Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de febrero de 2011 Vol.12, No.2
  Inicio Ejemplares Directorio Quiénes somos Busca artículos Vínculos Contacto Mapa de sitio
 
Documento sin título
 
De Anzaldúas a El Infiernillo (1950-1964). Breves apuntes sobre la contribución de José Luis Sánchez Bribiesca a la ingeniería de grandes presas
Ana María Sánchez Mora
CITA
PDF
   
El ingreso a la SRH
El proyecto Anzaldúas
El profesor
El Infiernillo
Conclusión
Bibliografía
Aumentar Letra Disminuir Letra Disminuir Letra   facebook
twitter
google
 

Introducción


En mayo de 1950 ingresó a la Secretaría de Recursos Hidráulicos un joven moreno, alto y delgado. El pasante de Ingeniería Civil José Luis Sánchez Bribiesca quedó adscrito al Departamento de Ingeniería Estructural, dependiente de la Dirección General de Estudios y Proyectos. Arrancaba así una carrera profesional que ascendería meteóricamente y culminaría hasta su muerte. En los primeros cuatro años de esa década de 1950 se introdujo en el conocimiento de la hidráulica; presentó su examen profesional; fue Jefe del Proyecto Anzaldúas; empezó a dar clases en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y formó una familia. Luego vendrían más responsabilidades profesionales a las que se enfrentó sin dejar de lado otras facetas importantes de su vida.

La historia que voy a relatar es a la vez personal y pública. Intentaré delinear una personalidad singular que floreció en el contexto profesional y político mexicano de las décadas 1950 y 1960. Dentro del lapso que voy a abordar me dedicaré sólo a las presas Anzaldúas y El Infiernillo, obras que ejemplifican una época grandiosa de la ingeniería hidráulica mexicana, y en las que Sánchez Bribiesca tuvo una participación destacada.

Video. Fragmento de la serie: "Premios Universidad Nacional. Maestro José Luis Sánchez Bribiesca" Producido por TV UNAM.

La hidráulica posrevolucionaria: la CNI y la SRH

Una vez consolidada la Revolución, el poder público se fortalece jurídica y políticamente, y durante una buena parte del siglo XX el gobierno federal mexicano asume los asuntos de interés nacional. Para tratar lo concerniente a la hidráulica, se crea en 1926 la Comisión Nacional de Irrigación (CNI), organismo federal especializado en construir obras de irrigación y administrar los sistemas de riego.

La creación de la CNI trajo consigo un importante impulso al conocimiento de varias ciencias y técnicas (hidrología, meteorología, geología, topografía, agronomía y agrología, entre otras), y de otros aspectos de la geografía del país. Gracias a esto se pudo contar con un sistema de registro hidrológico mucho más sistemático y preciso, sobre todo para las cuencas hidrológicas más importantes del país y en donde estaban construyéndose o por construir grandes obras de riego. En 1937 se crearon los laboratorios de experimentación y de modelos hidráulicos de Tecamachalco, que pusieron a México a la vanguardia en América Latina.

Durante el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) México comenzó una etapa de franco crecimiento económico. El gobierno cardenista creó en 1937 la Comisión Federal de Electricidad (CFE), organismo fundamental para el progreso del país. Poco después la CNI amplió su visión sobre la finalidad de construir presas, ya no solamente para irrigación, sino también para control de avenidas y para la generación de energía eléctrica. Incorporó a sus actividades realizar estudios, proyectos e instalaciones para la generación hidroeléctrica.

La construcción de las nuevas presas iba a aprovechar importantes avances científicos y tecnológicos: la información acumulada y el perfeccionamiento de la exploración geológica para conocer la estructura del suelo y el subsuelo; nuevos diseños más resistentes, que reducían enormemente el costo de las cortinas y permitían que éstas fueran más altas; nuevos materiales (el concreto y el acero), y maquinaria más manipulable y eficiente. Todos estos avances dieron lugar a lo que algunos llaman “la gran hidráulica” o la “ingeniería de las grandes presas”.

Para el año 1946 la CNI contaba con una sólida estructura técnica y administrativa y había llegado a convertirse en el principal órgano constructor del gobierno. El proceso de centralización/“federalización” (como le llama Aboites) del manejo de las aguas culminó formalmente al comenzar el sexenio del presidente Miguel Alemán (1946-1952), cuando el Congreso de la Unión aprobó la creación de la Secretaría de Recursos Hidráulicos (SRH). El nacimiento de la SRH evidenciaba la creciente participación del gobierno federal en los asuntos del agua, y también mostraba su apuesta por el éxito de la labor hidráulica de los regímenes surgidos de la Revolución Mexicana. Con la nueva secretaría se pretendía impulsar el aprovechamiento integral de los recursos hidráulicos de la nación y concentrar en un solo organismo el esfuerzo del gobierno federal en la materia. Fue tan importante este objetivo, que el escudo de la SRH ostentaba la leyenda “Por la grandeza de México”.

Entre 1924 y 1946 el enfoque predominante había sido elaborar y ejecutar proyectos específicos de aprovechamiento de determinadas corrientes fluviales. La creación de la SRH, que implicó la agrupación de dependencias federales ya existentes, ubicadas en distintas instituciones de gobierno, definió el comienzo de una modificación a ese enfoque: el objeto de la nueva institución consistía en llevar a cabo obras de riego y de aprovechamiento del agua para fines múltiples, tratando de obtener el máximo beneficio de cada corriente y de cada depósito de agua, fuera éste superficial o subterráneo. En adelante habría una preocupación explícita por considerar el desarrollo hidráulico de una manera integral, tomando en cuenta todos los aspectos relacionados con proyectos en torno al recurso agua.

Entre 1947 y 1952 se realizó un gran número de obras, particularmente de gran irrigación, así como de abastecimiento de agua potable y alcantarillado. Por su magnitud destacan las presas Alvaro Obregón (Oviachic), Sanalona, Solís, Abelardo L. Rodríguez, y Francisco I. Madero (Las Vírgenes). También fueron importantes los grandes canales de riego, como el de Anzaldúas, que deriva agua del río Bravo al valle de Matamoros.


 
        subir        
 
  Editorial
 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons