Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de agosto de 2010 Vol.11, No.8
  Ejemplares Directorio Quiénes somos Busca artículos Vínculos Contacto Mapa de sitio
 
Documento sin título
 
La homoparentalidad desde gays y lesbianas en la Ciudad de México
Ignacio Lozano Verduzco y Alina Jiménez Solórzano
CITA
PDF
Imagen de: Teresa Osorio
   
Método
Resultados
Discusión
Conclusiones
Bibliografía
facebook
Facebook
twitter
Twitter
google
Google
 

Introducción


La transición a la parentalidad1 es un proceso de cambio en la vida de las personas, que provoca tensión en las relaciones de pareja (Bozzet, 1989; Cowan y Cowan, 2000). En parejas homoeróticas,2 la transición a la parentalidad se presume más complicada, ya que se enfrentan a un entorno social crítico y muchas veces hostil que dificulta esta decisión. Estas personas deberán justificar con mayor ahínco y a un mayor número de personas, su decisión de convertirse en madres y padres, cosa que no siempre sucede en las parejas heterosexuales (Baccino, 2006). Así también, se ha encontrado que en comparación con parejas heterosexuales, las parejas homoeróticas realizan un mayor esfuerzo por tener hijos, reportan haber reflexionado por más tiempo sobre la decisión de convertirse en madres o padres y demuestran una intensidad de deseo más grande hacia la parentalidad (Bos, van Balen y van den Boom, 2003; Patterson, 2000).

La mayoría de los estudios sobre toma de decisión hacia la parentalidad planeada, involucran dos variables importantes en el proceso de decidir sobre tener hijos: las razones3 y las motivaciones para hacerlo (Bos, et al, 2003; Miller, Lawrence y Pasta, 2004; Touroni y Coyle, 2002). Algunas investigaciones indican que las razones para tener hijos son fuertes predictores de las intenciones para llevar a cabo la conducta reproductiva (Langdridge, Connolly y Sheeran, 2005; 2000). Asimismo, el estudio sobre las motivaciones hacia la parentalidad es de gran relevancia, ya que influye en el estilo de parentalidad y en la relación que tendrán padres e hijos (Bos, et al., 2003). Existe poca literatura sobre las razones y las motivaciones que aducen las personas homoeróticas para tener hijos. Los estudios más completos se han realizado con personas heterosexuales, aunque se ha encontrado que estas variables son similares en ambas poblaciones (Bos, et al, 2003).

Las sociedades regulan la cuestión de la parentalidad a partir del parentesco; definido de la manera más simple por Cadoret (2003): el parentesco es “un sistema que atribuye unos hijos a unos padres, y unos padres a unos hijos”. Entonces, podría decirse que en sociedades occidentales, como la mexicana, la forma de parentesco más generalizada es la institucionalizada en “la familia”4y para muchas personas la representación social de familia se entiende a partir del hecho de tener hijos como una forma de “hacer” o “tener” una familia y el tener hijos (Hoffman y Manis, 1979; Langbridge y cols., 2005).

Al respecto, habría que apuntar que el contexto normativo para el ejercicio de la parentalidad ha sido la familia heterosexual, que a decir de Lamas (2005) se ha naturalizado como el modelo “ideal” de familia, dejando fuera otras constelaciones familiares que pueblan el espacio social. La naturalización de la familia heterosexual5 como la “ideal”, obedece a una lógica de dominación particular a partir de la cual se intenta borrar su genealogía, ya que al “biologizarla” se pretende olvidar la arbitrariedad cultural sobre su origen, que lejos de ser natural, es una institución cultural que ha sido construida social e históricamente y por lo tanto es susceptible de cambio (Scott, 2005).

La propuesta teórica de Bourdieu (2000) puede ayudar a entender las relaciones de dominación que se presentan en lo que se llamará, a reserva de que se encuentre un mejor nombre, el campo del parentesco, que sería el espacio social en donde se juegan las relaciones históricas entre posiciones dominantes y dominadas en torno a la parentalidad. En el campo del parentesco, la posición dominante sería la familia heterosexual con hijos/as, que tiende a imponerse como la única legítima, mientras que en la posición dominada estarían las familias homoparentales6 con hijos/as, que resisten y disputan las representaciones dominantes articulando nuevas formas de representar el parentesco.

El concepto de campo sólo puede ser entendido si se relaciona con el habitus, que en términos de Bourdieu (1995) se refiere a un sistema de disposiciones desde las cuales se percibe, se siente, se piensa y se actúa.  El habitus organiza la  psicología y la  conducta de los individuos de manera consciente e inconsciente con referencia a la estructura del campo. Así, la lógica de dominación dentro del campo del parentesco se armoniza con el habitus de los agentes y se expresa en las descalificaciones sistemáticas y el repudio a la homoparentalidad como una posibilidad más para “hacer” familia.

El habitus se gesta a partir de dos procesos: inculcación7 e incorporación (Giménez, 1997). La inculcación se refiere al trabajo psicopedagógico que realizan las instancias sociales, tales como la familia, el estado, la iglesia y la escuela cuando socializan a los agentes en el campo del parentesco, instruyéndolos sobre el “deber ser” social. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se des- valorizan las expresiones amorosas o a las personas homoeróticas y se privilegia la heteronorma, con chistes y lenguaje homofóbico, o expresiones como: “antes tener un hijo muerto que puto”. Lo anterior se ilustra también cuando las únicas representaciones de familia que se pueden encontrar en los libros de texto son arreglos heterosexuales.

Por otro lado, la incorporación tiene que ver con la internalización por parte de los agentes de sus condiciones de existencia, es decir, cuando los agentes hacen suyas las relaciones de dominación. Es en este proceso cuando se encarnan o se corporizan las relaciones de desigualdad del campo del parentesco. Estos procesos pueden equipararse con la propuesta de Díaz-Guerrero (2003), cuando menciona que “la cultura se mama”, refiriéndose a que es la cultura lo que dice cuándo, cómo y qué hacer, a través del habitus y gracias a dos procesos psico-sociales, la socialización y la endoculturación.8

El habitus de la heteronorma organiza el campo sexual como un binario opuesto (Corber, 2003), de modo que el homoerotismo se convierte en un hereje dentro del campo sexual y esto impide su naturalización. Estos diferentes o disidentes se han autonombrado lesbiana y gay. Estos conceptos hacen referencia a mujeres y hombres homoeróticas, respectivamente, que se asumen y viven como tal. Ambos conceptos se refieren a un plano identitario que les permite vincularse con personas similares a ellos/as en diferentes espacios y que marca una diferencia con las personas heteroeróticas (Castañeda, 1999; List, 2004, 2009; Lizárraga, 2003 Uribe y Arce 2004).

Una de las más graves consecuencias de la construcción heteronormativa del género, es la homofobia, o actitudes negativas hacia la homosexualidad (Lozano, 2008),  que se pueden expresar en los siguientes niveles: personal  o interiorizada; interpersonal o social, y de estado o institucional (Castañeda, 2009; Tin, 2003; Cruz, 2002). México ocupa hoy el segundo lugar continental en crímenes de odio por homofobia, después de Brasil (Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia, 2003). La negación de viviendas y el acoso escolar hacia personas homosexuales son, asimismo, ejemplos de homofobia interpersonal o social (Castañeda, 2006; Del Collado, 2006; IMJUVE, 2007). 

A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce al 17 de mayo como el día Internacional contra la Homofobia y excluye la homosexualidad de su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 10), la Asociación Psiquiátrica Americana (1973), la Asociación Psicológica Americana y la Asociación Psicoanalítica Americana (1983, , Cabaj, 1988 en Cruz, 1997), reconocen la orientación sexual homosexual como una posibilidad de cualquier ser humano y apuntan hacia la despatologización de la homosexualidad (APA, 2004).  Además, la Asociación Psicológica Americana (APA; 1999) se ha pronunciado a favor de la homoparentalidad, indicando que la adaptación, el desarrollo y el bienestar psicológico de los niños no está relacionado con la orientación sexual de sus padres. Es hasta finales del 2009, después de una larga lucha (que aún continúa) por parte de la comunidad lésbico-gay-bisexual-trans (LGBT), que finalmente, en la Ciudad de México, se reconoce legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo y que estas parejas puedan adoptar. 

Sin embargo, esto ha ido acompañado de expresiones homofóbicas e institucionalizadas por gobiernos estatales y locales.  Por ejemplo, para que una persona dentro de un matrimonio del mismo sexo pueda ser beneficiario/a de los servicios de salud de su pareja, el ISSSTE debe cambiar su reglamento interno para reconocer a este tipo de parejas. Lo mismo debe pasar en el Sistema Nacional de Desarrollo Integral para la Familia, instancia encargada de poner en adopción a niños y niñas, de tal forma que el derecho civil del matrimonio ha sido teóricamente reconocido en el Distrito Federal.9

A pesar de esta falta de reconocimiento legal, de acuerdo con Careaga (2010), las familias homoparentales han existido en México desde hace mucho tiempo. El reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo y la posibilidad de adoptar, por parte del estado, significa la legitimación de la ciudadanía plena para personas homoeróticas, a partir de que han sido ellos/as quienes han posicionado sus demandas en la agenda legislativa.

En este trabajo se plantea la pregunta sobre si este reconocimiento legal ha implicado algún cambio en la representación social de la parentalidad en lesbianas y gays. Podría hipotetizarse que cuando el Estado reconoce un derecho como éste, legitima la posibilidad de ser padre o madre, de tal forma que esto podría verse reflejado en la población lésbico-gay. Para ello, se aplicó un cuestionario abierto a hombres gay y a mujeres lesbianas antes y después de la aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo.


1 En lo sucesivo se utilizará “parentalidad” como un término neutral al género. Se entiende que involucra tanto la maternidad como la paternidad. Se entenderá como un proceso psicosocial a largo plazo, en el cual los/as padres/madres se comprometen a criar, proteger y promover el desarrollo exitoso de sus hijos e hijas. La parentalidad ha sido reconocida como la forma más prominente de altruismo que se expresa universalmente (Kotchick & Forehand, 2002).

2 Núñez, (1999) acuñó el término homoerótico. A decir del autor, esta palabra hace referencia: “al deseo y a la experiencia sexual entre personas del mismo sexo y que puede adquirir diferentes modalidades de identidad en una misma sociedad y a lo largo de la historia. La identidad ‘homosexual’, así como la identidad ‘gay’ o ‘lesbiana’ son sólo tres de esas modalidades.  El término no designa, pues, una identidad (‘los homoeróticos’)”. 

3Se define razón: “Argumento que se aduce en apoyo a algo, tipos específicos de pensamientos y creencias que las personas tienen sobre algún fenómeno” (Britol, Falces y Becerra (2007); DRAL, 2000). Asimismo, se entenderá por motivación como aquello que mueve hacia algo, al deseo para obtener una meta (Liebert, Langewbach 1999)

4 Se definirá familia como: “El grupo de personas (dos o más) cuyas características son la convivencia, el compartir recursos, la cohabitación (en algunos casos), la solidaridad, los lazos emocionales, las responsabilidades mutuas, la historia común y el conflicto (Allen y Demo, 1995; Scott, 2005).

5 De preferencia legitimada por el contrato matrimonial civil y religioso. La familia heterosexual se ha constituido como hegemónica, en palabras de Rubin (1984) “el idea hegemónico que está constituido por el sexo monogámico, heterosexual, procreativo, romántico y matrimonial, y la opresión sería mayor de forma proporcional a esta distancia”.

6 De acuerdo con Allen y Demo (1995) las familias homoparentales son: “Aquellas que cuentan con la presencia de una o más personas del mismo sexo que comparten una orientación sexual –por ejemplo una pareja- o por la presencia de al menos una persona gay o lesbiana que críe a un niño, que no necesariamente viven en la misma casa”.

7 La inculcación se asemeja a la socialización, definida como los procesos que se llevan a cabo a lo largo de la vida a través de los cuales se les enseña a las personas habilidades, conductas, valores y necesidades motivacionales para que puedan funcionar competentemente en la sociedad donde se desenvuelven (Maccoby, 2006).

8 La endoculturación es un proceso consciente e inconsciente a través del cual se adquieren normas y reglas sociales que permiten al sujeto comportarse como le es esperado por su cultura; la socialización se refiere a procesos de aprendizaje de normas y reglas implícitas y explicitas a través de reforzamientos sociales.

9 En México se permite la adopción por personas solteras, independientemente de su orientación e identidad sexual; sin embargo, la aprobación de la Ley de Matrimonios levantó gran revuelo en el tema de la adopción por parejas del mismo sexo.

 
        subir        
 
  Editorial
 
 

 
D.R. © Dirección General de Servicios de Cómputo Académico-UNAM / Ciudad Universitaria, México D.F.
Se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos aquí presentados, siempre y cuando se cite la fuente completa y su dirección electrónica