Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de julio de 2012 Vol.13, No7
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El estrés como un factor de riesgo en la salud: análisis diferencial entre docentes de universidades públicas y privadas
Laura, V. Reyes Gómez, Darío Ibarra Zavala, María E. Rolanda Torres López y Rocío Selene Razo Sánchez
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Conclusiones
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Introducción


En algún momento de la vida el individuo experimenta sentimientos de tristeza, ansiedad, mal humor, insomnio, dolor de cabeza, gastritis y palpitar acelerado, síntomas asociados a la enfermedad denominada estrés, considerada un trastorno mental cuando provoca comportamientos sociales desajustados y malestar persistente en el tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1990) y la Organización Panamericana de la Salud  (OPS, 1990) en un análisis de la situación actual de la salud de los trabajadores, reconocen al estrés como una de las enfermedades del presente siglo, que por las dimensiones que ha adquirido debe tratarse como un problema de salud pública. Señalan que es prioritario desarrollar entornos laborales saludables, no sólo para lograr la salud de los trabajadores, sino también para hacer un aporte positivo a la productividad, a la motivación laboral, al espíritu y satisfacción en el trabajo, así como a la calidad de vida en general.

En este contexto y ante el aumento en los índices de estrés laboral en el mundo, La Organización Internacional del Trabajo (OIT, 1993) muestra gran preocupación ante esta problemática, que plantea desafíos que deben ser atendidos con oportunidad, tanto por los gobiernos como por los empleadores y sindicatos. Además señala la importancia de identificar los factores estresores, aun cuando afectan de manera diferente a cada individuo. Este problema es señalado como una de las principales causas de abandono de la profesión.

Los factores estresores o también denominados factores psicosociales, son definidos como los elementos internos que afectan la relación de la persona con su grupo y cuya presencia o ausencia puede producir un daño en el equilibrio psicológico del individuo (OIT, 1984). Tratar de precisar cuáles son los factores psicosociales que más afectan al maestro no es sencillo, pues investigaciones sobre el tema no los puntualizan (Pando et al., 2006)

Sin duda el estado físico y psicológico del individuo influye en el suceso perturbador, así como también una variedad de condiciones ambientales, tanto positivas como negativas. Cualquier cambio o circunstancia diferente que se presente ante la vida, que consista en acontecimientos con una connotación especial de amenaza o si el individuo no se está preparado física y psicológicamente para afrontarlos, podría dar lugar fácilmente a factores estresores.

No obstante lo anterior, aportaciones hechas por Zijlstra (2007) ponen énfasis en el impacto que tiene el estrés en el ausentismo laboral y la clasificación de las profesiones. Señala como de alto riesgo las tareas del maestro, el enfermero, el policía y el médico e indica que las bajas laborales ocasionadas por el estrés son causadas por situaciones inherentes al propio trabajo y no por incidentes estresantes ocasionales. Se ha analizado el peso de las estructuras sociales en el estrés y la calidad de vida, identificando la influencia de los cambios ocurridos en la sociedad en las últimas décadas, que han incrementado los índices de estrés. Zijlstra manifiesta además que puede haber desencadenantes de estrés laboral de tipo demográfico, socioeconómico y tecnológico, además de la globalización de la economía, que ha ocasionado una intensa competencia. El cambio de una sociedad eminentemente industrial a una de servicios, con rápidas transformaciones tecnológicas que exigen al trabajador su persistente localización, reducen por ende su descanso real y pueden llevarlo a un acrecentamiento de sus niveles de estrés.

Así como las características genéticas y físicas, y los estilos de vida del trabajador pueden ser factores estresores, también el tipo de profesión que se ejerce influye considerablemente en la presencia de este padecimiento, como lo señala Zijlstra (2007). La docencia es una actividad ambivalente: hay profesores que viven la enseñanza con alegría y la convierten en el eje de su autorrealización personal. Piensan que cada hora de clase es una franca aventura, a la que acuden dispuestos a dar lo mejor de sí mismos. Al echar la vista atrás justifican el valor de su propia vida. Piensan que han ayudado a miles de alumnos a lo largo de varias generaciones, a ser mejores personas y a entender mejor el mundo que los rodea, haciéndolos más libres, más inteligentes, más críticos, más fuertes y más preparados para vivir una vida propia (Steve, Franco,1995 y Vera, 2003).

En este sentido Kyriacou (2003) afirma que la docencia implica un desgaste físico considerable, pues hay que pasar mucho tiempo de pie, con posturas corporales inadecuadas. El cansancio puede aumentar la sensación de estrés y hacer a la persona más vulnerable, incluso refiere una serie de propuestas que ayudarían al docente a mantenerse físicamente en forma, para enfrentar las jornadas escolares más eficazmente. En esta profesión, a diferencia de otras, se trabaja con personas que poseen ideas, emociones y sentimientos diferentes, propios de cada individuo, lo que implica la aceptación de interrelaciones personales en las que las personas se someten a prueba, ya que poseen la capacidad de interrogar y elaborar juicios o pre-juicios de los docentes.

Por otra parte, desde la perspectiva del profesor, no siempre resulta fácil tomar decisiones sobre las personas. Hay ocasiones en que los profesores descubren que sus evaluaciones pueden afectar de manera importante el futuro de un alumno, lo que genera una de las fuentes de tensión permanentes en su quehacer, que se deriva entonces del carácter interpersonal del profesional, quien se obliga a asumir e integrar con equilibrio el juicio externo sobre su actuación en la enseñanza (Cox y Heames, 1999) (Steve, op.cit., 2009).

Además, hoy por hoy los docentes tanto de nivel básico como del medio y superior de escuelas públicas y privadas, se encuentran en situaciones complejas y delicadas. Basta simplemente observar cómo en los medios de comunicación son responsabilizados de la problemática tan compleja de la educación, siéndoles atribuidos problemas diversos que surgen en el contexto escolar docente-alumno, como la baja asimilación de contenidos curriculares entre los estudiantes, la carencia de valores y las actitudes escabrosas de los jóvenes estudiantes, además de cuestiones de tipo social como violencia juvenil, adicciones, malos hábitos etcétera. Así, los cuestionamientos a los que se sujetan los profesionales de la educación, propicia en ellos, personal y profesionalmente, agobio y desconcierto, con ciertas contradicciones en sus derechos y deberes, en el sentido de hasta dónde son culpables o responsables de la educación de la sociedad o parte de ésta (Steve, 2003). Por lo tanto es necesario que las autoridades educativas volteen la mirada hacia esta problemática, que repercute directa y negativamente en los resultados de la educación.

De acuerdo a lo señalado por Balseiro (2010), el estrés laboral trastorna categóricamente el desarrollo del profesor, llegando incluso a causar un efecto colectivo, por el ausentismo, la desmoralización, el agobio, el agotamiento emocional, más que físico, la desilusión, el abandono de la responsabilidad profesional, la disminución de la calidad en el trabajo, la baja productividad y la pérdida de identidad institucional de manera crónica y cíclicamente agudizada.

El estrés laboral o síndrome de burnout, aun cuando parecieran conceptos distintos, se trata de realidades que no se pueden comprender distorsionadas una de la otra. Freudenberger (1974) describe el Burnout como una "sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada, resultado de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador", que sitúan las emociones y los sentimientos negativos en el contexto laboral. El autor afirma que el Burnout es el síndrome que produce la "adicción al trabajo", que provoca un desequilibrio productivo y, como consecuencia, la pérdida de la motivación.

Con una perspectiva tridimensional, Maslach y Jackson (1981) definen este síndrome en tres dimensiones:

  • Agotamiento emocional, reflejado en cansancio físico y psicológico, que se manifiesta como la sensación de falta de recursos emocionales que embarga al trabajador, de que nada puede ofrecer a otras personas a nivel afectivo;

 

  • La despersonalización, que se conoce como actitudes deshumanas, aisladas, negativas, frías, cínicas y duras, que da la persona a los beneficiarios de su propio trabajo, y
  • Baja autoestima, como la falta de realización personal en su trabajo, abandono de logros personales y labores, con un rechazo de sí mismo.

 

Maslach y Jackson además exponen que existen profesionistas con altas expectativas de éxito personal, profesional y económico, y que el profesional que se dedica al trabajo de ayuda, como médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos, abogados y docentes, pertenecen a grupos de profesionista con altas expectativas de mejoramiento de la condición de vida de otros. Por ende son proclives al fracaso profesional, como consecuencia del estrés.

En este sentido, las consecuencias que puede producir el estrés laboral o síndrome de Burnout, referidas al aspecto laboral, son: disminución de la calidad del propio trabajo, ausentismo, cambio frecuente de trabajo, tardanzas, abandono antes de hora, escasa creatividad, desmotivación para la superación, deterioro de las relaciones interpersonales, deficientes relaciones con los compañeros de trabajo, amigos y familiares, parva comunicación y dificultades para el trabajo en equipo (Buendía, 2001). Con respecto a la salud del trabajador, éste presenta fatiga crónica, dolores de cabeza, problemas del sueño, desórdenes gastrointestinales y recrudecimiento de desórdenes médicos preexistentes, como diabetes, asma, dolor muscular, incremento en el consumo de cafeína, alcohol, drogas y otros (Maslach, 2009). Asimismo, López (2006) destaca estas ideas al señalar que la presencia de estrés profesional indica una relación directa del estrés laboral con el síndrome metabólico y sus consecuencias, como la diabetes, presión alta, colesterol alto, triglicéridos altos y obesidad, desencadenantes todos de enfermedades cardiovasculares.

El ejercicio continuo de la función docente en ciertas condiciones, va creando una acumulación de sensación, así como un desgaste personal que puede conducir al estrés crónico y el comportamiento de cansancio emocional y, finalmente, el estado definido como agotado, quemado o síndrome burnout (Bronfenbrenner, 1979) citado por (Aris, 2009). Todo ello se presenta en un determinado entorno: la escuela, con sus peculiaridades y complejidades, que pueden generar sentimientos ambiguos y respuestas contradictorias y frustrantes (Abraham, 1984). Un aspecto que llama la atención es lo que años atrás la Organización Mundial de la Salud (OMS) predice con respecto a que la enfermedad mental sería la segunda causa de incapacidad laboral a partir de 2010.

En este contexto, el presente estudio tiene como objetivo identificar factores de riesgo causantes del estrés laboral, sus efectos en la salud y las repercusiones en el desempeño académico de los docentes que laboran en universidades públicas o privadas en el Estado de México.


 
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