Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de diciembre de 2012 Vol.13, No.12
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La opresión acuñada. Fichas henequeneras de la península de Yucatán
Mauricio Ruiz Velasco Bengoa
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Pequeñas ventanas a la historia
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Introducción

La historia económica de Yucatán afronta el reto de explicar fenómenos complejos al interior de las haciendas henequeneras durante la segunda mitad del siglo XIX y los principios del siglo  XX, que nos dirigen a temas poco tratados en la historiografía regional como es el funcionamiento de las tiendas de raya, la emisión de fichas, vales y contraseñas de trabajo por parte de los propietarios, además del control de la mano de obra al interior de las haciendas yucatecas. En este texto, me voy a centrar en el estudio y descripción de las fichas particulares y contraseñas de labor, usualmente conocidas como “fichas convencionales”; usadas en las haciendas henequeneras, Deseando contribuir de una nueva forma a la ciencia numismática como disciplina complementaria de la historia, estudiando la historia a través de sus objetos como se hace en otra ciencia afín; la arqueología industrial.

El uso de este tipo de numerario supone la insuficiencia de moneda fraccionaria oficial que se pagaba a manera de jornal, el arraigo físico del trabajador a la hacienda, medición y control de la fuerza de trabajo, aunado al sistema de endeudamiento en la tienda local. Para lograr entender su funcionamiento es preciso balancear el contexto social en el que se desarrolló, el proceso de la economía de plantación, en éste caso particular, implantada con el régimen de monocultivo del henequén (Agave fourcroydes) y el implícito comercio internacional en el cual se detonó. El desarrollo de la producción henequenera en la península fue sucesor directo del sistema colonial, las diferentes condiciones sociales de la región y por supuesto la revolución tecnológica-industrial de la época.

Empezaremos por definir primero las características y el comportamiento de la oligarquía henequenera, que fincara su base en el monopolio y la comercialización del “oro verde” como se alude a la planta del henequén. La gran proliferación del cultivo correspondió a la utilidad de la fibra natural para uso agrícola en los Estados Unidos de Norteamérica. Los cordeles derivados del henequén resultaban ideales para las nuevas maquinarias de engavillado, utilizados para la ligadura de los productos agrícolas, principalmente trigo.


Aspecto actual de una hacienda henequenera en el estado de Yucatán. Foto: Raúl Macías


Al iniciarse la década de 1880, se habían establecido plenamente las bases sobre las que descansaría la relación de dependencia de la producción henquenera, respecto a la producción de maquinaria agrícola y la elaboración de cordeles, que operaban en los Estados Unidos. Para poder acceder a la vastísima demanda que representaba el mercado norteamericano de fibra, la hacienda henequenera tuvo que resolver, antes, el problema técnico que representaba el desfibrado de las hojas de henequén –o sisal- y su transportación a las casas de procesamiento. La aplicación del sistema mecánico de cuchillas al desfibrado de las hojas de henequén y la instalación de los sistemas de rieles portátiles “Decauville”, para el acarreo de las hojas desde los planteles hasta el tren de desfibración, liberó una enorme cantidad de mano de obra, que pudo aplicarse en la ampliación y cultivo de planteles de henequén (Betancourt et al.: 1989).

La siembra y explotación de henequén requería mano de obra abundante y permanente. Por eso, para la hacienda henequenera, la disponibilidad de tierras era un factor secundario, subordinado a la existencia de mano de obra “arraigada”. Fue así como la producción henequenera se fue ampliando de manera extensiva, estableciendo nuevas haciendas, como unidades independientes, que reproducían internamente, las formas de organización y el acasillamiento de la mano de obra endeudada (Katz: 1980).
           
Según datos de diversos historiadores (Katz, Nickel, Ruz Menéndez, González Navarro, Savarino)  llegarían a constituirse más de 800 propietarios y mil haciendas que abarcaban una superficie no mayor del millón de hectáreas, principalmente en la zona oriental de la península (ver mapa). Dicho sea de paso la economía colectiva campesina que caracterizaba a las comunidades mayas de Yucatán se transformaría radicalmente.
           
Los hacendados henequeneros habían descargado en sus trabajadores el costo de la apertura de planteles y el establecimiento de las plantas desfibradoras. El acasillamiento, la tienda de raya y el endeudamiento de la mano de obra, la extensión de la jornada de trabajo mediante la fijación de “tareas”, además de los usos de violencia corporal, como forma de control de los trabajadores y su productividad, conformaban un ambiente virtual de esclavitud en las haciendas yucatecas. Y fue este sistema el que permitió la ampliación de las plantaciones henequeneras y la acumulación de enormes fortunas, en manos de los hacendados yucatecos y de los cordeleros e industriales norteamericanos (Betancourt et al.: 1989).
           
En la última década del siglo XIX, la élite hacendaria había logrado el control político en los distintos niveles de la sociedad, el predominio social y económico, rebasando los límites del aislado estado de Yucatán y llegando al área de influencia del presidente Porfirio Díaz.

 
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