Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de marzo de 2011 Vol.12, No.3
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Tic-Tac biológico: ¿cómo medimos el tiempo?
Clara Mercado y Mauricio Díaz
CITA
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Antecedentes
Desde lo más profundo de tus entrañas
El tic-tac hasta en la sopa
No sólo de pan vive el hombre
conclusión y bibliografía
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Introducción



Dra. Clara Mercado y Dr. Mauricio-Díaz

La propiedad de medir el tiempo no sólo se limita a los seres humanos, sino que está presente en todos los animales, las plantas y cualquier otro organismo estudiado hasta el momento. Desde tiempos remotos el hombre ha buscado mejores métodos para medir el tiempo, ya desde la Edad de Piedra con la construcción de monumentos colosales, como por ejemplo, los que se encuentran en la zona arqueológica de Stonehenge en Inglaterra. De igual forma los humanos se han valido de las transiciones entre el día y la noche, los cambios climáticos proporcionados por las estaciones y la astrología para construir complejos y extraordinarios calendarios para medir el paso de los días, meses, estaciones y años. Diversos organismos también se apoyan en eventos ambientales para medir el tiempo. Por ejemplo, organismos marinos detectan las diferencias en los niveles del mar durante las mareas para alimentarse; otros organismos como los osos se valen de la duración del día para prepararse a la hibernación. Por lo tanto, la relevancia de medir el tiempo se ha constituido como una adaptación de anticipación a los eventos ambientales, para regular así procesos fisiológicos clave.

Pero los organismos, incluyendo al hombre, no sólo pueden medir el tiempo ambiental, también tienen la ventaja de predecir el tiempo sin alguna señal temporal externa. Esta capacidad es distintiva del reloj biológico. Un reloj biológico se define como un sistema celular capaz de generar un orden temporal en las actividades del organismo; debe tener la capacidad de oscilar con un periodo regular, y usar dichas oscilaciones como una referencia temporal interna. Este sistema debe permitir la adecuada interacción del dominio temporal entre el organismo y su ambiente (Aschoff, 1981).

Algunos investigadores manejan el concepto de reloj biológico como estructuras orgánicas que funcionan como marcapasos u osciladores capaces de imponer su ritmo a los procesos orgánicos, mientras que otros dicen que las propiedades que definen al reloj biológico son el resultado de la interacción de múltiples procesos fisiológicos oscilatorios, donde la participación de estructuras específicas se limita al acoplamiento entre los diversos procesos (Aguilar-Roblero, 1993).

En mamíferos se ha identificado como el principal reloj biológico al núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo, estructura que se encuentra en el diencéfalo, sobre la parte superior-anterior al quiasma óptico y alrededor del tercer ventrículo. Sin embargo, recientemente se ha establecido la existencia de diversos relojes-osciladores en otros órganos y tejidos que comparten los mismos mecanismos moleculares para medir el tiempo, por lo que la ritmicidad del organismo completo resulta de la interacción del NSQ con el resto de osciladores periféricos.


 
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