Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de mayo de 2010 Vol.11, No.5
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Editores amigos de la tecnología: cómo pasar del PDF a la verdadera edición digital.
Entrevista con el doctor en filosofía Ernesto Priani Saisó

Libia Brenda Castro R.
 

Si usted está leyendo esto, es que tiene una computadora con conexión a Internet. ¿Le suena tonta esta afirmación, demasiado obvia quizá? Bueno, estamos más que acostumbrados a tener a la mano la computadora y nos conectamos todos los días a la red, incluso sin ella, por medio de varios dispositivos (el celular, por ejemplo, es uno de ellos) es algo natural, algo cotidiano. Sin embargo, así como es tan “obvio” que todos usemos las redes sociales, el correo electrónico y el pago de recibos en línea, podría ser igual de obvio que las herramientas que se usan para comunicarnos o resolver dudas en la red, se utilizaran para la investigación o para la discriminación de información: pues no es así. Los estudiantes, en su mayoría, ya están acostumbrados a consultar Wikipedia y los profesores, a nivel universitario, ya están acostumbrados a prohibir el cut&paste, pero ¿qué hay más allá de el terreno fácil en el que la tecnología se convierte en un “juguete más” en vez de ser una herramienta verdaderamente útil? Si se aplican las ventajas y las herramientas de manera inteligente, se puede lograr mucho.

Digamos que, en materia de uso, el área de las humanidades está en desventaja con otras áreas del conocimiento. En esta entrevista, el doctor Ernesto Priani Saisó explica cómo se pueden usar estas herramientas, provenientes de ciertas aplicaciones y programas de cómputo, en beneficio, no sólo de la publicación de materiales, si no incluso para revolucionar el cómo se presenta y cómo se usa la información.

Revista Digital Universitaria: Primero, grosso modo, ¿qué son las humanidades digitales?

Ernesto Priani: Mira, es muy sencillo, humanidades digitales es cómputo aplicado a las humanidades. A lo mejor eso, en principio, no te dice mucho, pero aclara un poco en qué terreno nos estamos moviendo: el uso de una herramienta, o de una tecnología, orientada hacia la investigación en un área específica.

Esto no es de ninguna manera nuevo. De hecho, uno de los primeros usos de la computadora, en el ámbito de las humanidades, fue con Shakespeare, con un proyecto que data más o menos de 1950. Estamos hablando de cuando este trabajo se hacía todavía con tarjetas. El hecho de que haya una orientación hacia un producto de las humanidades es lo que es relevante. En las décadas de los 70 y los 80 el cómputo aplicado a las humanidades cambia de nombre para llamarse humanidades digitales y convertirse, ya no sólo en la utilización de una tecnología en un ámbito de estudio, sino literalmente en todo un campo de estudio: en un área sobre la cual tú puedes hacer trabajo teórico, especulaciones, reflexión, y también una serie de proyectos de cómputo aplicados a las humanidades, que tiene, digamos, tres niveles:
• el estrictamente teórico
• otro que podríamos decir que es el de producción de estándares
• y otro que es el de aplicación de estándares en el cómputo para obtener cierto tipo de resultados.

RDU: Y esto, por ejemplo, en el caso de los proyectos que tú llevas ¿cómo lo has aplicado?

EP: Bueno, básicamente, yo llego al cómputo a través de la edición, me dediqué durante mucho tiempo a hacer edición digital, hasta que planteé un proyecto: yo pensaba que era de edición digital y resulta que de pronto veo que en realidad se trata de que utilizo ciertas herramientas de cómputo para obtener determinados resultados de investigación. El ejemplo concreto es la Biblioteca Digital del Pensamiento Novohispano. Previamente, ya había hecho otros proyectos de edición digital como la Revista Digital Universitaria, donde el enfoque fue utilizar las técnicas de edición aplicadas al mundo Web para obtener una publicación con características específicas para ser leída en pantalla.

RDU: Ahora, en el caso de la biblioteca novohispana, ¿cuál es su principal objetivo?

EP: Empezó, primero, por ser un proyecto de edición digital. Conserva, digamos, ese perfil porque la biblioteca te va a dar acceso a un grupo de transcripciones diplomáticas de libros de la segunda mitad del siglo XVI, sobre temas de astronomía, que va a ser posible consultar y leer libremente. Estas transcripciones proceden directamente de las obras originales. De hecho, de todas las obras que forman parte de la biblioteca, sólo una tiene varias ediciones modernas que es la Libra Astronómica de Carlos de Sigüenza y Góngora. Hay otras que han sido transcritas, pero en todos los casos las ediciones modernas actualizaron el idioma, la gramática, la ortografía, no son transcripciones diplomáticas, es decir, no se atienen al texto, y por lo tanto, son alteraciones del texto legítimas para la difusión, el estudio, etcétera. Pero, como nosotros queremos que esto sea una biblioteca para uso académico, y además de referencia, optamos por hacer transcripciones diplomáticas. Actualmente hay cuatro, al final de este año serán ocho, y hay un proyecto para llegar hasta treinta obras de aquí a tres años. Todas son obras exclusivas sobre astrología y astronomía, sobre el debate científico a propósito de la naturaleza, el significado de los cometas y de los astros en la segunda mitad del siglo XVI.

La parte de investigación, por la cual ya no es sólo un proyecto de edición digital sino realmente un proyecto de investigación, es porque lo que nosotros estamos haciendo es adicional a la publicación del texto y la publicación diplomática, ya que vamos a marcar esos textos en dos niveles: un primer nivel es un marcado fuera de línea, así lo hacemos nosotros en XLM. En la primera versión, que está actualmente en línea, utilizamos categorías propias creadas para identificar ciertas cosas en el texto. En la segunda versión del sitio, ya aparecerá pronto, esa es una de las novedades. Además estamos marcando los textos en XLM con el estándar de TEI (Text Enconding Iniciative), creado por diversas universidades y estudiosos de cómputo en humanidades que generan una serie de etiquetas que funcionan como estándar para cualquier tipo de edición en cualquier parte del mundo. Su ventaja es que te permiten marcar, para luego recobrar una serie de informaciones dentro de los textos. Nosotros estamos marcando, por ejemplo, todos los personajes que son mencionados, no sólo personas sino dioses, lugares, los nombres de los astros, de las constelaciones etcétera; las citas, y los autores de las citas a las que se hacen referencia; las glosas, estamos marcando los años y las fechas, estamos marcando los lugares geográficos. La idea es desarrollar un sistema que tome todas estas categorías y las presente en índices, que además vamos a presentar de diferentes maneras, por ejemplo: un índice de lugares y los mapas de manera que tú, a simple vista, puedas identificar a qué ciudades y a qué países se referían los que hacían pronósticos astrológicos.

RDU: Esta marcación del texto también va a servir para aumentar la visibilidad de este proyecto en la Red.

EP: Claro, pero no sólo eso, sino que te va a permitir encontrar la información que quieras, lo que estés buscando. Generalmente, tienes material para un libro que es un índice de nombres, aquí vas a tener un índice de nombres para treinta obras, vas a poder saber todos los nombres que se citaban estas obras que están relacionadas temáticamente. Incluso, los autores de las obras son los mismos. Lo que empiezas a tener es una red de referencias, de manera que se genera el universo conceptual de referencias, quiénes son, a quiénes leían, a quiénes atendían, de qué hablaban, a quiénes se dirigían, etcétera. Eso es la parte que ya es propiamente de aplicación del cómputo a la investigación.

RDU: Se tiene la idea de que la gente que se dedica a las humanidades difícilmente se dedica también a las ciencias exactas. Ahora hay una separación del pensamiento científico, tecnológico y del pensamiento humanista, entonces, sería posible que las humanidades digitales fusionen estas dos áreas.

EP: De hecho, es uno de los aspectos más interesantes: una de las áreas que más ha aprovechado esta herramienta es una materia tradicionalmente considerada como aburrida, la filología: hacer las concordancias, hacer las glosas, todo eso, todos los índices de nombres, toda la documentación de la obra, los gráficos, etcétera, que nos parecía aburridísimo, un trabajo sobre todo de mucho tiempo, erudición, paciencia, muy laborioso, cobra una nueva dimensión al poder recuperar información de una manera que antes era impensable. Ahora ya se puede replantear: puedes tener más información que la más acabada edición filológica especializada de un libro, es decir, yo como filólogo puedo hacer transcripciones e investigaciones, pero aquí, con esta herramienta, tengo acceso a una infinidad más de herramientas.

Por ejemplo, existe un debate de lo que se llama una edición crítica, que es una cosa muy rara inventada por los filólogos. Consiste en tratar de fijar un texto definitivo de una obra a partir de muchos testimonios sobre esa obra, es decir, la versión impresa y los manuscritos, las distintas versiones manuscritas, las distintas versiones impresas. Esto es más claro para el mundo medieval, donde lo que se tiene es la transmisión de los textos con distintas líneas y es posible ir viendo alteraciones de los textos, variantes, y hay un punto que te permite presentar todas las variantes que quieras, puedes hacerle todas las entradas posibles a todas las variantes posibles a un mismo texto, cosa que, digamos, difícilmente podías hacer en una edición en papel. Una edición en papel finalmente te limita, pero además, si encontramos una variante y el libro ya estaba impreso, entonces no la podías meter, en cambio ahora, con estas otras herramientas ya lo puedes hacer; la posibilidad de hacer versiones anotadas y críticas es enorme. Una de las ideas es que además del marcado fuera de línea en el XML, también se va a marcar o se va a comentar en línea por especialistas expertos, lo cual va a permitir hacer versiones cuando tienen partes en latín y anotar todas las variantes que vayamos encontrando. Hay una polémica sobre si realmente existen variantes para libros del s. XVI que ya están impresos, pero existe la posibilidad de que no se hacía un solo tiraje sino distintos tirajes: puede haber variantes entre un tiraje y otro, a las cuales se pueden incorporar y agregar todos los comentarios filológicos, analíticos, históricos al corpus, de manera que lo que vas a tener no es sólo el texto, sino también los índices de todas esas variantes.

RDU: Acerca de esto, al parecer hay una cierta resistencia a aceptar este tipo de referencias en trabajos académicos que se suponen “más serios”, tú cómo ves el avance en ese sentido

EP: Las cosas están cambiando, la academia mexicana de humanidades va por supuesto, en términos de uso de cómputo, normalmente a la zaga de otras, pero también en todas las estructuras del trabajo académico: hay una añoranza del libro como objeto y como único referente, y yo lo entiendo. El libro ha sido, desde que existe, el referente primordial de la actividad humanística, pero eso es algo que está siendo desbordado precisamente por el uso de sistemas de cómputo, en cosas que uno no percibe pero que existen. Por ejemplo, si prácticamente toda la bibliografía que alguien utiliza en su corpus se encuentra en la red, hablamos de que sus fuentes pueden ser igual de válidas, porque contienen la misma información que un libro. Nos referimos a una herramienta, y por lo tanto a una forma de presentar esa información, que alguna vez fueron libros y que a lo mejor están guardados en una biblioteca a la que, por ejemplo, un chico nunca tendría acceso como estudiante de la UNAM pero que ahora sí tiene.

Lo que pasa es que como receptores pasivos de una revolución cultural, que está ocurriendo en todos lados, estamos haciendo uso de la tecnología sin reconocer y sin ponernos en la posición de ser nosotros usuarios de esa tecnología y aprovecharla realmente para crecer académicamente. Ese es un problema real, y es un problema que tiene que ver con el carácter disyuntivo de la tecnología en humanidades. El portador tradicional del saber humanístico “debe ser” viejo, si no es viejo no sabe. Pero de repente resulta que el que más sabe en un área tiene 23 años y es capaz de hacer con unos textos, procesando con unas herramientas, lo que el sabio de 70 años, que es la autoridad en la materia, es incapaz de hacer y además no entiende. Lo rechaza porque eso no puede ser más que “magia negra”. Tenemos problemas de envejecimiento de la planta docente en humanidades, eso es un hecho, pero además existe un grupo de alumnos que ya traen un chip en que usan la tecnología de una manera que sus maestros no entienden. Esto hace mucho más que activos a los más jóvenes: rompe un paradigma de la educación universitaria en humanidades y obviamente hay una resistencia. Y no es cierto, no tienes que saber mucho, en el momento en que empiezas a entender cómo funciona, te entra cierta curiosidad.

RDU: Es como un arma de dos filos es verdad que hay mucho material, pero alguno es poco valioso y también está al alcance de todo el mundo, entonces, si no tienes un criterio personal para discriminar la información, te confundes.

EP: Es que ese es el reto que hay: nosotros no enseñamos a discriminar información sino a decir “ésta es la fuente”. Por eso es disyuntivo, ahora hay que enseñar a discriminar, a descubrir quién te está engañando, quién te está presentando una cosa por otra, pero también a valorar algo que al modelo tradicional universitario le cuesta mucho trabajo valorar. La universidad parte del supuesto de que hay un saber estático, que va a transmitir eso que ya esta establecido, que no cambia, que no se va a mover, que es fijo. Yo te puedo decir, con toda seguridad del mundo, que la Metafísica de Aristóteles se llama así porque el editor de la Metafísica decidió que eso que estaba después del libro de la Física se iba a llamar Metafísica y en realidad, el término utilizado te da la imagen del tipo de saber que queda establecido.

Y ahora nos enfrentamos con una forma dinámica del saber, donde además el saber se recorta, se fracciona, y se usa en muchas maneras, se transforma en una dinámica. Por ejemplo, los blogs, tú no tienes que meter en un blog toda la obra de Kant, pero puedes comentar toda su obra o un fragmento y eso es relevante porque puede ser recuperado por alguien más de otra forma. Se abre una posibilidad, y de nuevo los jóvenes tienen algo que decir y un espacio donde, sin pasar por el tamiz de los bloques, digamos, de la oposición, que la academia ofrece para que puedas difundir lo que sea. Hay una idea de que el trabajo humanístico es solitario, no, ese es otro problema, tú necesitas filólogos, necesitas bibliotecarios, necesitas filósofos, gente que haga programación, pero no sólo que haga programación sino que entienda lo que tú quieres hacer. Ellos necesitan ideas, y tú puedes ofrecer algunas. Es necesario que entiendan lo que tú quieres que ellos produzcan. La suma es lo que le hace muy grande y eso es algo a lo que en general la academia se resiste, ya que es muy celosa de que cada quien se mueva sólo en el área donde le es legítimo moverse. El problema de hacer la biblioteca ha sido tratar con bibliotecólogos, filólogos y con clasicistas, porque no hemos logrado aún crear un lenguaje y un interés común para desarrollar proyectos comunes.

RDU: ¿Quiéne más en la UNAM tiene proyectos semejantes a este que tú estás haciendo?

EP: Exactamente iguales, me parece que no hay. Sé que en filológicas hay una biblioteca del cuento corto o de la novela corta, me parece, no estoy seguro de quién es el académico responsable, sé que lo están haciendo, es un trabajo muy interesante de estudio y de selección, pero está hecho sobre PDF, es algo a lo que yo no le tengo mucha confianza, me parece que la solución del PDF no es la óptima, sin embargo es algo que en este momento está en boga en las humanidades, todo el mundo quiere hacer PDF, por todos lados. Además hay una tendencia de las revistas especializadas a hacer PDF como lo más adecuado para modelo propio de revista especializada. Lo que se han empezado entender es que el PDF se parece al libro, y que entonces está bien, sobre todo porque imaginan que se van a poder leer como en Kindle, algo como eso sí ocurre en México. Probablemente durante tres o cuatro años, realmente será una tecnología que haya conquistado el mercado. Yo creo que la gente que está pensando en PDF tienen que conocer más el modelo de revista electrónica y darse cuenta realmente de las implicaciones que hay en estas herramientas que no se explotan y donde realmente no se tienden a usar el cómputo como una herramienta de investigación. Entonces, existen limitaciones para hacer índices, para recuperar información, hacer búsquedas, etcétera. Creo que hay un deseo de que sigan siendo libro, iguales a los que conocemos, y no de pensar que nosotros tenemos que leer de otra manera; por eso los PDF no son para leerse de principio a fin, son para rastrearse, es decir, en realidad la información es para ser rastreada, investigada, tomada, gozada, utilizada, manipulada y no solamente leída de principio a fin. Claro, hay mucha resistencia a hacerlo, pero ahí de nuevo lo importante es contar con gente que conozca otras vías, gente joven y preguntarle qué hace con la información, qué tiene, con qué la lee, qué lee en twiter o qué navega en twiter; qué cosas tiene, cómo se comunica la información, qué información se comunica, con que grado de profundidad.

RDU: Para cerrar, ¿tú no crees que la condición de un humanista, de un real humanista es crear cosas nuevas, generar cosas nuevas?

EP:Sí, sí, por supuesto, pero ahí entra el prejuicio de que si es tecnología no forma parte de este campo de estudio, cuando, curiosamente, el humanismo ha dependido de una tecnología que es la de la impresión, entonces hay un nuevo humanismo y son necesarios nuevos humanistas que sepan otra una tecnología, una nueva tecnología.


 
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