Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de junio de 2011 Vol.12, No.6
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Placer y decisión: reflexiones sobre las causas por las cuales los jóvenes universitarios no utilizan el condón a pesar de estar informados
Diana Berenice Pérez Fernández, Carlos Fonseca Hernández, Juan Manuel Sánchez Soto
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Introducción


Marco Conceptual
Comportamientos sexuales

Actualmente abordar el tema de la sexualidad en los jóvenes, nos remite a considerar los riesgos que trae consigo el tener relaciones sexuales y, a su vez, analizar los elementos que intervienen, entre ellos, el autocuidado, el compromiso y la responsabilidad en sus comportamientos sexuales.

La Secretaría de Educación Pública y el Instituto Mexicano de la Juventud (2008), consideran que la juventud en México va desde los 12 hasta los 29 años de edad, periodo en el que comienza la vida sexual. Los comportamientos sexuales son definidos como una expresión personal conductual, en la que el componente erótico es el más evidente (Cervantes, 2005) y éste a su vez es el vínculo entre comportamiento sexual y obtención de placer (World Health Organization, 1998). Katchadourian (1998) lo definió como el “comportamiento que conduce al orgasmo”, lo que supuestamente lo diferenciaba de los componentes subjetivos de la sexualidad y permitía una “dimensionalización” precisa: tratando los temas de masturbación, sueños sexuales, caricias, coito, actividades homosexuales e incluso hasta contactos animales (Cervantes, 2005).

Los comportamientos sexuales van a ser expresados por los jóvenes de diversas maneras y cada una de ellas dependerá del sexo, género, intereses, significados, valores, nivel educativo y contexto. Dicho comportamiento deberá establecer en su práctica un acuerdo mutuo y tomar una decisión sin perder cada uno su autonomía, siendo hombre o mujer; asumir con respeto; manejar bien las emociones; mostrar responsabilidad y compromiso, y tener una relación sexual protegida y/o saludable, ya que si se desarrolla un mal manejo de la misma, se tendrán efectos secundarios que impactan a nivel psicológico, físico y social a ambos.

Considerando que los adolescentes no sienten temor ante las relaciones sexuales y las asumen como una necesidad a satisfacer en sus vidas, convierten los comportamientos sexuales en una norma, siendo a su vez una moda a desarrollar. Opinan los jóvenes actualmente que su sexualidad se desarrolla por los conocimientos y las actitudes positivas que creen poseer para el ejercicio de la sexualidad, sin preocuparse en que esto no los excluye de una conducta sexual de riesgo, que puede ocasionar una infección de transmisión sexual, como el SIDA (Goncalves, Castellá y Sandra, 2007).

Valores

Los valores son considerados referentes, pautas o abstracciones que orientan el comportamiento humano y originan una transformación personal y social. Estos valores se verán determinados, a su vez, por el contexto y las percepciones subjetivas que se tengan como individuo para otorgarles un valor. El criterio de valor se desarrolla de acuerdo a las preferencias personales, los intereses, la formulación de metas y propósitos, las creencias, las convicciones, las actitudes, los juicios de valor y las acciones, que dependen de los elementos afectivos que puede otorgarle cada persona. De esta manera se forja la identidad personal y el mirar de forma consciente los valores que posee un individuo, para tener confianza en sí mismo, e interpretar y evaluar su contexto, generando por consiguiente actitudes y orientaciones para los comportamientos sociales (Sandoval, 2007).

En el tema de la sexualidad los valores son fundamentales, aunque éstos a su vez sean una construcción social, de firme adquisición individualizada. Nos permiten tener como pauta un estándar de comportamiento personal que se ve reflejado en la sociedad, esto con el fin de no dañar de ninguna forma a quienes nos rodean y mantener un equilibrio social.

Sin embargo, debemos considerar que los valores son parte de un proceso multifactorial y que van a influir de manera significativa en la conformación de una identidad y la generación de valores en cada persona. Aunado a la sexualidad, éstos proporcionarán un abanico de criterios, juicios de valor y conciencia ante el manejo de la sexualidad, desde una perspectiva individual.

Autonomía y autocuidado

Actualmente se vive una gran crisis de valores en nuestra sociedad y adjudicamos esta pérdida a la familia, los medios de comunicación, la educación y la sociedad. Se reconoce el impacto de estos factores, pero en el fondo el asunto surge a partir de nosotros mismos, ya que se trata de una carencia personal en la que hemos dejado a un lado la esencia de disfrutar y disfrutarnos libre y responsablemente.

Cuando existe una conciencia en el ser humano en cuanto a la importancia de la propia vida, en la sexualidad está presente la ética sexual, que es el respeto a la dignidad misma y el actuar con conocimiento, voluntad y libertad. Ambas partes se conducen a partir de considerar a la otra persona con un fin y no solamente como un medio de obtención de placer (Montoya, 2007).

La autonomía parte no sólo de la percepción y el valor que nos otorgamos a nosotros mismos, sino también del respeto a nuestro ser y al propósito de evitar el egocentrismo, ya que al iniciar una relación sexual hablamos de compartir una responsabilidad y un compromiso.

Tentativamente la autonomía nos remite al autocuidado, que es una estructura cognitiva y emocional basada en el comportamiento. Al existir un equilibrio en estas tres vertientes, se desarrolla la capacidad de responder ante determinadas situaciones en la vida (Montoya, 2007).

Al amarnos y aceptarnos a nosotros mismos, asumimos la capacidad de tomar decisiones y manejar sanamente nuestro cuerpo, mente, espíritu y sociedad, evitando el contacto con mecanismos que pueden dañar nuestra integridad. El autocuidado, como un comportamiento propio, impulsado y motivado por la autonomía, al estar ausente en las relaciones sexuales puede dar lugar a decisiones inadecuadas en el manejo de la sexualidad, que pueden derivar en infecciones de transmisión sexual y cambios radicales en el proyecto integral de vida de los jóvenes.

Autoestima

Además, para asumir el manejo sano de la sexualidad, es pertinente que los jóvenes también tengan un conocimiento de sí mismos en cuanto a sentimientos y necesidades, basados en la ecuanimidad de su autoestima.

La autoestima es la forma ideal para pensar, amar, sentir y comportarse consigo mismo. Es un elemento modular en el comportamiento personal, familiar y social, siendo a su vez un factor de protección ante las conductas dañinas (Alonso, 2007). Además debe existir un grado de conciencia de sí mismo en el individuo, que le permita darse cuenta de la realidad para elaborar conceptos y juicios sobre sí mismo de manera asertiva. La importancia de una autoestima sana reside en la posibilidad de responder activa y positivamente ante las oportunidades que se presentan en el trabajo, el amor y la diversión. Entre más alta sea la autoestima, más posibilidades habrá de entablar relaciones enriquecedoras y no destructivas (López, Pérez y Sales, 2001).

Conviene precisar que la autoestima no se adquiere gracias a un estatus social, por tener una “linda familia” o por alcanzar el nivel educativo “más alto”. Ésta surge a raíz de la construcción personal, en la que el amor influye significativamente sin causar daño alguno. En la sexualidad la autoestima nunca se pierde, aunque el individuo se encuentre ante una alta probabilidad de relacionarse sexualmente, pues actúa de manera responsable bajo su percepción y visión futura de lo que tiene como proyecto de vida.

Es sabido que la autoestima es un mecanismo para proteger las relaciones sexuales. En primer lugar permite no sólo tener una perspectiva de uno mismo, sino también desarrollar la capacidad de transmitir lo que se quiere dar a conocer y hacer uso del empoderamiento en la toma de decisiones, considerando los pro y contra en el manejo de los actos.

La moralidad sexual y el placer

Al existir una estabilidad de valores entre los jóvenes, es posible que manifiesten su moralidad sexual, representada en un sentido de aprecio y respeto por los demás, dejando a un lado la postura de norma o regla a cumplir (González, 1977), con una convicción consciente y responsable hacia los demás y su contexto.
En cuanto al aprecio, éste no debe relacionarse sólo con la existencia de sentimientos, sino también al conducirse hacia el otro y considerar su vida con el mismo respeto e importancia que la propia.
Otro aspecto relacionado es la libertad, que no significa que una persona deba hacer lo que quiera, sino comprender la naturaleza de sus acciones y deseos, así como las consecuencias de sus actos (Krishnamurti, 2008). Aunado a esto, los valores y la moralidad sexual entre los jóvenes, no sólo son una opción para conducirse con salud sexual, sino también una forma de estructurar parte de su identidad, madurez y capacidad para analizar una relación sexual.
Los valores son fundamentales en la toma de decisiones y la ejecución de las acciones correctas para no dañar la propia salud y la del otro. Sin embargo, ante las relaciones sexuales y el placer físico, en una situación tentadora, los valores se dejan en el olvido. Así, ante el placer físico, se debe considerar el comportamiento sexual con compromiso y valores humanos, bajo un sentimiento recíproco de consideración y respeto (González, 1977).

Constantemente el placer está relacionado con lo corporal, pero también tiene un componente emocional en el que influyen los sentimientos, las fantasías y los valores de cada persona. Además, existen varios agentes que influyen significativamente en los jóvenes con respecto a su percepción del placer. Ejemplo de ello son los medios de comunicación, parte fundamental en la cotidianeidad de los jóvenes. Presentan información de fácil acceso, spots publicitarios y programas de entretenimiento, entre otros, en los que el placer siempre está ligado a las relaciones coitales, esto a través de imágenes físicas atractivas o ideales entre hombres y mujeres para obtener placer físico. Se emite información superficial acerca de la esencia y la realidad del placer, siendo excluidos los aspectos emocionales y sentimentales, así como los valores esenciales para tomar una decisión y ejercer un comportamiento sexual.

Responsabilidad y compromiso

La responsabilidad, el respeto y el compromiso permiten el cuidado de uno mismo, la pareja y la humanidad. La responsabilidad se basa en responder y no precisamente de manera parcial, sino íntegramente, con un comportamiento personal condicionado por el entorno sociocultural en que vivimos, que a su vez supedita la mente y, por consiguiente, los actos. La responsabilidad se ubica en la totalidad, no en el individuo y la familia, ni en ciertos conceptos o creencias, sino en la humanidad entera (psicológicamente un ser humano es la humanidad entera), desarrollándose a lo largo de la vida, a través de la conducta, las formas de pensar y la importancia de la acción correcta (Krishnamurti, 2008).

La responsabilidad es una muestra de complejidad en cualquier ser humano. En relación a la sexualidad entre los jóvenes, ésta se muestra quebrantada debido al contenido y el manejo de la información que poseen, como es el caso de los mitos y tabúes, que en ocasiones predominan en la mente de los jóvenes, quienes tienen un alto contenido cultural sobre el manejo de la sexualidad, como el machismo y las mujeres que practican sus relaciones sexuales de acuerdo a los mandatos de su pareja, sin ser interrogadas. Éstos son ejemplos de las posturas entre hombres y mujeres en su comportamiento sexual. Aunque parezca un comportamiento remoto, en la actualidad los jóvenes siguen manteniendo un pensamiento como éste o sólo con una transformación adaptada a las necesidades que dicen tener, estructurando su propia información porque les parece confiable. Lo adverso radica en que el criterio para tomar una decisión correcta y determinar sus comportamientos sexuales, se condiciona a la información de sus pares. Se le da mayor valor a lo dicho por ellos, a partir de sus experiencias, esencialmente, aunque algunas instituciones de educación o salud implementan estrategias para la educación sexual.

Si el amor no existe, las acciones correctas no estarán presentes, pero cuando el amor se hace presente en nuestro ser, nuestras expresiones y nuestro espíritu, nos convertimos en humanos diferentes, ya que a partir del amor cualquier cosa que hagamos en nuestra vida será una acción correcta (Krishnamurti, 2009). El amor no es una formulación de la mente porque no puede ser concebido. Se manifiesta mediante la castidad, comprendida ésta como la aceptación al otro. Si no hubiera castidad hablaríamos de amoldamiento, en el que se pretende modificar o cambiar algunos aspectos de la otra persona. Por lo tanto la castidad surge sólo cuando hay amor, mientras que el amoldamiento (llamado matrimonio) jamás será casta ni amor (Krishnamurti, 2007).

Cuando el amor es inexistente entre los jóvenes se inicia el amoldamiento, debido a la necesidad de tener una pareja idealizada. Se parte de una forma de retener al hombre o a la mujer o, mejor dicho, por los celos. Esta forma de retención es un sentimiento de posesión que proporciona seguridad y certidumbre, lo que nos hace sentir importantes. A esta importancia es a lo que nos sujetamos, por el miedo de sentirnos totalmente solos (Krishnamurti, 2007).

 
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