Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de octubre de 2011 Vol.12, No.10
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Que el consumo… no nos consuma…
Carlos Micilio
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Introducción

Cuando hablamos de consumo, solemos caer en: consumo alimenticio, informático o toda actividad paralela a una política de marketing, pero poco asociamos el consumo de: malos hábitos, malos ejemplos o malos procederes. Analizando entonces los “otros consumos” obtenemos la penosa respuesta que realmente resulta de ver ciertos comportamientos, que serían resueltos a partir de un cambio de hábitos, de conducta o de principios. No es casual que todos los países de la región, cumplan con casi las mismas reglas de conducta, que convivan con los mismos problemas y las mismas dificultades. Para este tema no hay fronteras. Somos todos hermanos. El pensar que la responsabilidad es del otro, el no haber recibido información, el no asumir lo que le corresponde a cada quien o simplemente desligarse de las responsabilidades ante comunidades discriminadas desde varios sentidos y sectores. Nada más lejos de la verdad. La idiosincrasia y la cultura misma de cada país están detrás de estos planteamientos. Dicho de otro modo, la negación hacia el otro establece una impronta enfática de una comunidad incompleta en la región. Hay una constante negación de pleno derecho para los grupos marcados por diversas diferencias culturales, como si –en el caso de los residuos urbanos- ensuciar fuera sinónimo de género, raza, color o estatus social. Entonces vemos que, a pesar de las diferencias culturales, sociales y políticas que caracterizan a las sociedades, y a pesar de la multitud de recursos de que se puede disponer, es frecuente encontrar coincidencias en la forma de poner en práctica los cambios necesarios para la normal gestión integral, el manejo y la disposición final de los residuos sólidos urbanos.

La experiencia nos enseña lentamente y a base de errores

Si tomamos como consigna que para equivocarse hay que hacer, y si hacer comprende transmitir, informar, enseñar y comunicar, caeríamos rápidamente en la cuenta de que parte de la respuesta está en la concientización (concientizarme, concientizarnos, concientizarlos, como se quiera exponer) y no hace falta que yo lo formule para darnos cuenta de que la humanidad no lleva esta impronta a todos lados. En lo personal, me resultaría mucho más sencillo hablar sobre el reciclado y los sistemas de gestión, que entrar en discusión e intentar poner los tópicos de la educación ambiental, la concientización urbana y la cohesión social ante autoridades del gobierno, editoriales, industriales, congresistas internacionales, entre quienes se llega a acuerdos, pero no se pasa a la acción: nadie impulsa el tema principal que debe estar en la agenda política, empresarial y comunitaria.

¿Cómo modificar ciertos paradigmas?

Al decir algo, hay que cuidar que las palabras no sean peores que el silencio. Debemos enfrentarnos ante los estereotipos que hacen la realidad ineludible. Como ejemplo, si lo dicho no necesariamente es escuchado, lo escuchado no necesariamente es comprendido. A su vez lo comprendido no necesariamente es recordado y lo recordado no necesariamente es implementado. Esto deja en claro que al margen de las divergencias de opiniones, “uno ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio...” (San Mateo 7, 1-5).

Qué pasa con la educación ambiental

En la mayoría de los sistemas educativos, la educación ambiental es considerada como materia de carácter transversalpara los alumnos. Se centra en algunas asignaturas como Ciencias y Sociales en España y Francia; Ciencias Naturales en Argentina, y Ciencias, Geografía y Tecnología en Inglaterra. En otros países, el modelo tradicional de educación ambiental está ubicado generalmente en áreas curriculares, que no satisfacen todas las necesidades formativas que se requieren. La realidad nos demuestra día a día que los problemas urbanos no pasan por las aulas. Ese es un tema que debemos reformular. No existe foro internacional en el que no se llegue a esa conclusión. Sin embargo, no se ponen acciones en práctica. Las entidades educativas siguen sin atender este escenario. El academicismo está centrado en planteamientos ancestrales y no responde a las necesidades culturales e intelectuales contemporáneas. Se corre el riesgo de formar ciudadanos con graves carencias educativas, lo que les impedirá su desenvolvimiento en el mundo que les toque vivir, incluso quienes accedan a niveles educativos superiores.

Cohesión social para el “otro” medio ambiente

La cohesión social es un tema prioritario cuando la humanidad transita hacia una nueva época, cuando las plataformas de la vida común empiezan a ser discutidas. Por ejemplo, las sociedades que ostentan mayores niveles de cohesión social, brindan un mejor marco institucional para el crecimiento económico. Para fortalecer la cohesión social es necesario cuantificar la importancia de los sectores informales; identificar su naturaleza; plantear formas de expresión y participación, y desarrollar estrategias para modificar su inserción laboral precaria y de baja productividad. Hasta hoy, las diferencias de género, como expresión cultural, discriminan a las mujeres, a pesar de numerosos e importantes logros obtenidos en diversos planos, entre ellos el educativo.

¿Cómo garantizar la participación pública?

Se dice que para conocer las limitaciones propias, primero hay que superarlas. Los actores que figuran en el manejo de los residuos, saben cuáles son sus propias limitantes. Ahora la pregunta es si realmente intentaron superar esas barreras. Es claro que no es posible la recolección sustentable (separación en origen) sin la participación pública. Las plantas de tratamiento de residuos deben sujetarse a la aceptación pública. En diversos países la participación pública es una premisa fundamental. Con frecuencia esta participación se realiza a través de audiencias públicas o procedimientos para hacer la recopilación de diversos comentarios.

¿Desde dónde debe comenzar “parte” del cambio?

Debe haber un cambio de políticas públicas, en las que sea contemplada la educación. Esta no debe separarse de toda gestión y debe considerarse parte fundamental en el manejo integral de los residuos. Se tiene la idea de que al llenar de carteles y contenedores la vía pública, la gente podrá deshacerse de sus desechos. Esto no es posible. Equivaldría a suponer que por andar por la calle con la Constitución y la Biblia bajo el brazo, tendríamos garantizado que no nos pase algo malo.

Conclusión

Cada vez que se hable de conflictos ambientales se debe prestar atención a las causas y no a las consecuencias. El modelo a seguir es el replanteamiento del comportamiento urbano, el cuidado del medio ambiente y la manera como se pretende cuidar. Hay interpretaciones como tantos intereses existen, pero hay una sola realidad que supera cualquier reclamo no atendido. Siendo la responsabilidad de todos, los límites no son obstáculo alguno y los beneficios no siempre son económicos. El problema va más allá. En este sentido vale la pena destacar un mensaje centenario de una comunidad indígena: “El día que hayáis envenenado el ultimo río, abatido el último árbol, asesinado el ultimo animal, cuando no existan ni flores ni pájaros, os daréis cuenta que el dinero no se come”.

 
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