Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de diciembre de 2012 Vol.13, No.12
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Las entidades políticas de las Tierras Bajas del norte al tiempo de la invasión española
Tsubasa Okoshi Harada
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Jurisdicciones autónomas
Conclusión y bibliografía
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Introducción

Durante la segunda década del siglo XVI, cuando los españoles establecidos en las islas caribeñas iniciaron sus expediciones en busca de los esclavos nativos, así como de fortuna, aquellos que tuvieron contacto con los mayas de la Península de Yucatán, en concreto Francisco Hernández de Córdova (1517), Juan de Grijalva (1518) y Hernán Cortés (1519), se sorprendieron por las sofisticadas construcciones en forma de palacios, templos y pirámides. Lo cual implicaba que los indígenas de estas tierras sí sostenían una sociedad mucho más compleja que los habitantes de las islas caribeñas. De manera que, cada vez que veían algunas "ciudades" (Fig. 1), las describían como la capital de una "provincia" con una población cuya muy elevada cifra nos transmite, antes que nada, el asombro que causaron a estos hispanos.

En 1527, cuando el adelantado Francisco de Montejo inició la empresa de la conquista de Yucatán desde la costa oriental de la Península, se dieron cuenta de que en estas tierras existían varias entidades políticas con sus propios gobernantes. Es decir, a diferencia del caso del Altiplano Central de México, donde los mexicas mantenían una organización sociopolítica centralizada dominando una vasta región, aquí los señoríos estaban fragmentados y cada gobernante mantenía su entidad política en distintas áreas. Sin duda, esta característica de la geografía política se convirtió en uno de los obstáculos que impidió a Montejo llevar a feliz término la conquista y pacificación de Yucatán, la cual no se logró sino 19 años después (1546).


Fig. 1. Zona arqueológica de Tulum

¿Qué tipo de organización sociopolítica tenían estas entidades políticas? ¿Cómo es que sus gobernantes mantenían su dominio? Éstas son algunas preguntas lógicas al intentar conocer de cerca estos señoríos. De hecho, desde el siglo XIX se iniciaron los estudios científicos para contestarlas, entre los cuales el más destacado, y el que hasta el momento más ha influenciado, es el trabajo de Ralph L. Roys (1879-1965). En su libro publicado en 1957, aparte de discutir con detalle la geografía política de cada una de las entidades políticas, elaboró un mapa, en el que demostró la distribución geográfica así como las colindancias mutuas de las mismas (Fig. 2). De acuerdo con este plano es evidente que estos señoríos contaban con un territorio continuo demarcado linealmente, idea que fue reproducida numerosas veces hasta ahora.

No obstante, a partir de los años 90 del siglo pasado, este esquema fue cuestionado por parte de los historiadores, quienes a base del análisis minucioso de los vocablos y textos mayas coloniales intentaron reconstruir los conceptos indígenas sobre la espacialidad, logrando perspectivas diferentes y más detalladas. En este trabajo, por ende, presentaré esta nueva visión de la organización sociopolítica de los mayas de Yucatán, con enfoque en las características básicas de sus entidades políticas al tiempo de la invasión española.


Fig. 2. Geografía política de las Tierras Bajas del norte al tiempo de la invasión española
(según Roys, The Political Geography of the Yucatan Maya, p. 2, mapa 1).


Principio de la organización sociopolítica


"Las tierras por ahora es (sic.) de común; y así, el que primero las ocupa las posee" (Landa, 1938: XXIII, 41). Ésta es la observación que hizo fray Diego de Landa referente a la tenencia de la tierra de los indígenas de la gobernación de Yucatán. Este pasaje nos hace entender que, en primer lugar, la tierra caía dentro de las posesiones comunales, y en segundo lugar, que se otorgaba el derecho de su usufructo al que invertía energía humana en ella. Dicho de otra manera, en esta sociedad lo humano cobraba la mayor importancia, por lo que se convertía en un elemento fundamental para determinar las relaciones laborales y sociales.
Este concepto, a la vez, era el principio de la organización sociopolítica que mantenían los mayas al tiempo de la invasión española. El "poder" nunca se construía con base en la acumulación de bienes materiales como propiedad privada, especialmente respecto a las tierras, sino antes que nada se basaba en las "relaciones humanas" que se establecían entre el gobernante y aquellos que lo reconocían como tal. Entonces, en concreto, ¿cómo funcionaba este principio dentro de la mencionada organización?

La unidad mínima de la organización política de los mayas de Yucatán fue el cah. Que consistía en un grupo de familias extensas bajo un poder representativo, además de contar con un topónimo. Por lo general, sus componentes vivían en forma dispersa y cada una de las unidades habitacionales o casas estaban inmersas en los montes, espacio donde se cultivaban los árboles frutales y se hacían las milpas. La extensión de un cah correspondía al alcance del dominio de su cabeza y nunca contaba con una demarcación fija y lineal.

Esta característica se reproducía en el siguiente nivel de la organización política: batabil (señorío), el cual era un conjunto de los cahob dispersos de forma irregular, sobre los cuales el batab ejercía su autoridad. Una vez un cah estuviese integrado en el señorío, éste será denominado como su cuchteel, término que indica la subordinación a un poder. En el dominio del batab, además, podían existir entreverados o intercalados otros cuchteelob que reconocían a otro señorío (Fig. 3), de esta manera un batabil casi nunca ocupaba un espacio continuo. Ante esta complejidad de la geografía política, la única forma viable para mantener la cohesión de un batabil fue privilegiar aquellas relaciones humanas establecidas entre el gobernante y los que lo reconocían como tal. Estamos hablando, por ende, de una entidad política de carácter jurisdiccional.


Fig. 3. Esquema de la organización sociopolítica a nivel de batabil.

 
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