Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de octubre de 2011 Vol.12, No.10
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La educación, la ciencia y la tecnología no parecen ser muy femeninas
Judith Zubieta
CITA
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La educación de la mujer en México
Presencia femenina en la ciencia...
Conclusión y Bibliografía
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Introducción


A pesar de estar acostumbrados a utilizar el artículo “la” cuando hablamos de educación, ciencia y tecnología, al adentrarnos en cualquiera de ellas nos damos cuenta de que, en términos generales, casi siempre son más varones que mujeres los directamente involucrados.

En el caso de la educación, particularmente la educación superior en México, la matrícula en los últimos años ha ido alcanzando un mayor balance, al registrar tasas de crecimiento más elevadas entre la población femenina; no obstante, si en el análisis se contemplara la población que no logra acceder al sistema educativo nacional, también se advertiría la prevalencia de signos inequívocos del rezago que ellas sufren por motivos de subordinación y de discriminación.

Con estos antecedentes, la situación de la ciencia y la tecnología (C+T) no puede ser muy diferente: a pesar de que en las últimas décadas también se ha registrado un aumento en el número de mujeres activas en actividades relacionadas con la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D), la brecha de género sigue cobrando su factura. Por un lado, la comunidad científica dista mucho de presentar la misma distribución por sexos que tiene la población mexicana; por otro, tampoco ha logrado erradicar los sesgos de género que han persistido debido a la ausencia de mujeres en posiciones de dirección y otras instancias de decisión.

Antecedentes

Casi todos los mexicanos tenemos muy claro que, alrededor de 1690, Sor Juana Inés de la Cruz tuvo que claudicar en su esfuerzo por defender el derecho de las mujeres a estudiar, empezando por su propio derecho a aprender. Para saciar su curiosidad y su inquietud por adquirir nuevos conocimientos, Juana Inés de Asbaje ya había optado antes por la vida monástica, en la que termina sus días, a pesar de su aparentemente incierta vocación religiosa.

Por suerte para nuestro país, la situación ha empezado a cambiar: formalmente, no hay prohibiciones que impidan que las mujeres asistan a la escuela; sin embargo, algunas comunidades y algunas familias todavía no están convencidas de la utilidad o beneficios que puede representarles que sus hijas adquieran nuevos conocimientos y ejerzan su derecho al aprendizaje. Estas limitaciones al crecimiento y el desarrollo de las niñas y las adolescentes aún prevalecen hoy en día entre algunos grupos sociales, producto de la escasa escolaridad de los padres y de valores malentendidos de nuestra cultura, sobre el rol y el potencial de las mujeres en el México del siglo XXI.


 
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