Entre
1 000 y 500 a.C. la fabricación de vasijas y otros objetos
de cerámica, se volvió una tradición cultural
común a todos los grupos que habitaban el área maya.
Es a partir de esos momentos cuando se tiene plena certeza de la
identificación lingüística de esos antiguos pobladores
como hablantes de maya. La cerámica de esos tiempos muestra
diferencias notables con la cerámica producida por sus vecinos
occidentales, hablantes de la familia mixe-zoque, que se extendían
por todo el Istmo de Tehuantepec y gran parte de Chiapas y Tabasco.
Sin
embargo, es la escritura jeroglífica maya que se pintó
o esculpió en un sin fin de materiales y objetos, la más
contundente de las evidencias arqueológicas para identificar
dichos materiales como productos de hablantes mayas. La escritura
maya, (figura 7) enriquecida en sus orígenes por la tradición
mixe-zoque, dio inicio durante la parte final del periodo Preclásico,
entre 100 a.C. y 100 d.C., pero fue durante el periodo Clásico
(250 a 900 d.C.) cuando tuvo su apogeo.
Después
del colapso del periodo Clásico, aunque no con la misma exuberancia
e intensidad, la tradición se mantuvo hasta el momento del
contacto con los conquistadores y colonizadores españoles.
Muestra de ello son los tres
códices del Posclásico (900 a 1550 d.C.)
que lograron sobrevivir a la férrea destrucción emprendida
contra estos documentos, en tiempos coloniales, por los portadores
de la nueva religión.
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Figura
8 . Ejemplo de escritura maya sobre diversos
materiales durante el periodo clásico (250-900 d.c). |
La
mejor evidencia de que las bases fonéticas, utilizadas por
los escribanos del periodo Clásico, aún continuaban
en tiempos de la conquista, es el llamado "Alfabeto
de Landa" (figura 9). Este franciscano durante
los inicios de la segunda mitad del siglo XVI registró, en
lugar de un alfabeto, un silabario que ha servido de "Piedra
Roseta" para el avance del actual desciframiento y lectura
de los numerosos textos jeroglíficos mayas.
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