Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de marzo de 2011 Vol.12, No.3
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¿Mujeres sensibles y hombres morales? Imágenes de la compasión en el cerebro
Roberto E. Mercadillo, José Luis Díaz y Fernando A. Barrios
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La compasión desde la perspectiva...
Observación del cerebro compasivo
¿Por qué sentimos diferente...
Bibliografía
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Introducción


El significado de la compasión

El concepto de compasión se ha manifestado en diversas culturas y tiempos históricos, por ejemplo, en la doctrina budista, el Bodhisattva de la Compasión la representa como una cualidad de la mente humana, que permite observar, con sabiduría, el sufrimiento de todos los seres vivos.

En occidente, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) propuso a la compasión como el eje de la ética y la moral humanas, porque contribuye a que establezcamos valores y normas que eviten el sufrimiento y la pesadumbre. En cambio, el filósofo existencialista español Miguel de Unamuno (1866-1936), entiende la “com-pasión” como una “pasión compartida”, es decir, la capacidad de compartir sentimientos y emociones “de” y “con” otros seres.

En años recientes, la compasión ha sido abordada en estudios científicos y humanistas, que abarcan desde las bases evolutivas y cerebrales de esta emoción, su relación con actos como el perdón y la gratitud, hasta su utilidad para políticas que regulen la violencia y la guerra.1

Definir el concepto de compasión dentro de la ciencia no es una labor sencilla, ya que muchos de nosotros podemos sentir esta emoción de una manera similar, pero nombrarla de forma diferente. Por ejemplo, en México, su significado y experiencia se confunde con la conmiseración, la lástima o la piedad, y es opuesto al enojo, la irritación o la indignación.2

Actualmente, desde el enfoque de las ciencias del comportamiento, la compasión se explica bajo la Teoría de las Emociones Morales, que se refiere a un tipo especial de emociones, las cuales experimentamos al observar el quebrantamiento de un valor moral o de una norma social y nos motivan a restablecer ese quebrantamiento. Ejemplo de ellas es la indignación que se desencadena cuando observamos que un hombre está maltratando a un niño y el consecuente castigo legal que se le puede aplicar, o bien, el sentimiento de gratitud que experimentamos cuando notamos que alguien realizó un acto en nuestro beneficio. Bajo esta propuesta, la compasión se siente cuando observamos que alguna persona u otro ser vivo está sufriendo, sobretodo si ese sufrimiento es causado de manera intencional, y nos motiva a intentar aliviar al ser
sufriente.3

Ahora bien, debido a que la compasión incluye un comportamiento de ayuda, su significado se ha confundido con el de altruismo. A partir de un enfoque evolutivo-genético, el altruismo se define como un acto ejecutado por un individuo hacia otro (actor y receptor respectivamente), que permite incrementar el periodo de vida y la descendencia del receptor y que conlleva costos para la supervivencia y la reproducción del actor. Esto se explica a partir de la teoría del cuidado parental, que sugiere que la cooperación entre los individuos se dirige principalmente hacia aquellos cercanos genéticamente (parientes). La explicación se fundamenta en que la selección natural favorece a aquellos individuos que maximizan su contribución genética a futuras generaciones. El respaldo más claro de esta teoría es el cuidado hacia los hijos, en donde la probabilidad de que una de las crías presente la copia de un gen idéntico de uno de los padres es del 50.4

Por otro lado, en 1971 Trivers conceptualizó el término altruismo recíproco, cuya acción es entendida no sólo a partir de una relación genética. En este tipo de altruismo, el beneficio inmediato del receptor es mayor que el costo del actor. La cooperación o beneficio para el altruista implica ser ayudado por el receptor tiempo después. La ayuda incluye intercambio de información, recursos y apoyo social. Ejemplo de esta reciprocidad son los murciélagos vampiro (Desmodus rotundus) en Costa Rica. Regularmente muchos de los individuos de una colonia no obtienen alimento (sangre) durante la noche, sin embargo durante el día, mientras permanecen colgados en su cueva, aquellos que lograron alimentarse regurgitan sangre a quienes no la obtuvieron en la búsqueda de la noche anterior. La regurgitación es dada a individuos que frecuentemente son compañeros durante el reposo. La reciprocidad consiste en que el hecho de que los receptores sean compañeros frecuentes, incrementa la probabilidad de que el donador reciba una dotación de alimento por parte de ellos en caso de que en una noche falle en su obtención de alimento (ver figura 1).5

Figura 1. Representación de la secuencia de alimentación en el altruismo recíproco. Un murciélago vampiro hambriento (derecha) solicita alimento a un probable altruista (1); la solicitud es acompañada por conductas de “grooming” en el área del estómago (2), para finalmente contactar la boca del donador, quien responde mediante la regurgitación de sangre (3). Este tipo de conducta  incrementa la posibilidad de que el murciélago altruista (izquierda), cuando no encuentre alimento alguna noche, lo reciba por parte de algún miembro del grupo. Aunque esta conducta responde al alivio de las necesidades de otro, su desencadenamiento no implica la activación de sistemas cognitivos y empáticos involucrados en la compasión, sino a la estimulación por parte del solicitante. La reciprocidad observada en este tipo de altruismo no ha sido identificada en comportamientos compasivos. Figura modificada de Wilkinson, G. (1990). Scientific American.

Como leímos anteriormente, existen especies humanas que expresan diferentes comportamientos de ayuda o altruismo. Sin embargo, estos comportamientos conllevan necesariamente algún tipo de ganancia o beneficio para el individuo “altruista”, lo cual no ha sido claramente observado en el comportamiento compasivo. Además, la compasión sólo es posible a través de habilidades mentales que se llevan en sistemas cerebrales complejos, de los cuales carecen algunas especies altruistas, como las hormigas o los murciélagos. En particular, nos referimos a la empatía y la teoría de la mente, que implican la capacidad de inferir o suponer el estado de la actitud física y mental de otro individuo y, en el caso de la compasión, el sufrimiento y el dolor.

Si embargo, un caso que destaca son los chimpancés (Pan troglodytes), en quienes se han observado comportamientos complejos como reconciliación, consuelo, cooperación, contagio emocional, prescripción de reglas sociales, internalización de reglas, anticipación de castigos, sentido de regulación social, venganza, agresión contra quebrantadores de reglas de reciprocidad y mediación de conflictos (ver figura 2). Aun así, si bien los chimpancés presentan procesos empáticos y el establecimiento de reglas sociales, no es posible atribuir claramente la intencionalidad y la moralidad que componen los comportamientos compasivos humanos.  Es preciso reconocer que, a pesar de que el altruismo y la compasión son diferentes, esta última se sustenta en habilidades altruistas que los seres humanos hemos incrementado y especializado durante nuestra evolución.

Figura 2. Chimpancés ejecutando comportamientos de reconciliación, que se fundamentan en procesos cognitivos involucrados en la empatía y el seguimiento de normas sociales. Aunque algunas especies de primates manifiestan comportamientos de ayuda que involucrarían procesos de tipo empático y aprendizaje de normas sociales, no es posible inferir en ellos, de manera clara, la adecuación de sistemas morales para regular la experiencia emocional, la motivación de ayuda y la intencionalidad que incluye el concepto de compasión. Chimpancés extraída: http://o-meu-eu-e-os-outros eus.blogspot.com/2007_10_01_archive.html

Hasta este punto, podemos concretar que la compasión tiene dos componentes: Primero, la empatía, es decir, la capacidad para suponer, y a veces sentir, que otro ser está sufriendo. El segundo componente es la moral, es decir, los conceptos que nos permiten juzgar el acto de ayudar como correcto o incorrecto, o bien, bueno o malo.

Ahora bien, la investigación científica requiere de definiciones concretas y cortas para poder hacer diseños experimentales. Por esta razón, abordaremos una definición de compasión planteada en la investigación que constituye el antecedente directo de este artículo: “un sentimiento o experiencia subjetiva de pena o aflicción, desencadenada cuando se percibe el sufrimiento o pena de otro, cuya tendencia a la acción es confortar o aliviar el sufrimiento percibido” (Mercadillo 2007).

1 Keltner D, Marsh J, Smith JA. 2010. The compassionate instinct: The sciece of human goodness: W W Norton & Co Inc. 316 pp.

2 Diaz JL, Flores EO. 2001. The structure of human emotions: A chromatic model of the affective system. Salud Mental 24:20-35.

3 Haidt J. 2003. The moral emotions. In Handbook of affective sciences, ed. RJ Davidson, K Scherer, H Goldsmith, pp. 852-70. Oxford: Oxford University Press.

4 Cartwright J. 2001. Evolution and human behavior: Darwinian perspectives on human nature. Cambridge: Bradford Book.

5 Wilkinson, G. (1990). Scientific American.


 
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