Revista Digital Universitaria
ISSN: 1607 - 6079 Publicación mensual
 
1 de marzo de 2013 vol.14, No.3
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Un libro para erradicar la pena ajena: Ambientes Virtuales y Objetos de Aprendizaje1
Gregorio Hernández Zamora
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Introducción

El libro Ambientes Virtuales y Objetos de Aprendizaje, de MariCarmen González Videgaray y Jesús del Río, está lleno de palabras raras. ¿Por qué un profesor de medicina, humanidades, derecho o sociología necesitaría leer un libro que habla de cosas tales como metadatos, repositorios, Moodle o Hotpotatoes?

"Metadatos", por ejemplo, a primera vista (o a primer oído) suena como una orden terminante: meta-los-datos-ya! ¿Sí o no? Pero para no quedarme con la duda le pregunté a una doctora en medicina si sabía qué significaba la palabrita esa y me dijo "¿metadatos?, sí, he escuchado esa palabra, significa muchísimos datos, o algo muy grande, por el 'meta', o sea las metástasis son así, una proliferación, algo que ya está invadido, muy grande".

Esa explicación clínica me hizo recordar las diversas ocasiones en que he oído decir cosas similares entre académicos y catedráticos del más alto nivel, siempre que hablan de cuestiones tecnológico-digitales. Para decirlo en corto: no dan pie con bola. No soy fanático del fútbol, pero la imagen futbolera me parece más que pertinente en este caso, y creo que nos ayuda a entender por qué dos ingenieros, como lo son MariCarmen González y Jesús del Río, deciden hacer un libro como éste. Los he conocido no sólo en situaciones académicas sino también en desayunos, almuerzos, comidas, cenas, meriendas y toda clase de pláticas botaneras, y aunque no lo dicen así, creo que su intención última con este libro es cambiar el mundo en un aspecto mínimo pero esencial: se trata de erradicar la pena ajena de ver a profesores de las áreas de Ciencias Sociales, Humanas, Pedagógicas y/o de la Salud no dar pie con bola cada vez que hablan de computadoras y su uso educativo. Es decir, creo que su deseo es ayudar a los catedráticos humanísticos a encancharse mínimamente en el uso y el lenguaje de las computadoras, de manera que no confundan la magnesia con la gimnasia y le llamen pan al pan y vino al vino.

Me explico con otros ejemplos.

A otra profesora universitaria, del área de ciencias de la salud, le pregunté a qué le sonaba la palabra repositorios y dijo sin dudarlo: "a reposatorios", o sea lugres muy cómodos para reposar. Nada qué ver. Dije en mis adentros "¿será la brecha generacional?", a ver le voy a preguntar a su hija, joven recién graduada de la licenciatura en Derecho. Para mi desilusión la hija dijo "a mí me suena a supositorios, ¿sí, no?" Yo desvié la mirada y me mordí el labio para evitar la carcajada.

Pero eso es sólo el principio. En otra ocasión, estaba yo en una reunión plenaria de catedráticos de otra importante universidad pública. Eran del área de ciencias sociales ciertamente, pero no por eso menos catedráticos. La carrera en la que daban clases había sido recientemente evaluada por los CIEES (Comités Interinstitucionales de Evaluación de la Educación Superior) y entre las recomendaciones que recibieron estaba la de promover el uso del aula virtual como apoyo a la docencia. Sin mucha discusión de por medio, la mayoría de los ahí presentes rechazaban tajantemente usar el aula virtual de su universidad. Fue entonces cuando uno de ellos afirmó categórico: "No, ese Moodle (mudle) es de lo más rígido y atrasado; ya existen otras plataformas más avanzadas y flexibles, como Facebook, o Twitter, ¿para qué regresar a Moodle?" Incrédulo de lo que mis oídos escuchaban, fruncí un poco el ceño y me rasqué la ceja derecha, para tapar con mi mano el gesto de pena ajena que me invadía.

Otro caso es el de una colega de mi cuerpo académico, brillante bióloga y doctora en educación que fue incluso rectora de su universidad. Es una goleadora usando Excel y SPSS, pero por alguna extraña razón vive con frecuencia la frustración de no encontrar ni poder abrir archivos que afirma tener en su computadora. Sin embargo, el curioso método que ella usa para buscar y abrir toda clase de archivos desde Word, o incluso desde el navegador de internet, lo he observado en no pocos usuarios con estudios de posgrado, incluyendo académicos que ya tienen definitividad. No sé bien a bien por qué lo hacen, pero estando en Word quieren encontrar y abrir archivos PDF, PPT, o incluso "archivos internet" (sic). Les he sugerido que abran el explorador de archivos, pero me miran con ojos entrecerrados y mirada ladeada, como si les estuviera haciendo una proposición indecorosa: "¿Explorador de archivos? ¿Qué es eso?"



Finalmente, cuento el caso extremo de una doctoranda de Pedagogía de una universidad nacional, experimentada maestra de inglés y viajera con mucho mundo. La he observado en repetidas ocasiones dar gritos desesperados porque no encuentra archivos que asegura "¡¡estaban ahí hasta hace ratito!!". Intrigado con esa práctica de buscar y abrir archivos desde Word o desde internet, le pregunté por pura curiosidad "¿Qué navegador usas?". Sorprendida hizo gesto de mucha meditación y dijo "mmm… eee… no sssé… ¿el de la "e"?"

En fin, en un país donde estas curiosas prácticas, tan comunes entre los académicos con definitividad, son la norma, no debe extrañarnos la aparición de un libro como éste, de gente de buena voluntad como MariCarmen González y Jesús del Río. A mi juicio, una de sus virtudes es que deja clara una cosa que no es evidente para mucha gente: un ambiente virtual es un software que, como cualquier otro, puede usarse bien o mal, por encimita o a profundidad. Moodle, en particular, es un software complejo, con múltiples funciones y herramientas. La paradoja que enfrentamos en el medio educativo es que aun cuando las laptops de hoy están al alcance de cualquiera y son más poderosas que las computadoras que dirigían los primeros cohetes espaciales, la mayoría de los educadores, incluyendo los catedráticos universitarios, les suelen dar un uso rupestre, casi ranchero. Hemos sido testigos de colegas y dependencias académicas que usan Moodle nada más que para subir PDFs, o para poner las minutas de sus reuniones de academia, o, como en el caso de algunos cuerpos académicos, para subir su proyecto registrado ante Conacyt y ya! Eso es como usar Microsoft Word –que tiene miles de herramientas de diseño, edición, automatización y programación-- sólo para escribir recaditos de 3 renglones. En lo que coincidimos los autores del libro y un servidor, es que así como muchos académicos mexicanos no toleran la ignorancia ajena en temas que para ellos son obvios (por ejemplo, que Jorge Luis se apellida Borges, no "Burgues", o que Vargas Llosa es peruano, no colombiano), ellos mismos –los académicos- deberían al menos distinguir la diferencia entre una red social como Facebook y un ambiente virtual como Moodle; entre un archivo PDF y un archivo Word; o entre un navegador de internet y un explorador de archivos.

Eso sería lo básico-básico, para alguien que se precia de poseer una cultura general muy por encima de la de tiangueros y viene-vienes. Pero si el objetivo es usar un ambiente virtual como apoyo a la docencia , lo mínimo es que un académico supiera y entendiera cosas como que Moodle no es un software que se instala en su propia compu, sino en un servidor de su institución; que la función principal de Moodle no es subir PDFs, minutas o avisos, sino CREAR y ADMINISTRAR cursos; que en estos cursos participan usuarios con distintos roles y privilegios dentro del sistema, tales como administrador, docente, estudiante y visitante; que un curso se organiza por temas o por semanas y que dentro de éstas se deben añadir objetos de aprendizaje (no están ahí por default!); que los objetos de aprendizaje pueden ser estáticos o interactivos; que se pueden asignar tareas para los alumnos, pero que éstas las debe calificar el profesor (y no esperar a que salga solita la calificación), etc., etc.

Bueno, pues de todos estos "detalles técnicos" trata el libro Ambientes Virtuales y Objetos de Aprendizaje: Conceptos, métodos, aplicaciones y software, cuyos autores además de ser hiper-didácticos por vía escrita y digital, se encuentran entre los más prolíficos y divertidos comunicadores orales que he conocido en el medio académico mexicano, lo cual se agradece, porque nada es peor que el choro reseco y aburrido que abunda por estos lares.

1 González Videgaray, MariCarmen y Del Río Martínez Jesús H. (2011). Ambientes Virtuales y Objetos de Aprendizaje: Conceptos, Métodos, Aplicaciones y Software. México: UNAM-FES Acatlán. 293 pp.

 
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