Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de diciembre de 2012 Vol.13, No.12
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Los códices mayas prehispánicos en la era digital
Laura Elena Sotelo Santos
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Los códices mayas
Los códices mayas en la era digital
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Introducción

Llamamos códices a los manuscritos realizados sobre un soporte flexible que contienen elementos de los sistemas de escritura indígena de Mesoamérica. El pequeño grupo de libros prehispánicos que hoy se conserva, compuesto apenas por quince ejemplos (Figura 1), contrasta con multitud de inscripciones en piedra, cerámica, concha, hueso, jadeíta y otros materiales distribuidos en el tiempo y el espacio de Mesoamérica. La tradición más larga de escritura es la maya, que abarca desde fines del siglo III hasta principios del siglo XIX1, aunque la mayor parte de los textos jeroglíficos se ubican entre el siglo VII y el IX. (Figura 2)


Figura 1. Grupos de códices que se conservan en la actualidad.



Figura 2. Esta inscripción, que se exhibe en el Museo Carlos
Pellicer en Tabasco es uno más de los miles de ejemplos de
textos jeroglíficos mayas. Es mundialmente famosa, pues
registra la fecha del final del Baktun 13. Fue escrita bajo el
reinado de B'alam Ajaw (”Señor Jaguar ") Quien gobernó
entre 644 y 679 de nuestra Era.
Antes de la llegada de los españoles, los códices eran elaborados por especialistas de tiempo completo, que pertenecían al sector sacerdotal. Su manufactura implicaba desde la preparación del papel y las tintas, hasta la escritura cuidadosa de los distintos contenidos, especialmente aquellos referentes a los aspectos rituales, por lo que sus autores debían observar cuidadosamente una serie de normas religiosas, entre las que se encontraban purificaciones, abstinencias y ofrendas.

No se sabe desde que época los mayas tuvieron códices, pero se puede suponer que éstos son contemporáneos a las inscripciones.2 Es probable que los manuscritos en papel hayan tenido siempre un uso de carácter individual,3 a diferencia de los textos de carácter público realizados principalmente sobre piedra. Sus dimensiones, su formato y el tamaño de los textos indican que debían ser vistos de cerca, cuando un códice se despelegaba. A través de ellos los sacerdotes pudieron registrar la memoria de los hechos o las previsiones de futuro y posiblemente tuvieron un papel central en la transmisión de los saberes de la élite. (Figura 3)

Diversas evidencias arqueológicas que muestran que los libros plegados escritos con glifos fueron empleados de manera ininterrumpida durante más de mil años. Por una parte, hay un grupo de representaciones pláticas que los muestra tanto cerrados como desplegados, como la estela 9 de Oxkintok que corresponde al siglo IX está esculpido un códice cubierto con piel de jaguar,4 semejante a los bellos ejemplos pintados en cerámica donde aparecen también las imágenes de los artistas que los realizaron.5. Otro ejemplo, digno de mencionarse es la delicada maqueta en miniatura que porta una figurilla-silbato hallada en Jaina, y que representa a una dama noble a punto de abrir su libro jeroglífico. (Figura 4)


Figura 3. Escena que representa el aprendizaje de números por dos jóvenes. Vasija K1196


Por otra parte, ciertos vestigios hallados en excavaciones arqueológicas controladas apuntan en el sentido de que los restos corresponden a libros plegados y pintados. Aunque no han llegado hasta nosotros códices arqueológicos en la cantidad en que esperamos, los ejemplos son suficientes para afirmar su existencia desde el Clásico como los que han sido hallados en Uaxactún, San Agustín Acasaguastlán, Nebaj y Guaytán en Guatemala,6 así como en Altun Ha, Belice,7 y en Copán,8 Honduras. Se trata tan sólo de pequeñas hojuelas blancas superpuestas que aún conservan vestigios de pintura, y que por su disposición cuadrangular se infiere que fueron códices.


Figura 4. La escena representada en esta vasija registra dos códices. Uno extendido y otro plegado. Vasija K6020


Los códices mayas en repositorios europeos


Con la llegada de los españoles y como parte del proceso de conquista se transcribieron a caracteres latinos, y poco a poco las antiguas tradiciones de calendario y escritura se fueron perdiendo. Los únicos tres ejemplares que se han conservado del mundo maya prehispánico ahora se encuentran en Europa. Así, aunque fueron escritos sobre papel de amate, con un sistema maya, por hombres mayas y en lengua maya, llevan por nombre el de la ciudad que los alberga: Dresde, París y Madrid.9

1 Esta tradición, aunque seguramente recibió influencias de otras regiones mesoamericanas, tiene una duración de más de catorce siglos. Es bien sabido que el monumento grabado con la fecha más antigua procede de Tikal, y quizás el ejemplo más tardío se encuentre en los libros de Chilam Balam. Sin embargo, el estilo de los glifos sugiere que su elaboración se hacía con pinceles

2 Al parecer los códices arqueológicos más antiguos de Mesoamérica proceden del área maya. Sin embargo en una película hecha por Mathew Stirling, que actualmente está en los Archivos Antropológicos del Instituto Smithsiano de Washington, se dice que encontró lo que parece ser un códice en sus excavaciones de La Venta, Tabasco, comunicación personal Javier Urcid.

3 Landa dice que los códices no los “usaban en público”. Op. cit., p. 15.

4 Rivera. Oxkintok, una ciudad maya de Yucatán, p. 93 y Los mayas de Oxkintok, p. 94.

5 Reents-Budet, et al., Painting the Maya Universe: Royal Ceramic of the Cassic Period, p. 36-67.

6 Thompson, Maya Hieroglypchic Writing, p. 23 Sharer & Morley, The Ancient Maya, p. 517-519.

7 Pendergast, Excavations at Altun Ha, Belice 1964-1970, p. 76, fig. 16 en Lee, Los codices mayas, p. 28. Cabe mencionar también el hallazgo de un códice en El Mirador, Chiapas, que actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la Ciudad de México. Se desconoce la filiación etnolingüística de sus creadores, sin embargo, por la cercanía con el área maya, será muy importante conocer, cuando haya los recursos técnicos para abrirlo, el contenido de este manuscrito. Sharer, Op. Cit., p. 519.

8 Fash, Op. cit., p. 111.

9 Mención aparte merece el llamado Códice Grolier. Más adelante nos referiremos a él.

 
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