Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de febrero de 2012 Vol.13, No.2
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“Aquí hay dragones”

(“HIC SVNT DRACONES”, voz latina con la que los cartógrafos medievales indicaban en sus mapas los terrenos desconocidos, aún por explorar)

“Necesitamos un antídoto supremo contra todas las formas del realismo”
Michel Houellebeq.

Al escribir la hipótesis de una investigación, introducciones para antologías de cuento, prólogos a la nueva edición de un autor o, como en esta ocasión, la editorial de una revista cuyo motivo central es la literatura fantástica, se acostumbra hacer una justificación, dar una especie de disculpa. Presencias fantasmales, astronautas, sensaciones vagas, atisbos de un mundo que no es éste… pareciera imprescindible validar la existencia de semejante audacia; pues se trata de meras figuras de entretenimiento y evasión para algunos de los que opinan qué es la Literatura De Verdad, a qué debe obedecer.

Yo no voy a disculparme. No veo necesario hacerlo si enfrentar a un monstruo, investigar qué hay detrás del espejo o desear trasladarse en el tiempo para conectar con personas de otras épocas son necesidades tan humanas como la de hallar compañía, plantarle cara a la muerte, salir de casa y aventurarse en el mundo. La diferencia es que, por numerosos factores históricos y culturales, algunas de esas preocupaciones no se han reconocido como las más importantes. Los reflectores se han engolosinado con una gama pequeña mientras las otras han permanecido al margen de lo que pasa en la edad contemporánea. Pero están, siempre han estado. A la manera de los grutescos en los manuscritos medievales, como un comentario burlón a las letras que revelan verdades con solemnidad y certeza, son un recordatorio de que la vida guarda misterios, prodigios inexplicables; y que la fantasía, en su calidad de infinita, es capaz de representar.

Quienes amamos la literatura que privilegia la imaginación sabemos que unas preocupaciones no son excluyentes de las otras: ni las sirenas ni las naves espaciales están desconectadas del amor, todo monstruo es el guiño de nuestra propia muerte, los viajeros del tiempo van siempre al encuentro de la condición humana. Por eso, en este número de la Revista Digital Universitaria insistiremos en mostrar a los lectores reflexiones e historias que afirman eso que decía J.R.R. Tolkien: “¿Por qué ha de despreciarse a la persona que, estando en prisión, intenta fugarse y regresar a casa? Y en caso de no lograrlo, ¿por qué ha de despreciársele si piensa y habla de otros temas que no sean carceleros y rejas? El mundo exterior no ha dejado de ser real porque el prisionero no pueda verlo. Los críticos confunden la evasión del prisionero con la huida del desertor.

No pido disculpas. En todo caso, la vetusta silueta de la literatura fantástica se sacude el polvo y se pone las ropas nuevas que le han confeccionado los autores de este número y perdona el protagonismo vanidoso del realismo. Perdona también a los lectores incapaces de la credulidad fantástica, aquellos que han perdido una parte de los goces más humanos, y los invita a experimentar ese sobresalto de no estar seguros qué era ese aleteo percibido con el rabillo del ojo: el asombro, ese bien tan escaso que la imaginación desbordada nunca nos niega.

Bienvenidos a tierras extrañas. Tengan prudencia: aquí hay dragones.



EDITORA INVITADA

Gabriela Damián Miravete

 
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  Editorial
 






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