Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de marzo de 2011 Vol.12, No.3
  Inicio Ejemplares Directorio Quiénes somos Busca artículos Vínculos Contacto Mapa de sitio
 
Documento sin título
 
Cerebro y mente en el siglo XXI
Magda Giordano
CITA
PDF
   
La posición del cerebro en la Filosofía
El origen de la neurología
La relación entre el cerebro y la mente
Conclusiones
Bibliografía
Aumentar Letra Disminuir Letra Disminuir Letra   facebook
twitter
google
 

Introducción


En este siglo XXI difícilmente nos sorprendemos cuando una persona que sufre de una enfermedad neurológica, como la epilepsia del lóbulo temporal, toma un medicamento para controlar sus crisis y las alteraciones sensoriales que las preceden. Entendemos que de alguna manera esa medicina modula la función de las células nerviosas, responsables de alucinaciones visuales y emociones abruptas e intensas no relacionadas con lo que ocurre en ese momento y de los trastornos de la memoria que puede acarrear el ataque epiléptico.

Asimismo, cuando una persona presenta trastornos del movimiento, o del habla después de un trauma craneoencefálico, entendemos que algo pasó en su cerebro y que algunas partes dejaron de cumplir sus funciones.  Cuando una mujer después de dar a luz, presenta cambios de humor y llora en lugar de reír, comprendemos que hay cambios hormonales que subyacen a esta situación. Más o menos lo mismo pensamos cuando un adolescente se comporta de manera errática y observamos cambios en su personalidad de un momento a otro, aunque estos cambios nos parecen más difíciles de entender.  Nos es más difícil aún comprender lo que sucede cuando una persona empieza a presentar signos obsesivos, cuando se lava las manos infinidad de veces y revisa una y otra vez si cerró bien la puerta.  Nos parece extraño cuando dos hermanos que han vivido en la misma familia por años, resultan con personalidades casi opuestas, cuando uno es creativo y soñador y el otro es pragmático y obsesivo. Nos sorprendemos cuando en una clase entendemos todo lo que dijo el profesor, mientras que en otro momento ni siquiera escuchamos lo que dice a pesar de hacer un esfuerzo consciente por prestar atención.  Admiramos a aquéllos que tienen una memoria prodigiosa, que pueden escribir de tal manera que nos volvemos personajes de su narrativa; a los que pueden componer música que nos conmueve profundamente, y a aquéllos que se enfrentan a situaciones de peligro con serenidad.

Todos estos fenómenos tan variados tienen su origen y explicación en el funcionamiento de un órgano que los sacerdotes egipcios, hace miles de años descartaban cuando preparaban a un difunto para su viaje al otro mundo, mientras que al corazón lo dejaban con el cuerpo pues era éste el que definiría el destino final del difunto, el paraíso o la aniquilación.  Algunos de los fenómenos que mencioné se pueden explicar como fruto de la disfunción cerebral y de la muerte neuronal, aunque esto se comprende mejor en el caso de una enfermedad neurológica que de una enfermedad psiquiátrica. Las enfermedades psiquiátricas en muchos casos se conciben como desajustes de la función cerebral, sin implicar necesariamente la pérdida de células.  Es todavía más difícil entender cómo el funcionamiento cerebral da lugar a las diferencias de personalidad, los cambios de humor y de capacidad en un mismo individuo; la habilidad de comprender el estado de ánimo del otro aún antes de que nos dirija la palabra y ajustar entonces la manera en la que nos aproximamos a él, y la capacidad de ser conscientes de que estamos conscientes.  Aunque no comprendemos estos fenómenos en su totalidad, hoy en día creemos que hay un sustrato biológico que los hace posibles, sin embargo no siempre fue así.


 
  subir        
 
  Editorial
 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons