Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de febrero de 2011 Vol.12, No.2
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La educación tanatológica para el bienestar de la salud
María de Lourdes Morales Flores, María Luisa Quintero Soto y Ranulfo Pérez Garcés
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La educación formal e informal...
Viejos y nuevos paradigmas...
Una educación para la muerte
La tanatología para comprender...
Conclusiones y bibliografía
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Introducción


El ser humano se desarrolla en un medio social, dentro del cual construye formas de comunicación y coordinación para la acción, esto con el propósito de resolver los problemas que se le presentan, en lo individual, en lo familiar y en lo comunitario.  Sin embargo, para esto requiere de un proceso educativo, ya sea informal o formal, tendiente al bienestar.

Este bienestar que se busca no es casual o producto del azar. Por el contrario, el logro de un buen nivel de vida es producto, entre otras cosas, de una adecuada promoción social educativa, para el caso que nos ocupa. La promoción de una educación tanatológica constituye una necesidad insoslayable para el bienestar no sólo individual y familiar, sino también comunitario.

El tradicional paradigma positivista dentro de la salud–enfermedad, ha tenido diferentes modelos, como, por ejemplo, el bio-médico, que en su momento explicó que el médico era el que curaba las enfermedades, dándole importancia a los medicamentos (fármacos) y si un paciente llegaba a morir, era porque fallaba la ciencia, así que la medicina hizo a un lado a la filosofía, a la metafísica y a lo espiritual, que se encontraban vinculados con la enfermedad y la muerte (Pino, 2004:145).

Parafraseando a Kuhn, se puede decir que cuando un paradigma ya no puede resolver los problemas actuales, surge un paradigma emergente o bien otro paradigma. En el caso del paradigma bio-médico, se observa que tiene limitaciones, ya que el ser humano es mucho más que lo biológico (modelo biologisista). Ahora bien, se necesita de un paradigma constructivista, humanista, holístico y de la complejidad. Retomando a Villasana (2006; 85) éste menciona que entender la Salud del Ser humano, pasa por la tarea de aceptar y tratar de comprender el conjunto de principios sociales que facilitan la posibilidad de autoconstrucción en lo referente a lo individual y a lo colectivo. Además la salud, como propiedad emergente, no puede ser reducida a sus aspectos biológico-individuales, sino que requiere ser entendida en el contexto social-cultural-político-económico en que emerge como fenómeno social. Resulta imposible comprender la salud del individuo sin comprender la salud de la sociedad.

A partir de esto, consideramos que la educación para el bien morir (tanatología), forma parte de la educación integral del individuo para enfrentar también a la muerte de una forma que no impacte negativamente a su bienestar integral como ser humano. En este sentido, constituye una parte esencial de la medicina preventiva, ya que genera la conciencia del autocuidado y permite superar miedos infundados o temores que, en ausencia de una educación para la muerte, llevarían al individuo  a evadir el tema y la vivencia de la muerte.

El artículo está estructurado en cuatro apartados. En el primero se expone y analiza el tema de la educación formal e informal sobre la muerte; en el segundo se habla de los viejos y nuevos paradigmas, desde los cuales se interpreta el significado de la muerte; en el  tercero se analiza el tema de la educación para la muerte. Aquí se habla de la importancia de un conocimiento tanatológico para enfrentar y minimizar los miedos ante la muerte. Finalmente, en la cuarta parte se expone una educación en tanatología para comprender la vida y la muerte.


 
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