Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de septiembre de 2011 Vol.12, No.9
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El imaginario social de la adulta mayor en la atención a su salud
Héctor A. Durán Gómez, Carlos Fonseca Hernández, Rafael A. Durán Gómez y Silvia Padilla Loredo
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Perfil epidemiológico de la vejez
La concepción de la vejez
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Introducción


El presente artículo tiene por objetivo identificar el constructo imaginario social de las adultas mayores en la atención de su salud. Para esto se dará inicio con la premisa del concepto de imaginario social (IS), “que parte del concepto de que los sujetos y las cosas son creaciones sociales, tanto en la forma general como particular y lo único que le pertenece al sujeto es su psique, misma que tampoco sería capaz de establecerse sin la violenta imposición que ejerce sobre ella el individuo como grupo, con predominio masculino” (Castoriadis, 2006). Las personas modelan su existencia considerando sus propias vivencias, de acuerdo al marco que le ofrece la forma adecuada a la estructura elaborada en derredor del imaginario social en que está inmersa.

Este concepto lo estructura Taylor (2006), considerando el imaginario social como “el modo en que las personas imaginan su existencia social, el tipo de relaciones que ocurren entre ellas, las expectativas que se cumplen habitualmente y las imágenes e ideas normativas más profundas que subyacen a estas expectativas”. Es la manera en que define como quiere que se le trate, sin establecer reglas escritas. Es aceptar las restricciones, el pensamiento de otros, las actitudes, los gestos, más que las reglas sociales establecidas.

El imaginario se diferencia de la teoría social, en razón de que ésta establece definiciones y nomenclaturas para designar en base a la academia, y tarda en permear al colectivo, mientras que el primero es la expresión coloquial cotidiana, la forma de identificarse con su entorno social, la manera en que lo siente y como lo expresa a través de diferentes formas, como pueden ser las tradiciones, leyendas o imágenes.

El colectivo va moldeando formas y reglas no escritas, pero aceptadas o sobreentendidas, fundamentalmente con respeto y reciprocidad. Cuando alguien quiere manipularlo, simplemente el imaginario social lo deja correr. Tal es el caso de las campañas con expresiones de “haz tu día familiar” o “si recibes llamadas de extorsión, cuelga y llama al 069”. Como si les estuvieran enseñando algo nuevo o que no supieran, cuando la concepción colectiva ya está llevando a cabo acciones a través de sus propias tradiciones o sus experiencias. A pesar de que algunas concepciones de medios masivos logran permear al colectivo, éstas pueden ser incorporadas o sincretizadas de acuerdo a su manera habitual de entender su razón.

Lo anterior permite entender que el imaginario social no es estático, más bien filtra los conceptos circulantes e incorpora sólo los que le sean afines y útiles a su tradición, independientemente que se considere o no necesariamente correcta. Por ejemplo, en el caso de las mujeres, existe aun la idea de ella, en el sentido de que no se le ha dejado desarrollar sus potencialidades en los ámbitos en que está inmersa, ya que su rol se ha limitado y definido en el imaginario social, en el sentido de que su destino es ser ama de casa y debe dedicarse a la cocina, tener hijos, atender a éstos y al marido. Son definidas por frases, como “una buena mujer es de la puerta para adentro de su casa”, porque para afuera ya tiene otra categoría, la cual adopta una doble acepción en la medida que la mujer envejece. Si como mujer por género ya tenia estigma al pasar a otra categoría, por su edad es doblemente estigmatizada, pues no sólo es mujer, sino que además el perfil epidemiológico la encasilla en doble vulnerabilidad.

 
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