Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2011 Vol.12, No.11
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Libertad y responsabilidad en la vida sexual de los jóvenes universitarios
Diana Berenice Pérez Fernández y Carlos Fonseca Hernández
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Resultados
Discusión
Conclusiones y bibliografía
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Introducción


Marco Conceptual

La sexualidad de los jóvenes universitarios, desde una perspectiva masculina

Los cuerpos se constituyen histórica y culturalmente, y responden a las necesidades, ideologías, pensamientos y percepciones idealizadas de una sociedad, para conducirse con una sexualidad fundamentada en principios morales, no sólo comprendiendo la estructura fisiológica, sino también la personalidad y las apreciaciones con base en las cuales el individuo de dirige o actúa constantemente en el plano personal y durante su vida.

En tanto, los estudios de género y sexualidad refieren que las construcciones simbólicas de los roles desempeñados por mujeres y hombres, son aprendidas por los individuos y las relacionan a lo largo de su vida, admitiéndolas en su forma natural o normal de vivir su sexualidad (Martínez, 2005).

Weeks (1998) menciona que los individuos no sólo son portadores de un cuerpo sexuado, sino que también su destino está ligado a los constructos culturales de la sociedad, comenzando por el lugar y el tiempo en que viven y crecen. Con base en esta postura, la sexualidad determina en el hombre cómo debe ser y qué hacercon el cuerpo que posee, en función de los aspectos culturales e históricos que establecen atribuciones y particularidades sobre el cuerpo sexuado (Martínez, 2005).

La sexualidad es manejada de diferente manera en hombres y mujeres, partiendo de la edad, el sexo, los roles de género y el contexto. Este es el caso del hombre universitario, cuya personalidad está influenciada por sus vivencias, experiencia familiar y los aspectos culturales, de tal forma que ser parte de una institución de nivel superior, lo hace diferente a los demás jóvenes. Estar en este nivel educativo significa un logro en el ámbito social, que es de gran importancia no sólo en lo individual sino también en su interacción con los demás. Es así que el individuo muestra energía y entusiasmo por culminar un ciclo educativo, así como capacidad para desarrollar nuevas habilidades y metas que consideraba desconocidas. Poco a poco, a través de sus relaciones dentro y fuera de la universidad, se tornará preparado para asumir un comportamiento “como hombre”.

Consciente o inconscientemente se tiene una necesidad de pertenencia, además de que sus pares lo identifiquen al ser incluido a un grupo social, debido a que un colectivo define a los hombres de los demás y esto les permite demostrar ser más interesantes, atrevidos, conocedores y experimentados de la vida, dando esta idea y apariencia hacia las mujeres universitarias. Por ello es común identificar que al ingreso a la universidad los chicos tienen una forma de vestir, pensar y desarrollarse ante esta etapa, pero al ir transcurriendo el tiempo se muestra que algunos hombres comienzan a cambiar su forma de vestir, expresarse y opinar ante las circunstancias de la vida. Esto se da como respuesta a las redes sociales que se desarrollan dentro y fuera de la institución educativa, y por los contenidos vistos de manera profesional.

 Preceptos de la masculinidad

Para muchos hombres la masculinidad se relaciona con la geometría del órgano sexual masculino (Hardy & Jiménez, 2001), demostrando así su virilidad  ante la mujer y sus pares, ya que el cuerpo del hombre ante la sociedad debe tener características meramente de un ser protector, imponente, grande y capaz de realizar actividades que implican esfuerzo físico. En tanto, Figueroa & Liendro (1995) mencionan que la masculinidad es una cualidad que se obtiene, y que se puede perder debido a las circunstancias y a la historia de cada individuo (Hardy & Jiménez, 2001). Ejemplo de ello es que un hombre, por ende, sabe que tiene derecho a ejercer poder hacia los otros, sean mujeres u hombres. Esto se da por las relaciones de poder. Con respecto a los hombres, deben competir para tener un lugar y un reconocimiento ante la sociedad, y no sólo en el vínculo familiar, ya que si no existe una identidad firme ante la sociedad, es posible que se vean conflictuados y desvalorizados en su contexto.

El concepto tradicional de masculinidad se relaciona con conductas que conllevan factores de riesgo para su salud, como ser arriesgado, agresivo, dominante y exitoso, esto al referirse a una mujer, mostrando prácticas y comportamientos de seducción e imposición. Cabe señalar que el estereotipo de masculinidad puede tener transformaciones gracias a diversos factores y elementos que intervienen en su desarrollo como persona y las necesidades generadas en su entorno. Entre ellos están las condiciones socioeconómicas, que suelen llevar a un deterioro de la identidad masculina formal, surgiendo modelos alternativos, relacionados con el hecho de que el hombre no es el único proveedor, pues también realiza tareas domésticas y de cuidado de los hijos (Stern, Fuentes, Lozano & Reysoo, 2003). En los últimos años, los múltiples problemas sociales, políticos, económicos, etcétera, han afectado y generado necesidades en la sociedad. La percepción es que en los roles de género entre el hombre y la mujer, se ha dado una reivindicación y una apertura a la equidad, aún con desigualdad. Se observa que poco a poco el hombre se va involucrando en el ámbito familiar. Realiza labores que eran propias de la mujer, como la paternidad y el trabajo doméstico, pues la mujer aporta recursos económicos debido a las necesidades familiares y la situación en que se ven inmersos. El dar dinero en casa le permite a la mujer negociar y participar más en la toma de decisiones.
Estas modificaciones o reivindicaciones de los roles de género en cuanto a equidad, no sólo se presentan en las relaciones heterosexuales, sino también en las homosexuales, en las que también están presentes los conflictos de pareja por el poder y la competencia, para tener un lugar dentro o fuera de la relación, es decir, un reconocimiento familiar y social tendiente a la autorrealización personal.

La masculinidad en los hombres universitarios se presenta a través de su corporeidad. Al caminar, moverse y conducirse hacia los demás, el hombre demuestra seguridad personal y crea una imagen de fortaleza y dominio. También manifiesta algunas acciones violentas con su pareja o con otros hombres, fuera de su círculo social, con agresiones comúnmente físicas o verbales. Esto no sólo lo expresa hacia otros hombres, sino también, en ocasiones, hacia su pareja. Se traduce en actos de posesión, agresión o amenazas, presenciadas por compañeros o amistades de la universidad. Sin embargo, la seguridad personal y el ser hombre no debe basarse solamente en esta percepción, sino además en actos de caballerosidad, como ceder un asiento, auxiliar en la búsqueda de algún material escolar, ser gentil, mostrar cortesía a los demás, etcétera. Estos aspectos son apreciados por algunas mujeres universitarias. No necesariamente es visto como un medio para entablar una relación estable. Es sólo tener otra percepción sobre la masculinidad, más allá de la dominación.

Prácticas sexuales en jóvenes universitarios

Ser hombre también implica tratar a la mujer con igualdad, esto en el acercamiento, la necesidad de negociar, el reconocimiento y la expresión de emociones. Para prevenir consecuencias no deseadas, este comportamiento también implica tomar en cuenta las necesidades del otro, además de proceder de común acuerdo, como al hablar de sexualidad con la pareja, que implica negociar el uso de anticonceptivos, aunque en ocasiones pareciera ser sólo responsabilidad de la mujer (Stern, Fuentes, Lozano & Reysoo, 2003).

Comúnmente, ser hombre, en el ámbito sexual, de inmediato nos hace pensar en promiscuidad, sometimiento sexual, el no uso de métodos anticonceptivos y la poca o nula asistencia a centros de atención médica, para el monitoreo de la salud sexual o la prevención de infecciones de transmisión sexual. Esto se debe a las percepciones culturales y la estructura educativa que conforma la personalidad del hombre. Esto influye significativamente en el comportamiento de los hombres, de tal forma que intervienen en la toma de decisiones sobre el manejo de la sexualidad con su pareja. Tal es el caso de un método anticonceptivo, ya que comúnmente se delega la responsabilidad a la mujer, porque ella es quien “tiene la labor reproductiva”, es decir, ella es la que se embaraza, ella amamanta y ella cría a los hijos. Por lo tanto, ella es la responsable de un embarazo y el hombre deja de lado la responsabilidad ante ello.

Es necesario involucrar a los hombres en el ámbito de la educación sexual y reproductiva, haciendo valer sus derechos como hombres y las responsabilidades que traen consigo, con el fin de generar una nueva cultura de la masculinidad y la sexualidad. Algunos estudios que han evaluado el efecto de proporcionar a los jóvenes información para prevenir conductas sexuales de riesgo, explicándoles en detalle cómo protegerse, han encontrado que esto conlleva a un mejoramiento, estadísticamente significativo, del comportamiento sexual protegido (Pérez & Pick, 2006). Esto hace suponer que si los hombres participan constantemente en acciones de índole educativo, posteriormente ellos decidirán u optarán por una elección que no perjudique su salud, como el uso de condón, aunque refieren que el preservativo disminuye el placer sexual y la confianza hacia su pareja. A su vez, Roche, et. al. (2006), señalan que los jóvenes suelen tener comportamientos sexuales no protegidos, ofreciendo excusas para evitar el uso de condón y dejando a un lado la información que tienen al momento de tomar esa decisión.

La participación de los hombres en educación sexual debe ser parte fundamental en su formación continua, ya que no sólo les permitirá conocer el uso, los beneficios y las consecuencias de no utilizar el preservativo, sino que también les causará un interés por el autocuidado y una reflexión sobre los comportamientos sexuales con sus parejas, además de considerar que ser hombre o mujer no excluye una responsabilidad compartida.

En la investigación realizada por Stern, Fuentes, Lozano & Reysoo (2003) sobre masculinidad, efectuada en la Ciudad de México con hombres de 10 a 24 años de edad, los varones que ya iniciaron su vida sexual refirieron, en su mayoría, que no utilizaron algún método anticonceptivo durante su primera experiencia sexual. También consideran que el uso del condón depende mucho de la pareja con la que tienen sexo. Con respecto a las parejas sexuales ocasionales o estables, los varones dicen saber que las sexoservidoras demandan el uso del condón y que tener relaciones sexuales con muchachas “fáciles” los hace pensar en protegerse de infecciones de transmisión sexual y el VIH. No utilizan el condón porque estas relaciones son en su mayoría no planeadas y espontáneas, a las que refieren no estar preparados. Los hombres relacionan el condón con la anticoncepción, más que con la prevención de las infecciones de transmisión sexual, a pesar de que para ellos embarazar a la novia es un hecho “casi inevitable”, por lo que los jóvenes raramente utilizan métodos para protegerse a sí mismos y a sus parejas de embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual. Además, los jóvenes están bastante convencidos de que aunque aprendan acerca de los condones y se dé mucha información sobre al tema, nadie los usa cuando tiene relaciones sexuales. Esto está relacionado con la “pena” de comprarlos, el hablar de ello con la pareja y usarlos.

Usualmente los hombres son responsabilizados de la compra de los preservativos y traerlos consigo, mientras que las mujeres tienen como responsabilidad quedar embarazadas, siendo responsables mutuos de su comportamiento y previsión sexual. Debido a estas discordancias, cuando ocurre un embarazo no planeado o una infección de transmisión sexual, entre ellos se cuestionan y culpan por no haber cumplido su deber como pareja sexual. Se muestra una postura de inconformidad y culpabilidad por no haber hecho algo para evitarlo o prevenirlo, aun teniendo un conocimiento previo de la sexualidad y los métodos anticonceptivos.

Sterk, Klein, & Elifson (2003) refieren que si una persona muestra confianza en sus habilidades para controlar su entorno y negociar actividades sexuales con preservativo, tiene mayores posibilidades de incurrir en conductas sexuales de riesgo. Debido a esto se hace hincapié en la autonomía y la responsabilidad personal, con autonomía y compromiso ante una relación sexual, para evitar una infección de transmisión sexual o un embarazo no deseado. Como se ha mencionado en estudios anteriores, las personas que utilizan el condón en sus relaciones sexuales, alcanzan mayores niveles de autoeficacia para negociar su uso, en comparación con quienes lo utilizan de manera esporádica o inconsistente. Otro aspecto es el tiempo asociado con la frecuencia del uso del condón, es decir, a mayor tiempo de relación, menor es la frecuencia del uso de condón (Pérez, Santiago & Serrano, 2009).

 
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