Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2011 Vol.12, No.11
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Los reporteros de ciencia no usan bata
Rafael Guadarrama
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Me lavaba las manos cuando me percaté de un extraño dolor en la punta de los dedos. Me pareció extraño, pero no impidió que concluyera esa tarea,1 con todo y secado. Después, caí en cuenta que ese malestar tenía que ver con el tiempo que suelo pasar frente a la computadora tecleando, particularmente historias que tienen que ver con asuntos de ciencia.

Me pasa que a veces golpeo muy fuerte las teclas y se oye a varios cubículos de distancia, y esto sucede no sólo porque jamás tomé un curso de mecanografía sino porque al momento de escribir me transformo en un personaje distinto, que cambia las palabras y las ideas una y otra vez, en aras de obtener mejores expresiones. Soy eso que llaman un periodista o reportero de ciencia.

Esto del periodismo y la ciencia son una combinación interesante. Las personas de mi oficio2 solemos ser apasionadas, idealistas, desparpajadas a veces pero con propósitos muy serios, humanas. Nos interesa el prójimo y nuestra labor se orienta, particularmente, a servir a los demás, brindar contenidos útiles, que vale la pena poner en la boca de muchos. La ciencia básica o aplicada nos brinda la oportunidad de ofrecer ese elemento novedoso, de interés público y que entraña conflicto, que solemos llamar historias fascinantes, dignas de ser contadas, aunque es un hecho que al buscarlas siempre nos llevamos a casa mucho más.

Quiero aclarar también que los periodistas de ciencia no usamos bata ni somos buenos para manipular el instrumental de laboratorio, no al menos la gran mayoría de nosotros. Tampoco pasamos la tarde analizando geles con fluorescencias o planteando novedosas formas de aprovechar los recursos naturales. Menos aún intentamos reconstruir algo que aconteció eones atrás, a partir de un pedazo de piedra o de tejido. Simplemente andamos por ahí, conviviendo con investigadores y desarrolladores en laboratorios, industrias y ecosistemas, poniendo mucha atención, escuchando y aprendiendo.

Suelen llamarnos con mucha propiedad “periodistas”, aunque en lo particular prefiero denominarnos “reporteros”, no sólo porque remite a una labor más concreta sino porque también alude a una especie de peatón que avanza en circunstancias diversas, con una mirada atenta y el interés, casi reflejo, de la información noticiosa.

Pero bueno, más allá de las definiciones, quienes nos dedicamos a esta labor3 compartimos otras cosas más relevantes, por ejemplo, que nuestras historias compiten de manera muy desproporcionada con otras del acontecer nacional e internacional, y terminan, por lo regular, relegadas a las páginas interiores o en los espacios menos lucidores de los noticiarios. Así, nos vemos motivados a realizar esfuerzos mayores de comunicación, porque sabemos que de eso depende que nos incluyan.

Y con esto me refiero a algo más que convencer a editores o directores; nos abocamos a escribir con la mayor contundencia posible, con la poderosa dupla de la emoción y la documentación. Así buscamos convencer a nuestro socio más importante: el auditorio.

Hay informaciones que tienen un buen destino porque de origen son interesantes, como el fin de las misiones en transbordadores; pero hay otras que más allá de sus bondades, nada más no llaman la atención. Se me ocurren varias de este tipo, porque de hecho son la mayoría, pero tomo como ejemplo sencillo el desarrollo de un concreto translúcido. Es un tema que —creo— a muy pocos interesa, y que quizá sería atractivo para quienes laboran en el sector de la construcción. Estoy seguro que incluso, si lo compartiera con un buen amigo alejado de mi labor o de la ciencia, me pondría atención por amabilidad, pero, de entrada, preferiría hablar de otras cosas.

Quienes nos dedicamos a compartir historias de ciencia sabemos que por lo general no son de interés de la gran masa, lo cual nos lleva a intentar convertirnos en una especie de seductores de la información, con toda la seriedad que eso implica. Las cosas serían más sencillas si entre los valores que unen a amplios sectores de la sociedad mexicana se encontrara el del respeto a la innovación y al conocimiento, pero desafortunadamente eso no ocurre.

Tengo casi nueve años de colaborar con informaciones de ciencia para televisión (Once TV México), redactando desde notas básicas hasta reportajes elaborados o un programa de media hora, y mis estrategias para relatar las replanteo constantemente.

A raíz de mi trabajo, pienso que en general la información audiovisual puede ser  una gran aliada de los contenidos de ciencia, en la medida que se privilegie una imagen espectacular e interesante. Un concreto translúcido puede, así, ser sumamente poderoso para la atención si está bien iluminado y cuenta con movimientos interesantes de cámara o de foco. Si se acompaña de animaciones, simplifica la comprensión de su funcionamiento.

Sin embargo, estas posibilidades están en camino de ampliarse con la era multimedia y la televisión digital. Los contenidos de ciencia tendrán que buscar estrategias más elaboradas e interactivas, más allá de las simples redes sociales. Esas nuevas formas de exposición seguro nacerán de Internet. Y ante esta nueva circunstancia, los reporteros especializados tendremos que tener una actualización muy intensa en el manejo de estas herramientas, porque si bien nosotros no andamos de bata, sí buscamos historias dignas de ser contadas, y eso será imposible de lograr si no recurrimos a un nuevo elemento retomado de eso mismo que pregonamos: la innovación.

A continuación, dejo tres ejemplos de lo que en lo particular me gusta de ciencia y televisión en México, aunque sin duda, en televisión abierta hay otras opciones también muy dignas. En una de estas producciones colaboro haciendo contenidos.

Factor Ciencia

La oveja eléctrica

Reactor Ftv

http://tvolucion.esmas.com/foro-tv/reactor-ftv/134386/reactor-ftv-del-08-octubre-3

1. Este artículo lo escribí con base en mi experiencia, pero también nutrido de los conocimientos de mis colegas, talentosos y apasionados del periodismo de ciencia, a quienes convoqué a un foro en Facebook para conocer sus opiniones sobre nuestra labor.

2. Estudié la licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva en la FES Acatlán de 1997 a 2001. No ha sido sencillo desarrollarme como reportero de ciencia, debido a que carezco de los conocimientos técnicos necesarios para comprender los temas con amplitud, sin embargo, gracias a diversos cursos y seminarios, así como la experiencia laboral, he aprendido a encontrar estrategias muy prácticas para contar historias dignas así como sus implicaciones sociales, siempre con el apoyo de admirados científicos y tecnólogos.

3
. Reconozco que mi aspiración hace años no era ser reportero de ciencia y mucho menos de televisión; sin embargo, con el paso de los años descubrí que es un mundo fascinante y al cual me gustaría aportar durante muchos años más.

 
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