Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de abril de 2011 Vol.12, No.4
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La Anatomía Humana, entre la ciencia y el arte. La colección de Cera Anatómica del Museo de Anatomía
Beatriz Georgina Montemayor Flores
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Conclusiones y Bibliografía
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Introducción


La Anatomía Humana es una ciencia de observación. Para estudiar la organización del cuerpo humano es necesario cortar, separar, transgredir el todo, para convertirlo en más que la suma de sus partes, y así poner al descubierto las estructuras internas que lo conforman.

La disección es, por su naturaleza, la estrategia didáctica ideal para el estudio de la Anatomía. Así se entendió en el Museo de Alejandría, en el Bajo Egipto, a finales del siglo III antes de Cristo, cuando por primera vez Herófilo y Erasistrato realizaron disecciones en humanos y animales.

Escudriñar el cuerpo humano, descubrir lo oculto mediante el corte, plantea dificultades religiosas y sociales, por cuanto es necesario violentar el cuerpo ausente de alma, pero inmerso en un mundo de supersticiones. También involucra el desarrollo de una técnica eficaz para conservarlo y así, con tiempo suficiente, realizar su exploración.

Durante la Edad Media las disecciones fueron prohibidas y perseguidas por la Iglesia; la Anatomía se convirtió en un modelo filosófico; los maestros leían los escritos de Galeno, y, sin imágenes, los alumnos memorizaban los textos.

Al romper el alba del Renacimiento, el hombre, cansado de buscar en el cielo las respuestas a sus preguntas, volvió la mirada a lo tangible, a su cuerpo. Entonces el cuerpo se redimensionó y se estudió no sólo para objetivar la descripción anatómica, ilustrando y comprendiendo su estructura y función, sino también para representarlo artísticamente, respondiendo así a la atracción que siempre ha ejercido sobre los artistas.
Así, anatomistas y artistas, juntos, inician los tres siglos de exploración del cuerpo humano, disecando y buscando la “verdad anatómica”. El artista con la mirada de la estética, y el anatomista con los ojos de quien busca la precisión y el rigor.

Pero quedaba aún pendiente el problema de la conservación del frágil cuerpo humano, que se corrompía rápidamente. Obligaba a los anatomistas a realizar las disecciones durante los meses de invierno. ¿Cómo evitar la descomposición y los olores de los cadáveres?

No quedó más remedio que esperar. Casi a finales del siglo XVII se inventaron las primeras técnicas para conservar cadáveres y, al mismo tiempo, se desarrolló, en las escuelas de arte, una técnica para representar al cuerpo humano mediante la manipulación de la cera, es decir, artistas y anatomistas buscando la manera de inmortalizar el cuerpo.

Al mismo tiempo que circulaban por Europa dibujos y grabados anatómicos, los anatomistas-artistas y los artistas–anatomistas ofrecían, en pequeños salones de la aristocracia, exhibiciones de piezas que aventajaban a los grabados por el volumen y la presencia de la tercera dimensión. Eran modelos de cera que, de manera precisa, bella y exacta, ilustraban el resultado de varias disecciones. La ciencia fue rebasada por el arte, el arte dirigido escrupulosamente por la mirada verificadora del anatomista, explorador guardián de los secretos del cuerpo atomizado.

En el Museo de la Specola (1775), en Florencia, Italia, se instaló la primera colección importante de ceras anatómicas y de ahí la moda de la anatomía artística se extendió por el viejo continente. Felice Fontana, curador de la colección en una museografía nueva para la época, imaginó una colección completa de ceras anatómicas, que mostrara todos los conocimientos que se tenían sobre el cuerpo humano, una exposición didáctica que, sin maestro ni guía, fuera posible visitar.

Pronto París desarrolló su propia escuela de cera artística o cera anatómica. El conde de Orleáns presentó en el Palacio Real la colección de cera anatómica francesa más completa.

En 1789 la Revolución Francesa irrumpió en la vida académica y artística, provocando profundas transformaciones. Durante el proceso de laicización se crearon escuelas públicas y las colecciones privadas de arte constituyeron los primeros museos.

¿Adónde enviar las colecciones de cera anatómica?, ¿pertenecían al ámbito escolar?, ¿eran piezas de arte y, por lo tanto, su lugar natural eran los museos?

Bajo el lema de “menos lectura y más observación, práctica y clínica, disección y autopsias”, las piezas de cera anatómica fueron depositadas en las escuelas de la salud, consideradas la base esencial de la instrucción. La Revolución convirtió a los modelos anatómicos de cera en un valioso recurso didáctico para la enseñanza del arte de curar.

Durante el siglo XIX las escuelas de Medicina se dedicaron a hacer crecer las colecciones anatómicas de cera, eje central de la dinámica de la docencia y la investigación médica, no tanto como para desaparecer la práctica de la disección, la cual se encontraba vigente como nunca en los recintos universitarios, sino como instrumentos educativos complementarios. Las piezas fueron coleccionadas y conservadas para su uso y exhibición en Museos Anatómicos, adjuntos a las cátedras de Anatomía o Cirugía, con el propósito de objetivar la descripción de la anatomía humana. Eran recursos didácticos que podían ser utilizados durante las clases teóricas, a solicitud de los profesores, con independencia de la disponibilidad de cadáveres; piezas que conservaban y exhibían fielmente el objeto de conocimiento: “el cuerpo humano”, y mediadores operacionales entre la realidad física y el proceso cognitivo, en la construcción de conocimiento anatómico.
Durante los siglos XIX y XX las colecciones se multiplicaron no sólo en Europa. También llegaron a las principales universidades de América, piezas anatómicas con rasgos de hombres y mujeres europeos, que se hicieron presentes en las aulas de las Escuelas de Medicina a lo largo del nuevo continente.
Las piezas anatómicas de la Facultad de Medicina de la UNAM, que con gran orgullo cuidamos, conservamos y exhibimos en nuestro museo, llegaron procedentes de Francia a finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Rigurosamente precisas anatómicamente e intrínsecamente bellas, estas piezas han provocado la admiración de nuestros estudiantes durante más de una centuria. Fueron utilizadas en las aulas como modelos para la enseñanza de la anatomía hasta la década de los setenta del siglo pasado. Desde entonces, tras las vitrinas, a propios y extraños son exhibidas en el Museo de Anatomía, embelleciendo el deseo de ver y ofreciendo el espectáculo del cuerpo disecado, como una continuidad con la vida.


 
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