Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de enero de 2012 Vol.13, No.1
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Navajas suizas para la lectura, un sistema en expansión
Bernardo Ruiz
CITA
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El alba


Me gustaban los linotipos, los conocía de antiguo, ya que mi tía la mayor, soltera de por vida, era dueña de una imprenta: Editorial Luz. El local fue mi guardería buena parte de las vacaciones de la infancia. Era fascinante el olor a tinta que se desprendía del rodillo de entintado de las galeras. Impresionaba el golpe del refine de los pliegos en la guillotina. Y nada más asombroso para un niño de seis años que el ritmo de un linotipo y la reluciente línea de plomo que se acumulaban en la charola para formar párrafos y páginas.

Cuando empecé a escribir y publicar semanalmente, a fines de 1972, en el suplemento cultural de El Heraldo de México, el mundo había cambiado: de una impresora de papel fotográfico surgía la galera que se utilizaría para los negativos. Una terminal con aspecto de máquina IBM électrica, vecina de otras quince o veinte terminales semejantes, era lo que había quedado de la imagen del linotipo y las prensas.

Cuando llegué a la Universidad Autónoma Metropolitana, tres años más tarde, estrené una IBM de bolita, semejante a la que Kubrick había filmado en La naranja mecánica para dejar lisiado al escritor subversivo.

El reloj estaba próximo al otoño de 1980, y tras de utilizar diversas máquinas de escribir eléctricas y, luego, una de las primeras electrónicas con memoria, una Brother portátil, me había animado a que una compañera de trabajo me prestara su compóser, donde aprendí a levantar tipografía en frío. Con ella hacíamos Miguel Ángel Flores y yo las colecciones literarias de UAM-Azcapotzalco: La rosa de los vientos y La torre de los tiempos.

Los setenta enseñaron a mi generación a no esperar mucho de las editoriales comerciales. Varios de mis amigos y colegas publicaban en editoriales y colecciones marginales sus trabajos. Por ello no era extraño que en nuestros ratos libres coordináramos la edición de aquellas plaquetes donde poetas y traductores contemporáneos calaban sus armas.

Provengo de una familia donde, tanto por el lado materno como por el paterno, la preferencia vocacional habían sido las ciencias, de modo que mis estudios de Letras fueron vistos con mirada compasiva, y con cierto escándalo después, a consecuencia de mis interrumpidos estudios de Física en la Facultad de Ciencias un poco antes de terminar el cuarto semestre.

Sin embargo, comparto con mis hermanos una curiosidad y fascinación desmedida por las novedades tecnológicas y científicas, una afición a la que era proclive mi padre, quien nos contagió con su ejemplo. Por ello siempre me ha parecido natural mi llegada a las computadoras tras dos años de voyeurismo, leyendo revistas coloridas donde se comentaban con detalle las virtudes de estas máquinas.


 
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