Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de agosto de 2012 Vol.13, No.8
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Asepsia, uno de los grandes logros del pensamiento
Virginia Arreguín y Juan H. Macías
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Antisepsia, desinfección y esterilización
Conclusión y bibliografía
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Introducción e historia de la antisepsia

Antes de comenzar a discutir los aspectos relacionados con la asepsia y la antisepsia, debemos mencionar que la introducción en la sociedad de la figura del hospital, como lo conocemos actualmente, es relativamente reciente. Nace en el siglo XVIII, como una institución encargada de la asistencia médica por parte de un equipo médico bien organizado. Esto representó un enorme paso, ya que la salud se hizo cada vez más accesible a una proporción cada vez mayor de población; sin embargo, junto con sus ventajas, nacería un gran inconveniente de las infecciones nosocomiales.

Se conoce como infección nosocomial a cualquier infección adquirida dentro de un hospital. Las tasas de incidencia reportadas de infecciones nosocomiales en países desarrollados van del 5 al 10%, mientras que en México las tasas pueden llegar hasta un 23% en las áreas de cuidados intensivos. Las infecciones nosocomiales son un gran problema de salud, ya que se relacionan a un incremento del riesgo de muerte hasta en un 40%, estancias prolongadas y a grandes costos para los sistemas de salud.

La primera referencia de impacto, en relación con las infecciones  nosocomiales, la realizó Ignaz Semmelweis en 1847, quien, basado sólo en la observación, relacionó tasas mayores de mortalidad debidas a la fiebre puerperal, a un menor apego al lavado de manos. Gracias a la implementación de la higiene de manos con una solución de hipoclorito de sodio, disminuyó la tasa de mortalidad, de 14% reportada en 1846, a una tasa de 1% en 1848. A pesar de demostrar esta disminución en la mortalidad, Semmelweis es degradado y desacreditado por sus pares, y sus observaciones fueron dejadas en el olvido.  

El concepto de antisepsis o antisepsia es introducido hasta 1867 por el cirujano británico Joseph Lister, profesor de cirugía de Glasgow. Actualmente es considerado el padre de la antisepsia, debido a su publicación en el seminario médico Lancet, en el que describe un método para el tratamiento de fracturas, entre otros, con comentarios sobre las condiciones de la supuración, donde opina que los microrganismos del aire llegan a las heridas. Lister recomendaba operar bajo el vaporizador de fenol, como un agente desinfectante efectivo. El 9 de agosto del mismo año, imparte una plática en el Colegio de Médicos de Dublín, titulada: “Sobre el principio antiséptico de la práctica de la cirugía”.

A principios de la década de 1880, los bacteriólogos logran identificar que los gérmenes son transportados por el instrumental quirúrgico, las manos y las gasas infectados. En este momento es cuando se desarrolla el procedimiento de la asepsia, y con esto viene un parteaguas en el que los procedimientos quirúrgicos toman el título de “cirugía moderna”. El cirujano Gustav Adolf Neuber (1886) introduce la manipulación aséptica de las heridas y la prevención de las infecciones. Ernst von Bergmann implementa la esterilización de gasas y el instrumental, mediante vapor de agua caliente. El aseo de la mesa de operaciones y el quirófano con productos químicos germicidas; el lavado de manos convertido en un ritual, y también la implementación del uso de la bata blanca, cubrir el cabello y el inicio del uso de guantes de goma esterilizados, se deben a William S. Halsted en 1894.


Tabla 1. La asepsia y sus herramientas


Conceptos claves de la asepsia

“Asepsia” es un término que agrupa todos los procesos y las conductas necesarias para llevar a cabo la manipulación médica libre de agentes patógenos. Para ello, existen diversas herramientas que han llevado a que la asepsia sea uno de los grandes logros del pensamiento. Las herramientas que abarca la asepsia las podemos dividir en las siguientes:

  1. Conductas y políticas;
  2. Antisepsia;
  3. Desinfección, y
  4. Esterilización.

La asepsia y la antisepsia son un conjunto de procedimientos y protocolos encaminados a la prevención de las infecciones, siendo la higiene de manos la de mayor importancia y considerada como el pilar en la prevención y la contención de las infecciones transmisibles. Para dimensionar los efectos positivos que puede traer consigo la higiene de manos, habría que recordar las pandemias de influenza, como la ocurrida en 2010 en México. Este tipo de pandemias son de naturaleza cíclica, pues ocurren entre cada 10 y 15 años, siendo la más importante la Influenza Española ocurrida en 1918, porque tuvo una morbilidad de cerca del 80% de la población mundial y ocasionó entre 50 y 100 millones de muertes. Estudios posteriores a esta pandemia demostraron que las medidas no farmacológicas, como la higienización de manos y la etiqueta respiratoria, tenían un mayor impacto en la contención de la enfermedad, disminuyendo hasta en un 50% el pico de mortalidad al ser implantadas. La disminución era inclusive mayor, hasta en un 20%, cuando las medidas se adoptaban tempranamente.

El lavado de manos significa remover mecánicamente la suciedad o la materia orgánica con la ayuda de jabones, en que la variable más importante es el agua con que se realiza. Las normas internaciones marcadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), refieren que de preferencia el agua utilizada debe  tener las características necesarias para consumo humano. Sin embargo, esta premisa casi nunca es alcanzada en los países en vías de desarrollo, y el simple lavado de manos, aunque es capaz de disminuir la carga bacteriana en las manos, puede provocar contaminación cruzada de microorganismos presentes en el agua, como son P. aeruginosa, S. maltophilia, M. avium, M. fortuitum, M. chelonae, Fusarium spp. y A. fumigatus. Otro componente de mucha importancia y muchas veces dejado de lado, es el correcto secado de manos. La humedad está altamente relacionada a una recolonización mayor y más rápida por gérmenes patógenos, además de que un mal secado de manos puede arrastrar bacterias de otros sitios no lavados, nulificando así el efecto del lavado de manos.

Prácticamente, el lavado de manos debe realizarse cuando hay suciedad visible y debe suplementarse con una correcta higiene. Como observamos en la tabla 2, los jabones carecen de actividad bactericida y sólo disminuyen la población de gérmenes de manera mecánica. En la misma tabla se comentan las características de mayor importancia de los agentes antisépticos más utilizados. Se han eliminado de la lista algunos agentes como el merthiolate, los derivados del amonio cuaternario y el hexaclorofeno, ya que su actividad es mínima y no deben usarse.


Tabla 2. Antisepsia. Antisépticos de uso actual y sus características



La higiene de manos consiste en aplicar un antiséptico de acción rápida para la eliminación de los microorganismos presentes. El antiséptico de mayor uso es el alcohol etílico e isopropílico al 70%, por su bajo costo y acción inmediata. La Organización Mundial de la Salud refiere que hay cinco momentos críticos en los que se debe realizar este procedimiento:

  1. Antes de entrar en contacto físico con el paciente;
  2. Antes de realizar procedimientos que requieran asepsia;
  3. Después de entrar en contacto con fluidos corporales;
  4. Después de tocar al paciente, y
  5. Después de tocar los objetos inmediatos al paciente.

La falta de apego a la higiene de manos es en sí mismo un problema de salud. A pesar de los beneficios brindados por estos protocolos, las tasas de cumplimiento van del 16 al 80%, con una media del 40%. Esto ocurre en países de primer mundo, que exigen controles de calidad más estrictos, lo que nos hace suponer que en países en vías de desarrollo la tasa es aún mayor.

El personal directivo de los hospitales debe buscar e implementar estrategias para que exista un verdadero cambio conductual en el personal de salud. Entre ellas, se proponen:

  1. Proveer al personal hospitalario con productos eficaces para la higiene;
  2. Los agentes antisépticos deben ser poco irritantes para la piel;
  3. Fácil acceso a antisépticos de efecto inmediato, en presentación individual y para visitantes, como la colocación de dispensadores de alcohol gel a la entrada de las habitaciones;
  4. Disminuir la carga de trabajo del personal. Una menor carga se reflejará en un mayor tiempo para cumplir con los procedimientos de asepsia;
  5. Educación y capacitación en los métodos de higiene de manos, y
  6. Utilizar agentes amigables a los sentidos, esto es, evitar olores fuertes o desagradables, presentaciones desagradables a la vista, etcétera.
En la literatura hay una controversia acerca de cuál estrategia es mejor, pero, como se mencionó anteriormente, la mejor estrategia es la aplicación de todos estos puntos, aunque quizá la enseñanza sea a la que se deba poner mayor atención.

 
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