Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de marzo de 2011 Vol.12, No.3
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Sin hormonas no hay neuronas, y menos si las que faltan son las tiroideas
Carlos Valverde-R. y Aurea Orozco
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Qué son y cómo se producen las TH
Los requisitos para actuar
Regulación de la transcripción de...
Algunas reflexiones finales
Bibliografía
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Introducción


El saber popular generalmente asocia a las hormonas tiroideas (TH, por sus siglas del inglés: thyroid hormone) con el metabolismo o balance energético del organismo; siendo tal vez lo más común que se relacionen con el control del peso corporal. Sin embargo, pocos saben que las TH son esenciales y juegan un papel primordial y determinante en el desarrollo del cerebro fetal y neonatal, tanto en los seres humanos como en el resto de los vertebrados. De hecho y como se revisa en este trabajo, la deficiencia de TH durante ese periodo crítico del desarrollo neural, es la causa más frecuente y sin embargo prevenible, de retraso mental.
La falta o deficiencia de TH se conoce con el nombre de hipotiroidismo, una enfermedad que, de acuerdo a su origen, se puede clasificar de diferentes maneras. Aquí, las agruparemos en dos grandes categorías: hipotiroidismo originado por causas orgánicas o congénitas y el secundario a causas externas o nutrimentales. En el primer caso, las causas del hipotiroidismo son diversas y raras o mucho menos frecuentes: ausencia de la glándula tiroides y otras disgenesias o malformaciones de la glándula; defectos en la maquinaria bioquímica necesaria para sintetizar TH (llamadas dishormonogénesis), y alteraciones en diferentes proteínas que son intermediarias y/o que participan en la instalación de las acciones y efectos biológicos de las TH. En el segundo grupo, el hipotiroidismo más frecuente obedece a la carencia de yodo en la dieta, pues el yodo es la materia prima limitante e imprescindible para sintetizar TH. Además, y aún en situaciones de suficiencia de yodo, la dieta puede contener sustancias que interfieren con la captura y la utilización del halógeno.

Sin yodo no hay Hormonas Tiroideas

No obstante que es el halógeno natural más pesado y escaso en la biosfera, el yodo es un micronutrimento esencial para la síntesis de TH y su carencia en la dieta provoca los llamados trastornos secundarios a la deficiencia de yodo o IDD (del inglés: iodine deficiency disorders). Los IDD son endémicos en diferentes regiones del planeta y representan un problema de salud pública que se calcula afecta aproximadamente al 38% de la población mundial. Los IDD engloban un amplio espectro de alteraciones físicas y mentales, entre las que destacan el retraso en el crecimiento y el retardo mental. El término IDD, acuñado hace más de dos décadas, ha venido a sustituir al de “bocio y cretinismo endémicos” con el que previamente se identificaba la deficiencia de yodo. En medicina, la palabra bocio se emplea para referir el crecimiento anormal de la glándula tiroides que ocurre, principalmente, como respuesta al aporte bajo o nulo de yodo en la dieta. Por su ubicación anatómica en la cara anterior del cuello, el aumento de tamaño de la glándula es por lo general fácil de percibir y es característico de enfermedad o disfunción tiroidea. La relación entre bocio y retraso mental la estableció por primera vez el controvertido médico, astrólogo y alquimista Suizo conocido como Paracelso (1493-1541). Sagazmente, en su obra De generatione stultorum, publicada póstumamente (1603), Paracelso enfatiza: “…aunque el bocio no es una característica de los idiotas, es frecuente observar su presencia entre ellos”;(Siddiqui et al., 2003; Solís-S y Valverde-R, 2006; Valverde-R, 2007; Zimmerman, 2009; Leung et al., 2010).

Sin Hormonas Tiroideas no hay Neuronas

Desde mediados del siglo pasado se conoce que las hormonas tiroideas ejercen importantes acciones morfogenéticas durante el desarrollo embrionario. Las TH participan en el crecimiento y la diferenciación celular de prácticamente todos los órganos del individuo: sistema nervioso central y órganos de los sentidos (cóclea y retina); sistema músculo-esquelético, corazón e intestino, entre otros. En el caso del desarrollo del sistema nervioso, las acciones neurogénicas de las TH son cruciales para la organización y la maduración celular y funcional del cerebro. Así, y dependiendo de la especie, el aporte de TH suficiente en cantidad y adecuado en tiempo y lugar, es decir, en momentos muy precisos y en regiones cerebrales específicas, es esencial para la proliferación, migración y diferenciación tanto de neuronas como de células gliales. Las TH determinan el crecimiento de las fibras nerviosas o axones, así como su ramificación (árbol dendrítico), conectividad (formación de sinapsis) y recubrimiento con mielina, una lipoproteína que envuelve a los axones y permite la transmisión de los impulsos nerviosos. Las TH también son fundamentales para la maduración bioquímica de los sistemas de neurotransmisión encefálica. Las acciones neurogénicas de las TH se extienden a la vida postnatal y al individuo adulto, en donde son necesarias para la proliferación y la migración de nichos de células progenitoras localizadas en regiones circunscritas del encéfalo (Bernal, 2005; Laurberg, 2009; Horn and Heuer, 2010).

 
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