Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de agosto de 2010 Vol.11, No.8
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El odio hacia lo sexualmente diverso. Homofobia en el siglo XXI, una realidad permitida
Leonardo Bastida Aguilar
CITA
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Imagen de: Teresa Osorio
   
La homofobia
México    
Conclusión
Bibliografía
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Introducción


En la Valladolid, hoy Morelia, del siglo XVII Simpliciano Cuyney y Pedro Quin fueron juzgados por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición por cometer el pecado nefando contranatura en un temascal propiedad del sacerdote Juan Velásquez Rangel durante el Día de la Fiesta de la Virgen, en agosto de 1604.1

Este caso involucró a 11 hombres más, los cuales fueron acusados de sodomía. La mayoría de ellos fueron sentenciados a pena de muerte. Este caso no fue único en la región purépecha. Un caso anterior fue el del noble indígena El Caltzontzin, quien en 1530 fue acusado de ser sodomita y condenado a muerte.2

El historiador Sergio Gruzinski, en su texto “Las Cenizas del Deseo”,3 analizó el caso de 14 hombres que fueron ejecutados durante el México virreinal por ser sodomitas. El mayor castigo se imponía a aquellos hombres que se dejaban penetrar.

Los registros del Archivo General de la Nación (AGN)4 señalan que hasta el siglo XIX se condenaba a los hombres o mujeres que sostenían relaciones con personas de su mismo sexo. Un “delito abominable” y “una gran ofensa para Dios”.

A principio del siglo XX, durante el mandato de Porfirio Díaz, se suscitó el incidente de los 41. Una redada a una casa donde 41 hombres, 42 en realidad, algunos vestidos de mujer, celebraban una fiesta privada. Esta fue intervenida por la policía. Condenada por la prensa, incluidos grabados de José Guadalupe Posada, y como señala el escritor mexicano Carlos Monsiváis “se dio el primer signo de reconocimiento vindicativo de una minoría con la redada, en la ciudad de México de 42 homosexuales, conocido popularmente como el Baile de los 41, y ante el tratamiento de la situación en la prensa de la época, queda muy claro que en aquel momento lo propio del homosexual es su inferioridad natural, su inhumanidad. El joto no es ni hombre ni mujer, y sus únicos vínculos con el perdón son el choteo y las humillaciones interminables”.5

Sin embargo, esta censura no fue propia del Virreinato o el régimen de Díaz, sino que tras la institucionalización de la Revolución Mexicana en la década de los 20 “un mexicano no puede ser un desviado” y se mantenía esta presión de defender los valores por los que los homosexuales seguían siendo enviados a las cárceles y a las Islas Marías.

En este tenor, a lo largo del siglo XX, las autoridades policiales continuaron realizando grandes redadas contra los homosexuales. La apertura y la visibilización se logró en la década de los setenta, pero en los años ochenta la pandemia del sida provocó la estigmatización del colectivo y comentarios como los vertidos por el entonces nuncio papal Girolamo Prigione: “El sida es el castigo que Dios envía a quienes ignoran sus leyes”,6 continuaron el fomento de un odio hacia las personas homosexuales.

Sin embargo, también desde el punto de vista científico ha existido una gran controversia en torno a la homosexualidad. A principio del siglo XX las consideraciones del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, catalogaron a la homosexualidad como un estado patológico causado fundamentalmente por errores en la conducta de los padres, debido a una falla en la separación material del intenso vínculo formado entre el niño y su madre.7

Byrne Fone, autor de Homofobia, considera que “lo que hizo la ‘ciencia’ anti-homosexual del siglo XIX fue agregar otra capa a la condena de la homosexualidad. La Iglesia la ha hecho un pecado, la Ley un crimen, y la ciencia del siglo XIX la hizo una enfermedad, aseverando que era una forma de locura. La noción de Karl Westphal, que planteaba a la homosexualidad como un ‘sentimiento sexual contrario’, la etiquetó como un tipo de enfermedad moral, ya que el deseo sexual ‘natural’ en estas personas estaba congénitamente invertido y, por lo tanto, era anormal”.8

Esta visión pudo ser desechada hasta el 17 de mayo de 1990, cuando la Organización Mundial de la Salud eliminó de su lista de enfermedades mentales a la homosexualidad.

Hoy en día, diversos estudios señalan que la orientación sexual no es un proceso de elección. La característica homosexual se convierte en algo intrínseco al individuo, que no es diferente de otras como el color de los ojos o la estatura corporal; es decir, características propias tan sólo parcialmente moduladas por el medio ambiente y de ninguna manera influidas por decisión propia (Fernández, p. 24).9

1 Tortotici, Zeb. “Heran todos putos”: Sodomitical Subcultures and Disordered Desire in Early Colonial Mexico en Ethnohistory, Vol 54, No. 1, Winter 2007, pp. 35 -68
2 Op. Cit.
3 Gruzinski, Serge. “Las cenizas del deseo. Homosexuales novohispanos a mediados del siglo XVII”
en Ortega, Sergio. De la Sanidad a la perversión o de por qué no se cumplía la ley de Dios en la sociedad novohispana (pp.255-290). México: Grijalbo, 1986.
4 AGN, Ramo Inquisición
5 Monsiváis, Carlos. Homofobia en Nexos, Marzo, 2010, p. 1
6 Op. Cit.
7 Fernández, Alonso. Bases biológicas de la preferencia sexual en Ciencia, México, Vol. 60, No. 2, Abril – Junio 2009, pp. 23-36.
8 Notiese, México, 15 mayo 2009
9 Fernández, Alonso. Bases biológicas de la preferencia sexual en Ciencia, México, Vol. 60, No. 2, Abril – Junio 2009, pp. 23-36.

 
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