Estudios de Posgrado).

La UNAM ha sido y es la institución de educación superior más importante que a lo largo del tiempo ha fortalecido y consolidado sus doctorados, por lo que son los más reconocidos. Permanece hasta el día de hoy como la institución más importante en la formación de doctores en México y semillero de cuadros de investigadores que absorben otras instituciones para fortalecer sus programas de formación de doctores y cuadros de investigación.

Si bien no existe en México un sistema de acreditación propiamente de los programas de doctorado, sí se asegura su calidad a partir de los mecanismos ideados para financiarlos. En los años ochenta se concretó el empeño del gobierno federal por financiar al posgrado. La infusión de recursos para el fortalecimiento del posgrado en México ha sumado diversos esfuerzos programáticos orientados a apoyar la investigación científica y tecnológica en el País. El acopio de recursos ha ido en aumento y hoy día se cuenta con sistemas elaborados que utilizan indicadores de calidad, tanto formativos, como de resultados, para evaluar los programas. La evaluación de los programas de doctorado toma en cuenta las características del cuerpo docente, los criterios que se emplean para seleccionar a los aspirantes, las instalaciones físicas con las que dispone la institución que ofrece los estudios de doctorado, los recursos tecnológicos y materiales de consulta disponibles, el apoyo financiero y la razón profesor-alumnos. Otro aspecto importante a evaluar es el que se refiere a los resultados obtenidos, como las tasas de graduación, la participación de los estudiantes en los proyectos de investigación y la productividad de los docentes, por mencionar sólo algunos.

Es por ello que para ubicar a los doctorados mexicanos en su relación con los de otros países, es preciso comprender el sistema de evaluación de los posgrados. A cargo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), dependencia de la Secretaría de Educación Pública, la financiación de los posgrados en el país es contingente al cumplimiento de criterios de calidad que han aumentado y se han hecho más complejos con el paso del tiempo, y cuya aplicación sistemática y rigurosa entreteje los diversos niveles del proceso. El otorgamiento de recursos por parte del CONACYT, ya sean becas para los alumnos, la financiación de proyectos de investigación y de estancias académicas de estudiantes y profesores en otras instituciones de educación superior, los subsidios para el equipamiento de los programas o los sistemas de estímulos económicos para los investigadores, forma parte de ese entramado de factores que, al actuar interdependientemente, remite a la calidad del posgrado. El Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) es un programa que guarda cierta similitud con la Mención de Calidad del Doctorado que se otorga a las instituciones de educación superior españolas (Buela-Casal y Castro, 2008).

Es mediante el Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) que el CONACYT se encarga de la evaluación de los posgrados que voluntariamente se someten a ésta, y el reconocimiento público de la calidad de los programas, mediante procesos de evaluación y seguimiento realizados por comités de pares académicos. La evaluación que entraña el PNPC se apoya en otros sistemas de evaluación, a los que a su vez realimenta, entre los que destaca el Sistema Nacional de Investigadores (SNI). El SNI evalúa la productividad y trayectoria de los individuos que se dedican a la investigación y la enseñanza como actividades sustantivas. La pertenencia al SNI de los investigadores que conforman los cuerpos docentes de los programas de doctorado se ha convertido en uno de los criterios, a partir de los cuales se realiza la evaluación. El sistema se apoya en la captura obligatoria del curriculum vitae único, mecanismo que permite dar seguimiento, tanto a los alumnos becarios, como a los docentes e investigadores.

 
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