10 de marzo de 2004, Vol. 5, No. 2 ISSN: 1607-6079
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Antecedentes


Con el nacimiento de la oveja Dolly en Edimburgo en 1996 (Wilmut et al. 1997) y la obtención de células troncales embrionarias (ES: embryonary stem cells) a partir de blastocistos humanos fertilizados in vitro en 1998 (Thompson et al. 1998), se abrió una innovadora corriente de investigación encaminada a optimizar la denominada “clonación terapéutica”. Básicamente se trata de tomar el núcleo de una célula de algún tejido adulto y transferirlo al interior de un ovocito enucleado (sin su propio núcleo). Si este procedimiento de “reconstrucción” del cigoto tiene éxito, se inicia el desarrollo hasta la etapa de blastocisto en el laboratorio pero se detendrá, a menos que sea transplantado al útero receptivo de una hembra. Es precisamente en este punto en el que se puede hacer la distinción entre los dos tipos de clonación. En la clonación terapéutica, se pretende obtener células pluripotenciales de la masa celular interna del blastocisto que puedan multiplicarse indefinidamente en el laboratorio. En cambio, en la clonación reproductiva, el blastocisto implantado en el útero desarrollará un embrión íntegro que al nacer contendrá la réplica del genoma del individuo donador del núcleo transferido. Cabe aclarar que la identidad es menor a la de los gemelos univitelinos o idénticos, quienes, además comparten el citoplasma del mismo ovocito.