Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de agosto de 2012 Vol.13, No.8
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Infecciones del torrente sanguíneo: el Herodes de nuestros tiempos
Alejandro Ernesto Macías Hernández, Alethse De la Torre Rosas, Víctor Manuel Pérez Robles y Roxana Trejo González
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Introducción

La mortalidad infantil es el indicador que mejor capta las divergencias en materia de oportunidades de desarrollo humano y constituye el objetivo número 4 de las metas de desarrollo del milenio de las Naciones Unidas.  Se trata de un indicador relacionado directamente con los niveles de pobreza y calidad de la sanidad gratuita. A mayor pobreza o menor calidad sanitaria, mayor índice de mortalidad infantil.  

La tasa de mortalidad infantil señala el número de defunciones de niños durante el primer año de su vida, en una población de cada mil nacimientos vivos registrados. Aunque la tasa de mortalidad infantil se mide sobre los niños menores de 1 año, también se ha medido algunas veces en niños menores de 5 años.

Si bien, de manera general la tasa de mortalidad entre los niños del mundo ha disminuido a partir de 1990, la tendencia se está tornando más lenta y la brecha entre países ricos y pobres está aumentando. Así, la pobreza se muestra implacable con los más vulnerables e indefensos, constituyendo una de sus caras más duras. En algunos  países  en vías de desarrollo, 1 de cada 10 niños muere antes de cumplir cinco años, mientras que en los países desarrollados, esta cifra desciende a 1 de cada 143.

En México la tasa de mortalidad infantil en menores de 1 año, reportada por el INEGI para 2012, fue de 13.2, sin embargo existen diferencias importantes en las tasas por estados. La menor tasa se presenta en Nuevo León, que es de 9.4 por cada 1000 nacidos vivos, y las mayores están en Guerrero y Chiapas, con tasa de 18 en ambos por cada 1000 nacidos vivos. La tasa de mortalidad en menores de 5 años ha descendido de 64 a 23 por cada 1,000 niños nacidos vivos, registrados en los últimos 25 años. Esta evidencia está basada en la asociación temporal y en la plausibilidad biológica, que la educación de las mujeres, la protección social, la nutrición, el agua potable, el saneamiento, la continuidad de las intervenciones de salud pública y el reforzamiento de la infraestructura institucional, impactaron en el resultado observado.

Ante esta perspectiva, la premisa hipocrática máxima  “primum non nocere” -lo primero es no hacer daño- es indiscutiblemente una de las principales obligaciones que tenemos tanto los trabajadores de salud como los sistemas o programas sanitarios, que requiere especial atención ante este grupo vulnerable.  Desafortunadamente, algunas de las prácticas en los hospitales distan de ser procedimientos seguros para los pacientes, que muchas veces incrementan el riesgo de eventos adversos, mortalidad y costos, con especial énfasis en las infecciones asociadas al o los procesos de atención intrahospitalaria, como es el caso de las bacteriemias nosocomiales.

Bacteriemias Nosocomiales

La administración intravascular de líquidos y solutos es fundamental para el manejo de la mayoría de los pacientes hospitalizados, pero tiene importantes riesgos de complicaciones infecciosas, que muchas veces no son reconocidas.

La infección local y la flebitis por irritación química, constituyen la complicación más frecuentemente relacionada con el uso de los catéteres periféricos. Se previenen con la aplicación aséptica del catéter y la apropiada dilución e infusión de los medicamentos o soluciones. En contraste, las bacteriemias nosocomiales son una complicación más grave. Pueden ser secundarias a otra infección propia del paciente (fuente endógena), pero más comúnmente son “primarias” y se asocian con el manejo inapropiado de los sistemas intravasculares. A su vez, las bacteriemias primarias o las bacteriemias relacionadas a catéter venoso central, tienen dos linajes diferentes: 1. Las asociadas con la contaminación del catéter, y 2. Las asociadas con la contaminación de soluciones y medicamentos.

Las bacteriemias secundarias a contaminación y colonización de catéter, ocurren de manera endémica aun en hospitales con buenos estándares de enfermería. Son causadas por gérmenes que normalmente colonizan la piel (cocos gram positivos). Son de gravedad moderada y se previenen con la aplicación aséptica (clorhexidina 2%, iodopovidona o alcohol 70%, categoría IA) de dispositivos intravasculares, así como con sus cuidados posteriores (equipo de terapia intravenosa, categoría IA).

En México, en un estudio realizado en el área de pediatría de un Hospital General de San Luis Potosí, se reportó en un periodo de 15 años una tasa global de bacteriemia nosocomial de 2.9 por cada 100 egresos. Las tasas de infección fueron mayores entre los niños ingresados ??en la unidad de cuidados intensivos neonatales. Los microorganismos aislados más frecuentemente, fueron Klebsiella pneumoniae y estafilococos coagulasa-negativos.

Similar a lo reportado de manera internacional, las tasas de  mortalidad fueron más altas para los niños con una infección del torrente sanguíneo por bacterias gram-negativas (45%) y menores para los niños con una infección por microorganismos gram-positivos (19%). Otros estudios reportan tasas en las unidades pediátricas del país de 26 bacteriemias por cada 1000 días catéter, cuando a nivel internacional los estándares señalan tasas de 1.8 por 1000 días catéter en hospitales pediátricos.

Estudios en México han mostrado que la contaminación extrínseca de infusiones es un problema común en hospitales con pobres estándares de enfermería, además del descuido en las normas y procedimientos fundamentales, como la mezcla de soluciones parenterales en áreas de hospitalización. A la mezcla de soluciones en condiciones sépticas se asocia la contaminación del agua con enterobacterias, debido a la cloración inadecuada de los sistemas de abastecimiento. En un estudio para la medición de bacteriemias en unidades pediátricas, se encontraron niveles de cloración inadecuados en el 85% de las visitas hospitalarias.

Es muy posible que el problema de la contaminación de soluciones parenterales esté difundido en hospitales de la mayoría de los países no desarrollados, en donde existe poca adherencia a normas elementales. En un estudio reciente en Mexico, se encontró una tasa de contaminación de soluciones del 8%, siendo que estas soluciones deberían ser siempre estériles. Mediante estimaciones por medio de análisis de Montecarlo, basadas en la mortalidad infantil en nuestro país, esta tasa de contaminación de soluciones significaría que aproximadamente 2,000 muertes anuales en niños menores de 2 años en nuestro país, ocurren por este problema. 



 
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