Los misioneros dominicos en la Guatemala colonial y la lingüística contrastiva
Vol. 27, núm. 3 agosto-octubre 2026
Los misioneros dominicos en la Guatemala colonial y la lingüística contrastiva
Igor Vinogradov CitaResumen
Los misioneros católicos que arribaron a las Américas a principios del período colonial fueron los primeros europeos en enfrentar la enorme diversidad lingüística de esta región. Para poder tener éxito en la tarea de cristianización de la población indígena, tuvieron que aprender rápido múltiples lenguas desconocidas previamente y elaborar mecanismos eficaces para la traducción de materiales de evangelización. Aunque las crónicas coloniales no mencionan las estrategias de aprendizaje y traducción de manera explícita, algunos manuscritos de aquella época que sobrevivieron hasta la fecha arrojan luz sobre el trabajo lingüístico de los misioneros. Curiosamente, algunos métodos eran similares a los que se emplean en la actualidad en la lingüística contrastiva, una subdisciplina aplicada a la enseñanza de lenguas extranjeras que se consolidó hasta la segunda mitad del siglo xx.
Palabras clave: lingüística misionera, traducción, lenguas mayas, evangelización, Guatemala.
Dominican missionaries in colonial Guatemala and contrastive linguistics
Abstract
Catholic missionaries who arrived in the Americas at the beginning of the colonial period were the first Europeans to confront the surprising linguistic diversity of this region. To succeed in the task of Christianization of the indigenous population, they had to learn multiple previously unknown languages quickly and develop effective mechanisms for translating evangelization materials. Although colonial chronicles do not mention learning and translation strategies explicitly, some surviving manuscripts from that period shed light on the linguistic work of the missionaries. Curiously, some methods turn out to be similar to those currently used in contrastive linguistics, a subdiscipline applied to the teaching of foreign languages that become established until the second half of the 20th century.
Keywords: missionary linguistics, translation, Mayan languages, evangelization, Guatemala.
El trabajo de los misioneros era de particular importancia para la corona española desde los primeros años de la administración colonial en el continente americano. La divulgación de la fe cristiana —es decir, la conquista religiosa o espiritual— era una de las actividades estratégicas de la conquista política. La evangelización no hubiera sido posible sin establecer la comunicación con la población nativa. Ahí es donde la lingüística jugó un papel crucial en la historia, y los actores principales eran los misioneros españoles.
Como afirma Benno Biermann (1964), las autoridades de la iglesia católica pronto se dieron cuenta de que la estrategia de evangelización más exitosa sería promulgar la nueva religión en las lenguas locales que enseñar a los neófitos español o latín. Los misioneros políglotas se trasladaban de un lugar a otro enseñando la doctrina y predicando en lenguas indígenas. Antonio de Remesal (1620), el autor de la primera crónica dominica, a menudo expresa su admiración por el talento lingüístico que demostraban los frailes. Por ejemplo, así caracteriza a Juan de Torres, un fraile que trabajó en Guatemala: “El padre fray Juan de Torres había hecho mucho entre los indios y sabía seis o siete lenguas, que era cierta maravilla ver la facilidad con que las aprendía, y la destreza con que de ellas usaba”, y luego añade: “comenzando a aprender una lengua se hacía tanto con ella que aún no oraba, sino por los vocablos de ella” (Lovell, 1990, p. 280).
Figura 1. La portada de la obra de Antonio de Remesal.
Créditos: Remesal y Colección Kislak, 1619.
Los primeros misioneros que llegaron a las Américas gozaban de muy buena educación para el siglo xvi. Estudiaron en las mejores universidades de España, y además de teología, tenían amplio conocimiento sobre historia y sociedad. Su lengua materna era el español, pero también hablaban latín, griego y a veces el árabe. Sin embargo, no estaban del todo preparados para la diversidad lingüística tan impresionante como la que encontraron en el Nuevo Mundo. Les tocó trabajar con hablantes de lenguas totalmente desconocidas, un reto con el cual en nuestra época de globalización los lingüistas solamente podemos soñar.
Una de las preguntas más inquietantes que todavía no sabemos responder con exactitud es: ¿cuáles fueron los métodos que permitieron a Juan de Torres y a otros misioneros aprender tantas lenguas con tanto éxito en un corto plazo? Los resultados del trabajo lingüístico de los frailes quedaron plasmados en los diccionarios y descripciones gramaticales que en aquellos tiempos se llamaban artes. También escribían textos religiosos para su trabajo diario: confesionarios, colecciones de sermones, pláticas y doctrinas. No obstante, documentos de uso personal, como diarios o cuadernos para hacer apuntes, no sobrevivieron. Solamente podemos suponer cómo pudo haber estado organizado su trabajo lingüístico, ya que no tenemos evidencias que hubieran descrito su metodología de manera explícita. Seguramente, hubo un vínculo de colaboración con hablantes nativos, aunque los maestros locales no se mencionan en las fuentes escritas.
El manuscrito #68 de la colección lingüística Berendt-Brinton
Figura 2. Retrato de Karl Hermann Berendt.
Créditos: Weeks, 2011.
Algunos textos bilingües en lenguas indígenas de la época colonial pueden revelar de manera indirecta las técnicas que los misioneros empleaban en la traducción (Vinogradov, 2023). Así, en la colección lingüística Berendt-Brinton, que forma parte de la biblioteca de la Universidad de Pensilvania, existe un documento que reúne varios textos bajo el nombre Varios escritos en pocomchi y kekchi del archivo parroquial de Coban, Vera Paz.1 Fue encontrado por Karl Hermann Berendt, un coleccionista alemán, en el archivo parroquial de la ciudad de Cobán, en la segunda mitad del siglo xix, durante su estadía en Guatemala.
El manuscrito #68 contiene fragmentos bilingües redactados en dos lenguas mayas, q’eqchi’ y poqomchi’,2 organizados de una manera peculiar. Las versiones en dos lenguas se dividen en secuencias muy cortas de dos a cinco palabras y se separan por medio del signo igual, como se puede observar en la imagen abajo. Es decir, primero se escribe una frase en una lengua (q’eqchi’), luego va el signo igual, y sigue la misma frase, pero en la otra lengua (poqomchi’).
No sabemos cómo ni con qué propósito fue creado este texto. Si nos imaginamos leyendo en voz alta este fragmento en una de las dos lenguas, veremos que es muy difícil si no totalmente imposible. El problema es que no se puede apartar rápido los fragmentos irrelevantes escritos en la otra lengua. Parece razonable suponer que este escrito no era más que un ejercicio de aprendizaje o traducción.
El autor establece las correspondencias entre las frases cortas, y esto le ayuda a aprender la segunda lengua o a traducir el material de una lengua a la otra. Probablemente, el autor domina el q’eqchi’ o tomó el texto en q’eqchi’ de alguna otra fuente, ya que las frases en esta lengua siempre van primero, y después del signo igual se agregan sus equivalentes en poqomchi’.
En ninguna parte de este texto aparece su traducción al español, pero hay una nota en latín en el margen de un folio que cita un pasaje de la Biblia. El análisis lingüístico también indica que es una traducción bilingüe de un fragmento del evangelio de San Lucas. Si es así, es poco probable que este texto fuera escrito con el fin de reproducirlo en público. La Inquisición española tenía estrictamente prohibido traducir la Biblia en lenguas vernáculas y menos en lenguas indígenas de las Américas. Este es otro argumento a favor de que el fragmento en cuestión haya sido un instrumento lingüístico para el uso personal de su autor o de un grupo de autores.
Si la hipótesis que este fragmento del manuscrito #68 presenta un pasaje bíblico traducido del q’eqchi’ al poqomchi’ es correcta, se podría constatar que los frailes dominicos llegaron a la conclusión de que era más práctico comparar las lenguas mayas entre sí, y no con el español o latín. Este mismo principio de “comparar lo comparable” o “contrastar lo contrastable” sigue siendo válido en la lingüística actual. En efecto, el análisis comparativo de lenguas emparentadas o por lo menos relacionadas geográficamente constituye la base conceptual de una de las ramas más importantes de la lingüística aplicada, que lleva el nombre de lingüística contrastiva.
¿Qué es la lingüística contrastiva?
De acuerdo con la definición que proporciona Javier Valenzuela Manzanarez (2002) y otros especialistas, la lingüística contrastiva es una subdisciplina que busca identificar las semejanzas y diferencias estructurales entre dos o más lenguas, para luego utilizar este contraste —de ahí proviene el nombre de la disciplina— en traducción, interpretación y aprendizaje de lenguas extranjeras. Los fenómenos lingüísticos que se someten al análisis contrastivo pueden variar desde la pronunciación de sonidos hasta la organización del discurso.
El nacimiento de la lingüística contrastiva se debió a la creciente necesidad de aprender lenguas extranjeras de manera rápida y eficaz en Europa y los Estados Unidos a mediados del siglo xx, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, que reforzó la demanda a la comunicación internacional. Como señala el lingüista alemán Ekkehard König (2012), los beneficios del enfoque contrastivo para la enseñanza y aprendizaje de lenguas extranjeras han sido sobreestimados. Sin embargo, todavía existen revistas académicas que publican recientes avances en esta subdisciplina, como Languages in Contrast, y también una serie de congresos bianuales International Contrastive Linguistics Conference, que en 2025 celebró su onceava edición.
Curiosamente, condiciones sociales muy similares a las que dieron inicio a la lingüística contrastiva en el siglo xx también se dieron al inicio del período colonial en las Américas y, en particular, en Guatemala. Aunque la propia lingüística era todavía una disciplina emergente, algunos métodos que los misioneros europeos utilizaban en su labor de evangelización de la población indígena se asemejan a los procedimientos actuales de la lingüística contrastiva.
El contexto lingüístico en Guatemala colonial
En la actualidad, en Guatemala se hablan 25 lenguas reconocidas oficialmente, de las cuales 24 son lenguas indígenas. Además del español, existen 22 lenguas que pertenecen a la familia lingüística maya; el garífuna, una lengua arahuaca que se habla en la costa atlántica, y el xinka, una lengua casi extinta. Hay amplia evidencia histórica que, a principios del siglo xvi, cuando los europeos pisaron las tierras guatemaltecas por primera vez, la situación sociolingüística era aún más diversa. El territorio xinka en el sur era mucho más extenso, mientras en el norte del país se hablaban varias lenguas mayas del subgrupo cholano que luego desaparecieron sin que los lingüistas las pudieran estudiar (ver Becquey, 2012).
La ciudad de Cobán, de donde proviene el manuscrito #68, es la capital del actual departamento de Alta Verapaz. La misión dominica se estableció en Cobán en 1544 con la fundación del convento, y desde allí empezó a difundir la religión cristiana entre los pueblos a su alrededor. Alta Verapaz antes se conocía como Tezulutlán o también “tierra de guerra”.3 Ese nombre se lo dio Pedro de Alvarado, el famoso militar que encabezó la invasión de Guatemala en 1524, por la resistencia agresiva que los pueblos nativos pusieron a la entrada de los españoles. Esta región era y sigue siendo multilingüe. En el siglo xvi allí se hablaban al menos siete lenguas mayas distintas, entre las cuales están el q’eqchi’ y el poqomchi’. El q’eqchi’ se habla en los alrededores de Cobán, y esta posición geográfica privilegiada lo convirtió en la lengua principal de la evangelización. Al occidente se hablaba el ixil, una lengua del subgrupo mameano. En las planicies del norte se hablaban lenguas cholanas y yucatecanas: chontal, ch’olti’, itza’ y mopán. A pesar de que todas estas lenguas filogenéticamente pertenecen a la misma familia maya, conforman ramas distintas y no son mutuamente inteligibles.
El hecho de trabajar con varias lenguas indígenas de manera simultánea no era un obstáculo para los misioneros. De hecho, aprendieron a aprovechar el ambiente multilingüe. Sabemos por las crónicas que, desde la segunda mitad del siglo xvi, los frailes estuvieron invirtiendo su tiempo en realizar traducciones en diferentes lenguas mayas. Así, Francisco de Viana, un dominico de Cobán, en 1577 escribió una carta dirigida a las autoridades de la Inquisición española, en la que proporcionó una lista de obras que tradujo del q’eqchi’ al poqomchi’: una doctrina, el Evangelio de San Mateo, el “Paraíso terrenal”, unos adagios y unos adverbios (Ximénez, 1930, pp. 267-268). Desafortunadamente, muy pocas obras misioneras sobrevivieron hasta la fecha. En primer lugar, esto se debe a que el papel no es un material duradero, y menos en un clima tropical húmedo, cuando no se hace un esfuerzo por mantener las condiciones ambientales mínimas necesarias.
En vez de conclusión
Las investigaciones de Frauke Sachse (2016) han demostrado que los primeros frailes, al elaborar la terminología cristiana en lenguas mayas (“Dios”, “infierno”, “gloria”, “sacramento”, entre muchos otros), aprobaban un término en una lengua, y luego con cambios menores lo trasladaban a otras. Esas palabras no se percibían como ajenas porque tenían origen maya, pero los frailes lograban incluir en ellas los significados cristianos que no se asociaban con las creencias antiguas. Siguiendo la misma metodología, los misioneros adoptaron discursos rituales indígenas y emplearon las mismas estructuras en sus textos católicos. De acuerdo con Sergio Romero (2019), esas estructuras retóricas luego pasaban de una lengua maya a otra, sin llegar a ser rechazadas por la población local, de tal manera que la nueva religión se incorporaba en la cultura indígena, creando el fenómeno conocido como el sincretismo religioso. Si agregamos a esto lo que observamos en el manuscrito #68 de la colección Berendt-Brinton, podemos inferir que los misioneros que trabajaban en Guatemala colonial aplicaban el enfoque contrastivo no solamente a la terminología y retórica, sino también a la gramática y el léxico.
Hubiera sido una exageración afirmar que la lingüística contrastiva, así como la conocemos en la actualidad, tuviera raíces en el siglo xvi. Más bien, las ideas lingüísticas que garantizaron el éxito de la evangelización en las tierras americanas en el siglo xvi coinciden con las que formaron la base conceptual de la lingüística contrastiva en el siglo xx. Sin embargo, son dos tradiciones claramente distintas que no se cruzaron en el tiempo ni en el espacio. De los avances prácticos de los misioneros no surgió ninguna teoría ni disciplina científica, porque los actores principales no tenían el objetivo de elaborar metodologías universales. Sus ejercicios lingüísticos desde un inicio tenían un propósito limitado y bien definido: eran estudios aplicados a la enseñanza y traducción. En cambio, la lingüística contrastiva surgió en el siglo xx junto con la demanda hacia métodos universales de aplicación global, que no podía existir en los siglos anteriores.
Agradecimientos
Esta investigación se realizó en el marco del proyecto IH-2025-I-20, “La morfosintaxis de las lenguas mayas k’iche’anas y la evangelización: en búsqueda de los factores que condicionan la velocidad del cambio lingüístico” apoyado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (secihti). Agradezco los comentarios de dos revisores anónimos y del equipo editorial sobre la primera versión de este trabajo.
Referencias
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Recepción: 2025/08/28. Aceptación: 2026/06/01. Publicación: 2026/08/14.
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