Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2012 Vol.13, No.11
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Una historia cronológica de la creación maya
Martha Ilia Nájera Coronado
CITA
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El tiempo de la existencia intrascendente
Las grandes hazañas de los dioses
El hombre sobre la tierra
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Introducción

Los antiguos mayas, como muchos otros pueblos, distinguían entre el tiempo profano y el tiempo sagrado, que cualitativamente son diferentes. El profano, el de la duración continua e irreversible de la realidad cotidiana, es el del ámbito de lo humano, de lo terrenal, es el de la duración finita, tiene un límite en su duración, de ahí su intrínseca relación con la caducidad y la muerte; en tanto que el tiempo sagrado por el contrario, es infinito o más bien, es ilimitado y se desarrolla en una temporalidad diferente; la estructura difiere porque la experiencia misma del tiempo como tal entre los pueblos mesoamericanos, no equivale a la experiencia que podemos tener de ese tiempo, porque su experiencia del tiempo histórico no se ha desligado del mítico. Los hombres religiosos siempre dejan una “abertura” permanente entre el transcurrir de su vida cotidiana y el tiempo religioso (Eliade, 1964: 345-346).

El tiempo sagrado incluye tanto los relatos de los mitos de creación, como cuando en la vida cotidiana irrumpe o permea la sacralidad en los rituales, muchas veces reactualizando aquellas cosmogonías, y aboliendo el tiempo profano durante algunos momentos. El mito arranca al hombre de su tiempo individual, cronológico, histórico para proyectarlo al tiempo sagrado del principio.

El objetivo de este artículo es referirse, dentro de los diferentes discursos cosmogónicos de los mayas, a los tiempos diversos del mito, porque éste no es homogéneo, se presenta bajo varias formas y contiene una intensidad variada; se intenta, con apoyo en recientes lecturas realizadas hoy día por los epigrafistas de las inscripciones mayas sobre algunos fragmentos de relatos creacionales, construir una narración cronológica. Se aludirá a cuando se desarrollaban las grandes hazañas de los seres sobrenaturales a través de un largo periodo, y se construyó la realidad tal como hoy día la apreciamos; se narrará el momento en que surgieron algunos de los dioses, se conformó la tierra y se separaron las aguas terrestres de las celestes, cuando todavía no existía el Sol y no había hombres en la tierra. Esta historia sagrada se presenta como una realidad misteriosa que explica un estado de sucesos existentes previos al cosmos.

El hombre no forma parte de este discurso, porque aparece  hasta que toda la tierra estuvo lista, los actores son los dioses, algunos parece que siempre existieron, como lejanas deidades que formaron a los nuevos seres. Los mayas sabemos, estaban obsesionados con el tiempo, por ello dentro del mito también marcaron fechas que les permitían ordenar mentalmente la creación, ofrecían una racionalidad a un mundo que en apariencia aparecía caótico e indescifrable; además, también explicaron el espacio en donde ocurría esa otra realidad. Estos actos se recrearán en el tiempo del hombre para reactualizar la cosmogonía.
Los relatos de los tiempos cosmogónicos son la respuesta a muchas de las grandes interrogantes de la humanidad; el hombre al no comprender  los grandes misterios del cosmos, o la magnitud de los fenómenos naturales, se contestaba con el mito y así encontraba su ubicación en el orden del universo y en la historia (Meslin, 1978: 232).

El tiempo mítico no es homogéneo, hay periodos de tiempo “concentrado” y de tiempo “diluido”, de tiempo “fuerte” y de tiempo “débil” (Eliade, 1964: 347). Ya López Austin (1996: 54-63) ha distinguido tres etapas en los mitos mesoamericanos: a) el de la existencia intrascendente de los dioses, el del ocio, que sería el tránsito de una existencia apacible y prolongada de los antepasados; b) el tiempo propiamente mítico, que sería el de la creación, el de la aventura, en el que con frecuencia hay actos violentos, hasta el momento culminante de la transformación con la aparición del nuevo ser, el recién creado: c) el tercer tiempo, el del hombre que coincide con el movimiento del Sol, porque su gestación es anterior. Este esquema, aclara el autor, puede ser útil para identificar los pasos en el tiempo, pero agrega: “no todos están presentes en las diversas narraciones, y suelen desvanecerse a tal grado que apenas se les menciona como parte de uno de los episodios míticos” (López Austin, 1966: 63).


 
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