Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de enero de 2013 vol.14, No.1
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El conocimiento para convivir. Sociedad civil y ciencias sociales1
Marta Lamas
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Género y ciencia
Conclusión y bibliografía
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Introducción


Mujer desnuda, con una vela de barco sobre un pez.
Por: Anagrama, 1568.
Daniel Innerarity (2011) sostiene que el conocimiento es el dispositivo más poderoso en el momento de configurar un espacio democrático de vida común entre los seres humanos. Según este filósofo, y actual director del Instituto de Gobernanza Democrática en el País Vasco, el conocimiento es el instrumento más eficaz para la toma de decisiones en prácticamente todos los ámbitos de la vida social: desde los espacios de comprensión de las actuales transformaciones sociales, hasta las políticas de la ciencia y la innovación, pasando por el asesoramiento político a los gobiernos, la evaluación de las políticas públicas y la competencia cognoscitiva. Y como el conocimiento es fundamental para la calidad democrática de una sociedad, Innerarity concluye que “El conocimiento, más que un medio para saber, es un instrumento para convivir” 2.

Desde esta perspectiva, ¿cómo abordar la cuestión de la utilización del trabajo de los científicos sociales y los humanistas por los grupos organizados de la sociedad?; ¿es posible construir un vínculo productivo entre los académicos y los activistas?; ¿qué riesgos surgen en el uso político del trabajo de los investigadores?; y, ¿hasta dónde llega la responsabilidad intelectual de los académicos?

Acción social y responsabilidad intelectual

Philippe Corcuff dice que “Al asociar directamente a social scientists a la vida ética y política de las sociedades en las que están insertos, el compromiso constituye una de las entradas clásicas en la cuestión de la utilidad sociopolítica de la sociología”3 . Y ante uno de los dilemas más provocativos –el que se pregunta si la utilidad social es una amenaza para el trabajo científico– encontramos que muchos humanistas y científicos sociales consideran que responder a la demanda social supone correr el riesgo de desviar las exigencias del rigor metodológico hacia el servicio de finalidades ajenas a la búsqueda científica. Sin embargo, en estos días, algunos participantes de Retos de las Humanidades y Ciencias Sociales, y el propio rector Narro Robles, han subrayado la relevancia del vínculo con la sociedad en el contexto de los nuevos desafíos sociales, reconociendo así la importancia vital de la ineludible trama relacional en la que todos estamos insertos.

Yo he tenido la fortuna de transitar tanto en el campo intelectual como en el del activismo social. Por eso el diseño y la estrategia de funcionamiento de las ONG en las que he participado, se han sostenido por el pensamiento intelectual y también por la relación de trabajo con académicos. Por ejemplo, tanto el objetivo como la forma de funcionar del Grupo de Información en Reproducción Elegida, GIRE, se nutrieron, por un lado, con la idea de Serge Moscovici4, sobre la influencia que puede obtener  una minoría consistente; y, por el otro lado, se fortalecieron a partir del señalamiento de Saul Alinsky5 en torno a la necesidad de proponerse metas radicales pero trabajar con métodos reformistas. Sin embargo, de nada nos hubieran servido ese diseño y esa estrategia sin el compromiso del grupo de intelectuales y académicos que se manifestó por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y vidas. Su respaldo público fue una palanca decisiva en el proceso de despenalización del aborto. Baste recordar el impacto de las firmas que respaldaron alguno de los tantos desplegados que publicamos, para comprobar que el prestigio del conocimiento agrega un valor decisivo a la acción social.

Aunque indudablemente existe cierto número de “puristas” que “desprecia los compromisos con el siglo y exalta las virtudes de la investigación desinteresada”6, son muchos los científicos sociales y humanistas que desean que el conocimiento que se produce sea conocido, discutido y retomado en el espacio público. Lo público es lo que nos concierne a todos, y la política democrática moderna requiere de una sociedad civil con vocación de interés por lo público7. Las organizaciones de la sociedad civil provocan lo que ciertos autores consideran como una “expansión de la democratización”8 que nos beneficia a todos. Benjamín Arditi valora su importancia y las califica como el “segundo circuito de la política”9, ya que trabajan para lograr la satisfacción de una necesidad pública vía la presión ciudadana. Las demandas de interés público y la denuncia de problemas ignorados o silenciados requieren (además del cabildeo y la presión política) del debate público y la discusión política. Y aunque esta forma de participación significa “construir ciudadanía”10, es necesario que los grupos de la sociedad nutran su accionar con conocimiento.

Configuraciones problemáticas de la sociedad

Si bien muchos intelectuales y científicos han proporcionado un apoyo político puntual a ciertas causas, esto no quiere decir que el vínculo con las ONG sea estable o consistente. Algunos académicos discrepan del uso político que los activistas de las organizaciones sociales hacen de su trabajo, pues con frecuencia lo simplifican. Sin embargo, hay quienes plantean que es preferible correr riesgos que constreñirse a una interlocución reducida a un pequeño grupo de especialistas. Por ejemplo, para Robert Castel es mejor que “un trabajo riguroso de investigación contribuya a alimentar el debate público, así fuere al precio de simplificaciones, hasta de deformaciones, más que quedarse aislado en la confidencialidad de los intercambios entre iniciados”11. El aislamiento puede ser un peligro12, como mencionó Pedro Stepanenko, y también puede llegar a convertirse en una perversión, como lo señaló Héctor Hernández Bringas13. Además del aislamiento, otro riesgo que surge en torno a ese necesario vínculo entre la academia y la sociedad –y que en ocasiones dificulta una relación más productiva entre ambas–, son los prejuicios, como acotó Jorge Bartolucci14. Y este aspecto es sustantivo, porque los prejuicios producen fallas epistemológicas. Me explico.

Según Robert Castel, todo trabajo digno de ese nombre, desde las Ciencias Sociales, es “una tentativa de respuesta a una demanda social”15. Él define “demanda social” como “el sistema de expectativas de la sociedad respecto de los problemas cotidianos que actualmente la solicitan”16 y subraya que tales demandas pueden ser formulaciones del sentido común, por lo cual hay que trabajarlas, desconstruirlas y volverlas a construir. En toda sociedad existen lo que Castel denomina las “configuraciones problemáticas”, que son “cuestiones que se imponen a la atención y no solamente a la atención de los eruditos, porque perturban la vida social, dislocan el funcionamiento de las instituciones, amenazan con invalidar categorías enteras de sujetos sociales”17. Esas “configuraciones problemáticas” son la trama de las preocupaciones de un sinnúmero de personas que, las más de las veces, las viven en la forma de la incomprensión y del desamparo. Sin embargo, cuando se intenta comprender lo que problematiza a la gente –comprender la condición humana18, como establece Guillermo Hurtado–, es indispensable recordar que Bourdieu ya señaló la particular dificultad de tratar de entender el funcionamiento del mundo social, pues usamos categorías de la percepción y del pensamiento como instrumentos cuando deberíamos tratarlas como objetos del conocimiento19. Justamente un conflicto epistemológico reside en que el orden social hace aparecer como “naturales” a situaciones, cuestiones y relaciones que han sido construidas a través del tiempo, y que los seres humanos tenemos introyectadas como “naturales” en nuestras mentes y subjetividades. Eso es evidente en una “configuración problemática” que todas las personas experimentamos: las relaciones de género.


1 Trabajo presentado en la actividad académica Retos de las Humanidades y las Ciencias Sociales, mesa Formas de organización de las Humanidades y de las Ciencias Sociales, 13 de junio de 2012.

2 Innerarity, Daniel. La democracia del conocimiento. Por una sociedad inteligente. Barcelona: Paidós, 2011. p. 11.

3 Corcuff, Philippe. "Sociología y compromiso: nuevas pistas epistemológica después de 1995", en ¿Para qué sirve la sociología?, dirigido por Bernard Lahire. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores, 2006.

4 Moscovici, Serge. Psicología de las minorías activas. Madrid: Ediciones Morata, 1981.

5 Alinsky, Saul D. Rules for Radicals. A Pragmatic Primer for Realistic Radicals. New York, Vintage Books, 1971.

6 Castel, Robert. "La sociología y la respuesta a la demanda social", en: Lahire, Bernard (dir.) ¿Para qué sirve la sociología? Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2006. p. 90.

7 Rabotnikof, Nora. En busca de un lugar común: El espacio público en la teoría política contemporánea. México: IIF/UNAM, 2005. (Colección Filosofía Contemporánea).

8 Puga, Cristina. "Una doble mirada a las asociaciones: perspectivas teóricas y la experiencia mexicana", en Arditi, Benjamín [ed.], ¿Democracia post-liberal? El espacio político de las asociaciones. Barcelona, Anthropos y Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 2005. p. 71-106.

9 Arditi, Benjamín [ed.] ¿Democracia post-liberal?: El espacio político de las asociaciones. Barcelona, Anthropos y Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 2005.

10 Melucci, Alberto. Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. México: El Colegio de México, 1999.

11 Roberto Castel, op.cit., p. 92.

12 Comentario expresado durante el seminario Retos de las Humanidades y Ciencias Sociales, del Consejo Técnico de Humanidades UNAM, el 12 de junio de 2012.

13 Comentario expresado durante su intervención en la mesa "Políticas de Estado en las Humanidades y Ciencias Sociales", en el encuentro Retos de las Humanidades y Ciencias Sociales, del Consejo Técnico de Humanidades, UNAM, el 12 de junio de 2012.

14 Comentario expresado durante su relatoría de la mesa "Formas de organización de las Humanidades y de las Ciencias Sociales", en el encuentro Retos de las Humanidades y Ciencias Sociales, Consejo Técnico de Humanidades, UNAM, el 13 de junio de 2012.

15 Castel, op.cit., p. 92

16 Ibidem.

17 Castel, op.cit., p. 92

18 Comentario expresado durante su intervención en la mesa "Políticas de Estado en las Humanidades y Ciencias Sociales", en el encuentro Retos de las Humanidades y Ciencias Sociales, Consejo Técnico de Humanidades, UNAM, el 12 de junio de 2012.

19 Bourdieu, Pierre. La dominación masculina. Barcelona: Anagrama, 2000.


 
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