Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2012 Vol.13, No.11
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La escritura istmeña o epiolmeca como antecedente de la maya: una revisión histórica
Tomás Pérez Suárez
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La escritura istmeña o epiolmeca
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Introducción

Durante los últimos años del siglo XIX, y en los albores del XX, las publicaciones de Alfred Maudslay (1889-1902) y de Teobert Maler (1901-1903), dieron a conocer fotos y dibujos de gran fidelidad de las numerosas estelas, altares, dinteles y monumentos misceláneos, existentes en varias de las ciudades mayas que ellos visitaron y describieron. Algunos de estos sitios, verdaderamente perdidos en la selva, son de difícil acceso todavía en la actualidad.

Los estudiosos de la escritura jeroglífica maya de entonces, gracias a esos trabajos, tuvieron a su alcance un sustancioso universo de inscripciones. Esta abundancia de ejemplos, con un alto contenido de registros calendáricos, aceleró el proceso del desciframiento de los distintos sistemas mayas utilizados para fechar sus eventos.

Si bien ya se conocía el sistema numérico de puntos y barras, y la mecánica de la rueda calendárica (combinación del almanaque ritual de 260 días y el solar de 365 días, que permitía ubicar una fecha en un ciclo de 52 años), la gran novedad ocurrió cuando se pudo descifrar la llamada cuenta larga. Este sistema, mediante el establecimiento de una fecha era, o punto cero, permitió a los mayas del periodo Clásico (250 – 1000 d. C.), ubicar con precisión fechas inmensurablemente grandes tanto hacia el pasado como hacia el futuro. De esta manera registraron eventos míticos de sus dioses, fenómenos astronómicos recurrentes y el quehacer histórico de sus gobernantes.

Así surgió la extendida idea de que fueron los mayas quienes crearon este singular sistema calendárico mesoamericano. Poco sabíamos de la existencia de ejemplos anteriores en la frontera occidental del área maya, espacio ocupado ancestralmente por hablantes de la familia lingüística mixe-zoque, donde floreció la cultura olmeca en el periodo Preclásico Medio (1200 – 500 a. C.) y donde según las evidencias actuales se originó, en el Preclásico Tardío y Protoclásico (500 a. C. – 250 d. C.), este preciso sistema de fechamiento. Es de estos ejemplos de escritura temprana, llamada istmeña o epiolmeca, que trata el presente trabajo. Los monumentos que la contienen se han localizado en sitios de la región sur de Veracruz, en la Depresión Central de Chiapas y en costa del Pacífico de Chiapas y Guatemala. Figura 1.


Figura 1. Mapa de distribución de la escritura istmeña o epiolmeca. (John Justeson, 1986)


Es por esta distribución geográfica que atraviesa el Istmo de Tehuantepec, desde el Golfo de México hasta el Océano Pacífico, que se le dio el nombre de  escritura istmeña (Justeson 1986). Igualmente, dado que varios ejemplos procedían de la región donde había florecido la civilización olmeca, se le ha llamado epiolmeca, es decir una expresión tardía de dicha cultura. Pero sobre todo recibe ese último nombre por que las investigaciones de John Justeson y Terrence Kaufman (1993 y 2001) han sugerido que los textos fueron escritos por un hablante de alguna lengua mixe-zoque. Familia lingüística ésta en la cual, según las hipótesis actuales, se expresó la ancestral cultura olmeca. Esta escritura también ha recibido otros nombres, como el de monumentos del Baktun 7 (Michael Coe, 1957) o escritura de Los Tuxtla (Sylvia Méluzin, 1995), pero estas denominaciones casi no se utilizan.


 
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