Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de septiembre de 2012 Vol.13, No.9
  Inicio Ejemplares Directorio Quiénes somos Busca artículos Vínculos Contacto Mapa de sitio
 
Documento sin título
 
Vacunas para el personal de salud y su relación con la salud de los pacientes
Rafael Franco Cendejas, Patricia Leal y Arturo Galindo Fraga
CITA
PDF
   
Otras vacunas
Discusión y conclusiones
Aumentar Letra Disminuir Letra Disminuir Letra   facebook
twitter
google
 

Introducción

La calidad de la atención médica que recibe un paciente en un hospital o en un centro de salud, está íntimamente vinculada con las condiciones de salud y seguridad con las que labora el personal de salud (médicos, enfermeras, técnicos, administrativos, personal de limpieza y demás).  Las lesiones y enfermedades ocupacionales cuestan mucho más que el tratamiento, la rehabilitación y las pensiones, estimándose que los costos indirectos (días laborales perdidos, la disminución de la productividad del trabajador), son dos a cuatro veces mayores que los costos directos (OPS 2005). Las distintas instituciones de salud deben tener una política que explique cómo cumplir su compromiso con la seguridad y salud de los trabajadores de la salud (CDC 1997, Bolyard).

Dicho personal de salud está expuesto a riesgos ocupacionales que están bien identificados, entre los cuales se puede mencionar los riesgos biológicos-infecciosos (virus, hongos, bacterias o parásitos) que pueden transmitirse por el contacto con los pacientes, con material contaminado o contacto directo con secreciones corporales, a través de las manos, inhalación, ingestión o pinchaduras (US Department of Health). De igual forma el personal de salud se considera como una fuente de contagio entre la población susceptible de infectarse y esto hace aun más recomendable los programas de inmunización (Bolyard). Por lo anterior, los objetivos de los programas de vacunación en el personal sanitario deben estar orientados a:

a) mejorar la protección de los trabajadores frente a los riesgos de infecciones transmitidas por los pacientes y que puedan ser prevenidas con vacunas.

b) evitar que los trabajadores sean fuente de infección para los pacientes a los que atienden, para otros trabajadores del centro o incluso para la comunidad.

c) salvaguardar la salud del trabajador que presente situaciones de inmunosupresión o enfermedades crónicas de base y que, por tanto, tenga un riesgo superior de contagio o de complicaciones derivadas de la adquisición de ciertas enfermedades infecciosas en su lugar de trabajo.

Existen vacunas para la prevención de múltiples enfermedades, las cuales se pueden dividir de acuerdo a las recomendaciones: altamente recomendadas para el personal de salud, las recomendadas en ciertas circunstancias y las que se recomiendan a todos los adultos.   

A continuación se mencionarán las principales vacunas que tienen una importancia epidemiológica para impedir la transmisión de enfermedades infecciosas en este grupo laboral.

Hepatitis A

El virus de la Hepatitis A causa una infección generalmente limitada, más frecuente de adquirir en la comunidad que por contacto profesional. El principal mecanismo de transmisión es a través de la vía fecal-oral. La enfermedad suele tener un comienzo brusco, que puede incluir fiebre, malestar general, anorexia, náusea, malestar abdominal, orina oscura e ictericia (coloración amarillenta de la piel). La probabilidad de tener síntomas de la infección por este virus se relaciona con la edad. En los adultos la infección generalmente es sintomática, con ictericia en > 70% de los pacientes (Doebbleling). La tasa general de letalidad entre los casos reportados a través del Sistema Nacional de Vigilancia de Enfermedades de notificación obligatoria es aproximadamente de 0.3% - 0.6%, pero alcanza el 1.8% entre los adultos mayores de 50 años. .

Los brotes nosocomiales de hepatitis A son  poco frecuentes. Se han reportado varios relacionados con los alimentos. La mayoría de los brotes nosocomiales han implicado la exposición por  la transfusión de sangre de un donante asintomático. Rara vez, se han reportado brotes después del contacto con un niño mayor o un adulto con vómitos, diarrea o incontinencia fecal. El esquema de vacunación recomendado es de dos dosis, una inicial y un refuerzo a los 6-12 meses (Borg).En México se tiene disponible la vacuna, pero no se encuentra en el esquema recomendado por las autoridades de salud. El trabajador en esta área, debería valorar su aplicación si se considera que tiene una baja probabilidad de adquisición comunitaria durante la infancia.

Hepatitis B

Es una infección que puede causar un cuadro clínico agudo o enfermedad crónica. Se sabe que los sujetos que sufren la infección a edades tempranas permanecen asintomáticos durante la fase aguda; sin embargo, estos individuos tienen un mayor riesgo de convertirse en portadores crónicos y por tanto poseen riesgo elevado de evolucionar a cirrosis hepática y cáncer primario de hígado (Carlson).

La infección en adultos se acompaña con frecuencia de ictericia, la tasa de letalidad durante el cuadro agudo se aproxima a 1.5% y la posibilidad de estado de portador crónico es baja; en este último caso también puede evolucionar a cirrosis o cáncer de hígado.  El virus se transmite por exposición a sangre o fluidos corporales contaminados, a través de lesiones percutáneas o contacto a mucosas (ACIP 2001), y por vía sexual. En las ultimas dos décadas el riesgo de infección se ha incrementado debido al aumento de la prevalencia de esta enfermedad, y el personal de salud tiene un riesgo de contraer la enfermedad cuatro veces mayor comparado con la población general (Jahan).

En los países en desarrollo, el 40-60% de infección por este virus en los trabajadores de la salud se atribuyó a un riesgo profesional, mientras que en los países desarrollados la fracción atribuida fue inferior al 10% debido a la cobertura de vacunación (Jahan). La vacuna para hepatitis B esta disponible en Estados Unidos desde 1981; en México, a partir de 1999 se incluyó la vacuna en la cartilla nacional de salud en los niños.
La hepatitis B es una enfermedad prevenible por vacunación, el riesgo de infección en personas no vacunadas posterior a una pinchadura con una aguja infectada es del 6 al 30% (Attaullah). En los trabajadores de la salud se recomienda administrar un esquema de 3 dosis vía intramuscular (deltoides) a los 0, 1 y 6 meses.

Después de la primera dosis se producen anticuerpos protectores en aproximadamente 30 a 55% de los adultos jóvenes menores de 40 años de edad, con la segunda dosis  75% y después de la tercera dosis más del 90% (Dienstag). Las personas que tienen un esquema incompleto se consideran no protegidas y deben completar dicho esquema a la brevedad posible. Se ha documentado que la protección contra infección sintomática y crónica persiste aproximadamente por 22 años en personas respondedoras. Es una vacuna segura cuando es administrada en niños y adultos (McMahon). La vacunación por hepatitis B hace a esta enfermedad 100% prevenible, por lo que todo el personal de salud debe vacunarse para no poner en riesgo su salud y la salud del paciente.

Influenza

Se estima que anualmente es la causa de más de 200,000 casos de hospitalizaciones y cerca de 49,000 muertes en los Estados Unidos (Thompson). Los adultos mayores de 60 años, mujeres embarazadas, niños menores de 2 años y personas con enfermedades crónicas tienen un mayor riesgo de hospitalización y muerte.

El virus se transmite de persona a persona a través del contacto con aerosoles. Puede presentar dese manifestaciones leves, hasta una enfermedad grave que puede llevar a la hospitalización y provocar la muerte. En infecciones nosocomiales esta bien establecido que el contacto con fomites y las manos contaminadas son las vías posibles de transmisión del personal de salud a los pacientes. Debido a la proximidad con los pacientes la CDC, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) y el Comité Asesor sobre Prácticas de Control de Infecciones en los cuidados de salud (HICPAC) recomiendan que todos los trabajadores de la salud se vacunen cada año contra la influenza. Los trabajadores de la salud que se vacunan ayudan a disminuir la propagación de la influenza, las enfermedades entre el personal y el ausentismo, enfermedades y muerte relacionadas con la influenza, particularmente entre personas con alto riesgo de contraer enfermedad grave por la influenza. Los niveles de vacunación más altos entre el personal han sido relacionados con un riesgo más bajo de casos de influenza nosocomial. Los brotes de influenza en los hospitales y establecimientos de cuidados de estancia prolongada han sido atribuidos a las tasas bajas de vacunación contra la influenza entre los trabajadores de la salud en dichas instalaciones.

Meningococo

No existe al momento una recomendación especial en el grupo de trabajadores en el área de la salud para recibir vacunación contra meningococo. Las personas quienes tienen condiciones por las cuales deben recibir esta vacuna (asplenia, infección por VIH, inmunodeficiencias congénitas), deben cumplir dos dosis, lo mismo que los trabajadores que decidan aplicársela. En caso de exposición, se recomienda la profilaxis antibiótica únicamente (ACIP 2011).

Parotiditis.

Se ha observado que en años recientes una buena proporción de la parotiditis reportada ha ocurrido entre adolescentes y adultos jóvenes no vacunados en los campus universitarios y en los lugares de trabajo (CDC 1987, Cochi, Kaplan, Sosin).  Lo anterior es probablemente secundario al fracaso o incumplimiento de la vacunación que se aplica en los primeros años de vida (Briss,  Hersh). Durante años recientes, la incidencia global de parotiditis ha fluctuado mínimamente, pero se ha reportado un incremento proporcional de casos en personas ≥15 años, lo cual se relaciona a personas que inician actividades laborales (van Loon). La trasmisión de parotiditis en unidades hospitalarias ha sido reportada previamente (Wharton). Es prudente desarrollar programas que garanticen la inmunidad a la parotiditis entre el personal de salud y que estos usualmente se vinculan con los programas de  control del sarampión y la rubéola (CDC 1989).

Rubéola.

Se han reportado brotes de rubéola nosocomial que involucran tanto al personal de salud como a pacientes (Greaves). Pese a que la vacunación ha disminuido el riesgo total de la trasmisión de la rubéola hasta en ≥95%, el potencial para trasmisión en los hospitales y lugares similares persiste porque 10%-15% de los jóvenes adultos son aun susceptibles, por lo que la revacunación en las campañas donde se ofrece la misma y al entrar a las unidades hospitalarias es recomendable (Bart, CDC 1987, CDC 1990, CDC 1991, CDC 1992). En un estudio en una organización de salud, 7,890 de 92,070 (8.6%) mujeres en edad ≥29 años fueron susceptibles a la rubéola (CDC, datos no publicados).  Aunque no tan infecciosa como el sarampión, la rubéola puede ser efectivamente trasmitida por ambos, hombres y mujeres. La trasmisión puede ocurrir siempre que muchas personas susceptibles se congreguen en un mismo lugar. La vacunación agresiva contra la rubéola en hombres y mujeres susceptibles con una vacuna efectiva puede limitar su transmisión de forma importante.  Esta enfermedad debe estar altamente vigilada en las unidades ginecológicas por las complicaciones que puede desencadenar en el producto.

Sarampión.

La trasmisión del sarampión nosocomial ha sido documentada tanto en salas de urgencia como en las salas hospitalarias (CDC. 1986, CDC 1988, Davies, Istre, Watkins, Atkinson, Sienko). Pese a que sólo el  3.5% de todos los casos de sarampión reportados durante 1985-1989 ocurrieron en unidades médicas, el riesgo de infección por sarampión en el personal de salud se estimó ser 13 veces mayor que el de la  población general (Davis, Atkinson, CDC 1986, CDC 1987) y por lo tanto el riesgo de transmisión a pacientes es también alto. Durante 1990-1991, 1,788 de 37,429 (4.8%) de los casos de sarampión fueron reportados de haber sido adquiridos en una unidad hospitalaria; de estos, 668 (37.4%) ocurrieron entre el personal de salud, 561 (84%) de los cuales no estaban vacunados; 187 (28%) de estos fueron hospitalizados con  sarampión y 3 fallecieron (CDC, datos no publicados). De los 3,659 casos de sarampión reportados durante 1992-1995, el lugar de trasmisión fue conocido para 2,765; 385 (13.9%) de estos casos  ocurrieron en locales médicos (CDC, datos no publicados).  Por lo anterior es una enfermedad que amerita evaluación fundamental en los hospitales.

 
  subir        
 
metadatos en la red
  Editorial
 



Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons