Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de septiembre de 2010 Vol.11, No.9
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El proceso de lucha del colectivo lésbico-gay. Entrevista con Alejandro Brito
Adrián Estrada Corona
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Diseño:Mario Álvarez
   
Etapas del activismo
La aceptación de la sociedad
Los matrimonios, el arribo a la igualdad
Las conquistas y el devenir de la lucha
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Introducción


La historia del activismo lésbico-gay en México es relativamente reciente. Su origen se remonta apenas a los inicios de los setenta, época en la que se daban los movimientos libertarios de los colectivos de Europa y Estados Unidos, ya en una etapa más avanzada, que en mucho inspiraron el activismo de esta comunidad en nuestro país. Para conocer este proceso, la Revista Digital Universitaria entrevistó a Alejandro Brito, activista que durante veinticinco años ha sido actor incansable en la lucha por la reivindicación del movimiento lésbico-gay.

Los comienzos del activismo

Revista Digital Universitaria
: De qué manera se manifestaba  el activismo del colectivo lésbico gay a principios de los setenta?

Alejandro Brito: Bueno, en realidad su expresión era mínima. A principio de los setenta era casi inexistente. Se trató de un pequeño grupo congregado a raíz de que fue despedido un gay de la tienda Sears. Éste decidió levantar una demandar y a raíz de eso el grupo se congregó en 1971 alrededor de la escritora Nancy Cárdenas, para conformar el Frente de Liberación Homosexual (Gay Liberation Front), el mismo nombre que era utilizado entonces en Londres, Inglaterra, con mucha influencia entre los grupos de Europa, sobre todo en Londres. Este grupo no hizo trabajo público: se reunía para hacer círculos de estudio, analizar la situación y repartir uno que otro volante. Era un trabajo más hacia adentro que un trabajo público, aunque Nancy Cárdenas tenía, digamos, una proyección pública.

Nancy fue la primera lesbiana que habló en público sobre la problemática que viven las lesbianas y los homosexuales. Esto sucedió en el noticiario 24 Horas de Jacobo Zabludosvki, en 1973. En 1975, en la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, que se realizó en México, Nancy logró, al lado de un grupo de lesbianas, que se introdujera el tema lésbico, un tanto como una actividad paralela, pero lo importante es que logró que se le diera el espacio. Entonces, en realidad, a principios de los setenta se dieron sobre todo estas apariciones de Nancy Cárdenas y el esfuerzo de este grupo congregado en torno a ella, con pequeñas acciones que no tuvieron mucha trascendencia. Es más bien a finales de los setenta cuando irrumpieron en el escenario público las primeras organizaciones lésbico-gay, formadas en la ciudad de México. En 1978 se formaron tres organizaciones, que son LAMDA, FAR (Frente Homosexual de acción  Revolucionaria) y un grupo de lesbianas.

La primera aparición se dio en el marco de las manifestaciones realizadas por el décimo aniversario del Movimiento Estudiantil del 68. Se formó un gran contingente encabezado también por Nancy Cárdenas en la marcha del 2 de octubre, que llegó a la Plaza de las Tres Culturas, donde fue muy bien recibida. Por primera vez se formó un contingente bastante numeroso de gays, homosexuales y travestis, que marcharon con la izquierda y los estudiantes. La recepción fue magnífica, buena. Cuando se anunció que el contingente iba a entrar a la Plaza de las Tres Culturas, hubo muchos aplausos y muchas bienvenidas. Ésta fue la primera irrupción pública. Un año después, en 1979, se realizó la primera marcha del movimiento lésbico-gay, en la que participaron alrededor de mil personas. Ésta culminó en la calle Villalongín, aledaña al Monumento a la Madre.

RDU: ¿En ese entonces de qué naturaleza eran las consignas?

AB: Estaban muy ideologizadas. Estaban muy ligadas con la izquierda revolucionaria, con el socialismo. Se coreaba “socialismo sin sexismo”,  apostando mucho al cambio revolucionario, aunque también había consignas como “alto a las redadas”, porque había muchas redadas policíacas y, sobre todo, mucha extorsión de los policías hacia los homosexuales, a los hombres homosexuales, a quienes detenían en la calle por el hecho de “ligar”. Entonces las consignas eran esas, las de un alto a las redadas y la extorsión, así como las muy ideologizadas, ligadas al socialismo.

RDU: ¿Cómo era el escenario social y el político al que se enfrentaba el activismo en ese entonces?

AB: El social era maravilloso porque se daba un ambiente libertario. Había la sensación de que estábamos propiciando un cambio, un cambio social que incluía la sexualidad. Cuestionábamos todo en la vida cotidiana, mucho gracias al movimiento feminista, cuando se estaban replanteando, incluso, las relaciones amorosas. Se hablaba entonces de la muerte de la familia y se cuestionaba el matrimonio, por ser una institución burguesa de control social, además de pugnar por el amor libre y los rompimientos de género. Surgió con intensidad la moda unisex, se practicaba mucho el sexo colectivo, como una manera de hacer una revolución sexual, y muchos chavitos y chavitas huyeron de sus casas antes de cumplir la mayoría de edad. Ante este escenario, los homosexuales y las lesbianas encontramos un ámbito para expresar nuestras preferencias y además ejercer nuestra sexualidad de manera más libre. Las generaciones anteriores de gays y lesbianas ejercieron una sexualidad muy acotada, clandestina, incluso, digamos, un poco muy encerrada en el gueto.

Por primera vez se dio un espacio de libertad para ejercer nuestra sexualidad, claro, muy acotado a sectores, sobre todo, ligados mucho al estudiantado de la educación superior y la media superior, en la clase media más o menos ilustrada, profesionista. Eso es lo que revelaba ese ámbito de liberación; sin embargo, creo que esto también repercutía en las clases más populares. En 1971 Avándaro fue, me parece, una demostración de que los jóvenes estaban ejerciendo una sexualidad mucho más libre. El ambiente social era muy bueno, porque teníamos la sensación de estar generando un cambio, una transformación en lo cotidiano, mientras que el entorno político era de mucho autoritarismo.

Aunque Echeverría habló, a principios de los setenta, de una apertura democrática, ésta se dio muy a cuenta gotas, reducida nada más al juego político de los partidos. No se abrieron las instituciones a la participación de la sociedad civil y se vivió mucho el autoritarismo y la represión política. Los activistas, sobre todo de izquierda, estaban ligados al movimiento obrero independiente, cuando éste fue brutalmente reprimido. Yo tuve un hermano que fue secuestrado durante una semana, porque anduvimos repartiendo volantes en apoyo a una huelga. El político era realmente un ambiente muy represivo. En eso radicaba el contraste.

El escenario internacional

RDU: En lo internacional, ¿cómo era el escenario y ustedes cómo lo percibían?

AB: Era muy importante. El movimiento feminista y el de liberación gay de Estados Unidos y Europa, fueron determinantes. Influyeron en México porque había activistas que viajaban, que tenían contactos con el exterior y traían esa experiencia, esos documentos, esas ideas que después se adoptaron acá. Creo que esa influencia fue fundamental para la formación de los primeros grupos gays en México.


 
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