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La reflexión: llave de la libertad En un sentido convencional, cuando tratamos de hacer la distinción entre ética y moral, parece ser que el esquema nominal se resuelve, de acuerdo con Juliana González, en la medida en que la ética “... comprende tanto la realidad del mundo moral en su complejidad como la reflexión teórica y filosófica acerca de esa realidad referida precisamente en el ethos11. Es decir, la ética comprendida al mismo tiempo como teoría y como praxis, como la disciplina y su objeto.” En este sentido, siguiendo a la autora, en tanto filosofía moral (reflexión), es ineludible que la ética se constituya, a la vez, en moral filosófica: en una práctica capaz de dar razón de sí misma, de principios que se asumen consciente y voluntariamente, una praxis que no es otra cosa que la “realidad del mundo moral”, ya que una vez que la praxis reflexiona sobre sí misma inevitablemente se modifica. (González, 2000; 57). Nuevamente, lo que observamos es que el término ética es mucho más rico y completo para referirnos a la complejidad del actuar, que el término moral, cuya acepción inmediata nos remite a aquellas conductas que adoptamos y reproducimos por costumbre. Ahora bien, finalmente, la ética es una reflexión teórico-filosófica acerca de su propio resultado, es decir, acerca de sí misma; en cuanto el mundo moral es la praxis cotidiana que, en mayor o menor medida, siempre se interroga y que todos, sin excepción, vivimos incesantemente; porqué, entonces, distinguir la “realidad del mundo moral” de la “práctica ética”, o la “moral” de la “moral filosófica”... ¿Por qué separar la teoría de la praxis como si fueran dos realidades ontológicas? o ¿por qué separar el hábito, de la norma que adquirimos por costumbre? Disociación presente en la ética, en el primer caso, y en la moral, en el segundo caso. Dicho desde otra perspectiva ¿por qué los intentos por sintetizar en una conducta ambos momentos de la realidad ética (teoría y praxis) fracasan? Sobre todo, cuando nos empeñamos en poner en práctica ideales, valores, principios. Por
otra parte, este fenómeno12,
el cual considero como el punto medular de la investigación ética
¿es una ruptura que enfrentamos sólo a nivel discursivo,
es decir, un problema de terminologías, definiciones, paradigmas?
o ¿es, más bien, una escisión estructural? Es decir,
que la conducta misma sea la que se constituye bajo esta paradójica
situación, reiterativa e irreversiblemente. |