Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de noviembre de 2012 Vol.13, No.11
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Tiempos rituales y textos de la resistencia
María del Carmen Valverde Valdés
CITA
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Los movimientos armados. Un ejemplo
Elementos simbólicos
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Introducción

Los diversos movimientos y mecanismos de resistencia que se dieron en el área maya después de los procesos de conquistas y colonizaciones de los territorios que la conforman, tuvieron su propia lógica y se insertaron dentro de una cosmovisión y una particular concepción del tiempo que poco tuvo que ver con la visión del devenir impuesta por la cultura occidental. Estos procesos siempre implicaron una ruptura con una realidad vivida e interiorizada, construida y reconstruida a lo largo de los siglos de la historia prehispánica, y que hasta ese momento respondía a un modo particular de ver y entender el mundo. Así, cada uno de los pueblos mayas se vio en la necesidad de desarrollar distintas modalidades de respuesta y adaptación ante las nuevas situaciones generadas con los cambios que a todos niveles introdujeron los europeos; es cierto que en cierta medida las comunidades incorporaron la situación inmediata a su propia concepción del universo, y las más de las veces reinterpretaron con provecho los nuevos elementos culturales que llegaron. Pero todas las respuestas implicaron siempre, distintos grados o formas de resistencia. Resistencia que no en pocas ocasiones se manifestó en francas muestras de desobediencia, desde motines, asonadas, alborotos locales, insubordinaciones, hasta los enfrentamientos francos, abiertos y violentos contra el régimen dominante, es decir, verdaderas sublevaciones armadas (Valverde, 2002, 2007) (Figura 1).


Figura 1. Distintos mecanismos de resistencia indígena


Sin embargo, muchas otras veces, se utilizó como recurso para mantener la identidad amenazada, la propia lengua maya, que como espejo del mundo, se quedó plasmada en una gran variedad de textos coloniales o se fijó en la memoria gracias a la repetición de cánticos, historias, rituales y plegarias (Figura 2).

Escritura y resistencia


Figura 2. Las cruces como emblemas sagrados y símbolos de la resistencia
Siguiendo esta última idea, las comunidades mayas, tanto en ese entonces como ahora, y continuando con una tradición que se remonta hasta la Conquista, tienen su propia voz y su propia historia, testimonios de una forma de entender el universo que se niega a morir.

En aquel entonces, en el lejano siglo XVI, cuando los mayas, a decir del fraile franciscano Diego de Landa para los pueblos de la península de Yucatán, ven "quemados los libros de sus pinturas" es que se apropian y utilizan uno de los principales instrumentos de la evangelización: el alfabeto latino, como un medio para conservar por escrito lo que consideraron digno de mantener en la memoria. Cabe señalar que una acción como la llevada a cabo en el Auto de fe de Maní, en donde el fraile señala: "Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena." (Landa 1982:105), en el marco de una concepción cíclica del tiempo, en que la historia se puede convertir en profecía, este acto cobra dimensiones de tragedia: a los mayas no sólo se les estaba quemando su historia, sino también su futuro. Tal y como lo señala De la Garza, "los mayas vieron esta destrucción como una gran tragedia, pues con la pérdida de los códices y de los sacerdotes, se perdió para ellos la memoria escrita de su pasado y, por tanto, la posibilidad de predecir el futuro." (De la Garza 2012:31)

De manera que es ante este tipo de medidas que ponían en riesgo la memoria colectiva, que pueblos mayas asumen el compromiso de escribir en el nuevo código enseñado por los propios conquistadores: el alfabeto latino que pronto se convirtió en una nueva herramienta de la memoria, y por lo tanto, contrariamente a la intención de los frailes, en una estrategia fundamental de resistencia cultural.

Se generan así, por ejemplo, los eclécticos textos escritos en maya yucateco, los libros de Chilam Balam1 resguardados celosamente en cerca de una veintena de comunidades, o los mitos k'iche' contenidos en el Popol Vuh, como "respuesta a un proceso específico de imposición política y económica del sistema colonial y una tentativa de resistencia cultural." (Craveri, 2012:17). Discursos escritos que contenían los hechos e ideas que debieran de preservarse y que formaban parte de la cosmovisión de los pueblos mayas, y que a manera de defensa contra las acciones de la conquista, se sumaban a la potente fuerza de la tradición oral, misma que se siguió reelaborando a lo largo del periodo colonial e incluso independiente, y que eventualmente se hace presente durante algunos movimientos armados (Figura 3).


Figura 3. Don Isabel Sulub Cima


Estos textos, escritos en un complejo lenguaje simbólico, accesible sólo para unos cuantos, y que contenían las historias sagradas, los "mitos cosmogónicos" que conformaban la herencia espiritual (y en ocasiones también material) de todo un pueblo, debieron de haber sido leídos e interpretados por los Ah kines o Chilames2 en ceremonias colectivas clandestinas, y debieron de ir pasando así de generación en generación, "los caciques indígenas tuvieron que moldear sus tradiciones y sus formas poéticas en canales comprensibles por parte de la sociedad colonial, sin perder con esto la peculiaridad simbólica y la riqueza semántica de sus mitos." (Ibid) La legitimidad de esta tradición que conjugó la escritura con la oralidad, radicaba en que se trataba de La Historia de la comunidad que se remontaba a los tiempos primordiales pero que seguía teniendo vigencia en el tiempo de quienes la resguardaban, ya que se trataba de una realidad que actuaba sobre el presente y por lo tanto explicaba y daba sentido a la existencia. Así estos libros, si bien resguardan el pasado, se orientan sobre todo hacia el futuro.


1 A la fecha se han encontrado 17 manuscritos en la Península de Yucatán que comparten la misma tradición, llamados Chilam Balam: de Chumayel, Tizimín, Káua, Ixil, Tecax, Nah, Tusik, Maní, Chan Kan, Teabo, Peto, Nabulá, Tihosuco, Tixcocob, Telchac,, Hocabá y Oxcutzcab. Cada uno lleva el nombre del pueblo donde fue hallado y corresponden justo a la región del levantamiento armado.

2 Hoy en día, los especialistas religiosos entre los k’iche’ se denominan ajq’ij, término equivalente al yucateco ahkin que registran los textos coloniales (Creaveri y Sotelo, 2012).

 
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