Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de enero de 2013 vol.14, No.1
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La evaluación de las Humanidades y Ciencias Sociales ¿Hacia dónde caminar?1
Ángel Díaz-Barriga
CITA
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Efectos y futuros
Otras estrategias de evaluación
A manera de cierre
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Introducción


Jóvenes constructores. Imagen Mariano Paredes. Año 1979
Un signo epocal de fines del siglo XX y principios del siglo XXI es el protagonismo que se le ha concedido a la evaluación como política para la educación y para el desarrollo de la ciencia, lo que entre otras cosas se traduce en el establecimiento de diversos programas para realizar evaluaciones; en el caso de la ciencia y de las Ciencias Sociales y Humanidades, a partir del llamado modelo de “evaluación de pares”. Después de casi treinta años de realizar las más diversas evaluaciones hoy es indispensable analizar cuál es el impacto que ha tenido en la comunidad académica, en particular en el ámbito de las humanidades. Tendríamos que poder responder cuál es el beneficio que los diversos modelos de evaluación han proporcionado en este momento a las Ciencias Sociales y a las Humanidades.

En este ensayo buscamos ofrecer información que permita elucidar algunos rasgos de la evaluación en Ciencias Sociales y humanidades desde la perspectiva de la evaluación de los resultados de su actividad. En particular nos interesa destacar que el futuro de la evaluación del trabajo de investigación en estas disciplinas se enfrenta a la disyuntiva de asemejarse cada vez más a lo que realizan las llamadas ciencias naturales y exactas (ciencias a lo largo del documento) o luchar por establecer una evaluación que responda a su identidad. La cuestión no es menor, pues en el fondo significa aceptar la ruta de un pensamiento dominante internacional o buscar reorientar los esfuerzos de esa ruta hacia caminos que reconozcan una singularidad que debe ser atendida y respetada a nivel internacional. Lo delicado del asunto es que quizá no hay un punto de vista homogéneo en los académicos que genéricamente conformamos la comunidad de Ciencias Sociales y Humanidades.

Es importante hacer una aclaración  en este trabajo. No es factible abordar todos los objetos de evaluación (institucional, de programas –la llamada acreditación–, de investigadores, de producción). Por la relevancia y el impacto que tiene en nuestro medio la evaluación individual de los investigadores, hemos considerado oportuno limitar nuestro trabajo al caso del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Incorporación de modelos de evaluación en la producción académica

Para entender la secuencia del establecimiento de diversas prácticas de evaluación en nuestro ámbito es necesario reconocer algunos hechos que jugaron un papel relevante en esta situación. En primer término, la internacionalización de un sector de la comunidad científica mexicana, y en segundo, la crisis económica de los años ochenta.

A los académicos que empezaron a operar como evaluadores en el Sistema Nacional de Investigadores, y a todos los que posteriormente han tenido la responsabilidad de realizar esta tarea, les ha correspondido intentar establecer criterios de valoración específicos para las Ciencias Sociales y las humanidades. De hecho, con el tiempo el sistema subdividió las tareas de evaluación en dos comisiones: una para Ciencias Sociales y otra para Humanidades. Esto significa que, en principio, existen rasgos distintivos entre ambos tipos de ciencias y, seguramente, también singulares, dentro de lo que genéricamente se denomina Ciencias Sociales o Humanidades, cuestión que sin lugar a dudas dificulta la tarea de la evaluación.

Detengámonos un momento en otra cuestión importante, antes de analizar los sistemas de evaluación que tenemos. Resulta muy interesante identificar el papel que la cuestión económica tuvo en la instrumentación de los sistemas de evaluación. La relación evaluación-dinero no sólo denota la imposición de una perspectiva mercantil en el trabajo académico (que se refleja en la literatura de la producción académica tanto mexicana como inglesa), sino que en estricto sentido contribuye a pervertir las funciones intrínsecas de la evaluación, pues los criterios que se establezcan para evaluar se convierten en finalidades o metas hacia las cuáles hay que operar.

Por otra parte, si deseamos mejorar la comprensión de los criterios que se emplean para realizar esta tarea, debemos reconocer que los sistemas de evaluación establecidos responden a la perspectiva que la comunidad de las ciencias naturales y exactas tienen de la evaluación del trabajo académico.2 La adopción de estos criterios ha generado en nuestros campos de conocimiento artículos donde se pierde la línea argumental, de pensamiento y de construcción de supuestos, conjeturas o tesis que un investigador va estableciendo en la trayectoria de su pensamiento.
           
Un aspecto importante en Humanidades y en varias de las disciplinas sociales es la publicación de libros de autor, así como la publicación de capítulos de libro y el valor que se le concede. Si bien esto no es homogéneo en todos los campos de las Ciencias Sociales,3 al libro de autor se le otorga un valor específico.
           
Si bien es cierto que los académicos de nuestros campos se han dado a la tarea de especificar los criterios de evaluación de nuestras disciplinas, ciertamente parece que nos vamos encontrando en un callejón sin salida. Primero porque, como si fuera un movimiento de apretar tuercas, cada vez se ejerce mayor presión para que se adopte un número mayor de elementos de evaluación del campo de las ciencias. Segundo, porque, en diferentes momentos son los mismos integrantes de las comisiones de evaluación quienes plantean asemejar los criterios, concediendo más importancia a la publicación de artículos que a otras expresiones académicas, e incluso privilegiar su publicación en un idioma extranjero, de preferencia el inglés sobre algún otro. Tercero, porque no se puede desconocer que hay un movimiento internacional de evaluación de la investigación que tiende a valorar sólo lo que se publica en revistas que formen parte de los sistemas de indexación.  Cuarto, porque los procesos de evaluación en nuestras áreas no están exentos de elementos de interpretación. En Ciencias Sociales y Humanidades existe una evaluación directa del trabajo, lo que significa que los evaluadores tienen que leer un importante número de las producciones de los académicos. Quinto, por la cantidad de trabajo que reclama la evaluación directa de expedientes, la saturación intelectual de esta tarea no crea el mejor escenario para realizar la evaluación.
           
Aunque ciertamente la investigación tiene como contraparte, y base de su originalidad, el que permite conjugar conocimiento y pasión4. La pregunta que hoy debemos hacernos es hasta dónde esta visión productivista de la investigación hace que se pierda la dimensión de goce, de satisfacción, de realización como ser humano, y obliga a los académicos a calcular los trabajos por publicar en función de los periodos de evaluación. Haber vinculado evaluación a financiamiento, en el caso de nuestro país, a través de los diversos programas compensatorios al salario, quizá no haya sido la mejor estrategia, quizá, como lo demuestran algunas investigaciones, se ha creado un monstruo  –evaluación– que hoy tiene vida propia5.

1 Trabajo presentado en la actividad académica Retos de las Humanidades y las Ciencias Sociales, mesa Evaluación de las Humanidades y de las Ciencias Sociales: tensiones y propuestas, 12 de junio de 2012.

2 Existe mucha información documental sobre este tema. Más allá de los esfuerzos que los científicos sociales y los humanistas realizan, no siempre en la misma dirección, para privilegiar rasgos de evaluación propios, hay una presión o inercia que induce a aplicar los rasgos de la comunidad de ciencias. Hay una percepción muy generalizada en la comunidad de que este tipo de evaluación no refleja con claridad el valor del trabajo de investigación realizado. Véase: Frida Díaz-Barriga Arceo y Ángel Díaz-Barriga "El impacto institucional de la evaluación de los programas de los académicos en la educación superior" en: Ángel Díaz-Barriga (Coord.) Impacto de la evaluación en la educación superior mexicana. Un estudio en universidades públicas estatales. México, IISUE-UNAM-ANUIES, 2008. p. 165 – 221.

3 No es fácil establecer un criterio de distinción entre cuáles Ciencias Sociales tienden a privilegiar más artículos que libros. No queda claro si esto se relaciona con un objeto de estudio particular, con una disciplina, ya que ello depende tanto de la orientación conceptual que asuma cada investigador, como del lugar donde considera que su trabajo debe incidir.

4 Castoriadis, Cornelius. "Pasión y conocimiento" en revista Diógenes, no 160, Coordinación de Humanidades. UNAM, México. Octubre-diciembre. 1992. p 74 -91

5 Martin, Ben. "The research excellence framwork and the impact agenda: are we creating a Frankestein monster?" Research evaluation no.20, vol. 3, September, 2011. p. 247 -254. [http://www.ingentaconnect.com/content/beech/rev]

 
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