Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de febrero de 2012 Vol.13, No.2
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“Quizás quiso decir: escritores mexicanos”. Escritoras de literatura fantástica y ciencia ficción mexicana
Gabriela Damián
CITA
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Jueguen, muchachas
Espejos desenterrados
El inmenso continente de lo posible
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Introducción


Sí, a mí me pasó. Introduje en Google la siguiente búsqueda: “escritoras mexicanas+literatura fantástica+ciencia ficción”, y el motor me respondió con esa fría amabilidad que ya no nos sorprende “Quizás quiso decir: escritores mexicanos +literatura fantástica+ciencia ficción”. Casi le vi los colmillos al Google robot, burlándose de mí desde el otro lado de la pantalla. No hay, parecía decirme. ¿Para qué buscas? Tecleé de nuevo la frase, sin cambiar una sola letra. Arrojó la misma sugerencia. La ignoré dos, tres veces, fui leyendo los encabezados propuestos. Poco a poco, levantando la mano tímidamente, los nombres y títulos fueron surgiendo. Pero vayamos un poco más atrás en el tiempo. Al fin y al cabo dentro de estas páginas especulativas se puede.

La inocente pregunta

Pocos días antes estuve en una de esas reuniones que sufren el feliz accidente de quedarse sin energía eléctrica. Pese a todo, la cerveza circulaba generosamente. Quizá por esa combinación de media incógnita que desinhibe, uno de los asistentes se atrevió a hacer una petición políticamente incorrecta: “Quiero que me expliques: ¿por qué los grandes narradores de la Historia han sido todos hombres? ¿por qué no hay grandes narradoras?”.

Pareciera increíble, pero no es raro encontrarse todavía con esta pregunta lapidaria. Lo que sí es extraño es que sea resuelta de forma favorable por algún interlocutor: por lo general se apela a las cualidades femeninas para justificar que quizá no ha habido grandes narradoras, pero sí grandes poetas, puesto que la poesía exige una sensibilidad y una mirada que las mujeres poseen de forma natural. En el mejor de los casos alguien levantará la mano para decir que ha habido excepciones, como Virginia Woolf o Marguerite Yourcenar. Quizá ya pocos se atreverían a rematar citando aquella frase que, según reza el mito, Octavio Paz le dijo alguna vez a Elena Garro cuando leyó Los recuerdos del porvenir: “Eres tan inteligente que hasta pareces hombre”.

Precisamente Elena Garro es un buen ejemplo del anonimato padecido por las grandes narradoras: es más o menos conocida por el lector de a pie como la esposa de Octavio Paz. Desde hace relativamente poco se le celebra en los círculos literarios por su obra, tan grata como inaudita y arcana. ¿Por qué? Porque muchas de sus historias se inscriben en el brumoso terreno de la llamada literatura fantástica.

Si la pregunta de arriba es eso, una interrogante, ¿Por qué las mujeres no escriben literatura fantástica y Ciencia Ficción? es una creencia a pie juntillas. Todavía resulta inverosímil que los viajes en el tiempo o lo ominoso sean materia prima de las damas escribientes. Convendría recordar que Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), considerada la primera novela de Ciencia Ficción, fue escrita por una chica de 21 años, Mary Wollstonecraft Shelley; o que Doris Lessing, la premio Nobel de Literatura 2007, escribió una serie de 5 tomos sobre un mundo postatómico titulada Canopus en Argos.


 
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