Mientras dormimos: lo que la ciencia descubrió sobre los sueños

Vol. 27, núm. 2 mayo-julio 2026

Mientras dormimos: lo que la ciencia descubrió sobre los sueños

Erick Daniel Cabello Cuevas, Servando Alan Reyna Palacios y María Teresa Rivera Morales Cita

Resumen

Cada noche, mientras dormimos, el cerebro no descansa: sueña. Los sueños son una forma de actividad cognitiva subjetiva que procesa emociones, memorias y experiencias del día; aunque no siempre los recordemos, eso no indica ningún problema de salud. Este artículo recorre lo que la ciencia sabe sobre los sueños: por qué ocurren, en qué etapas del sueño aparecen —y por qué no es exclusivo de la fase rem—, cómo el estrés y el trauma los intensifican, y qué son los sueños lúcidos. A partir de investigaciones recientes, se exploran también las pesadillas como respuesta al procesamiento emocional y su relación con eventos como la pandemia de covid-19. Un recorrido por uno de los fenómenos más universales y menos comprendidos de la experiencia humana.
Palabras clave: sueños, fases del sueño, sueños lúcidos, pesadillas, salud mental.

While We Sleep: What Science Has Discovered About Dreams

Abstract

Each night, while we sleep, the brain does not rest—it dreams. Dreams are a form of subjective cognitive activity that processes emotions, memories, and daily experiences; although we do not always remember them, this does not indicate any health problem. This article explores what science knows about dreams: why they occur, in which stages of sleep they appear—and why they are not exclusive to rem sleep—how stress and trauma intensify them, and what lucid dreams are. Drawing on recent research, it also examines nightmares as a response to emotional processing and their relationship to events such as the covid-19 pandemic. A journey through one of the universal and least understood phenomena of human experience.
Keywords: dreams, sleep stages, lucid dreaming, nightmares, mental health.


Introducción

Los sueños son sucesos cognitivos fascinantes e interesantes que ocurren al dormir. No siempre se recuerdan —y eso no representa ningún problema de salud—. Su duración y su contenido varían incluso dentro de la misma persona, y sólo el ensoñador tiene acceso directo a lo que sueña.

Esa condición íntima plantea un problema para su estudio: no existe una vía directa para investigar los fenómenos oníricos de forma global. Cada individuo accede sólo a sus propios sueños, nunca a los de los demás. Aun así, la imposibilidad de observarlos de manera directa no cancela su estudio. Existen herramientas indirectas —entrevistas, encuestas— que permiten explorar con qué sueñan otras personas. Sin embargo, estos métodos introducen nuevas dificultades: dependen por completo del testimonio del encuestado, que puede ser impreciso por reserva, por fallas de memoria o por otras razones.

Por ello, una de las estrategias más confiables consiste en observar a un individuo mientras duerme y realizarle diversos estudios, como los electroencefalogramas (eeg) y la resonancia magnética funcional (fMRI). Estos permiten conocer la profundidad del sueño, relacionar la actividad onírica con los movimientos corporales e identificar qué partes del cerebro muestran actividad, entre otros aspectos (Scarpelli et al., 2022).

Qué son los sueños y para qué sirven

Una vez reconocidas las dificultades del material onírico, es posible aproximarse a su naturaleza. Los sueños son una actividad cerebral cognitiva y subjetiva que ocurre durante el sueño y que busca imitar la realidad. Se generan en la imaginación; sin embargo, persiste la pregunta: ¿por qué soñamos?, ¿tiene alguna función o se trata de un residuo evolutivo?

La evidencia sugiere que soñar cumple funciones benéficas. Según Scarpelli et al. (2022), los sueños ayudan a procesar el exceso de información mental y emocional acumulada durante el día. A través de la actividad onírica, la mente construye representaciones de la realidad que expresan lo vivido: deseos, fantasías, miedos y otras experiencias. Esta forma de expresión contribuye a la salud mental (Scalabrini et al., 2021).

Cuando la noche procesa lo difícil

Escaleras en espiral

Si los sueños procesan estados emocionales, también intervienen en la elaboración de experiencias traumáticas o estresantes. En estos casos, aumentan su frecuencia, vividez, intensidad emocional y facilidad de recuerdo (Scalabrini et al., 2021). Algunos autores, como Scarpelli et al. (2022), interpretan este fenómeno como una desviación de la función general; aun así, conserva el propósito de procesar la sobrecarga diaria.

Estos sueños, asociados con el trauma o el estrés, se conocen como pesadillas. Se distinguen por su carga emocional negativa y por la huella que dejan en el soñador. En la mayoría de los casos, los sueños con emociones intensas —sobre todo negativas— se recuerdan con mayor facilidad y ocurren con más frecuencia que aquellos de tono positivo.

Un ejemplo claro apareció durante la pandemia de covid-19. En ese periodo, muchas personas vivieron estados persistentes de ansiedad. La investigación de Sommantico et al. (2021) mostró que los sueños se volvieron más intensos, frecuentes y vívidos. Además, cuanto más cercanos eran los eventos estresantes, mayor era la presencia de emociones negativas en los sueños.

El mismo estudio señala variaciones según la edad: los adolescentes reportaron sueños más breves y fáciles de recordar, mientras que los adultos presentaron con mayor frecuencia emociones negativas e impresiones sensoriales.

La geografía del descanso: dónde ocurre el sueño

El simple hecho de dormir no garantiza entrar en un estado de ensoñación; para comprenderlo, es necesario revisar las etapas del sueño. Según Fabres y Moya (2021), estas pueden dividirse en sueño rem —del inglés Rapid Eye Movement, o movimiento ocular rápido— y no rem.

El sueño no rem se subdivide en tres fases. La fase N1 corresponde a un estado de somnolencia y agrupa alrededor del 5 % del tiempo de sueño total. La fase N2 se distingue por unas ondas cerebrales denominadas husos de sueño y complejo K; representa entre el 45 y el 55 % del tiempo total del sueño. La fase N3, la más profunda y con mayores propiedades reparadoras para el cuerpo, constituye cerca del 15-20 % del tiempo de sueño total.

La otra etapa, el sueño rem, conforma entre el 20 y el 25 % del tiempo de sueño total. Suele manifestarse entre 60 y 120 minutos después de conciliar el sueño y se caracteriza por una parálisis muscular, una actividad de ondas cerebrales desordenadas y un movimiento ocular rápido de forma horizontal.

Espiral

Aunque muchos autores consideran el sueño rem como la etapa en que tienen lugar los sueños, Scarpelli et al. (2022) señalan que es posible experimentarlos en ambas fases —rem y no rem—, pues al modificar el criterio de recolección de datos se pueden obtener reportes de sueños durante la fase no rem. Siclari et al. (2017) van más lejos: aunque es más habitual que las personas recuerden haber soñado tras la fase rem, también existen casos en que se reportan sueños en quienes han atravesado únicamente la fase no rem. Estos autores señalan que los sueños se distinguen más por la actividad cerebral en zonas concretas del área cortical posterior del cerebro —a las que denominan hot zones— que por la fase de sueño en que se encuentre la persona. Dicha actividad se caracteriza por un bajo contenido de actividad de baja frecuencia y un alto contenido de actividad de alta frecuencia.

Bajo estos criterios, los sueños en estado no rem son posibles, aunque tienden a ser más fragmentados, basados principalmente en pensamientos y con una baja carga emocional; el sueño rem, en cambio, se caracterizará por sueños más bizarros, vívidos y fantasiosos, con una mayor carga emocional.

Sueños lúcidos: cuando el soñador toma el control

Los sueños son, en términos generales, imágenes y representaciones mentales generadas de manera involuntaria que buscan replicar la realidad. Sin embargo, hay ocasiones en que dejan de ser completamente involuntarios; en esos casos se les conoce como sueños lúcidos.

Los sueños lúcidos implican un grado de consciencia durante la ensoñación: el soñador es capaz de percatarse de que los sucesos que experimenta no son la realidad, sino sólo un sueño, y eso le otorga cierto control sobre lo que ocurre. Quienes los experimentan también desarrollan una mayor capacidad para recordar sus sueños. Por todo ello, el entrenamiento del sueño lúcido resulta de gran utilidad para que una persona logre superar exitosamente una pesadilla (Méndez de la Brena y Schoenmann, 2020).

Lo que aún no sabemos

A lo largo de este texto se han repasado diversos conceptos para comprender los sueños; ahora es posible acercarse a ellos con mayor claridad. Aun así, conviene recordar que los sueños son individuales: la forma en que cada persona los experimenta es única, pues dependen en gran medida de las circunstancias en que cada uno se ha desarrollado. Esto abre interrogantes que la ciencia todavía no ha respondido: ¿con qué sueñan las personas ciegas? ¿Los animales también son capaces de soñar, o los humanos somos los únicos con esa capacidad? Estas preguntas muestran que estamos muy lejos de descifrar la totalidad de lo que significa soñar. Sin embargo, eso no debería desalentar a ningún investigador —ni a ningún lector— interesado en la experiencia onírica; la búsqueda de esas respuestas suele ser, en muchas ocasiones, bastante divertida, sobre todo cuando el tema es tan fascinante como los sueños.

Grandes obras científicas y de entretenimiento han sido igualmente cautivadas por los sueños, y no es de extrañar: se trata de un tema comprensible de manera universal, sin importar la lengua o la cultura. Despierta un interés generalizado porque representa, de modo extraordinario, todo lo que ocurre en nuestra mente —experiencias, memorias, ideas, miedos, deseos y mucho más.

Como nota final, recomendamos a las personas lectoras que sigan ampliando sus conocimientos sobre los sueños como método de comprensión propia, pues a través de ellos expresamos gran parte de lo que sentimos y pensamos. Quien logre aceptarlos y comprenderlos obtendrá un nuevo entendimiento de sí mismo y de quienes lo rodean.

Referencias

  • Fabres, L., y Moya, P. (2021). Sueño: conceptos generales y su relación con la calidad de vida. Revista Médica Clínica Las Condes, 32(5), 527-534. https://doi.org/10.1016/j.rmclc.2021.09.001.
  • Méndez de la Brena, D. E., y Schoenmann, C. (2020). Lucid dreaming as a method for living otherwise. Sociología y Tecnociencia, 11(1), 125–151. https://revistas.uva.es/index.php/sociotecno/article/view/4922.
  • Scalabrini, A., Esposito, R., y Mucci, C. (2021). Dreaming the unrepressed unconscious and beyond: Repression vs dissociation in the oneiric functioning of severe patients. Research in Psychotherapy: Psychopathology, Process and Outcome, 24(2), 111–121. https://doi.org/10.4081/ripppo.2021.545.
  • Scarpelli, S., Alfonsi, V., Gorgoni, M., y De Gennaro, L. (2022). What about dreams? State of the art and open questions. Journal Of Sleep Research, 31(4), e13609. https://doi.org/10.1111/jsr.13609.
  • Siclari, F., Baird, B., Perogamvros, L., Bernardi, G., LaRocque, J. J., Riedner, B., Boly, M., Postle, B. R., y Tononi, G. (2017). The neural correlates of dreaming. Nature Neuroscience, 20, 872-878. https://doi.org/10.1038/nn.4545.
  • Sommantico, M., Iorio, I., Lacatena, M., y Parrello, S. (2021). Dreaming during the covid-19 lockdown: a comparison of Italian adolescents and adults. Research in Psychotherapy: Psychopathology, Process and Outcome, 24(2), 212–223. https://doi.org/10.4081/ripppo.2021.536.


Recepción: 01/11/2024. Aceptación: 23/04/2026. Publicación: 11/05/2026.

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Revista Digital Universitaria Publicación bimestral Vol. 18, Núm. 6julio-agosto 2017 ISSN: 1607 - 6079