Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de marzo de 2012 Vol.13, No.3
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Comiendo compulsivamente: algunas teorías para explicar por qué “no puedes comer sólo una”
María Isabel Miranda Saucedo
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El consumo compulsivo y la adicción
Memoria de reconocimiento del sabor
Cambios en la función del cerebro
Conclusiones
Bibliografía
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Introducción

Para los humanos, los sentimientos son la interpretación subjetiva, intima y personal, de los cambios corporales que se producen en respuesta a un estímulo emocional (Contreras et al., 2008; Damasio, 2003). A través del cerebro se recibe continuamente información proveniente de una gran variedad de receptores que registran procesos y estados fisiológicos del cuerpo. En pocas palabras, logramos percibir y estar conscientes de variadas sensaciones del cuerpo, como el frío, el calor, el prurito, el dolor, el cansancio muscular, etcétera, o de sensaciones imprecisas que se originan en la región pectoral, estomacal y las vísceras, como son la falta de aire, el hambre o el malestar gastrointestinal, como algunos ejemplos (Craig, 2002).

Gracias al sistema interoceptivo, estos cambios corporales son percibidos, comparados y representados en el cerebro. Por esta razón, es preciso resaltar la gran diferencia funcional entre el sistema interoceptivo y los sistemas sensoriales exteroceptivos. Estos últimos, trabajan a través de los sentidos, como el sistema visual o el auditivo, y se encargan del reconocimiento de objetos o actividades externas, que no originan forzosamente cambios inmediatos en la conducta. No obstante, el sistema sensorial interoceptivo está organizado de manera similar a los sistemas sensoriales exteroceptivos, que poseen gran capacidad computacional para reconocer y comparar objetos, lugares y su relación con eventos externos importantes o no para el sujeto.

En concordancia, se denomina ‘interocepción’ a la percepción consciente originada en los receptores1 que registran procesos y estados fisiológicos del cuerpo, que a su vez activan la interacción de varias regiones cerebrales. Estas interacciones generan cambios en la conducta del sujeto que intenta resolver, cambiar o mantener el estado emocional producido por la propia sensación de su cuerpo. Los conocimientos actuales en neurobiología señalan que el sistema sensorial interoceptivo, constituido por regiones viscerosensoriales distribuidas en las regiones cerebrales como el troncoencéfalo, el tálamo y la corteza cerebral, registra continuamente los cambios fisiológicos producidos durante un estado emocional (Contreras et al., 2008).



Sistema Interoceptivo y alimentación

Debido que el consumo de alimentos es una conducta que requiere de la retroalimentación de los cambios ocurridos en el cuerpo, cada vez está más claro que el sistema interoceptivo es un componente indispensable durante la alimentación para procesar la información homeostática y su impacto emocional. Superficialmente, consumir alimentos a primera vista podría parecer un acto simple en respuesta a una necesidad básica del cuerpo, lo cierto es que esta conducta recluta intrincadas funciones corporales y su regulación incluye procesos de equilibrio no sólo homeostático y metabólico, sino también procesos conscientes y de respuesta emocional, que encierran propiedades cognitivas como la memoria y la toma de decisiones, entre otras.
Más aún, dentro de las actividades humanas, el comer resulta una de las más placenteras. Todos buscamos, a pesar de que sabemos el inescapable riesgo en el aumento de peso corporal, el placer derivado del consumo de alimentos sabrosos y “recompensantes” que usualmente combinan el deleite con alta densidad energética. Además, el consumo de alimentos suculentos suele estar rodeada de variadas connotaciones sociales y culturales, las cuales agregan otras jerarquías de complejidad al entendimiento de la conducta alimenticia.

Si bien es posible, en algunos casos, separar y estudiar algunos de los niveles y procesos de regulación de la conducta alimenticia, es claro que para entender las patologías humanas relacionadas con el consumo, se requiere de una visión integrada de todas las jerarquías que modulan e impactan sobre cuánto, qué y cómo se come. Particularmente, los nuevos conocimientos indican que el sistema interoceptivo podría tener una función central como mediador de los procesos emocionales durante la alimentación, particularmente con el “deseo compulsivo” 2 por consumir ciertos alimentos y sustancias que producen adicción (Contreras et al., 2008). Esto en parte, debido a que el sistema interoceptivo controla variables bioquímicas y señales hormonales y, por otra parte, porque algunas de sus neuronas son sensibles a sustancias claves que atraviesan la barrera hematoencefálica; por ejemplo, el intercambio de azúcares y hormonas como la colecistocinina, que aumenta al comer, y es una señal de saciedad.

Sin embargo, el balance homeostático debido a la saciedad, no es el factor principal en los problemas y patologías del consumo de alimentos que presenta un número creciente de personas (Alsiö et al., 2012). Al parecer la regulación de otros factores cruciales durante la conducta de consumo, dependen de forma importante del sistema interoceptivo, el cual provee los sustratos fisiológicos que están íntimamente relacionados con la percepción de estados emocionales y su relación con la compulsión. Todo indica que factores estrechamente relacionados con la motivación, el reconocimiento de premios y castigos, así como la disponibilidad y la carencia, física o emocional, de determinados componentes de la dieta, ejercen una influencia significativa en la conducta alimenticia (Volkow et al., 2011).

Particularmente, las evidencias actuales indican que el reforzamiento por comida, no el hambre, es la principal fuerza que motiva a comer más de lo necesario cuando se presentan problemas de obesidad. Está comprobado que algunas clases de alimentos, se transforman en eficaces reforzadores conductuales (o recompensas) para el individuo que las consume (Everitt & Robbins, 2005; Fortuna 2010; Volkow et al., 2011; Alsiö et al., 2012). De tal forma, la comida apetitosa, generalmente densa en calorías y rica en azúcares y grasas, suele comerse en exceso a pesar de las consecuencias adversas para la salud. Así, también se ha descrito que cuando los sujetos atraviesan por períodos de abstinencia de ciertos alimentos, pueden experimentar intensos sentimientos de malestar, cuyo alivio motiva el consumo recurrente y compulsivo (Fortuna 2010 Pankevich et al., 2010; Alsiö et al., 2012).

1. Los receptores del sistema interoceptivo son fibras sensoriales de pequeño diámetro, mayoritariamente axones amielínicos o de tipo C, que inervan prácticamente todos los tejidos del cuerpo [3]. Los somas de esos receptores se alojan en ganglios craneanos parasimpáticos o en ganglios de la raíz dorsal.

2.En esta revisión se utiliza el término de “deseo compulsivo” como sinónimo de anhelo incontrolable cuyo término en Inglés es “craving”.


 
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