Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de enero de 2013 vol.14, No.1
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Sobre el quehacer y organización de las Humanidades en el presente y futuro inmediato1
Javier Pinedo
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Las Humanidades y las Ciencias Sociales
Nuevos sujetos. Nuevas metodologías
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Realidad de las Humanidades


Cuando la gente venía envasada. Imagen Liliana Porter.
Año 1964
Las Humanidades nos aportan una forma coherente y estructural de enfrentar la realidad y con una visión holística que relaciona saberes diversos, formulando preguntas que nos afectan directamente como investigadores. No basta con responder, aunque sea verdad, que las personas que cultivan las Humanidades disfrutan más de la vida, de la intensidad de las emociones, del placer de la belleza o que observan con más claridad las contradicciones sociales, y que nos permiten comprender, no sin cierto esfuerzo, el mensaje oculto de las grandes obras universales. Es cierto, pero hay algo más.

Las Humanidades nos entregan un saber único y fundamental que Ottmar Ette ha definido como Lebenswisse, o saberes de vida. Un conocimiento profundo que utiliza la intuición y la imaginación y que nos permite conocernos mejor a nosotros mismos entregándonos información sobre la vida que está más allá incluso de la cultura escrita. Pero, no debemos confundir ese conocimiento con un saber irracional en el que las humanidades representan la relatividad y las ciencias naturales la exactitud, como se ha creído tradicionalmente, estableciéndose jerarquías académicas dispares e incluso una preocupación de carácter mundial por la disminución de los presupuestos y un apoyo menor frente a las ciencias llamadas “duras”.

Piensen en el reciente libro de Stephen Hawking, El gran diseño2, en el que afirma que el tiempo de la filosofía (las Humanidades) terminó y ahora es el tiempo de la física que sí puede resolver las grandes preguntas que la filosofía no ha logrado responder.

Para otros es justamente al revés. Hawking se formula las mismas preguntas que los epicúreos en la antigüedad: la naturaleza del tiempo, la existencia o no de Dios, el comportamiento de los seres vivos, la función del sexo, el origen de la vida y del cosmos, la organización social, el cómo pensar; y reclaman que Hawking y los físicos finalmente ponen nombres a lo que se ignora: que el setenta por ciento del universo está vacío y a eso se le denomina “energía oscura”.

Para una mejor comprensión del tema menciono algunos rasgos que me parecen caracterizan a las disciplinas humanísticas: no es enumeración exhaustiva sino simplemente una consideración para el debate.

El lenguaje

El lenguaje utilizado por las Humanidades es un lenguaje “normal” en el sentido que resulta más fácil de comprender que el híper especializado de las ciencias naturales. Un lenguaje connotativo y más “opaco”,3 que llama la atención sobre sí mismo y que se transforma en un signo y no en un mero instrumento “transparente” de comunicación, y que puede incluir la ironía, la parodia, la paráfrasis, incluso el uso de metáforas. El uso diferente de este lenguaje hace que el sujeto que lo utiliza también lo sea, particularmente en su relación con los otros miembros de la comunidad, pues aquí se crean conceptos que más tarde se instalarán en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Las Humanidades y las Ciencias Sociales han inventado el lenguaje con que pensamos la realidad en los últimos años con conceptos como: transición a la democracia, socialismo liberal, posmodernidad, popularismo, y muchos otros son la prueba de esta estrecha relación entre Humanidades y Sociedad civil.

El sujeto como objeto

La práctica de las Humanidades involucra al propio investigador, pues de una u otra manera, al pensar en los demás lo hace sobre sí mismo, lo que se expresa en la conocida expresión: De nobis fabula narratur. De nosotros trata esta historia. Esto quiere decir que mientras las ciencias duras y las sociales estudian al ser humano como un objeto, las Humanidades establecen una relación sujeto-objeto más compleja en la que el investigador se involucra en lo que estudia “subjetivizando” su quehacer así como las conclusiones que se obtienen.

Se trata de seres humanos estudiando a humanos, en una tradición iniciada por Rousseau que contribuyó a fundar las ciencias del hombre. La influencia de las Humanidades en quien las practica se cumple en la expresión de Sor Juana de que leer aumenta el ser, y que el que lee y piensa más “es” más.

La biología y la economía también estudian al ser humano pero desde una perspectiva diferente pues a través de las Humanidades nos (auto) estudiamos. Nosotros somos el objeto de análisis, de nuestras propias opiniones sobre la realidad, sobre la política y los valores y de lo que hablamos.

Disciplinas acumulativas

Las Humanidades suponen un conocimiento en que lo sabido ayer no pierde validez, lo que hace que nuestra relación con el progreso disciplinar sea distinto. Esto no significa que no exista un sentido “actual” de las Humanidades que permita nuevas lecturas de la realidad, pero es habitual avanzar retrocediendo, o avanzar mirando hacia atrás y recogiendo ese conocimiento anterior.

Lo local y lo universal

En el actual mundo globalizado resulta fundamental el estudio de lo local, y esta característica, que tradicionalmente fue vista como una limitación, nos parece que es un aporte de las humanidades, por su intento de alcanzar una nueva universalización, pero sin desconocer los aportes de los pensadores de la periferia que no ocultan una mirada planetaria al mismo tiempo.

Foucault habla de los hombres  “infames”,4 sin fama, muy cercanos a los nuestros, los habitantes de la marginalidad. Son intelectuales con una visión incluso más amplia pues tienen acceso a dos culturas: la propia y la del centro, lo que les permite incluso parodiar a aquélla. 

Este interés por lo local se ha expresado en la notoria afición por las circunstancias y las particularidades de América Latina, no sólo en el análisis de contenidos sino también en las metodologías, pues si las naturales poseen metodologías universales, las nuestras requieren el conocimiento profundo de un contexto social. Incluso, Jorge Guzmán en su libro, Las particularidades latinoamericanas, escribió que la compleja realidad de nuestro continente obliga a ser leída por un investigador que debe conocer el idioma y los matices sociales y culturales de la situación que intenta describir.5

Una disciplina autocrítica

Las Humanidades aceptan su búsqueda de la verdad de manera tentativa e incluso utilizando la sospecha sobre su propio discurso, como Ángel Rama en La ciudad letrada6 , texto en el que no sólo interpreta la historia de los intelectuales en América Latina, sino que además critica el rol de esos intelectuales en el pasado colonial y republicano.

El rol de las Humanidades y la democracia

Este es el punto más importante de mi exposición para definir nuestro quehacer, pues las Humanidades nos permiten leer críticamente la realidad y esto establece una relación estrecha entre Humanidades y desarrollo de la democracia, lo que refuerza su necesidad y vigencia si pensamos que vivimos una época de pocas ideas, gran desarrollo tecnológico y escasa densidad ciudadana.

Algunos hablan de un regreso a una nueva Edad Media, tan ignorante y supersticiosa como aquélla (aunque sin la rica representación popular).7 Piensen, por ejemplo, en la presencia actual del tema del apocalipsis en los medios de comunicación de masas, como un temor permanente al fin del mundo, ya sea en base al calendario maya, a la crisis política, o a un desastre ecológico que se avecina. Son decenas las películas y novelas norteamericanas que lo anuncian y que ha ido transformándose en un tema de trabajo muy frecuente en las universidades europeas y norteamericanas, dicho sea de paso.8

Afirmando la misma creencia, el pensador francés Jacques Attali recientemente ha imaginado un mundo futuro poblado de bandas de delincuentes armados hasta los dientes, que han puesto fin a toda institución republicana: el término de la humanidad racional que sucumbe ante el caos causado por un capitalismo lumpen y salvaje, en el que conseguir un litro de agua será una batalla campal diaria.9

Vivimos un mundo sin proyectos sólidos y coherentes de país, con una TV que domina diariamente, con vulgaridades y bobadas, las conciencias; con personas que se caracterizan por su increíble falta de lenguaje para expresarse, sin identidad alguna, o muy poca: ciudadanos técnicos, bastante confundidos más allá de pequeños esquemas económicos de sobrevivencia.

Es lo que analiza la filósofa Martha Nussbaum, en su libro: Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las Humanidades.10 Ahí plantea los temores sobre la sociedad norteamericana actual, en la que el “hombre comercial” está superando cada día al “hombre moral”. En esta circunstancia, las Humanidades representan para ella la “construcción de una vida plena de significación”.

Nussbaum, señala la existencia de dos tipos de educación, una para “la renta” y otra para “la democracia”, lo que lleva a la necesidad de recuperar la pedagogía socrática que ayude a argumentar y crear “ciudadanos del mundo”. En su propia experiencia docente, Nussbaum nos cuenta que muchos estudiantes con inclinaciones racistas, una vez que siguen cursos de Humanidades en los que se plantean los valores de otras culturas y la igualdad de los seres humanos, cambian sus sesgadas miradas y abandonan su peligroso racismo. Es decir, la educación humanista mejora la vida de los seres humanos.

Las ideas de Martha Nussbaum tienen antecedentes en las opiniones de Rabindranath Tagore que habla del “hombre comercial”,11 y en las propuestas del brasileño, Paulo Freire y sus reflexiones sobre la educación bancaria.12.

Nussbaum confía en que si se aumentan las horas de enseñanza de las Humanidades se podrá formar un ciudadano mejor capacitado para enfrentar la crisis actual y que actuará con mayor tolerancia cuando se enfrente con los “otros”, que estarán cada vez más cerca de él. El humanismo aboga por una ciudadanía mundial y cosmopolita en la que los seres humanos poseen altos niveles de igualdad. Los Derechos Humanos han sido producto de las reflexiones de los humanistas en la construcción de niveles más altos de ciudadanía, desde los tiempos de Tomás Moro, Montaigne, Maquiavelo, Descartes y Rousseau, entre otros, que fueron los grandes humanistas que construyeron el mundo actual.  

En este sentido es curioso (y reiterado) que muchos de los grandes científicos al llegar a la madurez se dediquen a la reflexión de los temas de las Humanidades, como Einstein que se preguntó por el valor de la paz, la defensa de la vida, la igualdad cultural y el antitotalitarismo.

Sin fines de lucro apunta no sólo a una cuestión disciplinar sino, además, a describir el clima económico-cultural actual, marcado por una crisis de la educación y de los modelos de transmisión del saber de una generación a otra. El modo como se comprometerían las Humanidades en este contexto sería denunciando las características de una sociedad excesivamente egoísta y “peligrosamente individualista”.13 Su crítica apunta, por una parte, hacia los “recortes del financiamiento al arte y la cultura en países como EE.UU., Inglaterra, Holanda y España”; y, por otra, al no uso de las cátedras de Humanidades, el lugar en que se enseña a pensar crítica y solidariamente, es decir, el sitio donde se forman los ciudadanos del futuro.


1 Trabajo presentado en la actividad académica Retos de las Humanidades y las Ciencias Sociales, mesa Formas de organización de las Humanidades y de las Ciencias Sociales, 13 de junio de 2012.

2 HAWKING, Stephen, MLODINOW, Leonard. El gran diseño. Barcelona, Crítica, 2010.

3 Me refiero a la “función poética del lenguaje”, establecida por Roman Jakobson, en Essais de linguistique générale, 1963.

4 FOUCAULT, Michael, La vida de los hombres infames, 1977.

5 GUZMÁN, Jorge, Las particularidades latinoamericanas, Santiago, CEH, 1984.

6 RAMA, Ángel. La ciudad letrada. Hanover, Norte, 1984.

7 Umberto Eco, La Nueva Edad Media, 1972.

8 Recientemente Gore Vidal al comentar la decadencia de los Estados Unidos ha señalado: “Pienso que los Estados Unidos se están pudriendo. Pronto tendremos una dictadura militar”, diario La Tercera, Santiago de Chile, 4 de agosto de 2012, p. R3.

9 Jacques Attali, Breve historia del futuro, 2007.

10 Martha Nussbaum, Sin fines de lucro, 2010. 

11 “La historia ha llegado a un punto en el que el hombre moral, el hombre íntegro, está cediendo cada vez más espacio, casi sin saberlo […] al hombre comercial, el hombre limitado a un solo fin. Este proceso, asistido por las maravillas del avance científico, está alcanzando proporciones gigantescas, con un poder inmenso, lo que causa el desequilibrio moral del hombre y oscurece su costado más humano bajo la sombra de una organización sin alma”. Rabindranath Tagore, Nacionalismo, 1917.

12 Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, 1970. Freire definió como “educación bancaria”, en la que hay uno que sabe y “deposita” sus conocimientos en el educando. 

13 NUSSBAUM, Martha:”La crisis de las humanidades es global“, entrevista en El Mercurio, Santiago de Chile, 27 de marzo de2011.

 
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