Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de diciembre de 2011 Vol.12, No.12
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Los nuevos lectores 2.0: del papel a las revistas digitales
Ulises Juárez Polanco

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Antes de entrar en materia, quiero presentarme. Soy Ulises Juárez Polanco, de Nicaragua, represento a Carátula, revista cultural centroamericana, y quiero agradecer en nombre de nuestro director, el escritor Sergio Ramírez, en nombre propio y de nuestro equipo de trabajo la invitación extendida para compartir este diálogo con todos los colegas. Estoy seguro que estas tres jornadas serán intensas y que el aprendizaje será provechoso.

Quiero referirme rápidamente a nuestra publicación, como forma de sentar el contexto en que trabajamos. Carátula es una publicación electrónica bimestral inaugurada en agosto de 2004, que para diciembre de 2011 llega a 45 ediciones de forma ininterrumpida. Con un diseño sencillo pero riguroso en el contenido, nos especializamos en contenido cultural, principalmente literatura, cine y artes plásticas, tanto en creación como en crítica. Según nuestras estadísticas, actualmente contamos con un promedio de 22 mil lectores únicos por edición, y hasta 250 mil accesos por edición, desde todas las latitudes del globo, desde los centros tradicionales como México, Argentina o España, hasta visitantes de Rusia, Vietnam, África, el Vaticano o el Pentágono.

Cuando se fundó Carátula, la intención era proyectar una apertura hacia las múltiples manifestaciones de la cultura centroamericana, y colocar en la red un prisma para que los lectores globales descubran a más escritores de la región, cuya opacidad literaria se debía, como aún se debe, a la escasez de medios efectivos y la falta de una estructura de mercado que promueva la circulación de sus obras fuera de sus países de origen.

Dicho lo anterior, hablemos de lo que nos ocupa. Quienes de una u otra forma estamos vinculados activamente con lo que algunos llaman “nuevos medios” sabemos que hay una nueva especie de lector. Nuevos tiempos, nuevos lectores. Lectores 2.0. Todos nosotros aquí presente seguramente ya lo somos. Sobre esto de los nuevos lectores ya existe una bibliografía muy interesante. Desde tiempos remotos cuando el ser humano ya había dado con ese artificio mágico que es la escritura, y que comprendió el valor que ésta representa entre sus pares, ha habido reuniones y encuentros como éste, con un auge evidente a partir del invento de Gutenberg, hace más de 500 años. Ya todos sabemos los grandes cambios que significó la imprenta de Gutenberg para el conocimiento, no hay necesidad de entrar en detalles. La nueva imprenta de hoy día se llama internet, que si bien ya tiene cerca de tres décadas de existencia sigue en pañales. Este invento de origen militar que nos reúne hoy, a pesar que algunos sintamos que siempre ha existido, en realidad tiene su uso masivo recientemente.

En su ensayo Los nuevos lectores, Amelia Fernández de la Universidad Autónoma de Madrid hace un análisis de cómo ha ido modificándose la forma de acceder a la literatura, centrándose en los tipos de lectura, o en la materialización concreta del mensaje cifrado por la palabra:

  1. Antigüedad clásica: el lector como oyente e incluso espectador o actor, y sobre todo como realizador de lo escrito, como aquel que descifra e interpreta. Oralidad. Lectura en voz alta.
  2. Lector como copista o como filólogo en la tradición bizantina. Es aquel que reconstruye no sólo el mensaje escrito sino también el mundo que sustenta la creación de esa obra. Lectura en voz alta, salvo en silencio en los conventos, por razones prácticas. 
  3. Invención de la imprenta: lector como lector. Es el que descifra en silencio, mentalmente, lo que aparece ante sus ojos, en un proceso en el que el sentido de la vista desplaza al del oído.
  4. Siglo XX: nuevas tecnologías e integración del libro en la sociedad de mercado. Podemos hablar del libro instantáneo. Las librerías ya no son el lugar donde encontrar libros. El quiosco de prensa, los grandes almacenes y los supermercados los ofrecen al lado de revistas, perfumes, discos o productos de limpieza. Fernández rescata el ejemplo del metro de Barcelona, por ejemplo, donde es posible adquirir incluso en máquinas expendedoras, de la misma manera que compramos bebidas.

Pero sin duda el fenómeno reciente que más ha influido en los cambios de hábitos de lectura ha sido la irrupción de las nuevas tecnologías en el siglo XXI, en especial las informáticas, que está creando un cambio radical en la forma de acercarse a un texto. Ya es claro que está modificando a los receptores y que incluso, está construyendo una nueva forma de articular el pensamiento y la memoria. Mario Vargas Llosa ha sido un gran crítico de estos cambios, argumentando que hay un menor ejercicio mental y por ello estamos atrofiando el cerebro. Sobre esto, se ha observado que cada vez parece haber una tendencia a tratar de no aturdir con demasiada cantidad de información a estos nuevos lectores, quienes haciendo uso de su capacidad para convertirse en sujetos activos, deciden incluso restringir los contenidos de los textos. En Nicaragua, por ejemplo, uno de nuestros diarios nacionales, La Prensa, se ha rediseñado totalmente hacia un look más estético visualmente, reduciendo la extensión de sus notas y reemplazándolas con gráficos, infografías, fotos, tablas o similares. Este cambio, según argumentó el diario, fue para acoplarse a las “nuevas tendencias”. Regresando al nobel peruano, también confesó hace unas pocas horas su temor de que el libro digital puede hacer desaparecer al libro impreso, y que “si desaparecieran los libros devorados por las pantallas habría un gran empobrecimiento de la vida, seguramente no de la información, pero sí de la cultura en general”. Él sostiene un debate interesante alrededor de que mayor información no implica mayor conocimiento. No quiero entrar a este debate para no desviarme de mi tema, pero lo dejo en el aire para el período de comentarios o para las siguientes mesas de trabajo.

El soporte del libro tradicional tiene ventajas y desventajas; movilidad, autonomía, clausura de la información y una estructura cerrada. El soporte del libro electrónico posee apertura de la información, estructura abierta e interactividad. El nuevo lector pide un rol creativo, pide colaborar en la “realización” del texto. Así, éste nuevo lector no sólo lee, recibe, sino que crea con su lectura. El lector es también explorador, no contempla, explora, busca y crea a la vez. Las nuevas tecnologías permiten combinar texto, imagen y música de forma interactiva.

En Carátula, por ejemplo, hemos rediseñado la página para incluir videos, pinturas, fotografías, y permitir también la interacción de los lectores a través de sus comentarios. Así, los textos no terminan con el punto final del autor, sino que continúa a través de la participación de los usuarios.

Para cerrar, dos consideraciones personales. Primero, yo no creo que el contexto sea tan negativo como bromeaba el año pasado Fernando Vallejo, cuando comentó que para escritores y editores el panorama lo veo sombrío, y que ojalá Dios nos agarrare confesados. Creo que hay nuevas potencialidades que deben aprovecharse, sin dejar a un lado lo más importante: el contenido. Al nuevo lector no hay que entregarle un texto más fácil, sea en extensión o profundidad. Al contrario, hay que hacer uso de las nuevas herramientas para que la comprensión sea mejor. Recuerdo las palabras del director editorial de El Faro de El Salvador, Carlos Dada, hace unos días durante la ceremonia de entrega del premio María Moors Cabot: “Vale la pena notar que (...) somos lo que somos por nuestro contenido, porque practicamos periodismo de la manera clásica. La tecnología es el medio, pero el contenido es el significado”. Debe haber una responsabilidad compartida entre nuevos lectores y nuevos editores, una que permita un balance entre interactividad y profundidad del contenido. Ése es el reto.


 
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