10 de agosto de 2004 Vol. 5, No. 7 ISSN: 1607 - 6079
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Entre 1 000 y 500 a.C. la fabricación de vasijas y otros objetos de cerámica, se volvió una tradición cultural común a todos los grupos que habitaban el área maya. Es a partir de esos momentos cuando se tiene plena certeza de la identificación lingüística de esos antiguos pobladores como hablantes de maya. La cerámica de esos tiempos muestra diferencias notables con la cerámica producida por sus vecinos occidentales, hablantes de la familia mixe-zoque, que se extendían por todo el Istmo de Tehuantepec y gran parte de Chiapas y Tabasco. Sin embargo, es la escritura jeroglífica maya que se pintó o esculpió en un sin fin de materiales y objetos, la más contundente de las evidencias arqueológicas para identificar dichos materiales como productos de hablantes mayas. La escritura maya, (figura 7) enriquecida en sus orígenes por la tradición mixe-zoque, dio inicio durante la parte final del periodo Preclásico, entre 100 a.C. y 100 d.C., pero fue durante el periodo Clásico (250 a 900 d.C.) cuando tuvo su apogeo.

Después del colapso del periodo Clásico, aunque no con la misma exuberancia e intensidad, la tradición se mantuvo hasta el momento del contacto con los conquistadores y colonizadores españoles. Muestra de ello son los tres códices del Posclásico (900 a 1550 d.C.) que lograron sobrevivir a la férrea destrucción emprendida contra estos documentos, en tiempos coloniales, por los portadores de la nueva religión.

Figura 8 . Ejemplo de escritura maya sobre diversos materiales durante el periodo clásico (250-900 d.c).

La mejor evidencia de que las bases fonéticas, utilizadas por los escribanos del periodo Clásico, aún continuaban en tiempos de la conquista, es el llamado "Alfabeto de Landa" (figura 9). Este franciscano durante los inicios de la segunda mitad del siglo XVI registró, en lugar de un alfabeto, un silabario que ha servido de "Piedra Roseta" para el avance del actual desciframiento y lectura de los numerosos textos jeroglíficos mayas.

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