Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de febrero de 2012 Vol.13, No.2
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Three Messages and a Warning: vasos comunicantes
Libia Brenda Castro
CITA
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Los treinta y cuatro cuentos
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Las consecuencias
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Esa manía de poner etiquetas


Hace quince años, si un escritor mexicano tenía algún cuento ubicado en el futuro o escribía sobre robots, tecnología de punta o ubicaba su ficción en el espacio, era considerado un escritor de ciencia ficción. Sin embargo, desde los años setenta, los escritores más o menos identificados con esa etiqueta se han quejado de que la literatura de ciencia ficción no es tomada en serio en este país. En lo que va del siglo XXI (¡qué extraño suena escribir “en lo que va de”!, al menos dentro de un marco temático como la ciencia ficción) se han sucedido unos cuantos cambios: la mayoría de antologías de ciencia ficción que vieron su mejor época entre 1991 y 2001 fueron archivadas y, en muchos casos, olvidadas (si no es que pasaron casi desapercibidas); los grupos, las cofradías y los guetos nacidos en los ochenta se fueron disolviendo y el concepto de ciencia ficción evolucionó. Ahora la literatura que también incluye robots, ubicaciones en el espacio exterior, disociaciones temporales y tecnología de punta, se ha desplazado de una etiqueta a otra: ya no es sólo “ciencia ficción”, ahora ya forma parte de la “literatura fantástica” (como si ahora el cajón rotulado como ciencia ficción fuera parte de una cómoda con el cartel de literatura fantástica). Curioso, porque al menos entre 1991 y 2001, el letrero de literatura fantástica parecía cobijar en sus estanterías dragones, enanos, brujas, polvos de colores y poco más. Las bromas y referencias entre cofrades siempre acababan de forma semejante: ¿qué es la ciencia ficción? Una respuesta simple está documentada en el epígrafe que abre Los viajeros:1 “Ciencia ficción es lo que escriben los escritores de ciencia ficción. (Parafraseando a Norman Spinrad)”. Otra pregunta era ¿para qué sirve la etiqueta?, su respuesta, en el mismo tenor, es que “la etiqueta de ciencia ficción sirve para acomodar los libros en los estantes de las librerías”.

A la vuelta de los años, pocos en realidad, parece que han quedado más claras las cosas: un escritor que no necesariamente haga realismo a ultranza (cualquier cosa que el realismo sea) es un escritor de literatura fantástica. La etiqueta “fantástico” ha pasado de tener una carga negativa, underground y de ser territorio de nerds, a ser de un dominio intelectual más amplio: ahora todo mundo maneja que Rulfo escribía de fantasmas y que eso es literatura fantástica. A pesar de que se sigue diciendo que los escritores de literatura fantástica son marginales, la verdad es que cada vez hay más mercado, más lectores, menos prejuicios y menos letreros empolvados. Ya no digamos, que cada vez más escritores se despreocupan de la etiqueta, el anaquel y el cajón, y se dedican a lo suyo. Y para muestra está Three Messages and a Warning: Contemporary Mexican Short Stories of the Fantastic.  (No las englobaron como short stories of the Sci-Fi ni como short stories of the Sci-Fi and the Fantastic: el término es claro, fantastic a secas.)

1. Los viajeros. 25 años de Ciencia Ficción mexicana, Bernardo Fernández - Bef compilador, SM Ediciones, México 2010.


 
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